De viaje entre el 9 de agosto y el 7 de septiembre de 2008.

“The Colorado Trail”, estupenda mezcla idiomática para cumplir lo que ya se está convirtiendo en una pequeña tradición: la visita bianual a esa tierra prometida que es Norteamérica. Sobra decir que no es por las hamburguesas, el béisbol o las barras y estrellas; ni el rock ni el blues; ni Broadway ni Hollywood: son las montañas, los espacios abiertos y esa naturaleza abrumadora y espléndida, sin urbanizar ni humanizar. Todo eso que en Europa (por ejemplo) dejó de existir hace varios siglos y que configura un pequeño paraíso personal donde perderme… y encontrarme.

Imagen robada de Colorado Trail Foundation

El Sendero de Colorado camina sobre la divisoria continental de un continente muy grande: la cresta de las impresionantes montañas Rocosas que, en Colorado, alcanzan sus máxima expresión cuantitativa. Es por las montañas y por todo lo que viene con ellas.

Antecedentes y perspectiva

Una y otra vez recibo el mismo comentario: “¿Colorado? Ah, sí, donde el Gran Cañón…”

No pasa nada, nadie tiene por qué saber ni nadie nace sabiendo pero… no, no se trata del famoso cañón. Me explico: hay, básicamente, tres grandes rasgos geo-políticos de nombre “Colorado”: el río, el cañón y el estado; y nada es casual.

Según tengo entendido, el río Colorado debe su nombre al color de sus aguas, debido éste a la gran cantidad de tierra disuelta que transporta. El Colorado nace en las montañas Rocosas, a gran altitud, y atraviesa en su curso medio altas mesetas de materiales blandos. Todo esto, unido a su caudal, le da una gran capacidad erosiva que propicia tanto el mencionado color como el hecho de que haya excavado su gran cañón: el Gran Cañón del (río) Colorado. Ya tenemos dos.

El tercero, el estado de Colorado, es el hogar de la sección más elevada de unas montañas sobresalientes: las Rocosas, la cordillera norteamericana por excelencia. Allí nace el río en cuestión pero ignoro si la coincidencia de nombres viene de ahí; probablemente.

En cualquier caso, lo que hace famoso al río es su curso medio y eso está en Arizona. El estado de Colorado es el lugar donde las grandes llanuras dan paso a las aún más grandes montañas. Y este es el objetivo.

Dónde está

Colorado es uno de esos estados céntricos de fronteras trazadas con tiralíneas y al márgen de cualquier criterio geográfico. Tanto es así que la barrera montañosa de alineación norte-sur no le sirve de frontera sino que le pilla en medio. En fin…

Qué hay allí

Montañas. Una extensión gigantesca de montañas enormes. Y, no, no estoy siendo retórico: hasta un total de 58 picos de más de 4200 m. (14000 pies) de altitud (los “catorcemiles” de Colorado) en un área que, sólo en el estado, es equivalente a la de todos los Alpes juntos, o casi. Unos “alpes” sin glaciares (menor latitud y mayor continentalidad) pero sin carreteras, pueblos o teleféricos. Sólo montañas.

El Sendero de Colorado

Sería nuestro cuarto invitado con el mismo nombre y, para éste, está claro de dónde viene: el Sendero de Colorado (Colorado Trail) recorre la espina dorsal de las Rocosas a lo largo del estado, de norte a sur y de este a oeste (esto es, haciendo una diagonal), siguiendo la divisoria continental, esa línea que separa las aguas de dos mares que, desde aquí, están, ambos, muy lejos.

Descripción

Entre 750 y 800 kms. de longitud (según la fuente) a lo largo de las Rocosas centrales. De Denver a Durango; de la capital de las rocosas a ese pueblo que algo tendrá que ver con sus homónimos mejicano y vizcaíno (pero no sé qué…) y que suena tan familiar que será como caminar hacia casa.

El Colorado Trail (CT) es un sendero de vocación altarrutera: una HRP, un PCT… una huída hacia lo más profundo de las montañas como forma de escapar de la civilización y dejarla lejos. En América, es un clásico entre aquellos que necesitan rememorar o evocar experiencias en las grandes rutas pero no pueden (o no se atreven a) disponer de tanto tiempo: longitud perfecta para ocupar un mes y aún plantear un cierto reto.

