Distancia: 24 m / 38 km. Acumulado: 2815 m / 4531 km

Hoy sí, ya, por fin, parece que va a hacer bueno. Hace frío, lo ha hecho toda la noche, pero ahora está despejado y va a salir el sol. Me marcharé del PCT con el gorro puesto.

No puedo estar más contento por esto porque, como decía durante el viaje al norte, lo que viene ahora es uno de los tramos más espectaculares de todo el viaje y hoy sí voy a poder disfrutarlo en toda su dimensión. Así, arranco y comienzo la subida a la cresta. Apenas queda nieve, qué diferente del infierno en que esto se convirtió mientras caminábamos hacia Canadá. Ahora, luce el sol, el día se va caldeando y no hay viento. Ha vuelto el verano.

Llego arriba del todo y, hoy como ayer, el panorama me vuelve a tumbar de espaldas: las eternas cordilleras de grandes picos hacia el oeste y el monte Baker, el gigante de las Cascades del norte, inconfundible, al fondo.

A esto me refería todo el rato

Mientras me subo a un montículo, cámaras en mano, para captar todo esto, aparece un grupo que no conocía: Monkey, Bearded Monkey, Thor, The Weapon y Bee Sting. Qué de nombres nuevos. Los Monkey tienen una historia muy graciosa: son una pareja, ella era Monkey, por la razón que fuera, y como él no tenía alias y llevaba barba… pues se quedó con Mono Barbudo. Thor es un tío muy salado y The Weapon resulta ser esa Laura de Oregón a cuyo padre me encontré en el supermercado en Sisters. Él se lo había contado y ella se acuerda. Qué pequeño es el PCT.

Con este encuentro, inauguro mi nueva faceta: reportero más dicharachero del PCT. Aprovecho que tengo ya directamente en la mano la cámara de Shooter para sugerir al grupo una “entrevista” a pie de sendero, en ese momento tan especial en el que la llegada a Canadá es inminente, y se entregan a la tarea con entusiasmo. ¡Cómo mola esto! Yo les hago preguntas y me contestan con una profesionalidad y unas tablas que parece que han estado haciendo esto toda la vida, cada uno con su gracia particular. Me voy animando y les hago preguntas con más miga… Shooter, tío, tienes que meter algo de esto en tu documental, a pesar del acentazo del narrador.

Debo decir que, aunque ya me he despedido definitivamente de Shooter, me ha pedido que me quede la cámara porque quiere que filme escenas del “después de”, especialmente cuando vaya al aeropuerto a coger el avión… estos creativos… se la mandaré por correo cuando ya haya terminado del todo.

Me despido también de estos cinco, a los que deseo un buen descenso, y continúo con el espectacular paseo por la cresta de las Cascades.

Mis primeros entrevistados

Parece mentira que este sea el mismo sendero por el que me arrastraba hace sólo tres días; hoy, luce el sol, las vistas son espléndidas, no hay nieve, todo está seco y la experiencia senderista se encuentra elevada a su mayor potencia posible: un sendero en lo alto de las montañas más bonitas del mundo (permítaseme la licencia; es la emoción del momento) cuando todo sonríe. No quiero olvidar el encanto épico (y, en su medida, estético también) de lo de tres días atrás pero, si puedo elegir, así, como ahora, mola más.

Abandono las vistas infinitas al oeste al atravesar Woody Pass y cambiar de vertiente. Nada más iniciado el descenso tras el paso, me cruzo con un thru-hiker: se trata de B1, un senderista veterano que, según me cuenta, caminaba con su hijo pero éste tuvo que abandonar. Continúa el solo y, como a todos los que me encuentro a estas alturas, ya no le queda nada. Un rato despés, tras haberme despedido de él, pienso en que al hombre este me parecía conocerle hasta que caigo en la cuenta: me le encontré, junto a su hijo, en el día ¡dos! de mi viaje, en la subida a los montes Laguna, nada menos. Qué gracia… nunca les volví a ver y me encuentro al padre aquí, a pocos kms. de Canadá. Qué pequeño es el PCT.

