¡Qué frío hace por la mañana! Me levanto con la tienda escarchada pero esto, en el fondo, es, en parte, consecuencia de algo que supone buenas noticias: el cielo está despejado. Entre eso y la altitud (mareantes 700 metros árticos) y que aún no me da el sol, está todo congelado. Pero no importa; ver ese cielo tan azul y el ambiente calmado es la mejor inyección de moral, aunque hoy sea quizá el día que menos falta me hace pero no le voy a decir que no.

Lo que ocultaban las nubes ayer…

Buen o mal tiempo, hoy está destinado a ser día de relax. Aunque, en esta ocasión, no haya civilización ni descanso de por medio, hoy llegaré al punto aproximadamente medio de esta última y larga sección y esto supondrá también un cierto punto de inflexión según Nordkalottleden entra en el parque nacional Padjelanta y empieza a compartir traza con el sendero que lo cruza y del que toma el nombre, Padjelantaleden. Al menos, espero llegar a Vajsaluokta y su refugio y, muy probablemente, pasar la noche allí, aunque decidiré sobre la marcha.

Empieza, por tanto, una jornada de esas tan agradables en las que me siento con los deberes hechos y sólo consiste en dejarme caer… y como ya voy conociendo el panorama ártico, imagino que alguna me tiene guardada pero todo se andará. Por el momento, todo está tranquilo y, según salgo de la reclusión del circo y me da el sol, la temperatura es mucho más agradable.

Mirando atrás a esa cubeta que ha sido mi casa anoche

Ya tengo a mis pies el amplio valle por el que fluye Valldajahka pero no sé qué nombre darle (al valle) y en el mapa no sale… mal asunto para cuando luego te pones a contar por donde pasas… ¿Valldavaggi? ¿Se me permite construír palabras nuevas con mis pequeños conocimientos de lapón?

Tanto da; el caso es que continúo a media ladera, con el valle ahí abajo. Ya veo árboles pero, de momento, sigo muy por encima de ellos; sé lo reclusivo que el bosque resulta aquí, disfrutaré de caminar con vistas mientras pueda. Me permito, incluso (y esto merece la pena contarlo, por lo inusual) de un rato de descanso, para comer algo, sentado en la hierba y disfrutando del sol, con el impagable matiz que supone ir a beber directamente del arroyo más cercano cuando da sed… sabe mejor que desde la botella.

Toca, por fin, bajar al valle y es inmediato comprobar por qué la ruta no lo ha hecho antes… ¡bienvenidos a las humedades! Es lo que tienen los fondos de valle en esta región, que empieza uno a mojarse los pies. Ahora, habría que seguir el curso de éste, aguas abajo, lado sueco, pero también hay que cruzar el río y éste es uno de los grandes. Hay un vado marcado pero está un par de kms. aguas arriba… par de kms. que hay que andar y desandar, después, por la otra orilla. Valga decir que, una vez cruzado dicho vado, es posible también continuar hacia el oeste, cruzar a Noruega y bajar (largo descenso) a la civilización en Hellemobotn que, según el mapa, son cuatro casas al fondo de un fiordo. Por ahí me suben los noruegos que me encuentro por el camino pero, debo decir también, Nordkalottleden y yo ya no vamos a pisar Noruega más; el resto del viaje será íntegramente por las montañas suecas, si bien la frontera estará siempre a tiro de piedra y, es más, las mejores vías de escape serán del lado noruego.

En el mapa, veo también una posibilidad señalizada de evitar caminar para atrás, a base de continuar por esta orilla y vadear Valldajahka (y uno de sus afluentes) unos kms. más allá. Al margen del yu-yu que pueda dar este vadeo (siempre sobre el mapa porque aún no veo el río en directo), esta ruta alternativa está marcada con línea negra punteada… y ¿qué significa la linea negra punteada?… la leyenda dice “footpath” (en sueco, “gangstig”), es decir, camino. No suena mal pero ¿qué quiere decir esto en el ártico sueco? Pues no lo sé pero me lo imagino, teniendo en cuenta que la línea roja de Nordkalottleden está definido como “well defined footpath” (camino bien marcado) y llevo dos días sin pisar un sendero…

… vamos, que no me seduce nada la ruta alternativa y tengo bastante claro que prefiero caminar unos kms. más y hacerlos de forma más cómoda y sin incertidumbres. Es de esperar que el vado “oficial” sea relativamente seguro y, al menos, es aguas arriba de donde estoy ahora; cuanto más arriba, menos aguas.