El sendero, propiamente dicho, cumple patrones ya familiares del PCT: buen diseño, orientación sencilla… remoto y de una altitud media muy elevada: apenas desciende de los 2500 metros más que en sus dos extremos, se mantiene por encima de los 3000 con regularidad y roza los 4000 en algún punto. La altitud media es de 3000 metros. Harán falta muchos glóbulos rojos.

Por lo demás, el CT cumple los patrones típicos del oeste americano: pocas carreteras que cruzar, poblaciones alejadas y ausencia total de refugios o infraestructura alguna que no sea el propio sendero. Un lugar para caminar por una naturaleza de verdad.

Planteamiento

De todas las voces que constantemente me llaman (“vente para aquí…” “no, para acá…”), América está siempre presente y, cada cierto tiempo, su llamada se hace fuerte. Cuando empiezo a echar de menos esas sensaciones de estar lejos de todo lo humano, sé que es el momento de volver allí. El CT será una forma de recrear, en parte, mi gran viaje de un par de años atrás, una especie de PCT en pequeñito. Más corto, sí, pero compartiendo gran parte del aura del gran sendero del oeste y muchas de sus características físicas: largas secciones sin pisar civilización, poblaciones alejadas, hacer dedo en las carreteras, preferencia por las zonas altas y las crestas y un glorioso entorno de montañas sin fin.

En mi fuero interno, aspiro también a revivir aquella parte tan romántica, emotiva y de reconciliación con el mundo que supone sentirse parte del lugar; sobre todo, vía la acampada en todos esos sitios tan bonitos, acabado el trabajo del día y con permiso para el relax… esto es, recuperar todo lo que perdí el año pasado en el inhóspito clima norescandinavo, que apenas dio opción a la contemplación.

¿Intento vano de revivir el pasado? Quizá, pero con miras al futuro: el CT forma parte de esa otra gran ruta con la que sueño y que, ahora, pasado lo pasado, sé que algún día sucederá; el CDT (otra sigla más…) o Continental Divide Trail, la más larga y comprometida de las tres grandes rutas que recorren EE.UU. de norte a sur. Caminar por las Cascades o la Sierra Nevada me llevó al Pacific Crest Trail y, de la misma forma, sé que el Colorado Trail puede ser el primer capítulo de una próxima historia. Iré cogiendo el punto a estas montañas.

Por lo demás, y de nuevo en comparación con mis dos últimos viajes, vuelvo a poder confiar en un buen sendero y tengo una documentación (mapas y guías) amplia y fácil de obtener. Todo ello, justo al contrario que en 2007 cuando la planificación de Nordkalottleden supuso un cierto reto logístico y me obligó a salir de casa con muchas dudas… no niego que tuvo su encanto pero será bienvenida la seguridad de una buena base logística.

En Colorado, por otro lado, y de nuevo en contraposición a Laponia, no habrá infraestructuras. Seremos yo y mi mochila ante lo que caiga. Esto añade al viaje esa cierta dimensión humana y ese punto de incertidumbre que le hace tan atractivo. Seré el máximo y único responsable de mí mismo: dueño de mis decisiones y esclavo de mis errores.

El CT está bien trazado, señalizado y documentado y, por tanto, permite planificar largas jornadas. Incidiré en la filosofía (ultra)ligera para moverme por las montañas rápido y pausado a la vez; minimalista, sin separarme demasiado de lo que he venido a visitar.

Terreno

Eminentemente montañoso, sin tregua. Los relieves no son excesivamente abruptos a lo largo de la ruta. La altitud media es muy elevada pero también lo es el límite superior del bosque, con lo que hay amplias secciones entre los árboles. Básicamente, se trata de alternar bosques con praderas de altura.

Los bosques son casi exclusivamente de coníferas, esas inmensas masas forestales de color verde oscuro tan típicas del oeste americano y que tanto aprecio, por ser una visión perdida en Europa y que, para mí, significa un símbolo de esa naturaleza que vengo a buscar.

Clima

Está condicionado por dos factores principales: la altitud y la continentalidad. Las Rocosas de Colorado tienen su base a unos 1500 m y superan los 3000 sin despeinarse. Hay muchos picos por encima de 4000 metros. La altitud condiciona el clima de la forma habitual: fuerte insolación, bajas temperaturas nocturnas.