Lamento no haberme acordado de él cuando le tenía delante pero no voy a volver para decírselo. Además, me ha dado algunas buenas noticias, relacionadas con la siguiente tanda de thru-hikers que me voy a encontrar. Aprovechando mi ventajosa posición, en lo alto de los zigzags que bajan de Woody Pass, veo lo que viene por debajo:

– I see hiker trash!!!

El que levanta la vista para ver quién es el que saluda así es nada menos que mi querido compañero Sugar Daddy. Sabía que esta gente iba a estar cerca y eran algunos a los que esperaba tener ocasión de decir adiós. Cómo mola, esto de ir para atrás…

Suggar Daddy se alegra mucho de verme, como yo a él. Poco después, llegan Pang, Swiss Miss y Mike. Me alegro mucho de verles a todos, pero sobre todo a Mike, a quien considero, a nivel personal, como uno de los grandes hayazgos de este viaje. Está la gente que te cae bien y luego está la gente con la que conectas y, para mí, Mike es de estos, y creo que es mutuo.

Nos pasamos un buen rato compartiendo historias con final feliz. Mike se ha unido a los otros tres y están viajando juntos desde Cascade Locks. Se han atrevido a tomar el trazado oficial del PCT (ahora cerrado) alrededor de Glacier Peak, con sus puentes desaparecidos y sus laderas desprendidas. Cuentan que no era para tanto pero a mí me sigue pareciendo una pequeña hazaña; no ya hacerlo sino atreverse.

Recordando mi nuevo “talento” recién descubierto, echo mano de la cámara de vídeo y les propongo ser estrellas de las pelis por unos minutos, tarea a la que no me falla ni uno, a cual más inspirado, cuando les pregunto por sus impresiones sobre el viaje, ahora que están a punto de llegar. Como, además, a estos les conozco bien, les puedo preguntar cosas más personales. Por ejemplo (es que esta me gustó…):

– Mike, ¿alguna historia que te gustaría contar?

y Mike, sin dudarlo:

– puedo contar una historia sobre ti…
– ¿??? adelante, quiero oír eso…

Y Mike empieza con la ocasión en la que él y Naomi recogieron mis restos en la carretera de Santiam Pass, en Oregón, mientras yo pasaba mi calvario personal en el asfalto a causa de los incendios aquellos que cerraron el PCT. Y cuenta cómo, conscientes de que yo no iba a aceptar transporte (el purismo y esas cosas…) me trajeron cosas ricas para comer y beber, y de eso sí que acepte, claro… ni Don Camilo, vamos. Bueno, así me gusta, Mike, dándome protagonismo. Ya decía yo que me caías bien. Shooter, tienes que incluír algo de esto en el documental. Como lo borres todo, me voy a enfadar. Esto es PCT Reality Show en su mejor expresión.

La despedida de todos estos es la más emotiva de todas, hasta la fecha. Han sido mis compañeros de viaje estables durante periodos extendidos y, en cierto modo, les considero partícipes de todo mi viaje. Siempre hemos estado cerca y nunca hemos perdido el contacto, encontrándonos regularmente, bien en el propio sendero o en las paradas técnicas. A estos, más que a ningunos otros, les echaré de menos, hasta el punto de que, ahora que ya me les he encontrado, mi vuelta atrás empieza a perder parte de su sentido.

Cuesta pero me tengo que despedir definitivamente de todos. A Mike, al menos, espero verle en Seattle dentro de unos días. Él vive allí.

Sigo adelante; subo a Rock Pass y vuelvo al tramo ese de cresta plana tan bonito, especialmente ahora, con los colores otoñales. Es curioso cómo se manifiestan aquí: salvo los escasos tamarack, el resto de árboles no amarillean pero los arbustos y las hierbas sí lo hacen, pero no con el aspecto dorado-seco de los campos de trigo de Castilla, es otro tipo de amarillo/rojo/pardo. No sé muy bien cómo describirlo con palabras pero el ambiente es otoñal y muy bonito. Sobre todo, ahora que hace bueno.

