Distancia: 15 m / 24 km. Acumulado: 2400 m / 3863 km

Duermo inmejorablemente. El lugar, además de espectacular, no podía ser más perfecto para un campamento: al borde de un talud, con preciosas vistas pero la protección justa de un pequeño grupo de árboles que me arropan como la mejor abuela. Al final, el viento se ha calmado y ha sido una noche muy tranquila pero hubiera podido estar confortable en cualquier caso.

Por la mañana, el cielo sigue despejado. Me levanto y salgo de mi cubículo para encontrarme con una inesperada y preciosa imagen: un rebaño de elk está haciendo de las suyas a poca distancia. Los elk son como una especie de ciervos grandes, no sé cuál sería su nombre en castellano, si es que lo tienen. Yo lo he visto traducido como “alce” pero no está bien; los alces son otra cosa bien distinta. Elk son ciervos (cara de ciervo, cuernos de ciervo…) pero de un tamaño enorme, no creo que en Europa los haya tan grandes.

Me estoy un rato contemplándoles, disfrutando del momento. Aparentemente, no me han visto ni olido ni nada… vamos, que actúan como que no saben que estoy aquí y eso es lo mejor, una oportunidad inigualable para contemplar animales de verdad, haciendo sus cosas de verdad, no influenciados por presencias ajenas. Y lo mejor llega cuando, ya de vuelta al lugar donde he dormido (desde donde no les veo), oigo un sonido que me sorprende: es como un grito agudo. No el tipo de sonido que uno asociaría a unos animales tan grandes como los elk pero ¡sólo pueden ser ellos!

Supongo que se trata del episodio otoñal de los ciervos, que sí tiene un nombre en castellano, aunque no me acuerdo de cuál era. Es sorprendente oírlo en directo y me siento muy afortunado. Cuando luego me den envidia con los rebaños de cabras peludas, yo me acordaré de los elk y sus voces.

Como de costumbre en el final de sección, he intentado dejar un último día lo más corto posible para poder tener unas horas de relax en civilización sin perder un día entero. Al final, y a causa del recorte de ayer, me ha quedado un trozo un poco largo pero es mayormente cuesta abajo. Y, sobre todo tras el episodio con los elk, no puedo estar más feliz de haberme quedado aquí.

Empiezo a descender y me sorprendo de no encontrar el desprendimiento. Ayer había identificado una zona, un poco más abajo, donde parecía que podía estar pero paso por allí y ni rastro; sendero limpio. Lo más curioso es que no es sólo que me lo hayan comentado senderistas que venían de frente… es que hasta me encontré un cartel del servicio forestal, en un cruce con una pista, antes de subir a Goat Rocks, avisando del asunto… pues no sé… o ha desaparecido solo o ha sido una alucinación colectiva.

Pronunciado descenso que me lleva al pequeño lago donde pensaba haber dormido… muy agradable lugar pero nada que ver con las alturas. Mucho más bonito allí.

No había reparado yo que, desde aquí, había que volver a subir, y mucho, para llegar a otra cresta y recorrerla durante un buen rato antes de la bajada final hacia White Pass. Como suele suceder al final de sección, ya sólo pienso en llegar y no me sienta bien tener que subir.

Me cruzo con un elk, precioso, al que veo mucho más cerca que a los de esta mañana (a lo mejor es uno de ellos, y todo…) pero durante mucho menos tiempo; sale corriendo en cuanto aparezco. Asombroso lo ágil que es y lo rápido que se mueve por la ladera, escarpada y cubierta de bosque. Desaparece en segundos, no sin llevarse mi saludo y buenos deseos.

El nuevo tramo de cresta es muy bonito, con estupendas vistas del macizo de Goat Rocks, a un lado, y del cada vez más cercano Rainier, por otro. Casi se me olvidan las ganas de llegar y el cansancio (mental) asociado. He aquí una imagen ya clásica (creo que todo el mundo saca esta foto):

Mr. Rainier, asomando tras la cresta. La traza es el PCT

El caso es que, por fin, afronto el último y largo descenso que me deja en White Pass. Allí, lo único que hay es una carretera pero, en el mismo collado, hay una gasolinera y un motel. La gasolinera tiene una tienda, acepta paquetes y dispone de un modesto servicio de lavandería; es decir, todo lo que un thru-hiker necesita. Hay quien hace auto-stop hacia la población más cercana, puerto abajo, pero tengo claro que a mí no me merece la pena. Está lejos y White Pass es perfecto.

Mi única preocupación es una inusual en este viaje: en USA, todo está sobredimensionado, de forma que, por ejemplo, jamás va a ser un problema encontrar alojamiento; llegas y listo (bueno, salvo accidentes como el de Sisters…). Pero hoy es sábado de labor day weekend, es decir, un fin de semana de máxima ocupación… y, tras seis días, siento que necesito un pedazo de civlización, estoy cansado. No quiero ni imaginarme encontrarme el motel lleno, por lo que voy un poco apresurado y tenso… pero aún es media mañana y no hay problema, encuentro habitación. El motel acabará llenándose al final del día.

El lugar es, obviamente, minúsculo, sólo hay dos edificios y son contiguos, con lo que no hay que andar nada. Ideal. La tienda vende fritongos y alguna otra cosa caliente, además de lo típico y esperable en este tipo de tiendas; es todo lo que hay pero sabe perfecto. Recojo mi paquete, al tiempo de que soy consciente de que aquí habría podido comprar provisiones suficientes pero es difícil valorarlo sin haber estado allí. Ya lo sé para otra vez.

Por la tarde, me voy encontrando gente: el trío de Cascade Locks, Flow Easy, Puff puff y Snappy, que no sé cuándo han llegado; Adam Listo, que está pasando unos días de descanso aprovechando que aquí ha recibido la visita de su madre. Y, más tarde, aparecen Jackalope + Eagle Eye, que encuentran habitación in-extremis para ellos y Mamma + Chia, a quienes aún no conocía y que vienen justo detrás. Con ellos cuatro compartiré unas cervezas y un buen rato.

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