Las Rocosas de Colorado están muy lejos de cualquier mar, en medio de una masa continental de grandes dimensiones y no sufren, por tanto, influencias oceánicas directas. Esto se traduce, a grandes rasgos, en un clima seco y dominado por los extremos de temperatura: frío en invierno, caluroso en verano. Frío por la noche, caluroso por el día.

En Colorado, es más verdad que en ningún sitio que son las montañas las que se fabrican su propio clima. En invierno, la cantidad de precipitación no es tan grande como en las cordilleras costeras (y quizá por esto la ausencia de glaciares) pero, como hace mucho frío, la nieve que cae sufre pocas transformaciones, dando lugar al célebre “polvo de Colorado” (Colorado powder), tan apreciado por los esquiadores. En verano, el rasgo climático más sobresaliente son las tormentas: el calor del día produce el conocido fenómeno de la ascendencia repentina de masas de aire hacia capas más frías, produciendo la condensación de la humedad que transportan y generando especímenes gigantescos de esas típicas nubes en forma de yunque. Las tormentas tienen una periodicidad casi diaria y pueden ser muy violentas: rayos, truenos y mucha agua de golpe. Luego sale el sol otra vez pero mejor que no te pillen en un sitio expuesto.

Obstáculos

El Sendero de Colorado es una ruta relativamente sencilla, no demasiado atormentada por un clima que es mayormente estable pero hay algunos factores que le dan un punto de emoción: a muy grandes rasgos, la exposición y el aislamiento.

La ruta tiene una altitud media de 3000 metros; transita por zonas muy altas y expuestas, esos sitios donde el mal tiempo, cuando ocurre, hace más daño. Las Rocosas de Colorado son ese lugar donde sentirse muy pequeño en medio de un mar de montañas muy grandes y esto es algo a lo que dedicar el debido respeto. En verano, el tiempo suele ser estable pero, si se inestabiliza, cuidadín: puede nevar en cualquier mes del año y puede ponerse muy feo por allí arriba

Lo del aislamiento suena un poco épico y tampoco es para tanto, esto no es Siberia; pero sí lo menciono por el factor diferencial con respecto a lo que podemos encontrar en Europa, donde casi cada valle tiene su carretera y sus pueblos y hay abundantes comunicaciones entre valles. En Colorado, no. Una vez en las montañas, sólo algunos valles tienen carretera. Hay pocas que atraviesen la cordillera y se puede tardar días en llegar a una a través del Colorado Trail y las vías de escape pueden ser largas. Las poblaciones, en cualquier caso, están siempre lejos. Por fin, no hay ningún refugio ni nada que se le parezca a lo largo de toda la ruta. Todo esto significa que el senderista esta solo con sus medios ante lo que le caiga; la huída no es siempre inmediata y la ayuda, de ser necesaria, puede estar lejos.

El factor climátológico más relevante son las tormentas. Lo malo es que pueden ser muy violentas; lo bueno, que suelen ser muy predecibles. Es imprescindible tenerlas en cuenta a la hora de planificar el día y evitar estar en zonas expuestas cuando llegue su hora.

Temporada

La altitud y la nieve asociada condicionan la brevedad de la ventana para recorrer el Sendero de Colorado. En un año normal, dicha ventana se abre entre julio y septiembre, con las salvedades típicas: junio puede ser transitable con un poco de ganas de pisar nieve primavera; julio puede ser delicado en un año de mucha nieve (2008, por ejemplo). Septiembre es frío y el invierno puede llegar en cualquier momento a las zonas altas. Octubre puede servir pero ya estamos empezando a jugar con fuego…

En mi caso, he elegido una ventana media-tardía: tres semanas en agosto y una en septiembre. Espero evitar totalmente los problemas primaverales (insectos y nieve restante del invierno), así como los problemas invernales serios. Sufriré, eso sí, parte de la peor época de las tormentas, que espero ir dejando atrás a medida que el viaje avance. El abastecimiento de agua no debería ser un problema en un año de mucha precipitación invernal como 2008.

