Distancia: 30 m / 48 km. Acumulado: 2360 m / 3798 km

Adams es otro de la serie de grandes volcanes cascádicos: Lassen, Shasta, Jefferson, Hood… es como un tiro-por-que-me-toca de las grandes dimensiones en el que quedan aún dos grandes piezas: Adams y Rainier. En realidad, este último no es flanqueado por el PCT pero sí pasamos cerca, la mejor forma de obtener las mejores vistas de la más impresionante montaña. De todas formas, aún quedan días para eso.

No para Adams, que viene hoy mismo. Buenas noticias para los que, a estas alturas, necesiten un poco de wilderness (¡yo!!!) y, sobre todo, estupendas noticias considerando que todo parece indicar que voy a poder disfrutar de Adams con buen tiempo: no ha llovido durante la noche y, nada más levantarme, miro al cielo para verlo despejado. Aún hace frío pero ya ni siquiera viento. Hoy sí que conseguiré mantener la temperatura corporal con sólo el calor del motor.

Al igual que en Hood, sé que estoy ya ascendiendo hacia la base de Adams pero porque lo dice el mapa; en el terreno, sólo veo el bosque de siempre hasta que, por fin, el sendero me saca de la reclusión y aparezco en paisajes alpinos y, por fin, panoramas de la cara sur del monte Adams. Espectacular montaña, aunque su mejor vista está por llegar.

Me cruzo con un south-bounder (uno que camina hacia el sur; como mola el inglés para hacer palabros nuevos todo el rato…) que me adivierte de un desprendimiento que ha borrado del mapa un corto tramo de sendero en las Goat Rocks… bueno, no llegaré ahí hasta mañana, y si llego; aún me queda mucho trabajo antes de eso. De momento, buenas vistas hacia atrás:

Mt. Hood desde las faldas de Adams

El siguiente encuentro no tiene desperdicio y es para mí un placer hablar aquí de uno de los senderistas y una de las personas más especiales que he encontrado durante todo el viaje; y mira que nuestros dos encuentros fueron breves… Scott Williamson está sentado mientras una senderista veterana le examina el pie. Ahora voy con lo del pie pero, primero, recordar que Scott es una de las celebridades del PCT, algo que se ha ganado a base de mucho caminar; es el único senderista, que se sepa, que ha conseguido completar el sendero completo ¡ida y vuelta! en una sola temporada; lo consiguió en 2004 y lo está volviendo a intentar este año, 2006. Pero lo mejor de Scott no es su prodigiosa capacidad y voluntad para tamaña empresa sino que es un chaval super humilde, sencillo y atento. Me le encontré por primera vez en la Alta Sierra, hace casi tres meses, cuando nos adelantó en su viaje hacia el norte y me le encuentro ahora, por segunda vez, cuando él ya vuelve hacia el sur… y ¡se acuerda de mí! Y con esto quiero decir, en el fondo, que si se acuerda de mí es porque se acuerda de todo el mundo. Y no le importa un ápice que sus jornadas sean maratonianas, todas, que siempre encuentra un hueco para pararse y charlar con quien se cruce. Supongo que habrá repetido una y otra vez el mismo intercambio: recibe los comentarios de admiración con sonrisa simpática e insiste en que no es nada del otro mundo… sólo mucha voluntad y caminar muchas horas.

Scott es todo un ejemplo y fuente de inspiración. Con él, se invierten los términos. Ahora, soy yo el que le da la enhorabuena por lo que está haciendo, ánimos para lo que resta y elogios por lo que considero algo tan impresionante. Cuando yo estoy en la otra posición (que es casi todo el rato) y alguien me viene con la misma retahíla, a mí me hace ilusión, sí, y eso está bien, pero no puedo evitar pensar en Scott y mi respuesta no puede ser otra. No soy nada. No somos nada.

Y voy con lo del pie: resulta que Scott tiene una infección fea en la uña del dedo gordo. Se acaba de encontrar con una pareja de senderistas en la que ella es cirujana profesional y se ha ofrecido a echarle un vistazo. El diagnóstico: una uña encarnada. Le dice que le podría limpiar la zona pero que le iba a doler… y él dice que adelante, así que juntamos analgésicos para que Scott se tome un buen chute y lo pueda pasar lo mejor posible.

Tengo la ocasión de presenciar, por primera vez, un auténtico caso de cirugía en el sendero. Pienso en la cámara de vídeo y en que esto sería una buena historia pero dudo si no raya el mal gusto y me da corte siquiera preguntar… pero da igual. Scott lleva otra cámara, igual que la mía, también de parte de Shooter (somos los Shooter-kids) y el colega no tiene más idea que sacarla y ¡filmar él mismo!, añadiendo comentarios tipo “bueno, tengo esta infección chunga y la señora esta, que es cirujana, me está haciendo un apaño… ¡au!…”. Y la cirujana:

– Esto te va a doler…
– Vale, vale, adelante.

Y, aparte de los ocasionales gestos y expresiones de dolor, el tío está tan feliz. No puedo dejar de sentir admiración por Scott.

