Distancia: 0 m / 0 km. Acumulado: 2815 m / 4531 km

Seattle es un lugar muy especial. Una ciudad muy bonita y atractiva, en un emplazamiento físico idílico y con mucha vida cultural. Mis visitas anteriores habían sido necesariamente cortas, así que me hacía mucha ilusión, también, pasarme aquí unos días tranquilos, a fondo perdido y sin agenda. Fue una manera ideal de “volver” a la civilización, amortiguando el inevitable golpe.

Loren y Becky son senderistas y montañeros, también, y entienden perfectamente lo que acabo de hacer y cómo me siento y estar con ellos me ayudó mucho a reintegrarme en el mundo urbano.

Recuerdo con cierta nostalgia esas vistas de las montañas, este y oeste: desde Seattle, puedes ver las Cascades, a un lado, y las montañas Olympic, al otro, rivalizando ambas en espectacularidad. Y, desde según qué sitio, también Rainier, que está algo más lejos pero es tan grande que se ve desde mucha distancia. Precioso viaje de autobús entre el centro de la ciudad y la casa de mis anfitriones, en North Seattle, a lo largo de una colina desde la que podía ver ambas Cascades y Olympics. Y, por si fuera poco, el mar. Seattle lo tiene todo, igual que Vancouver, un poco más al norte. Mis dos ciudades favoritas, de largo.

Mi “turismo” fue bastante poco ortodoxo pero algo hubo:

A Feathered Friends fui más que nada a visitar pero en Seattle Fabrics me di unos cuantos caprichos; me sentía cual niño en tienda de caramelos.

Uno de los mejores bálsamos contra la angustia post-pct es juntarte con otros thru-hikers y contar batallitas. Es una de las cosas que temo: de vuelta a casa, ¡no voy a tener esa posibilidad! pero sí en Seattle: reencontrar a Mike y Naomi fue una de las mejores cosas que podía esperar. Fue muy gracioso ver a Mike vestido de “normal”, con vaqueros y eso, mientras yo seguía con mi ropa de siempre (la única que tenía) aunque, eso sí, más limpia…

Mike y Naomi, ya lo he dicho muchas veces, han sido las dos personas más relevantes que me ha dejado este viaje y estar con ellos fue un broche ideal. Además, con el valor añadido de poder ver la ciudad de la mano de gente local, que siempre te ayuda a llegar donde no hubieras llegado tú solo… aunque el bar que más me motivó para sacar una foto fue un clásico del lugar:

We cheat tourists-n-drunks since 1929

Como yo iba con locales, a mí no pudieron timarme.

Supongo que ahora debería escribir un gran epílogo pero siento que no tengo nada más que decir. Quizá, comentar que escribir todo esto ha sido todo un gran viaje en sí mismo, con sus momentos, como todo viaje: buenos, malos y cualquier cosa en medio. Espero que haya merecido la pena.

Sólo me permito añadir (quizá repetir) que este viaje ha significado la primera vez que he osado salirme de verdad de los caminos marcados y que, con el tiempo, tengo la conciencia de que ha sido lo mejor que he hecho en mi vida. Espero recordar esto.

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