Distancia: 25 m / 41 km. Acumulado: 2574 m / 4143 km

Hoy se ha invertido la situación de la ocasión anterior. Si, por entonces, como mencionaba, el arroyo creció durante la noche, hoy a decrecido… hasta ¡desaparecer! Sí, sí, desaparecer. Me acerco al cauce y está seco, completamente seco, ni una gota de agua corriendo por donde ayer bajaba un buen caudal. Nuevamente, no me lo he podido haber imaginado, si me caí dentro y todo… y llené botellas que, por cierto, menos mal que no lo dejé para la mañana.

Supongo que este arroyo viene de alguno de los glaciares del monte Daniel y durante la noche ha bajado la intensidad del deshielo. Es normal que baje el caudal pero que llegue a cero… en fin, me deja extrañado pero, por lo demás, no me afecta.

Algo ha llegado a llover pero casi testimonial. Eso sí, se nota el cambio de tiempo: está parcialmente nublado y hace frío, se nota la inestabilidad. Hoy, de todas formas, todo me da igual; si todo va bien, alcanzaré Stevens Pass por la tarde.

Un poco más alante, aún en el mismo flanqueo, hay que cruzar otro de los torrentes que bajan a toda leche por la ladera, procedente de los glaciares de arriba. Este es el que está indicado como potencialmente peligroso en la guía, en caso de lluvia, y que vivió su metamorfosis particular en 2004: nosotros lo cruzamos por la tarde sin casi mojar las suelas, saltando de piedra a piedra. A la mañana siguiente, y mientras seguíamos en campamento, sin atrevernos a salir, con la que estaba cayendo, un grupo paso en dirección norte para, al rato, volver atrás y acercarse a nuestra puerta para advertirnos que, si íbamos para allí, nos olvidáramos, era infranqueable. No me extrañó, cuando vi lo que le había pasado al de al lado nuestro.

Hoy no ha desaparecido, como el otro, pero vuelve a ser fácil de cruzar. Es fácil imaginar, de todas formas, cómo se puede poner esto cuando baje mucha agua: el cauce es muy amplio, dividido en varias ramas en el punto en que se cruza con el sendero, aprovechando una pequeña repisa. Si todo eso está lleno, olvídate. El agua lleva mucha fuerza. Hoy, vuelvo a cruzar sin mojarme las suelas.

Completo el flanqueo sobre el hermoso valle de Cle Elum llegando a su cabecera en Deception Pass para retomar la misma tónica: el sendero no baja hacia el siguiente valle sino que se mantiene en la ladera. El día ha comenzado a mitad de camino entre el buen y el mal tiempo pero, según avanzo, voy dejando atrás los claros y me acerco a las nubes. Hace frío.

El valle de Cle Elum, parcialmente soleado

Los panoramas desde este flanqueo sí que los recuerdo de la ocasión anterior; fue el único rato de tregua que nos dio el mal tiempo. Destaca la figura del monte Daniel, ahora ya hacia el sur, gran montaña con glaciares de tamaño notable.

Una breve subida me deposita en los lagos Deception que, a pesar del nombre, son muy bonitos. Aquí paramos a descansar en 2004 y, sea por nostalgia o porque ya toca, aquí me paro. Y, como aquella vez, me encuentro gente. En este caso, son dos senderistas que están pasando unos días caminando por la zona. Lo de siempre: “¿de Méjico a Canadá??? ala, cómo mola…”. Y yo, acordándome de Scott Williamson, “que va, si esto esta chupado… si vosotros supierais…”.

Más flanqueo y, por fin, ladera arriba, a través de estrechos zigzags, para coronar Pieper Pass, mientras el tiempo se pone cada vez más feo aunque, por el momento, no llueve.

Recuerdo perfectamente lo que viene ahora, cómo olvidarlo: una isla de granito en medio de las volcánicas Cascades. No se encuentra mucho granito en estas montañas pero es que este, además, es de un blanco inmaculado, precioso. Los roquedos son lugar favorito para marmotas y pikas, esos simpáticos ratoncillos de grandes orejas redondas y de inconfundible grito agudo: les oyes mucho antes de verles pero, infaliblemente, allí hacia donde suena su llamada, echas la vista y aparece alguno. Marmotas también hay, en su típico puesto vigilante sobre alguna roca, hasta que deciden que ya estás demasiado cerca y desaparecen en su madriguera.

