Distancia: 15 m / 24 km. Acumulado: 2667 m / 4293 km

Una de las cosas que me daba mal rollo de venir a Leavenworth es que, ahora, tengo que volver a Trinity… y eso es una tarea de dificultad aleatoria. Lo mismo me cuesta hora y media, que me paso el día entero o que no llego. Tengo que salir de Leavenworth por una carretera más o menos principal, cambiar a otra no tan principal y, por fin, cambiar otra vez para, desde ésta, tomar la carreterilla de Trinity, la que se transforma en pista para morir allí, con lo que puedo esperar necesitar tres transportes diferentes y, con suerte, encontrarlos rápido. El primer trayecto no me preocupa, será fácil; el segundo ya puede costar y para el tercero tendré que cruzar los dedos y esperar que haya *alguien* circulando por ahí; si bien estoy prácticamente seguro de que el primero que pasara me recogería.

Cuando Shooter me dijo ayer, por teléfono, que venía hacia aquí con un coche de alquiler pensé “de puta madre, Shooter me lleva a Trinity, problema resuelto…”. Pues no. Mi rollo en un pozo. Resulta que el colega quiere plasmar en imágenes todo lo que supone recorrer el PCT (ok, eso ya lo sabía) y ello incluye el episodio propio de la vida del thru-hiker acerca de… volver al sendero desde la civilización.

Huelga decir que, en estos lugares, ni oír hablar de transporte público.. hay que hacer auto-stop, y Shooter quiere filmar eso. Es más, en un esfuerzo loable, y que aprecio, por dotar al documental de autenticidad, quiere que lo hagamos como si él no estuviera ahí. Vamos, que no vale sacar el dedo, esperar 3/4 de hora y, tras ver que no para ni dios, pedir ayuda al de la cámara. No, no… tiene que ser auténtico y quiere filmar cómo me recogen… o cómo *no* me recogen. Si ya digo yo que es duro esto de ser estrella de las pelis…

Quedamos para desayunar y yo como el cuádruple que él. Y no, no me siento panzón. Come todo lo que puedas: esa es la única regla en este viaje.

Salimos del local y, aparte de frío, ¡hace sol! aunque las montañas no están del todo despejadas pero la mejoría es evidente. A ver lo que dura. Camino hasta la salida del pueblo para comenzar la operación.

De vuelta a las montañas

Empezamos bien: en menos de cinco minutos, para uno. Son una pareja de mejicanos que van al trabajo, muy majos. No les veo muy conectados con el senderismo y las montañas y la historia esta de caminar por el PCT les suena a música celestial pero la reacción viene a ser la misma curiosa reacción que he observado una y otra vez: quieren ayudar. De momento, ya me están ayudando, llevándome, pero como parece que no les es suficiente, uno intenta regalarme sus gafas de sol. “Necesitarás gafas de sol en el monte, ¿no?” Pues sí, pero ya tengo… ¡pero gracias! Aprecio la buena intención aunque no me hubiera sentido muy a gusto con las gafas estas de DJ que me quería dar.

Sólo consigo hacer el primer tramo ya que ellos siguen adelante en mi cruce. Me bajo y les agradezco el viaje.

Shooter nos ha seguido; aparca y se baja para seguir el trabajo. Me hace mucha gracia, esto…

… no tanta cuando, media hora después, o más, sigo ahí, viendo pasar coches (pocos) y no viendo parar a ninguno. Vamos, tíos, ¡soy un senderista con prisa! ¿No va a parar nadie? ¿Hago gestos obscenos a la cámara para entretenerme?

Por fin, alguien se apiada; era sencillo: un empleado forestal con una gorra con el emblema del PCT. Me dice que tiene que, aunque no iba a ir allí, me puede llevar hasta Trinity (¡¡sí!!!) pero que antes tiene que ir a echar un vistazo a su cuadrilla de trabajo (hacen mantenimiento de senderos). Vale, no hay problema.

Vigilo a Shooter y veo que viene detrás, no se le escapa una. Llegamos al lugar donde mi conductor a quedado con sus compis. Le comento la jugada a Shooter y me dice que, si ya tengo transporte asegurado, no necesita filmar más y que ahora ya puede llevarme él (y así evitamos que el hombre este que me traía tenga que subir hasta Trinity pa ná…). Este Shooter es más purista que yo… Así que, ya sabéis, si alguna vez veis su documental, podéis contar con que es totalmente auténtico, no está apañado ni nada (pocos documentales habrá así… hoy en día, ¡ni las noticias son así!).

Así que nos despedimos de los simpáticos forestales y vamos hacia Trinity. Está lejos, el condenado sitio… llegamos bien tarde pero ya me esperaba algo así… era difícil que saliera mejor.

Saco la mochila del coche de Shooter para encontrarme un siete (más bien un uno) de 10 ó 15 cms. en la pared principal… y me viene a la mente inmediatamente el estrecho hueco donde la coloqué en el coche del forestal, así como el tirón que di para sacarla… caguentó… la mochila, tan contenta por los montes, y las dos averías que tiene se las ha hecho en civilización… para que luego digan de los peligros de la montaña…

Da igual, para lo que queda… le pongo un buen parche y así doy un poco de uso a los 3 kms. de cinta de nylon que compré en LA.

