Distancia: 23 m / 36 km. Acumulado: 2522 m / 4059 km

Hoy es el gran día. El primero de lo que va a ser la serie de grandes días en los que este humilde senderista tendrá el placer y el privilegio de volver a caminar por las Cascades Septentrionales.

Como ya escribo por otras esquinas de este mismo espacio web, estas montañas me sorprendieron y me tumbaron de espaldas la primera vez que pasé por aquí, por esta misma autovía desde la que hoy salgo, hace ya un montón de tiempo; y me dieron algunos de los momentos más hermosos de toda mi vida cuando vine a caminar por ellas hace ya no tanto. Salir desde Snoqualmie Pass es tanto un aliciente como un ejercicio de nostalgia de tiempos mejores… o no, que nunca se sabe.

El desayuno, ese momento sublime. Pancakes, esa delicatessen bastarda. Enfrentarse a un plato de los grandes con una buena pila de pancakes es ese placer prohibido que sólo sienta bien cuando lo que viene después es algo así como lo que voy a hacer yo: caminar. Necesito energías para mover mi cansado cuerpo y mi mochila UL pero necesitaré, sobre todo, energías para hacer frente al peso psicológico de volver a enfrentarme a lo mejor de las Cascades. Comer todo lo que quieras… no, mejor aún: comer todo lo que ¡puedas! Qué fuerte el contraste con la vida urbana, donde debes, por todos los medios, intentar comer lo menos que puedas. Viajar a pie tiene sus gajes pero, vive dios, tiene sus ventajas.

Y la mejor de esas ventajas es, y me repito a mí mismo, salir de aquí y adentrarse en un sitio tan maravilloso como Alpine Lakes Wilderness. De verdad, quedaos conmigo: lo que viene ahora, merece la pena. Intentaré esmerarme.

Tanto tiempo esperando llegar a este cartel: Alpine Lakes Wilderness

A lo largo del viaje y más aún según me acercaba a esta zona, iba repasando mentalmente la parte de sendero que ya conozco, agradablemente sorprendido por el nivel de detalle que mis neuronas todavía guardan. Recordando cada sitio en el que acampé, cada collado, cada cosa que me sorprendió. Y, concretamente, la travesía de Alpine Lakes Wilderness tiene un leit motiv en mi memoria: lluvia.

Fueron algunos de los días más duros de mi vida pero también, y valga la paradoja, algunos de los que me han dejado mejor recuerdo. Eso es lo que nos repetíamos, a uno mismo y al otro, durante aquella semana horribilis: ya verás cómo luego nos reímos de todo esto…

De momento, nada que haga pensar en algo así; hoy, el tiempo es plácido y espléndido, agradablemente caluroso. Eso sí, estamos ya en septiembre… a ver lo que dura.

Paso por el lugar donde recomienza el sendero y empiezo a desandar los pasos de lo que entonces fue el paseo final y triunfal tras la dura prueba. Es una sensación extraña. Ya la sentí en la Sierra Nevada, en aquel trozo del John Muir Trail, pero aquellos recuerdos eran más lejanos. Aquí, hace sólo dos años y parece que fue ayer. Es que fue ayer. Y no puedo olvidar que fueron esos recuerdos los principales responsables de esté yo hoy aquí y de que lleve 130 días caminando. Fue entonces cuando empecé de verdad a soñar con hacer esto y, por increíble que me parezca, estoy aquí.

La mente es como una cámara fotográfica de los cinco sentidos: retiene flashes, momentos… y reconstruye el resto a partir de ahí. Había una expresión matemática para eso…interpolar. Eso es lo que hacemos. Esos flashes me vienen a la cabeza según subo por los zigzags a través del bosque y casi me parece reconocer tal o cual árbol. No sé si la mente da para tanto. El marco, además, ha cambiado tanto… los árboles seguirán siendo los mismos pero hace dos años estaban chorreando, todo estaba húmedo; hoy, el ambiente es seco y hasta un poco tórrido.

Llego por fin a la cresta y me sorprendo de todas las vistas que ahora tengo: en la ocasión anterior, ¡nada de esto era visible! Y es difícil decir cómo resulta más bonito; aquellas nieblas perpetuas tenían su punto. No puedo evitar el breve desvío hacia el lugar donde plantamos aquel postrero campamento junto a Ridge Lake y aprovecho para llenar botellas de agua rica de las montañas.