Porca miseria… en el punto de inflexión donde termina el descenso y Nordkalottleden tuerce a la derecha, hay una señal inequívoca: Vajsaluokta, a la izquierda.

El cruce (irónico hablar de “cruce” porque no hay traza alguna) corresponde a la ruta alternativa y, ahora que me la señalan en el terreno, dudo. Yo esperaba que el dicho “cruce” no tendría reflejo alguno en el terreno (ni senderos, ni señales) y que, por tanto, sería físicamente inmediato y emocionalmente sencillo ignorarlo y seguir por el camino bueno pero, ahora que me lo presentan en sociedad, me hacen dudar. Con lo claro que lo tenía yo…

El ser humano: condenado a ser libre, a tomar sus decisiones y a ser responsable de sus meteduras de pata… vuelvo a la típica escena de tantas veces: un angelito sobre el hombro derecho diciéndome que no me complique la vida, que no merece la pena, que moriré seguro si lo hago… y el diablillo sobre el hombro izquierdo diciéndome que no sea calzonazos, que la aventura es la aventura, que si pone “Vajsaluokta, por ahí” será que es por ahí…

Por un lado, supongo que el camino largo será de buena calidad y cuento con el vado para cruzar el río. Desde luego, doy por hecho que el camino será bueno una vez en la otra orilla porque se trata de la ruta que une Hellemobotn con Vajsaluokta; quizá haya terreno feo (fangales surtidos) hasta el río pero eso sería todo. Por otro lado, me puedo imaginar cómo será la otra ruta: me olvido de un sendero, no sé si estará señalizado (poco, mucho o nada…), sé que me me voy a enfangar hasta las orejas y está por ver cómo de fáciles o difíciles serán los dos vadeos.

Por un momento, me convence el angelito; si es que es verdad… para qué liarme… son 4 ó 5 kms. de más y ni siquiera voy justo de tiempo para llegar hoy a Vajsaluokta… y tanto me convence que hasta empiezo a caminar en esa dirección… pero me paro. Creo que el diablillo me ha tocado la fibra sensible al llamarme calzonazos, me he sentido identificado y algo en mí se ha rebelado. Así, mientras le digo al angelito que no sea pesado y deje de protestar, me doy la vuelta y voy por la ruta negra punteada. “Mira, mira… si hasta tienes un hito ahí…” me decía el diablillo para intentar convencerme, y tenía razón, el jodío, hay un hito. Espero que no sea el último.

Echo a caminar con la sensación de estar metiendo la pata hasta el fondo (del fangal…) pero me digo a mí mismo, para tranquilizar conciencias, más que como cosa práctica, que, si lo veo muy mal, siempre puedo darme la vuelta y aquí no ha pasado nada… el diablillo, el angelito y yo sabemos que darme la vuelta y desandar me fastidia más que estar perdido, enfangado o ahogado en Valldajahka y que no lo voy a hacer.

El terreno comienza siendo despejado aunque mapa y entorno me dicen que dentro de poco entraré en bosque. Voy enlazando pequeñas colinas e intentando evitar las zonas bajas donde, irremediablemente, hay agua empantanada. Por el momento, sigo una levísima traza y algún que otro hito suelto pero pronto comprendo que la tarea de orientación, aunque sencilla, la voy a tener que hacer yo. Mi referencia válida tiene que ser el afluente que tengo que cruzar. La línea del mapa indica vadear dicho afluente y, poco después, bajar al cauce principal y cruzar Valldajahka. ¿Por qué así? ¿No sería más fácil vadear el río grande antes de llegar al afluente y así me ahorro un vadeo? Pues supongo que sí pero también supongo que, si el mapa lo marca así, será por algo y puedo imaginar que Valldajahka no es el tipo de río que puedes cruzar en cualquier punto así que ni me planteo tomar alternativas sobre la alternativa. Ni siquiera el diablillo se me queja por esto.

