Mi nuevo traje de fantasma

La idea del poncho-tarp siempre me ha parecido atractiva. No descubro nada: el poncho-tarp viene a ser el epítome por excelencia de la multifunción y vía casi obligada para dar el salto de lo ligero a lo ultraligero. Es difícil traspasar esa frontera no escrita que marcan las 5 libras (aproximadamente, 2.5 kg) de peso base (que, oficiosamente, se considera el límite superior de lo que se suele considerar ultraligero) sin combinar en una sola pieza el sistema de acampada y la ropa para la lluvia pero… no es tan inmediato. La teoría es simple y, desde el sofá, aplastante pero ¿y en campo?

La problemática se resume en tres aspectos básicos:

  • El poncho como ropa para la lluvia: estrictamente hablando, funciona pero no siempre es lo más adecuado. Como no puede ser de otra forma, las circunstancias mandan. Casi todos habremos usado un poncho alguna vez y creo que no hace falta explicar mucho más. La cuestión que se plantea es la viabilidad del poncho como pieza integral y de propósito general en el largo recorrido, allí donde las condiciones pueden variar a lo largo del tiempo y, básicamente, si algo puede pasar, a nivel climatológico, tarde o temprano, pasará.
  • El poncho como sistema de acampada: viene a ser el viejo conocido tarp rectangular, con la pequeña dificultad añadida de contar con un agujero en pleno medio pero, sobre todo, con una necesaria limitación de tamaño impuesta por la función de poncho. Nos olvidamos de esos tarps grandotes bajo los que capear tormentas con comodidad.
  • La transición entre poncho y tarp: teóricamente, funciones perfectamente complementarias; no vamos a estar caminando y acampados a la vez. Pero, al margen de la obvia necesidad potencial de salir fuera del refugio para ciertas actividades (recoger agua o devolverla al medio, por ejemplo), hay que considerar la dificultad añadida en la fase de transición, mientras montamos o desmontamos campamento. Si llueve fuerte, puede no ser tan sencillo.

Con todo esto en mente, veremos qué sale…

Planteamiento

Parto de la voluntad de probar un poncho e intentar hacerlo funcionar, caiga lo que caiga. Como de costumbre, es algo que requiere una cierta dosis de voluntad. Las premisas se pueden resumir en éstas:

  • Quiero probar el poncho en su función de ropa en el largo recorrido
  • No quiero que sea mi único elemento del sistema de acampada. Al menos, no en un viaje largo; pero…
  • Necesito esa multifunción con dicho sistema de acampada para justificar el poncho como ropa

La idea es no sólo usar el poncho para demostrar que se puede (o que yo puedo) sino buscarle una justificación, tanto funcional como a nivel de peso final del sistema. Es decir, quiero que el poncho sea una pieza en un sistema óptimo: que funcione bien en las condiciones esperadas y que el conjunto sea ligero.

Es por esto que necesito integrar el poncho en el sistema de acampada porque, si se trata sólo de la ropa para la lluvia, hay soluciones más ligeras. Necesito que el poncho me sirva para algo más.

Es entonces cuando surgen estas estupendas sinergias que hacen que el todo sea algo más que la suma de las partes. Vamos a ver: el poncho-tarp es muy pequeño para su uso como tarp; yo me lo llevo para un fin de semana o un puente cortito pero no para un mes. Y lo mismo digo de mis tarps más minimalistas que, aunque no sean ponchos, tienen un tamaño similar… pero ¿y si junto las dos cosas?

Pongamos el Siltoldo: ha estado a punto de pasar el corte como refugio titular para algunos de mis últimos viajes pero, al final, debo reconocer que me daba demasiado respeto salir ahí fuera para varias semanas con algo tan pequeño. Sé que hay gente que lo hace y que, si yo lo intento, saldré adelante de alguna forma pero sólo el prospecto me hace sentir demasiado vulnerable como para afrontar el viaje con la confianza debida y… eso es un mal principio. Pero ¿y si le añado un avance?