Surprise Gap, interludio granítico

Nuevo ascenso zigzagueante hacia Trap Pass. Los collados por los que han llevado al PCT en esta zona son casi más crestas que collados propiamente dichos. Un último cambio de valle antes de emprender una larga travesía hacia Stevens Pass.

Desde Trap Pass, veo Trap Lake, ahí abajo, en su circo, y sé que esto es, más o menos, la mitad de mi jornada de hoy; ahí acampamos hace dos años. El tiempo está cada vez más nublado y el propio paso escapa por metros a la niebla.

Trap Lake y su sombrero de niebla

La memoria es selectiva y yo recordaba todo lo que me queda como un ascenso continuado y suave que hoy, por tanto, en sentido contrario, debía ser un sencillo y agradable descenso… pero quedan muchos kilómetros aún y es casi utópico pensar en no encontrar alguna cuesta arriba en todo este tiempo. El sendero sigue sin bajar a los valles, continúa con los flanqueos y es inevitable tener que superar resaltes. Sea por cansancio físico o por necesidad psicológica de llegar, se me hace muy largo, especialmente cuando tengo que subir alguna que otra cuesta. La neblina recrea muy bien el ambiente gris que recordaba de la ocasión anterior, aunque hoy apenas llueve pero, por contra, hace más frío. Recorro la sucesión de pequeños lagos que en su momento tomé como parte del origen del nombre de la zona… seguro que es así.

Ya, por fin, veo signos de civilización. Feos como ellos solos pero paradójicamente bienvenidos en un día que se me está haciendo más largo de lo previsto. Una línea de alta tensión, una pista… y, finalmente, los primeros remontes de la pequeña estación de esquí de Stevens Pass. Sólo me queda una subida más (esta sí la recordaba) y ya todo es bajar.

Y nada más empezar a bajar alcanzo a una pareja con perro que desciende también y no tengo ni que preguntar: “¿eres un thru-hiker? ¿Necesitas transporte?” Pues… ¡sí y sí! y ya tengo el viaje arreglado hasta Skykomish.

Skykomish está a más de 20 kms. carretera abajo y aunque no debería ser demasiado difícil hacer auto-stop (esto es: tener éxito con ello; hacerlo es muy fácil…), me alegro de ahorrarme el trámite, máxime cuando voy un poco justo de tiempo para llegar a cenar a Cascadia Inn y luego buscar a los Dinsmore.

Está bien esto de saber ya a qué atenerte cuando llegas a civilización. Recuerdo bien Skykomish y llevo ya varias horas soñando con esa cena homenaje que me voy a dar en el agradable comedor de Cascadia Inn, donde nos alojamos, y comimos (mucho; como está mandado) en 2004. Esta vez repetiré sólo la parte de comer porque el alojamiento correrá a cargo de los Dinsmore, los trail angels del norte: viven junto al río, a unos pocos kms. del pueblo, y espero llamarles después de haber cenado. Lo primero es lo primero.

Mis amables conductores me llevan sin más novedad hasta Skykomish, ese pueblito con nombre de tribu india que consta de unas pocas casas alrededor de una estación de tren. Skykomish está en medio de las Cascades pero en el valle, a una altitud aún modesta, y es la última parada posible para los trenes que cruzan las montañas. El tren es su razón de ser. Aquí, no hay agricultura, no hay ganadería.

Rocky sigue dando la bienvenida a Skykomish

Qué ilusión, de vuelta en Skykomish. Fue muy agradable pasar un día y medio de descanso aquí. Como este ya me lo sé, voy directo a Cascadia Inn, ya sé dónde está. Según llego a la puerta, mi apariencia me delata (y quizá mi olor también, no sé…) y una pareja que sale me aborda:

– ¿eres un thru-hiker? (cuántas veces me habrán hecho esta pregunta…)
– sí
– y ¿dónde piensas pasar la noche?
– esto… con los Dinsmore, que viven aquí cerca….
– ya, ya sé. Somos nosotros.

Este que hablaba era el orondo Jerry Dinsmore. A su lado, Andrea, sonrisa en mano. Así que ya decía yo que me sonaban sus caretos… claro, les había visto en los dvds de Squatch.