Llega un momento que ya desparecen definitivamente los hitos y, simplemente, voy siguiendo la dirección buena a través del bosque que, afortunadamente, no es muy denso y permite caminar fácilmente. Con esto, llego a un río que, por la dirección en la que fluye, no puede ser más que el afluente que esperaba. Ya tocaba, así que todo coincide. Lo único que no me gusta es el río: es ancho y aparenta ser muy profundo. ¿Y éste es sólo el afluente? Glups…

Skajdejahka, el afluente. Glups…

El tema con los ríos de esta región es que suelen estar muy esparcidos en un cauce muy amplio y, así, lo que en el mapa aparece como un mega-río, luego resulta sencillo de vadear porque, sí, es muy ancho pero… cubre poco. Es lo que espero que suceda con Valldajahka pero, por contra, cuando el río en cuestión está algo más encajonado, ya no se esparce y cubre más. Es lo que sucede con éste y la primera impresión es de que la he cagado bien pero un segundo vistazo revela que no es tan profundo como parecía y que, justo unos metros aguas arriba de donde he emergido, se ancha un poco; lo suficiente como para cruzar con el agua a medio muslo, sin problemas. Primer obstáculo detrás.

Todavía intento encontrar alguna traza de sendero o alguna señal al otro lado, qué inocente… me preocupa, sobre todo, vadear Valldajahka por el sitio bueno, así como encontrar un posible camino, una vez al otro lado, que me lleve al encuentro con Nordkalottleden pero parece claro que el camino me lo tendré que fabricar yo. Así, intentando estimar lo que hace la línea negra punteada del mapa, acabo llegando a las orillas del río. Para mi tranquilidad, tiene pinta de no ser nada diferente de lo que ya he hecho antes.

Valldajahka es muy ancho, da para sacar fotos muy apocalípticas (tipo “mira qué río he tenido que cruzar…”) y tardo tres cuartos de hora en llegar al otro lado pero, por lo demás, es sencillo; el agua no suele pasar de la rodilla, salvo en la ocasional poza. Segundo obstáculo detrás.

Valldajahka, el río grande. Sí, estoy en medio

Ahora me queda la gracia que significa volver a Nordkalottleden. El mapa lo pinta bastante lejos del cauce, algo elevado en la ladera del valle, y ya sé por qué…

Me esfuerzo por enlazar colinas pero, tarde o temprano, hay que bajar al espacio entre dos contiguas y ahí, invariablemente, hay un fangal que me hace pasar de pies mojados-pero-limpios a pies mojados y embarrados, es decir, nada nuevo bajo las nubes. Basta con una leve elevación para que el suelo esté seco y, en esta zona, cubierto de un bosque similar al de la otra orilla: no muy denso, con lo que la progresión es sencilla, salvo el ocasional atasco. No estoy seguro de cómo de claro será el sendero con el que me voy a cruzar, así que voy pendiente de reloj y altímetro y, cuando ambos me dicen que ya tengo que estar al llegar, bingo… inequívoca traza y, por si quedaba alguna duda, pedrolo con pintura naranja unos metros más allá. Bienvenido de vuelta a Nordkalottleden.

De nuevo en el sendero (físico)

De repente, me doy cuenta de que tengo hambre y estoy cansado y, mejor aún, de que todo eso está justificado, con la hora que es, y que tengo permiso para sentarme un rato a reflexionar sobre mis “hazañas” senderísticas y comentar la jugada con el angelito y el diablillo. Lo único malo es que, un día más (y mira que hoy tenía buena pinta), se ha acabado la bonanza: desde el otro lado de esas montañas, el cielo se ha ido cubriendo de la consabida capa de nubes altas. De nuevo, una peli que ya he visto antes y que sé cómo va a acabar. Ya ha dejado de hacer sol y ha empezado a refrescar y mejor paro a descansar ahora que aún no llueve.

