Viajar a pie

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Sandalias ultraligeras

Sandalias ultraligeras

El típico uso de las sandalias como calzado reserva suele ser doble: descansar los pies al final de la jornada y para evitar mojar el calzado principal en los vadeos de ríos, mares u océanos. Cuando el calzado principal no es una pesada bota sino una liviana zapatilla, no suele ser necesario otro par para dar descanso a los pies ya que la propia zapatilla sirve para eso; suele bastar con aflojar un poco los cordones. Y los vadeos, idealmente, se hacen entonces con las propias zapatillas puestas, apoyándonos en su buen drenaje y rápido secado para hacer la situación asumible.

En este panorama, no parece haber necesidad para unas sandalias adicionales y así lo consideré durante un cierto tiempo, sólo para darme cuenta de que, efectivamente, las sandalias no son imprescindibles y se puede sobrevivir sin ellas… pero me hubieran venido muy bien en ciertos momentos que, por otra parte, no están relacionados con el uso típico descrito.

Los pies mojados tras vadear un río son algo bastante menos incómodo de lo que parece mientras te mantienes en movimiento pero, una vez en campamento y eliminado el calor que proporciona la actividad (y, sobre todo, si hace frío ambiental), los pies se quedan congelados y todo lo que quieres es quitarte todo eso mojado que, entonces sí, se convierte en una gran incomodidad. Mi rutina solía consistir en montar campamento e, inmediatamente, quitarme el calzado, lavar los calcetines (sólo con agua, para quitarles la porquería), tenderlos y luego ya dedicarme a las tareas de campamento: hacer la cena, comérmela… y, todo esto, ya descalzo.

Y tengo un par de calcetines limpios y secos pero no me los puedo poner porque, si les añado las zapatillas, dejarían de estar secos (y les necesito secos para dormir) y, si no se las pongo y camino con ellos, dejarían de estar limpios (y les necesito limpios, por lo mismo). Estar descalzo no era del todo malo pero, cuando la temperatura era baja, sólo podías pensar en acabar lo que estuvieras haciendo para irte al saco y calentar los pies de una vez; y caminar de aquí para allá no era lo más cómodo del mundo. Y, en esos momentos, echaba de menos unas simples sandalias que me permitieran ponerme mis calcetines limpios y secos y caminar por campamento. Pensaba que el aumento de confort iba a ser suficiente para justificar el peso extra…

… pero, para eso, hacía falta que ese peso extra fuera muy poco. Y no me servía ninguna sandalia comercial pero ¡tampoco necesitaba algo tan “complicado”! Para el uso descrito, me bastaba algo aún más simple.

Construcción

La idea no es nueva y no he tenido que inventar nada. La he visto descrita en otros espacios web en numerosas ocasiones. Todo se basa en algo muy simple: usar una plantilla (de las que utilizamos en el interior del calzado) como base para la sandalia y una tira de cordón o cinta plana para sujetarla al pie. Con esto, no te vas a poder ir muy lejos pero es más que suficiente para el uso descrito: distancias cortas en campamento y, lo mejor, no pesan nada, con lo que nos liberamos no ya de la carga física sino también de la carga moral de llevar un elemento que va a estar siempre en la mochila y que sólo vamos a usar un ratito cada día. Para algunos de nosotros, eso es tan importante como para marcar la diferencia entre llevarlas o no.

Las imágenes dicen más que suficiente sobre cómo están hechas:

Al menos, he dispuesto de unas plantillas nuevas, con lo que el aspecto final ha quedado bastante presentable.

Lo único que he aportado respecto a lo más habitual ha sido la sujeción del pie, que suele hacerse a base del típico método de encajar el cordón entre el dedo gordo y el siguiente. Yo he preferido evitar eso porque te impide usar calcetines (o te obliga a usar calcetines con dedos, que los hay). El cordón que he instalado (creo que no hace falta explicar cómo…) abraza el empeine, con lo que no hay problema para usar calcetines. Lo único que hacía falta añadir era algún sistema de ajuste para poder meter y sacar el pie con holgura pero que quede bien sujeto durante el uso. Podría haber usado un cordón elástico pero no tenía a mano, así que he instalado un pequeño bloqueador que, en general y para casi todo, me gusta más que los elásticos. Voilá:

Bulto nulo en la mochila y un peso final de 64 gr. el par.

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2 Comentarios

  1. Iñigo

    Hola Iñaki. Acabo de hacer dos en espuma de alta densidad de 6mm y cordon 1.5mm mas las dos tancas y pesa 27gr el par. No me inspiran mucha confianza, creo que es mejor idea utilizar las plantillas (parece una espuma mas consistente y algunas tienen tela por la parte superior, lo que podria evitar desgarros). A ver lo que duran.
    Un saludo.

    • Viajarapie

      Hola Iñigo. Todo es probar. De momento, te han salido súper ligeras y eso sólo ya es un avance. Ahora, a usarlas y a ver qué tal.
      Un saludo

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