Distancia: 27 m / 44 km. Acumulado: 2427 m / 3907 km

Sólo me queda una sección, cuatro míseros días, para volver a “casa” de verdad: desde Snoqualmie Pass, al final de esta etapa, y hacia el norte ya es todo terreno conocido. Me hará mucha, mucha ilusión volver a las Cascades Septentrionales, ese lugar maravilloso. Pero aún quedan cuatro días y muchas millas por delante para eso.

Como de costumbre en estos casos, intento salir pronto y sólo lo consigo a medias. Un desayuno de los grandes es condición indispensable para dar el primer paso. Me despido del resto de hiker-trash, que se lo toman con más calma, y vuelvo al sendero.

El tiempo se ha estabilizado otra vez y hace calor; a ratos, hasta incómodo. Es difícil encontrar término medio. Una de las circunstancias que más me molesta es el piso polvoriento, que no recuerdo de años atrás pero que, en esta zona, compruebo, es muy común y muy incómodo. Llego a la conclusión de que el auténtico uso útil de una membrana impermeable en el calzado sería detener toda esta suciedad que, en mi caso, se cuela no por el borde sino a través de la rejilla transpirable. Nada es perfecto. Es realmente molesto llevar los pies siempre llenos de tanta porquería.

Desde White Pass, el ascenso es testimonial y va seguido de una larga bajada que toca fondo en un bonito valle verde antes de volver a subir hacia la cresta. Hay muchas bayas y la tentación de parar a comer es fuerte. Me siento como en la típica escena epítome del bien y el mal, con un angelito sobre un hombro que me dice que tengo que continuar y que no me puedo estar parando en cada ocasión que veo bluberries y un diablillo encima del otro que me recuerda lo buenas que están y que no siempre van a estar ahí… es decir, tengo que elegir entre la disciplina del viaje, mis kilómetros, etc., y el placer de la fruta que, en este caso, no es nada prohibida. Al final, como de costumbre, se trata de encontrar un término medio: decir no a un montón de matas hasta que ya no puedes más y paras en esa, que parece que las tiene más gordas, y te pegas un buen atracón.

Blue & Huckle

De vuelta a la cresta, vuelve a aparecer Rainier, ya muy cerca. Si la cara sur tenía enormes glaciares, la este, que es la que va apareciendo, los tiene aún más grandes. El día se va nublando pero, a diferencia de ocasiones anteriores, el tiempo está tranquilo.

El gigante Rainier

Tengo mi objetivo puesto en un el lago Dewey, que me viene perfecto de distancia. Dudo entre ese y uno anterior, al que llego ya un poco tarde, pero decido seguir hasta el otro. Me arrepiento un poco porque en este primero no había nadie y, en Dewey, hay miles de millones de campistas. ¿Por qué y por qué aquí? pues porque sigue siendo labor day weekend (mañana lunes es labor day, festivo) y este viene a ser el primer lugar idílico que se encuentran los que vienen por el PCT desde Chinook Pass, en la carretera que hay hacia el norte; y, claro, todos se van quedando aquí.

Me paso un buen rato recorriendo la orilla del lago en busca de algún sitio que no esté ocupado y sólo encuentro uno junto a una zona pantanosa donde me imagino que me van a acribillar los mosquitos. Al final, cansado y muy tarde ya, otro senderista acampado me ofrece, cuando paso por su lado, quedarme en la zona en la que está él. Hay sitio de sobra pero no es muy ético ponerte a acampar cerca de otra gente; a no ser, como en este caso, que te lo ofrezcan, cosa que acepto encantado. El señor este está solo y le apetece tener alrededor a gente que le pueda contar historias (y los thru-hikers siempre tenemos alguna… aunque sea siempre la misma, pero para gente nueva) y soy ya el segundo que “acoge”. El otro es un south-bounder del que mejor no hablo mucho porque no me cayó nada bien. Menos mal que va para el otro lado y ya no le tendré que ver más…

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