Me quedan poco más de 20 kms. para Vajsaluokta, donde todo lo que hay es un refugio en el que, muy probablemente, pasaré esta noche. Ya sé que sólo he pasado dos noches en la tienda desde la última en refugio pero han sido un par de días densos y tensos y siento que me he ganado el acceso a las comodidades; más aún si, como todo indica, el tiempo se vuelve a poner feo. Hoy no tiene pinta violenta pero va a llover y eso, unido al terreno que viene por delante, es parte de otra escena ya conocida:

Seiscientos metros ahora mismo; bajando a quinientos y, hacia el final de la tarde, un poco más aún, cuatrocientos y pico. Entra justito en la categoría de lo que he venido a llamar “los valles profundos”. Éste no es muy profundo pero sí tiene un elemento característico de aquellos: la presencia de bosque. Por el momento, el sendero (ahora sí que puedo hablar con propiedad de “el sendero”) se mantiene alto en la ladera, justo por encima del incipiente bosque, confinado éste, de momento, a la ribera de Valldajahka, pero el mapa me deja claro que, unos kms. más alante, me meto en la mancha verde para no salir. Y como sé cómo es el bosque aquí y cómo son los senderos que lo atraviesan, siento que es un mal día para la lluvia. Esa lluvia suave que no deja al senderista muy calado de forma directa pero sí cuando el dicho senderista se tiene que frotar contra la vegetación que sí está calada. Así que continúo sin mucha más dilación y cruzando todos los dedos, a ver si la lluvia se aguanta hasta que llegue a Vajsaluokta. Sé que es mucho pedir.

El gran valle, con las montañas suecas al fondo

Vajsaluokta, el refugio, toma su nombre de la ensenada del mismo nombre (-luokta, ensenada o bahía) en Akkajaure (-jaure, lago). Akkajaure es otro de esos lagos mastodónticos que ocupa tres cuartas partes de la anchura del mapa. Tendrá como unos 60 kms. de longitud y está represado en el otro extremo pero eso está muy lejos de aquí. La particularidad es que la mayor parte de su orilla norte está recorrida por una carretera que llega hasta Ritsem, justo enfrente de Vajsaluokta. Hay, incluso, servicio de barquito (esta vez, a motor; no hay que remar) a través de los aproximadamente 8 kms. de anchura de Akkajaure; definitivamente, eran muchos para remar y tener que hacer tres viajes. Es decir, en Vajsaluokta voy a rozar la civilización pero sin tocar y, en realidad, sin verla siquiera. Ritsem estará demasiado lejos, en la otra orilla del gran lago.

Acabo, por fin, de sumergirme en el bosque. Como de costumbre, la sensación no es del todo agradable; el bosque es bonito pero un poco claustrofóbico y el terreno es muy irregular e incómodo para caminar. Se nota, eso sí, que éste es un sendero popular porque hay puentes sobre los arroyos de cierto tamaño… pero no tan popular. Cuando llego a las zonas pantanosas en las inmediaciones del lago, encuentro pasarelas de madera pero están tan hundidas en el pantano que, entre eso y lo que ceden a mi peso, me mojo los pies igual, con el añadido de que la madera mojada es una pista de patinaje que me da más de un susto. Voy con pies de plomo porque caerse de cuerpo entero dentro del fangal no iba a molar nada… ji, ji, prefiero no pensarlo.

Por supuesto, la lluvia no espera a que llegue a destino. Y, como era de esperar, vistas las circunstancias, es una lluvia suave pero suficiente para, poco a poco, ir empapando toda la vegetación y, de rebote, a mí. Consecuencia: estoy incómodo, deseando llegar y absolutamente convencido de que hoy toca refugio. Es, probablemente, más psicológico que físico. De hecho, hacia el final del día, ya aposentado, dejará de llover y sé que podría haber acampado tranquilamente, por muy incómodo que me haya llegado a sentir durante la tarde pero, en esos momentos, estaba mojado, cansado y no podía ni pensar en otra cosa que no fuera llegar a Vajsaluokta cuanto antes.

El mapa señala un montón de edificios a lo largo de la costa en Vajsaluokta pero sólo uno de ellos lleva el punto rojo que indica que es un refugio. El resto son casitas vacacionales a las que la gente accede navegando en Akkajaure. Vajsaluokta, el refugio, es, de hecho, un lugar bastante pequeño, comparado con los grandes refugios que los suecos tienen por estas montañas: un sólo edificio, más la letrina. Yo pensaba que, estando tan cerca de la civilización, sería muy grande y es justamente al revés.