Les cuento que, dada la hora, había pensado venir primero a cenar y luego ya buscarles. Jerry se ofrece a venir a recogerme cuando acabe. Quedamos a las ocho y, así de contento, cruzo, dos años después, las puertas del paraíso que supone para un cansado senderista el acogedor comedor de Cascadia Inn.

Me pongo las botas, como está mandado. Cascadia Inn es un sitio muy agradable, un pequeño hotel donde nos trataron muy bien en 2004. El edificio de madera supo especialmente cálido mientra llovía fuera. Hoy, no llueve pero hace fresco, tirando a frío, y cenar aquí me sienta igual de bien.

Cascadia Inn (foto de “mañana”; por eso está tan azul el cielo)

A la hora acordada, aparece Jerry. Los Dinsmore viven en una casita de madera, en una especie de mini-urbanización, totalmente desprovista aquí del carácter elitista que estas cosas suelen tener en este entorno desde el que ahora escribo, a un par de kms. del pueblo. Esta noche, soy el único invitado.

La casa de los Dinsmore

Y estoy feliz de estar aquí… pero también estoy preocupado. La razón no es gratuíta y sale del resto de esa conversación inicial con los Dinsmore a la puerta de Cascadia Inn que antes he omitido. Continúo aquí porque la cosa tuvo su gracia:

(sí, soy thru-hiker, los Dinsmore, mi cena, blah, blah, blah…)… al habla, Jerry Dinsmore:

– ya, ya sé. Somos nosotros. Stehekin ha sido evacuado y el acceso a Canadá está cerrado en el PCT.

Y doy fe que fue así la frase. Vamos, que, donde uno normalmente hubiera dicho “hola, bienvenido…”, Jerry me soltó una buena ostia en forma de noticias condensadas sobre la actualidad de los incendios en las Cascades de Washington. Y la cosa no podía ser peor…

Dos grandes incendios: el primero, en las cercanías de Stehekin, ese lugar maravilloso a las orillas del lago Chelan. Stehekin es, para mí, la mejor estación de todo el PCT, así de rotundo y sin atisbo de duda. Desde que decidí volver a las Cascades, soñaba con el momento de volver este lugar y especialmente en las circunstancias presentes: a sólo unos pocos días de completar el gran viaje, el thru-hiker se encuentra con este minúsculo y precioso enclave donde sentarse con uno mismo y, a ser posible, con otros thru-hikers, a descansar y reflexionar sobre todo lo pasado. Bueno, pues resulta que un incendio que se declaró en la zona hace ya varias semanas se ha ido propagando lentamente y, sin que nadie lo pudiera evitar, aparentemente, ha llegado a las puertas, literalmente, de los edificios. Y, al parecer, el lugar ha sido evacuado. No me puedo creer que Stehekin se queme. No puede ser. No doy crédito… pero las noticias son contundentes.

La otra parte es un gran incendio en Pasayten Wilderness, la que es, probablemente, el área más remota de todo el PCT: un mundo de picos, glaciares, bosques y valles en forma de U, alejado de toda traza de civilización y donde, dicen, parecen estar retornando los desaparecidos osos Grizzlies. No está muy claro si el fuego afecta directamente al sendero pero lo que sí es fidedigno es que el servicio forestal ha cerrado toda el área wilderness. Consecuencia: no se puede llegar a Canadá.

2006 empezó siendo un año muy duro para los thru-hikers por toda la nieve extra en California; a la postre, está resultando un año especialmente duro a causa del infierno de los incendios que se están cebando sobre el PCT. Les esquivé in-extremis en California pero me cogieron de lleno en Oregón; y, ahora, cuando ya cantaba victoria, me encuentro sus útlimos coletazos de la forma más cruel: Stehekin y Canadá.

Jerry y Andrea tienen una pequeña caravana que, esta noche, es toda para mí (tampoco cabe mucho más…), aparte de que la comparto con todos los paquetes que los Dinsmore guardan para los senderistas; entre ellos, el mío (en Skykomish hay oficina postal pero los Dinsmore están “abiertos” siempre). Como digo, estoy preocupado pero también demasiado cansado como para que eso me quite el sueño. Mañana veremos.

Los Dinsmore nos guardan los envíos postales

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