Nada en la planificación es casual; ni siquiera la fecha de salida: un viernes, para aprovechar el tiempo al máximo, pero evitando esos días punta de final/principio de mes en los que los aeropuertos son un lugar inhóspito y nunca sabes cuándo vas a llegar o si tu equipaje viajará contigo o si tú viajarás contigo mismo. Aún así, aún era viernes y me sorprendió lo tranquilo del viaje, sin ningún retraso ni aglomeraciones. Incluso llegué a tiempo de coger el último tren de la noche hacia Estocolmo, cosa con la que sólo contaba en las mejores previsiones.

No hay vida nocturna ni glamur en esta ocasión, sólo descanso. Mañana hay mucho viaje que hacer.

No hay fotos nocturnas. Pongo una de día: Estocolmo

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