Enfrente, Rock Pass; en la ladera, algunos tamarack

Desciendo a Holman Pass para volver a subir a las alturas. Si después de dos años, me acordaba del recorrido, os podéis imaginar que, ahora, después de tres días, me lo sé de memoria ya. Y no olvido los flancos de Tamarack Peak, allí donde se encuentra una buena concentración de los árboles del mismo nombre, a los que bastantes elogios he dedicado ya en párrafos precedentes como para repetir. Baste decir que el tiempo despejado les hace lucir más espléndidos, si cabe, desde la distancia (desde la que eran escasamente visibles durante el mal tiempo), enmarcados por la escena. La foto buena, sin embargo, me ha salido en primer plano:

Preciosos tamarack

La tarde va avanzando y, a las alturas a las que estoy, en la cresta de Tamarack Peak, hace frío pero lo siguiente es bajar a Windy Pass. Allí, me encuentro la ya famosa señal del cierre del sendero, ahora ya tumbada por el suelo hasta que alguien venga a recogerla.

Con las luces del atardecer, salgo de Pasayten Wilderness y me acerco a Harts Pass, que era mi objetivo para hoy y al que voy a llegar sin problemas, aunque un poco tarde. Mantengo aún la posibilidad de continuar caminando mañana y continuar en el PCT hasta Rainy Pass pero, sinceramente, creo que lo que me queda hoy va a ser el final de mi camino. Pienso en ello como un final y ni siquiera me da pena. Eso, probablemente, quiere decir que ya basta; que he tenido suficiente. No es que no quisiera seguir sino que, psicológicamente, tu mente se prepara para cumplir un cierto objetivo y, una vez conseguido, la motivación, de alguna forma, se desvanece. Y eso que me lo estoy pasando muy bien en estos dos días: hace bueno otra vez y está siendo muy divertido encontrarme con tanta gente… pero ya no es lo mismo. Es difícil de explicar pero esto ya no me motiva igual y creo que lo voy a dejar en Harts Pass. Además, tengo ganas de llegar a Seattle y volver a ver a mis amigos allí.

Así, pensando en estas cosas, me cruzo con otro thru-hiker más: resulta ser Karma, a quien no conocía, y bien que lo lamento tras la breve conversación; es una de estas personas que me cae bien instantáneamente. Cuando le cuento lo de mi razón para estar desandando camino, sugiere que lo que estoy haciendo es un mini-yo-yo…

Valga comentar que, en el argot PCT, hacer un yo-yo es el nombre que se le da a lo que hizo Scott Williamson en 2004 y que está repitiendo este año: recorrer el sendero de ida y vuelta, todo seguido, en una sola temporada. En varias ocasiones, ya, he bromeado, al contar mi situación con la re-entrada en el país, que había decidido caminar de vuelta a Méjico y que estaba siguiendo a Scott… pero no había pensado en llamarlo mini-yo-yo… ¡me gusta! A partir de ahora, cada vez que hable de esto, hablaré de mi mini-yo-yo.

Karma, además, me da una gran noticia: detrás vienen Jackalope y Eagle Eye, otros de los que me voy a alegrar mucho de volver a ver. Y con razón. Siempre me cayeron muy bien, especialmente Jackalope, que es super-cariñosa y me dice que se alegra mucho de habernos encontrado porque quería darme un abrazo de despedida. Qué bien, así me gusta a mí, que me traten con cariño. Abrazo dado y recibido.

Hoy, especialmente hoy, me hubiera gustado mucho compartir campamento con alguien más y hasta pienso en caminar con estos tres (para atrás, en mi caso), dado que ya queda poco día pero, al final, sigo adelante. La verdad es que creo que tendría que haberles acompañado, hubiera sido agradable pero, en ese momento, dejé que la cabeza mandara y continué el corto trozo que me quedaba hasta Harts Pass.

La zona de acampada aparece tan desierta como la vimos hace ya cuatro días aunque, más tarde, vi que había algún grupo más (pero no de thru-hikers, desafortunadamente). Toco en la puerta de Beth para decir hola y ver si sigue en pie su oferta de transporte. Me recibe tan jovial como siempre y me dice que, por supuesto, si quiero, mañana por la mañana me lleva a la civilización. A estas alturas, ya he decidido que acabo de dar mis últimos pasos en el PCT por esta vez y me siento bien. Casi me extraña no sentirme triste. Insisto en lo que decía antes: esto suele ser señal de que ha llegado la hora de darlo por bueno.

Hoy no necesito refugiarme en la cabaña y, además, tiene un cierto valor simbólico plantar mi tarp por última vez.

Mi último campamento en el PCT

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