Distancia: 15 m / 24 km. Acumulado: 2792 m / 4493 km

Una vez más, miro al cielo. Ahora, más que nunca, necesito buen tiempo. Voy a estar solo y sin el apoyo moral de alguien a quien quejarme en mi retorno a los Estados Unidos pero, además, voy a carecer de ese punto de motivación que te da el buscar el objetivo hacia el que has estado caminando durante más de 4000 kms. Mi motivación, ahora, va a ser bastante más gris y necesitaré tenerlo fácil para llevarlo con dignidad.

Me permito recordar el porqué de todo esto, para aquellos que hayan llegado aquí sin pasar por todo el tocho anterior (ya os voy a dar yo…): si alguna vez hacéis el PCT de Méjico a Canadá, recordad, al solicitar el visado para EE.UU., indicad que os lo den de múltiple entrada. Si os dan, como a mí (ignorante yo, por entonces, de estos detalles), uno para una sola entrada en el país… no podríais acabar en Canadá y luego volver legalmente a USA. Y así estoy yo.

Podría volver a casa desde Vancouver; no tengo aún billete de vuelta, con lo que eso no sería ningún problema. Pero sí tengo amigos que visitar en Seattle y un cierto compromiso emocional con esa ciudad donde siempre soñé con que acabaría mi viaje. Ahora: ¿cómo puedo volver a EE.UU.? En tiempos pasados, podría haber acudido al puesto fronterizo de rigor, explicado mi caso y esperado clemencia pero, hoy día, es bastante poco probable obtenerla, a pesar de que la frontera que necesito cruzar no es una en la que haya una gran tensión. En resumen, veo claro que mi única opción de volver al otro lado es… vía el PCT. Allí no hay puesto fronterizo, eso está en medio del monte y, además, el plan es casi absolutamente seguro, desde el punto de vista burocrático: mientras estoy en Canadá, soy legal; y, una vez en EE.UU., nadie me puede decir que no lo soy, a no ser que alguna autoridad me vea cruzando la invisible línea.

No puedo evitar pensar en lo ridículo de todo esto. Allí, en el monte, ni hay nadie que me vaya a ver ni hay ninguna línea que cruzar. Y a nadie le importa que lo haga. A ver si ahora alguna autoridad va a leerse esto y me va a meter un paquete con efecto retroactivo… bueno, debo decir que no hay ninguna intención delictiva en lo que voy a hacer. Caminaré por las montañas, como he estado haciendo durante meses, y caminaré silencioso y discreto, intentando ser parte del paisaje, como siempre he hecho.

Sigue algo nublado pero esto ya se va pareciendo más a lo que el pronóstico indicaba: las nubes son altas y finas y todo tiene la apariencia plácida que nos ha faltado en las dos últimas semanas.

Smiley se va a quedar todo el día aquí y una noche más, para descansar e ir recibiendo nuevos senderistas que vayan llegando y tener, así, un poco de interacción social. Me parece buen plan. Me acompaña en el desayuno, así como Shooter, que se va a venir conmigo durante parte del día, hasta la misma frontera, para grabar algo allí.

Me despido de Smiley, que ha sido un gran compañero de viaje. Le echaré de menos. Parto con Shooter y, nada más salir, ya empezamos con la agradable serie de encuentros en la tercera fase: uno tras otro, thru-hikers sonrientes recorren sus últimos kilómetros, casi todos ellos del grupo de Stehekin; Cheers y Caché, primero. Comfortably Numb, después. Las conversaciones son más agradables que nunca. Hace mejor tiempo y sólo hay razones para estar feliz.

Compruebo con agrado que los arbustos ya están casi secos y no hace falta repetir el episodio húmedo de ayer. Llegamos al monumento, hola otra vez. Doy la entrevista más sentida de toda mi vida, aunque aún no sé qué responder a esa pregunta recurrente de qué ha cambiado en mí tras el viaje. No sé, Shooter, no sé aún…

Me despido, una vez más, de Shooter, que se vuelve a Manning, y esta está destinada a ser nuestra última despedida. Ha sido un placer.

Se me ha hecho muy tarde y veo difícil llegar a donde pensaba hacerlo hoy pero no tengo ni fuerzas ni, sobre todo, ánimo para enchufarme y poner una buena marcha. Me siento muy raro, no es una sensación agradable y me limito a caminar. Hoy, eso sí, puedo disfrutar de los paisajes, está despejado. Quedan nubes pero son altas y no llueve. Los panoramas aún son limitados pero ahora me recuerdan más a los de 2004. Veo las laderas.

Mira, mira… se ve el cielo, y todo…

Cruzo Castle Pass, hoy está ya todo mucho más seco. Sigo subiendo y, cerca ya del lago Hopkins, veo senderistas que bajan: Adam Listo y Flow Easy; Puff Puff y Snappy vienen un poco más atrás. Otro encuentro nostálgico que sirve de despedida. Estos, concretamente, son gente a la que, en mayor o menor medida, me he ido cruzando a lo largo de prácticamente todo el viaje.

Llego al lago demasiado pronto como para quedarme aquí pero demasiado tarde, me temo, como para seguir adelante; mucha cresta y ladera sin lugares planos para acampar y decido parar por hoy. No deja de ser un lugar precioso y uno en el que también me apetece pasar la noche. La tarde-noche, en este caso.

Bajo al lago y me encuentro un panorama radicalmente diferente del de aquí mismo hace tan sólo dos días: ya no queda nieve, ni alrededor del agua ni en las laderas que cierran el circo y el ambiente está bastante seco, a la espera de que baje la temperatura y la humedad se empiece a condensar.

Hopkins Lake, qué diferente de hace dos días…

Rememoro, una vez más, uno de aquellos bonitos campamentos de 2004, aunque esta vez me voy unos metros más allá, buscando un lugar ventilado, a ver si enjuago la inevitable condensación. Se me ocurre que, dado que es pronto, puedo hacer algo a lo que casi nunca dedico tiempo: hacer un fuego. En las circunstancias actuales, además, tiene todo el sentido del mundo, con el frío que hace, y más que va a hacer. Los fuegos de campamento han estado prohibidos durante unas semanas, debido al calor y sequedad reinantes y los problemas que ya había con grandes incendios en marcha pero la prohibición ya ha sido levantada. No me cabe duda que la presencia de los cazadores ha tenido algo que ver en que las autoridades se hayan puesto las pilas.

Nunca se me ha dado bien encender fuegos pero, con lo mojado que está todo, no es fácil. Puede parecer una tontería pero me estoy un buen rato, fracaso tras fracaso, aplicando todo lo que sé sin mucho éxito, y acabo usando el hornillo. Y ni así… pero, al final, cuando ya desesperaba, consigo por fin una agradable hoguera y ya me siento explorador aguerrido y tengo mi agradable fuego de campamento para acompañar y ambientar una de mis últimas noches en el PCT. Muy contento yo, con mi hoguera.

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