Shooter se viene conmigo un rato para rodaje en sendero y duda entre quedarse a pasar la noche o no. El sol de esta mañana se ha ido oscureciendo y, a estas horas y alturas, ya es todo nube gris y no sé si eso será lo que le disuade (no creo…) pero decide hacer sólo ida y vuelta.

Como de costumbre, el rato de grabación estática me deja congelado. Que sepáis que esas tomas costaron su esfuerzo. Como decía la profesora de baile, cuyo nombre no recuerdo, la fama cuesta… y aquí (toques de bastón en el suelo) es donde vais a empezar a pagar… con sudor. Yo pago con tiritona, que creo que es peor.

Me despido de Shooter, no sin antes compartir planes. Espera estar allí cuando llegue (yo) a Canadá pero, claro, a estas alturas, aún no sabemos siquiera no ya cuándo sino dónde será eso… de momento, Hozomeen; si el mal tiempo sigue, quizá (cruzo dedos, brazos y piernas) Manning.

Vuelve a hacer muy malo y, según subo, peor. Es psicológicamente duro desandar el camino de anteayer pero no hay más remedio. Y es físicamente duro también porque se ha hecho muy tarde y mi objetivo es, ahora, un poco ambicioso: quiero llegar al valle de Stehekin mañana a tiempo de coger el autobús que lleva… bueno, no sé muy bien a dónde. Normalmente, al embarcadero, que es donde están los escasos servicios del lugar, pero es, también, la zona amenazada por el fuego y, si nada ha cambiado, evacuada. Según he sabido, las casas que están valle arriba están, de momento, a salvo y, de hecho, el correo de los thru-hikers (que, como no hará falta explicar, ¡no puede esperar!) está siendo gestionado desde la panadería. Por cierto: el tema de la panadería de Stehekin merece su comentario personal; ya se lo dedicaré.

El PCT emerge en la carretera/pista del valle de Stehekin a pocos metros de donde para y da la vuelta el bus. Es un autobús que, prácticamente, sólo sirve para acercar allí a los excursionistas. Hay sólo unos pocos al día y mi objetivo es intentar coger el último. Para ello, calculo, hoy tengo que llegar a Miner’s Creek. Eso supone subir a Buck Creek Pass, donde dormí hace dos días, pasar Miner’s Ridge y bajar al valle. Miner’s Creek es una zona relativamente baja y con bosque denso donde estaré lo más protegido que puedo estar. Tengo que conseguir llegar allí.

El valle Chiwawa, por el que subo, es de una espectacularidad casi realzada por las nubes que tapan las cumbres. Las infranqueables paredes que llevo a la izquierda son las que me separan del valle Napeequa, por el que subía hace tres días. Llego a Buck Creek Pass con las nubes casi rozándole y un tiempo casi tan malo como el que dejé aquí anteayer. Hay algo menos de nieve por el suelo, está casi toda fundida.

Empinado descenso a una vaguada para volver a subir otra vez hasta coronar Miner’s Ridge, a, más o menos, la misma altura que Buck Creek Pass. Allí, echo un rápido vistazo al lugar donde acampamos en 2004; muy acogedor, aquel día, no tanto hoy, con la niebla casi rozando la cresta y todo mojado.

Comienzo el descenso definitivo hacia Miner’s Creek y el PCT, de cuya traza oficial llevo separado más de cuatro jornadas. ¡Ha costado! pero ya casi estoy ahí.

Allí abajo reencontraré el PCT, si no se lo traga la nube…

Encuentro algunos buenos campamentos potenciales durante el descenso pero ya he decidido llegar abajo y, aunque muy justo de tiempo, lo lograré. Tampoco es que sea tan tarde pero el día está tan oscuro que, una vez que abandono la zona alpina y me meto en el bosque, es como si se hiciera de noche, está muy oscuro.

Por fin, llego al cruce donde me reencuentro con el PCT. Por hoy, ya está casi todo el trabajo hecho. Sólo tengo que avanzar unos minutos más, hasta llegar al puente donde el sendero cruza Miner’s Creek y donde encuentro un estupendo campamento, estupendamente empapado. *Todo* está chorreando agua por todos los sitios: suelo, árboles, senderistas… y eso que hoy apenas ha llovido pero la humedad ambiental es enorme y el frío hace que condense por todos los sitios.

Acampar en estas condiciones no es de lo más agradable; entre otras cosas, porque, en el momento en que te paras, te congelas. Hace frío, ya, pero es que, además, la humedad es esta de la que se te mete hasta el alma. Se trata, por tanto, de hacer las tareas de campamento lo más rápido posible y meterse al saco con toda la ropa seca disponible puesta. Monto el tarp lo más ventilado posible, habida cuenta de que no hace ni gota de viento e, incluso, si la hiciera, aquí estoy bien resguardado por el bosque denso. Aún así, es cuestión de minutos (y casi le quito la “s”) que la lona esté empapada también. Frío y humedad, tiempo de hipotermia. Condiciones duras.

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