Distancia: 18 m / 29 km. Acumulado: 2592 m / 4172 km

Hoy, madrugo para coger la bici, ir al pueblo a desayunar y estar en la oficina de los Rangers a la hora de apertura, ni un minuto más tarde. Los Dinsmore no compartían mi entusiasmo por visitar a los Rangers… me decían que no iban a saber nada; y, efectivamente, no me dicen casi nada que no sepa ya. Cruzo dedos detrás del mostrador cuando les pregunto si tienen algún mapa topográfico de los senderos alternativos para llegar a Canadá… bingo, tienen uno. Mejor dicho, tienen ¡dos! ejemplares de un mapa que, irónicamente, es uno que ya tengo en casa, de viajes anteriores. Qué gracia, voy a tener un mapa repe de la otra esquina del mundo.

Con esto, salgo ya contento y sintiéndome autosuficiente; dame un mapa y un sendero y soy capaz de cualquier cosa. Lo del cruce fronterizo, ya veremos.

Intento salir pronto hacia Stevens Pass pero dependo de los Dinsmore para llevarme hasta allí y me encuentro con la encantadora parsimonia de Jerry, que se toma la vida con calma. Me parece muy bien pero, hoy, me acaba exasperando un poco. Aún así, mantengo la compostura. Jerry, tío, deja de rascarte la barriga y llévame ya al PCT.

Andrea & Jerry Dinsmore

Me despido de Andrea y voy para arriba. Las dos secciones que quedan son de lo más remoto y aislado de toda la ruta y, dado que ya es septiembre, es imprescindible conocer el pronóstico del tiempo. Yo ya no sé si preferir que sea bueno o malo… por un lado, sé lo fea que se puede poner la cosa en las Cascades y mi instinto me dice que “mejor bueno” pero, por otro… necesito mal tiempo. ¡Hay que salvar Stehekin! Y necesito, también, apagar los incendios en Pasayten Wilderness para poder llegar a Canadá como el dios de los senderistas manda, por el PCT. Necesito lluvia.

El pronóstico es 50/50… una perturbación menor a partir del jueves (hoy es lunes). Recuerdo lo que viene ahora y hago cuentas: en esta sección, está el tramo permanentemente cerrado desde los destrozos que causó el temporal de otoño de 2003, lo que causa un desvío, que ya utilicé en 2004, por senderos de menor calidad. Y que incluye, como opción, una espectacular travesía sin sendero por una zona de alta montaña por la que no debería pasar en caso de mal tiempo… conclusión: tengo que pasar por allí antes del jueves. Puedo hacerlo.

¿Servirá la escasa lluvia anunciada para salvar Stehekin? ¿Para reabrir Pasayten Wilderness? No sé. No creo. Pero no me queda más que tener fe. Esperar que haya un gran claro sobre mí y una gran nube sobre los incendios. Soñar no cuesta nada…

Salgo deseperantemente tarde y voy haciendo la cuenta de la vieja para ver si podré superar High Pass (la zona esa chunga de la que hablaba) antes de que lleguen las nubes. No me atrevería a ir por ahí sin visibilidad.

Nuevo episodio nostálgico al retomar el sendero en Stevens Pass; camino cabizbajo y pensativo por lo que, en 2004, fue nuestro pequeño paseo triunfal (otro más) hacia la civilización tras haber superado la alta montaña de Glacier Peak Wilderness, los senderos desaparecidos y los vadeos inciertos. Fue una pequeña aventurilla porque nadie había ido por ahí antes (se entiende… no en el mundo PCT) y no había mucha información sobre qué nos íbamos a encontrar. Luego, todo fue muy bien y fue muy bonito. Llegamos a Stevens Pass triunfantes y contentos, sin saber que lo más duro de aquel viaje estaba por llegar… pero eso es otra historia. Ahora, ya digo, camino bastante menos contento que por entonces. Necesito reconciliarme con el sendero y conmigo mismo.

Voy dejando atrás la carretera y subiendo hacia las mágicas montañas. Tardo más de lo esperado en llegar al que fue nuestro último campamento en esta sección, en el precioso lago Valhalla. Sigue igual de hermoso y hay bastantes grupos de excursionistas acampados, con sus niños, todo muy familiar. Ya me hubiera gustado a mí que me llevaran a acampar a un sitio tan bonito cuando era niño…

Lago Valhalla

Un poco más arriba, cambio de vertiente y bajada hacia otro valle, ya en zona Wilderness: Henry M. Jackson Wilderness, montañas verdes y perfiles relativamente amables, aún lejos del plato fuerte de esta sección, Glacier Peak Wilderness, uno de los lugares más hermosos de todo el PCT; pero me faltan aún un par de días para eso y a Henry M. Jackson le dedicaron un lugar muy bonito, también.

Me esfuerzo por progesar. Es lo que pasa cuando sales tarde. No dedico mucho tiempo a contemplar el lago Janus, donde empiezo a sentir la fuerte presencia de la soledad de estas montañas. Por supuesto, no hay nadie más alrededor; ni siquiera el inmenso grupo de miles de millones de pequeñas ranitas, recién nacidas, o transformadas, que encontramos en 2004 en el mismo desagüe del lago (fue todo un espectáculo). Supongo que septiembre ya no es época para ranas recién nacidas.

El sendero me empieza a llevar hacia arriba y me encuentro con una simpática pareja de lo más entusiasta. Ya no me siento tan solo, aunque sólo sea por los dos minutos de conversación. Subo a una hermosa cresta de impresionantes vistas, con mares de montañas en todas direcciones, una estimulante travesía que recuerdo muy bien. Lagos, abajo, en sus correspondientes pequeños circos glaciales y primeras y aún lejanas vistas del gigantesco Glacier Peak, allí, hacia el norte.

Colores otoñales en Henry M. Jackson Wilderness con Glacier Peak al fondo

La cresta es muy bonita, como muchos otros tramos en esta zona, con alternancia de bosque y prados y grandiosos panoramas. Todo eso acaba cuando bajo hacia Wenatchee Pass y el bosque me enguye. Una pequeña subida más y llego a Pear Lake, donde había fijado mi objetivo hoy. Un precioso lago en su circo, donde ya pasé una noche en 2004. La hora me viene perfecta para quedarme aquí. No hay nadie más y puedo elegir un sitio lejos del agua y entre los escasos árboles, perfecto para evitar la condensación en las frías noches que son ya la norma.

Es un doloroso placer volver a Pear Lake, muchos recuerdos de por medio, pero no podía pensar en un lugar mejor.

Pear Lake. Hoy toca vivac

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