Una de las configuraciones más estables y sólidas de un tarp es la pirámide pero, en un tarp rectangular y de tamaño reducido, ésta se queda en media pirámide; aún muy eficaz pero sólo durante 180º

 

La habitabilidad y seguridad de tal montaje crecería exponencialmente si lográramos cubrir el lado abierto; idealmente, con algo de forma también piramidal (y no una pared plana), de forma que ofrezca espacio extra y soporte bien el viento. Y ya tengo misión adicional para mi proyectado poncho.

Doble de espacio, sin lado débil: Siltoldo y Poncho Porche

Se trata, por tanto, de construir un poncho que sea plenamente útil en su función principal, la de servir de ropa para la lluvia y, al mismo tiempo, acoplable al Siltoldo de forma sencilla y efectiva para un sistema de acampada de versatilidad máxima: si ya de por sí el Siltoldo ofrecía muchas configuraciones posibles, ahora puede ser convertido en un auténtico mini-palacio a prueba de bombas moderadas. Con esto, sí que me voy al fin del mundo.

En su función de poncho, las premisas son tal que así:

  • Suficientemente grande para una buena cobertura; no tanto que moleste al caminar
  • Excéntrico: más largo por la espalda para cubrir la mochila sin quedar demasiado corto
  • Con capucha ajustable
  • Se debe poder cerrar en los flancos para hacer frente a tiempo ventoso y/o muy frío

Se puede jugar con ciertos aspectos del diseño del poncho para optimizarlo pero, para esta ocasión, y por ser la primera, preferiré quedarme en un diseño básico, estrictamente rectangular.

Fabricación

Material básico:

  • silnylon 1.3. El equilibrio justo entre peso, resistencia e impermeabilidad.

Materiales auxiliares:

  • Hilo Guttermann 100% poliéster
  • Cinta plana de 1 pulgada (1.25 cm.)
  • Velcro de 1 pulgada (1.25 cm.)
  • Cordón de poliéster de 2 mm.
  • Dos tancas bloqueadoras
  • Silicona transparente y disolvente

La construcción es relativamente simple: cortar una pieza rectangular de silnylon y hacer una costura perimetral con el doble objetivo de esconder los bordes (y protegerlos del deshilachado) y crear una base de tres capas de material en ese perímetro, donde irán cosidos todos los accesorios: velcros y lazos de enganche.

El tarp, en bruto

La parte más complicada es la capucha; en parte, por la propia capucha y, en parte, por el hecho de que hay que unirla al poncho en el mismo corazón de éste, donde más “duele” si haces algo mal.

Nunca antes había hecho una capucha y prefiero no inventar; cojo el patrón de otra capucha que haya por casa y elijo, deliberadamente, una sencilla, de dos piezas simétricas unidas por una costura. Me consta que las capuchas de tres piezas sientan mejor y son más cómodas pero prefiero mantener las cosas simples (KISS!). La costura que une las dos piezas de la capucha es curva y, probablemente, la primera costura curva que hago en mi “carrera”: sin problemas para la primera línea de cosido pero no veas el marrón de completar la segunda pasada, teniendo que doblar el material sobre sí mismo para conseguir la típica costura doble y plana (flat-felled seam, en inglés… no sé cómo se dice esto en castellano). Resultado muy poco elegante pero… no se va a romper.

Versión previa (hubo que hacer otra pero la foto vale igual)

Lo más delicado es meterle la tijera al, hasta ahora, tarp y hacerle el agujero por donde entrará la cabeza. Nuevamente, tomo medidas de otro poncho que ya tengo. Es difícil imaginar el tamaño de agujero necesario para meter el cabezo.

El agujero, como comentaba más arriba, es longitudinalmente excéntrico, es decir, deja más longitud de poncho por la espalda que por el frente, para compensar el volumen extra de la mochila que también tendrá que cubrir.

Unir poncho y capucha implica otra costura curva, con los mismos problemas de la anterior y el mismo resultado, poco elegante pero efectivo; funcionará.