Plan de viaje

La idea general es similar a la de viajes anteriores: intentar pasar el mayor tiempo posible en las montañas y acudir a la civilización lo menos posible pero sin morir en el intento; esto es, encontrar un equilibrio aceptable entre eludir la civilización y visitarla. Por un lado, por el factor obvio de que una autonomía extendida implica cargar con mucha comida y hay algún punto a partir del que el cuerpo, la progresión y el viaje se resienten. Por otro, no quiero renunciar a esos momentos especiales que también forman parte del viaje en los que visitar algún pueblo y disfrutar de esos placeres terrenales que, por habituales y cotidianos, tendemos a dar por hechos y a no apreciar en su justa medida. Una experiencia de estas es el momento justo para reconciliarse con el mundo de los humanos y sus cosas buenas, que algunas tiene.

Así, el objetivo está en tres reaprovisionamientos, que dividirían el viaje en cuatro segmentos de, a grandes rasgos, 200 kms. y 6-7 días cada uno.

En principio, y si todo va bien (y basándome en la experiencia precedente), espero que me sobre tiempo; tiempo que espero emplear en alguna de las alternativas sobre la ruta base, así como para subir algún catorcemil de los varios que quedan a tiro de piedra del sendero.

Con esto, mis estaciones en el Colorado Trail esperan ser:

Leadville: cruce con carretera US 24 en Tennessee Pass, 15 kms. carretera abajo para hacer dedo. Pueblito junto a las montañas, con albergue y todo.

Salida: cruce con carretera, 21 kms. hasta el pueblo; otra localidad decente en tamaño aunque de nombre dudoso… si supieran estos yankees lo que están diciendo…

Creede: 3 kms. de desvío y otros 13 de carretera. Creede es un pueblo pequeñito.

El Sendero de Colorado, por segmentos

Material

En el Colorado Trail, espero volver a dar algún paso de vuelta al ultraligerismo, con respecto a últimos viajes en los que me he alejado un poco pero, como ya he comentado en su momento, no era un alejamiento de la filosofía sino atención a las nuevas circunstancias. Circunstancias que, en Colorado, volverán (o eso espero) a ser algo más benévolas, acercándome más a la experiencia pirenaica de 2005 y el material elegido reflejará esto. Véase la lista completa preliminar.

Sistema de acampada

Ésta supondrá la mayor novedad, por dos hitos que, a nivel personal, son importantes: será la primera vez que me voy a llevar a un viaje de esta longitud un sistema de acampada hecho por mí. Y será la primera vez que, en dichas circunstancias, estará compuesto de un toldo más bien… pequeño… aunque con “trampa”.

La base del sistema será el Siltoldo. Lo construí pensando en llevármelo a la HRP, allá por 2005, pero, al final, no me vi acampando en circunstancias no del todo favorables en algo tan pequeño.

En Colorado, me animo más; en buena parte, por las experiencias de otros. Es un sendero habitualmente transitado por amigos del minimalismo y el uso de un tarp pequeñito está bien documentado. Siempre es útil saber de antemano que “se puede” hacer algo y me da cierta confianza saber de gente a la que, más o menos, conozco que lo ha hecho sin problemas. Es una buena medida de las posibilidades propias.

El Siltoldo es pequeñito pero, con todos los gadgets que le he ido poniendo, muy versátil. Si, además, le añado la posibilidad de complementarlo con un tarp adicional, ya me siento capaz de llevármelo al largo recorrido. Y es ahí donde encaja el carácter multifuncional del Poncho Porche, cuyo nombre viene a reflejar lo que es: poncho de día, avance para el Siltoldo en campamento.

El Poncho Porche está recién hecho y aún sin probar en la práctica, como parte del sistema de acampada (como poncho, sí) así que va a ser un pequeño salto al vacío… pero con colchón; en el peor de los casos, el Siltoldo solito debería bastar y, de hecho, su configuración de emergencia, para las condiciones más adversas, no incluye el avance.

Incluyo en este apartado también la funda de vivac, que vuelve a tener su razón de ser en una larga ruta; más que nunca, si cabe, al acompañar a un tarp pequeño. Se trata de esta funda minimalista y no impermeable, útil como suelo (que sí es impermeable) y segunda barrera de protección para el saco, por lo que pueda colarse bajo el techo.