Cirugía en el sendero

Les dejo con la operación casi terminada y me despido. Ha sido un placer compartir este rato pero se me hace tarde y yo no tengo el temple de Scott Williamson, me pongo nervioso enseguida cuando miro el reloj y empiezo a sentir que no me salen las cuentas.

A todo esto, acabo de llegar al inicio del flanqueo del monte Adams, un espectacular recorrido por la falda oeste de la montaña, justo por encima del límite de los árboles, con hermosas vistas de las laderas y sus glaciares y un extenso panorama hacia el oeste que incluye el aún humeante monte St. Helens.

St. Helens, por cierto, merece un comentario aparte: en nuestra limitadísima escala temporal, la humana, podríamos estar tentados de considerar las erupciones volcánicas en las Cascades como cosa del pasado. Necesitaríamos ver las cosas a escala geológica para darnos cuenta de que nada más lejos de la realidad, las Cascades siguen en proceso constante de formación/destrucción y la actividad que las origina y las destruye sigue viva ahí abajo. Y St. Helens es la prueba evidente: famoso monte porque, en los años 80, una gran erupción le voló la cabeza y se quedó sin su antigua cima, sustituída ahora por un enorme cráter al que, además, le falta la mitad. En 2004, y sólo semanas después de que yo mismo estuviera por aquí cerca, St. Helens volvió a dar señales de vida, aunque no a esos niveles. Dos años después, aún se puede ver claramente una columna de humo saliendo del cráter.

Y hay más: hacia el norte, aparece la inconfundible e inigualable figura del monte Rainier, el gran volcán, el que deja casi pequeños a todos los demás. Rainier está fuera de la traza del PCT y, precisamente por eso, le tendremos a la vista durante unos cuantos días. Por eso y porque su gigantesca y blanca silueta se levanta varios miles de metros sobre todo lo que le rodea. Hablaré más y mejor de Rainier. De momento, soy feliz de poderle contemplar, por fin, aunque aún sea de lejos.

La travesía de Adams supone una cierta reconciliación con el PCT; después de varias jornadas un tanto alejadas del aura que me ha traído hasta aquí, el sendero vuelve a separarse de la civilización y acercarse a paisajes tan evocadores como las faldas de un gran volcán, sus praderas alpinas, sus torrentes glaciales y las masas de hielo que les alimentan, ahí arriba, camino de la cumbre. Así sí juego.

Me encuentro con otro senderista que, según me cuenta, ha venido para un viajecito de unos cuantos días. Se le ve feliz de estar aquí y le entiendo: yo también lo estoy. Estamos justamente debajo de esa inmensa lengua de hielo que es el glaciar Adams. Creo que ni siquiera es el más grande de este monte (hay más en la cara noroeste) pero este es, probablemente, el más fotogénico, por esa apariencia de gran cascada helada:

El glaciar Adams

Un poco más alante, alcanzo a una pareja que me cae simpática antes siquiera de que me hayan sentido llegar: en la parte de atrás de sus mochilas, portan sendos carteles con la popular pero, en estos ambientes, inusual frase: “Just married”. Camino un rato tras ellos sin saber si hacerme oír o dejarlo estar hasta que una telepatía retardada les hace notar mi presencia. Conocí a Jackalope & Eagle Eye en el segundo día de mi viaje, hace 4 meses, cuando aún no se habían casado y apenas les recuerdo pero ya iremos atando cabos. Son una pareja muy simpática y especialmente ella es muy cálida y cariñosa. Según me cuentan, la idea de celebrar su boda a mitad de PCT surgió sobre la marcha. Idea genial, debo decir.

Jackalope y Eagle Eye son otras de las víctimas de Shooter y también llevan otro clon de mi cámara. Qué curioso, hoy será el día en que todas las cámaras que Shooter ha distribuído por el PCT han estado a unos pocos kms. unas de otras. Podéis ver a estos dos, así como a Scott, y algunos más, en el trailer que Shooter ha colgado en su espacio web.

Entre tanto regocijo, algunas malas noticias: ¿alguien recuerda, a estas alturas, mi cuádriceps lesionado? Yo sí. Nunca le había olvidado y le he estado mimando desde que salí de Cascade Locks. Hoy, por la tarde, saliendo de Adams y a la vista de que parece que no se está resintiendo, decido aprovechar la cuesta abajo para ponerle a prueba: vuelvo a caminar “normal” y le hago trabajar como un músculo mayorcito. Su respuesta: a la media hora, vuelve a doler como en sus mejores momentos.

No sé si sentirme peor por el dolor en sí mismo, por la preocupación que me causa ver que no se termina de curar o por lo imbécil que me siento por haber sido demasiado optimista y haber despertado a la bestia. El caso es que las últimas millas del día son un nuevo calvario que apenas consiguen aliviar los millones de bluberries tamaño melocotón que me como por el camino.

La guía prometía un lugar idílico para acampar pero me encuentro con algo bastante más mundano, aunque servirá. Adams ya ha quedado atrás pero aún se le ve cuando los árboles dejan hueco. El terreno es ahora más rutinario, otra vez, pero mañana llegan las Goat Rocks.

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