Si el agujero redondo parece demasiado pequeño para meter una cabeza… es que lo es. Da justo para abrazar el cuello, en modo “cerrado”. Una abertura vertical a la altura del pecho permite abrir y cerrar el hueco para poder poner y quitar, así como permitir más o menos ventilación, una vez puesto. Funciona, cómo no, mediante velcro:

Hecho el grueso del trabajo, quedan los detalles: lazos de enganche y velcros.

Los lazos de enganche son tiras cortas de cinta plana cosidas al perímetro a intervalos regulares y formando un lazo al que unir tramos de cuerda para usar como puntos de anclaje cuando el poncho funcione como tarp. Uno en cada esquina más dos en cada lado largo y uno en cada lado corto, para un total de 10. Esto es algo que ya he hecho muchas veces antes. Ningún problema aquí.

Los velcros servirán tanto para cerrar los laterales del poncho en su función de poncho como para unirlo al Siltoldo en su función de porche. El velcro es un pedazo de invento para el hazlo-tú-mismo pero tiene su cara oscura también: es mi amigo y mi enemigo a la vez. Es muy sencillo de utilizar y añadir aquí y allá para dar forma y funcionalidad a tus inventos pero, usado en cantidades masivas, como en el Poncho Porche, se convierte en un pequeño infierno porque tiene esa rara habilidad para engancharse a todo lo imaginable, característica indeseable que me tendré que comer con patatas.

Finalmente, un par de últimos toques a la capucha: el cordón en su perímetro, con un par de tancas bloqueadoras a cada extremo y un par de toques de velcro (macho y hembra) a la altura del cogote para poder reducirle un poco la longitud a voluntad y que no me tape la visión. Elegí como modelo una capucha que tenía ese mismo problema; veo que copié bien.

Voilá, Poncho Porche.

Si no, siempre puede servir para disfraz de predicador

Como última nota: dado que usaré velcro (cómo no…) para una unión sencilla y eficaz de Poncho Porche y Siltoldo, ha sido necesario coser una tira del susodicho al Siltoldo también. Sólo un poco de peso extra que no interfiere en la funcionalidad tradicional del Siltoldo y le hace aún un poco más versátil. Como Mazinger Z cuando le construyeron las alas para volar.

Especificaciones

  • Tamaño de la pieza de silnylon de partida: 245.5 x 160 cm.
  • Tamaño final: 237.5 x 153.5 cm
  • Peso final: 242 gr.

Uso

Al tiempo de escribir, Poncho Porche acaba, prácticamente, de nacer y no ha visto mucho uso práctico aún. La parte de poncho fue completada in-extremis para el que hasta ahora ha sido mi último viaje reseñable y el esfuerzo mereció la pena: qué mejor sitio para testear ropa de lluvia que Escocia… y, probablemente, qué peor sitio para un poncho…

Escocia es un lugar húmedo pero también ventoso, lo que me ayudó a recordar que un poncho no es la mejor idea en tales condiciones. Sienta muy bien ponérselo cuando empieza a llover y sentirse protegido de los elementos pero se pierde la gracia cuando el aire empieza a meterse por todos lados y el poncho hace de vela, levantándose por todos los sitios y exponiendo lo de dentro (yo) a los elementos. Mal asunto; me ha hecho considerar seriamente un sistema de ajuste a la altura de la cintura (más velcro, por supuesto) que aún no he incorporado pero puede que añada.

Poncho cubre mi joroba en el valle del río Spey

Por lo demás, prueba de impermeabilidad superada. Nuevamente, el poncho no es, probablemente, el mejor método para el endemoniadamente variable clima escocés pero, técnicamente, funciona. Y no es en Escocia en lo que estaba pensando…

¿Qué tal un viaje por esas montañas donde no llueve nunca? En verano, esto es… y salvedad hecha de esas pedazo de tormentas que caen casi a diario con precisión cronométrica y durante las que uno casi mejor se refugia, hasta que pasen… y ¿dónde me refugio? En el pasado, sacaba el tarp, el suelo o lo que pillara para hacerme un gurruñito en alguna esquina y echaba de menos algo más “cerrado” como… un poncho. Pues ya tengo uno. Y será mi protección ante las tormentas, o lo que caiga, en las Rocosas de Colorado