Finalmente, un suelo específico, que volverá a ser la lámina de polycro que ya llevé en los Pirineos. Si aguantó entonces, a pesar de lo fina que es, servirá ahora también. Técnicamente, es un poco redundante con el suelo de la propia funda de vivac pero, dado que este último tiene impermeabilidad limitada (es de silnylon 1.3), tiene sentido llevarla. Son 38 gramos de nada.

Dormir

La única novedad que podría haber habido aquí es que, finalmente, me hubiera animado a meter algo más de pluma en el saco de siempre (el de “sin fondo”) pero… no lo he hecho, así que habrá que seguir sacudiendo la que hay antes de ir a dormir para colocarla donde más falta hace. Por lo demás, es muy probable que lleve también una capucha dedicada (a elegir entre pluma, primaloft o polarguard… por opciones, no será), al tiempo que una chaqueta aislante sin capucha, claro; evitando redundancias. Y ¿qué hago hablando de la chaqueta en el apartado de “dormir”? pues… que ¡es difícil separar el equipo en funciones cuando las piezas son multifuncionales!

En definitiva, volveré a usar el Arc Special de Nunatak, un saco tipo edredón, sin aislamiento en la parte de abajo; y sin capucha. Como digo, es muy probable (detalle aún por decidir) que añada una capucha aislante además de (o en lugar de) el habitual gorro de forro polar. Y volveré a contar con ropas específicas para dormir: calcetines, mallas y camiseta; y, si hace mucho frío, la chaqueta aislante.

Mochila

La única razón que veo como posible para dejar de usar la Granite Gear Virga es que se me termine de romper (de alguna forma irreparable) de tanto usarla. Y, de momento, aguanta, así que se vendrá de nuevo.

Ya he contado de sobra por qué me gusta esta mochila y por qué la sigo usando, a pesar de que el consumista en mí me diga que ya me vale y que me compre otra, con todas las mochilas chulas que hay por ahí… no lo voy a contar todo otra vez pero baste decir que la Virga me parece un compromiso casi perfecto entre peso y resistencia; tamaño ideal, versátil (tanto para hacerla más pequeña como para hacerla más grande) y, con las modificaciones que introduje en su momento, capacidad de llevar grandes cargas con comodidad. Y que se adapta perfectamente a mi estilo y a las cosas que llevo. Es una pieza perfecta en un equipo coordinado. Cuando se me rompa del todo, compraré otra igual.

Poncho

Le dedico un apartado porque es la primera vez que me llevo un poncho para el largo recorrido y, además, éste lo he hecho yo.

Primero de todo, las montañas de Colorado pueden ser un buen lugar para un poncho: lluvia escasa y, cuando sucede, preferentemente en forma de tormenta. Un poncho, en general, va bien en terrenos despejados y en ausencia de viento. El viento y la vegetación son los dos grandes enemigos del poncho, con respecto a otras alternativas. En Colorado, no espero mucha maraña vegetal. El viento, en cambio, sí acompaña a las tormentas pero, por otro lado, siempre he pensado que un poncho es una buena forma de capearlas; frecuentemente, ante una tormenta fuerte, es preferible esperar a que pase lo peor y guarecerse de alguna forma y un poncho puede ser un buen método de suplementar algún abrigo natural o, incluso, servir de mini-refugio integral, si no hay otra cosa.

Como ropa para la lluvia, el poncho cubre también la mochila, protegiéndola mucho mejor que cualquier cubremochila y ahorrando el tener que llevar uno. Y, ante lluvia intermitente, es sencillo extraer la cabeza y dejarlo colgando por detrás, cubriendo la mochila, de forma que, si vuelve a llover, basta con introducir la cabeza de nuevo y extenderlo por delante (ya he probado todo esto)

El poncho no es perfecto. No ofrece la libertad de movimientos de una ropa más convencional y aún expone la parte baja de las piernas, o bastante más si el viento sopla. Ventila, pero no transpira y, según circunstancias, eso puede significar mucha condensación en el interior. Lo que finalmente me hace inclinar la balanza hacia el poncho es su reutilización como parte del sistema de acampada, única forma de que me atreva a irme para allí con tan sólo el Siltoldo. Veremos qué tal sale.