Mi ritmo actual, el ritmo del thru-hiker, viene a ser el doble del que llevábamos por aquí hace un par de años y tengo esbozado un plan de viaje que viene a juntar dos de aquellas etapas en cada día; eso implica que hoy tengo pensado atravesar todas las alturas hasta el siguente gran valle, el de Lemah Creek, con un espectacular descenso final en un impresionante entorno de grandes picos y pequeños glaciares. Antes de todo eso, muchos kilómetros por la cresta, en una zona muy expuesta que resultó casi acongojante en medio de la niebla, el viento y el frío en aquella ocasión pero que hoy aparece muy diferente: adelante, veo el sendero evolucionar colgado de las vertiginosas laderas hasta perderse por aquel próximo collado. Una vez allí, reconozco aquel bonito lago, Joe Lake, y, nuevamente, veo mi porvenir, allá lejos, hasta un collado más. No puedo evitar repetir, porque no puedo evitar seguir pensándolo todo el tiempo: qué diferente con tiempo soleado.

Joe Lake y Mt. Thompson. El PCT viene de por allí

En nuestra conversación telefónica desde Snoqualmie Pass, Loren me comentaba que todo tenía buena pinta en el futuro inmediato: buena previsión de tiempo; y, consciente del infierno que los incendios habían supuesto esta temporada para los thru-hikers en Oregón, mencionó que no había ninguno entre yo y Canadá. Vamos, que iba a ser un paseo por las Cascades… es por esto que me sorprende casi tanto como me preocupa la **enorme** columna de humo que veo aparecer en el horizonte tras coronar Chikamin Pass. Es tan grande y densa que está a la altura (valga el doble sentido) de aquellas de hace un par de semanas. Oh, oh…

Un incendio de los grandes

Mis mapas son tan ajustados al sendero que no me permiten llegar tan lejos y es imposible juzgar si ese incendio está en mi camino o no, así que saco el de carreteras, que siempre llevo, junto con la brújula, para echar un vistazo e intentar autoconvencerme de que Loren no podía haberme dicho, ayer mismo, que todo ok con un incendio así de gordo por el camino… a muy grandes rasgos, puedo decir que está hacia el norte, que es a donde voy yo, pero es difícil decir si el PCT va a pasar exactamente por ahí. Calcular rumbos con un mapa de carreteras (sin cuadrícula, sin norte marcado…) y aplicando a ojo la declinación de los topográficos es una chapuza pero cuando levanto la brújula y la alineo al terreno veo con horror cómo la aguja apunta *directamente* hacia la maldita columna de humo. Al puto medio, y mira que el horizonte es amplio…

Calculo, a ojo, que el incendio puede estar cerca del lago Waptus, el mayor de la zona y que recuerdo muy bien. No voy a pasar por allí hasta mañana así que, por el momento, no puedo hacer nada al respecto salvo intentar olvidarme del asunto y esperar que, al final, no sea nada. Que el problema se resuelva solo, como suelen hacer los problemas, habitualmente.

Atravieso el último tramo de altura que me queda hoy, la preciosa zona de los Park Lakes, con sus praderas de altura rodeadas de majestuosos picos. Por aquí apareció un ciervo mojado (a ver…) mientras parábamos a descansar un poco en 2004. No le veo hoy…

Desde donde estoy, sólo me queda el mencionado descenso hacia el valle de Lemah Creek, donde el PCT empieza ya a tener un sabor ciertamente remoto: es un estrecho valle cubierto de bosque en su fondo y flanqueado por gigantescos y rocosos picos coronados por glaciares. La vista es espectacular y, aunque esté a sólo un día de la civilización, esto ya tiene el sabor grandioso de las Cascades que recordaba.

Llego abajo y hago un pequeño esfuerzo por encontrar el sitio exacto en el que acampamos hace dos años; cosas de la nostalgia. Lo recuerdo como un lugar precioso y muy agradable donde estuvimos muy a gusto, a pesar del tiempo horroroso, y lo recuerdo también como el primer sitio donde paró la lluvia, siquiera un rato, por primera vez en 48 horas. Una especie de isla de paz en aquel via crucis. Ahí lo encuentro, oculto entre el bosque, que tampoco da mucha más opción porque, cerca del río, en la única zona plana, el suelo está cubierto de matorrales densos. Hoy no va a llover pero el lugar y la época intimidan lo suficiente como para que no dude montar el tarp. Me doy la bienvenida, bien-retornada, a Lemah Creek.

Un claro en el bosque junto a Lemah Creek

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