Llego, por fin, aliviado y contento de poder descansar al abrigo de la lluvia y, sobre todo, de no tener que frotarme más los pantalones contra la vegetación.

Para mi segunda sorpresa, no hay nadie hoy en Vajsaluokta, aparte de la guarda del lugar y su simpático perrillo, del que me hago amigo enseguida. La chimenea, de todas formas, está encendida porque este refugio sólo tiene un edificio y la guarda tiene su casa en un ala así que la chimenea es la misma. Genial, es tan agradable el calor y el olor del fuego de la chimenea…

Tengo ocasión de hablar mucho rato con ella y me cuenta muchas cosas de interés: sobre lo bonito que es pasarse el verano aquí y ver avanzar la estación; sufrir los mosquitos al principio pero verlos desaparecer (ahora ya no hay), recibir al barquito que cruza el lago y a los senderistas que trae, con sus historias; disfrutar de las luces árticas sobre Akkajaure, hablar por radio con el mundo exterior… a estas alturas, yo me pregunto si el “mundo exterior” no es más bien éste (y, la civilización, el “mundo interior”), pero bueno…

Una preocupación recurrente, a la vista de cómo se han ido deteriorando paulatinamente las condiciones, es el tiempo que viene. Me queda casi una semana de viaje y esto no tiene pinta de aguantarse una semana más sin que me caiga algún buen paquetón invernal pero ¿es esto normal? ¿aguantará? ¿tienes la predicción? Sí, sí que la tiene; nada sistematizado, la escucha por la radio. Pregunto específicamente por esa nieve que tanto respeto me da y no tengo más que señalar las montañas al otro lado del lago, con esa definida línea nevada. Me cuenta que la previsión no es muy buena pero que, en su opinión, es demasiado pronto aún para el invierno y que la nieve no debería permanecer. Humm… ¿dónde he oído yo esto antes?

Me tranquiliza también confirmándome que Padjelantaleden es un sendero muy bueno y fácil de seguir, nada como lo que acabo de recorrer, y con refugios a intervalos regulares y bastante cortos. También me cuenta que, a pesar de que estamos ya en el final de la temporada y de lo que pueda parecer, a cuenta de que no hay nadie más aquí hoy, encontraré gente por el sendero, ya que, en los últimos días, varios senderistas han ido saliendo de Vajsaluokta rumbo al sur. No tendré problema. Bien; es lo que quería oír.

En el plano social, por cierto, me da un dato curioso: dice que soy sólo la tercera persona en toda la temporada (que ella haya llegado a identificar) que está haciendo Nordkalottleden completo. Está claro que no es una opción muy habitual.

Aparece la guarda con una caja llena de comida; son sobras que ha ido abandonando la gente y me dice que me sirva todo lo que quiera. !Qué bien, una “hiker box”!!! ese concepto tan popular y entrañable en los senderos de Norteamérica pero que es la primera vez que encuentro aquí. Según me cuenta ella, Vajsaluokta suele ser punto de partida de viaje y el último sitio donde evaluar y dejar lo que sobra, allí donde te das cuenta que no vas a ser capaz de levantar la mochila del suelo. Pues qué bien… no estoy apurado de provisiones pero me viene genial para darme un homenaje, comer todo lo que quiero y mantener intacta mi carga, que no va mal pero ya no es tan gravosa como en los primeros días de la sección y ya estoy en ese punto en que verla disminuír es razón de preocupación más que de alegría.

La selección no es exquisita (pasta, arroz y polvitos varios) pero me da para una gran cena y un buen desayuno para la mañana siguiente.

Un rato más tarde, la guarda vuelve; ha estado escuchando la radio y me dice que, muy a su pesar, quizá deba rectificar lo que ha dicho: parece que se aproxima un periodo de mal tiempo bastante serio y es más que probable que nieve en las zonas altas por las que pasa el sendero… y que la nieve permanezca. Pues vaya… parece que llegar a Padjelanta no va a ser suficiente para “iniciar” mis “vacaciones” y tener un final de viaje tranquilo. De todas formas, habrá que seguir adelante y ver qué va pasando. No hay otra opción. Incluso el angelito blanco está de acuerdo.

This entry is part 21 of 27 in the series Nordkalottleden Relato Completo
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