Ropa

No voy a comentar todo el conjunto pieza por pieza porque viene a ser lo mismo de siempre… con matices. Comentaré los matices.

  • Chaqueta aislante: Nunatak Skaha

Tradicionalmente, he preferido usar aislamiento sintético para la chaqueta, como medida de precaución ante la posibilidad de que la humedad pueda comprometer la capacidad aislante del saco de dormir y porque, además, la chaqueta es una pieza que se lleva un trato un poco menos pulcro que el propio saco y es más susceptible de mojarse con el uso. Colorado es, probablemente, el lugar perfecto para la pluma: clima seco y poca lluvia; así que, en esta ocasión, llevaré una chaqueta aislante de pluma también. El riesgo de que la humedad le afecte es lo suficientemente pequeño y no siento que necesite el margen extra de seguridad. Así, conseguiré beneficiarme del mayor aislamiento y, a la vez, menor peso (con respecto a las opciones sintéticas) de esa chaqueta de pluma tan chula que tengo: 2 cm. de grosor por 270 gramos de nada. Un pullover, mejor dicho, por ser precisos.

  • Calzado: zapatillas Salomon Solaris II

Sobra decir, a estas alturas, que usaré zapatillas. Si funcionan en el ártico, funcionarán igual en ese ártico en miniatura de las alturas alpinas o, para el caso, rocosas. E iba a comprar nuevas pero ¿qué iba a hacer con tantos pares semiviejos que voy acumulando y me da pena tirar porque aún sirven? Pues, si aún sirven, adelante con ellas y viva el reciclaje.

Las Salomon Solaris II que usé en Laponia tienen ya algún que otro agujero pero la suela está sorprendentemente intacta y así transpirarán mejor, si cabe. Nada nuevo aquí, ya lo sé; me apetecía contarlo.

  • Forro polar fino: Haglofs Solo Top

Las experiencias invernales me devolvieron, en su momento, la esencia del valor de esa prenda a medio camino entre chaqueta abrigona y camiseta: un forro polar, largamente deshechado de mi lista estival, que, en su versión más fina, valió su peso en titanio en las montañas escandinavas y que considero seriamente mantener en esta ocasión… una de las decisiones por tomar pero a las que tengo tendencia favorable, por el momento. El forro polar tiene un mal ratio aislamiento/peso pero es la prenda ideal para vestir durante la actividad si las temperaturas son tan bajas como para que no baste con la camiseta y el corta-viento. En Laponia, hizo falta… ¿en Colorado? ya veré…

  • Manoplas impermeables

Modesta novedad pero que tiene su sitio aquí por la categoría de novedad y porque es una idea que ha surgido de la experiencia de todos estos años y, como todo elemento auto-producido, me da un cierto orgullo. Las acabo de terminar y estoy como niño con manoplas nuevas.

Corta-viento: Montane, pero… ¿Featherlite o Litespeed?
Pieza central de todo el invento desde hace años ya y que aparece en este comentario porque aún dudo si primar el peso o la protección… ¿con o sin capucha? ¿chaqueta o pullover? 80 gr. contra 146 tienen la palabra. Decidiré el día antes…

Mapas y guías

No puede ser más fácil; es una de las cosas buenas de recorrer una ruta con nombre, principio y final: ya está todo hecho, en cuanto a la documentación, y no hay que bucear mucho para encontrarla.

The Official Guidebook: el libro gordo de petete que habrá que destripar para llevar por cachos.

The Trailside Databook: el mini-librito lleno de datos empaquetados. Hay quien prescinde del gordo y se lleva sólo éste.

Guidebook & Databook

Trail Reference Map Series: CD con mapas digitalizados. Sacados de la cartografía gubernamental, tienen el sendero marcado y están divididos en hojas centradas alrededor de la ruta, imprimibles en un A4 donde hace falta buena vista o una lupa pero resuelves la papeleta de la forma más compacta, aunque quizá no la más bonita para un fanático de los mapas…

Cartografía digital

Trails Illustrated Maps: auténticos mapas topográficos y recreativos, con todos los senderitos marcados. 12 sábanas a $10 cada una de las que no me he resistido a hacerme con dos, de cara a esas rutas alternativas y esos catorcemiles que prefiero recorrer y subir con un mapa pata negra.

Mapas bonitos