Weminuche Wilderness: CDT & CT caminan juntos

Realidad y expectativas

Es inevitable crearse expectativas (si no, no iríamos de viaje a ningún sitio) tanto como es inevitable que algunas de ellas no se correspondan con lo que luego encontramos. A veces, para bien; otras, no. En Colorado, me crucé con algunas cosas que no esperaba y casi siempre significaron algo negativo. Expectativas demasiado altas o realidades bajas, no quiero que los buenos recuerdos me hagan olvidar lo que no me gustó:

  • Pistas y motores

Las primeras, por todos los sitios. Los segundos, afortunadamente, no tanto. Yo tenía esa imagen de las Rocosas de Colorado como lugar remoto y aislado… grande, sí que es. Población escasa y dispersa, también. Pero, si bien las carreteras (las de asfalto) son escasas, las de tierra, no tanto. Hay muchísimas pistas transitables y abiertas a vehículos de motor y lo único que creo que salva a esas montañas de ser un macizo europeo cualquiera es que no hay ni tanta gente ni tanto vehículo disponible. Menos mal.

A veces, las pistas llegaban a lugares inverosímiles, por lo remoto, aprovechando la suavidad del relieve y, al final del trazado, solía haber algún resto de la razón de su presencia: las viejas minas. Mucho mineral en esas montañas, que vivieron fiebres del oro, de la plata y de yo qué sé qué pedrolos más. El caso es que, en los siglos pasados, se creó una relativamente densa red de pistas en los valles y caminos sobre los collados para acceder a las mejores vetas y me da la impresión que ese es el probable origen de tanta “autovía” del monte en un lugar donde, a primera vista, parece que no encaja.

Afortunadamente, como digo, el ratio montañas / gente es lo suficientemente alto como para diluir las presencias extrañas pero, a veces, sucedía: tras esa travesía crestera, avistas ese collado idílico, bajas ahí y… te encuentras un tanque todo-terreno. Nunca mola pero menos aún cuando pasa en el lugar donde menos lo esperarías.

Conviene recordarlo

  • Quizá no era tan remoto…

… o quizá sí y fue lo comentado arriba lo que lo hizo parecer otra cosa. O el, en mi opinión, equivocado trazado en ciertas secciones, que contribuía a mantener el vínculo visual con la civilización (escasa, pero presente) durante días en los que podíamos haber estado viendo otra cosa bastante más golosa.

Quizá también me despistaron las triunfalistas afirmaciones de la literatura sobre la cuasi-ausencia de contacto con la civilización para luego encontrarme con que el CT atraviesa una estación de esquí, bordea una autopista y recorre varios kms. por el asfalto a través de urbanizaciones. Fueron contactos breves pero creo que no me habrían dejado tan mal sabor de boca si los hubiera esperado.

Copper Mountain, esquí en Colorado. También enseño lo feo

Una de las mayores decepciones a este respecto de la “remotez” y a algún otro respecto más (paisajístico, montañístico y etc.) fue el trazado del CT alrededor (que no a través) de la cordillera Sawatch. Esta cordillera es un submundo de montañas sin fin, picos escarpados, paredones, valles vírgenes… todo lo que mola, y como tal se “vende” en la guía… pues, muy bien: llegas allí esperando pasar la semana del siglo y te encuentras con que el sendero evita entrar en el meollo y recorre las faldas de los montes que dan al valle del Arkansas, con lo que te pasas días y días metido en el bosque, subiendo y bajando por las laderitas y con ocasionales vistas (cuando deja el bosque) del mencionado valle, su carreterita y los escasos pueblos y granjas que sobreviven alrededor de la cota 3000. Y no es que este recorrido no sea bonito, sí que lo es… pero se mantiene un vínculo visual y emocional casi constante con la civilización y se pierde completamente la experiencia de atravesar un área realmente remota, agreste e increíblemente bonita. Y bien lo sé; desde arriba y desde dentro.

Por una parte, tuve la buena idea (nada original, por otro lado) de subir a los dos montes más altos de Colorado, fácilmente accesibles desde el CT: Mt. Massive y Mt. Elbert, que son parte de los Sawatch y desde cuyas cumbres pude ver todo lo que había allí… la naturaleza y sus catedrales en su máximo esplendor.

Por otra, tuve la aún mejor (y, de nuevo, nada original) idea de abandonar el CT y encadenar un par de senderos alternativos que ¡estos sí! se meten hasta el corazón de estas montañas. Y, al menos, tuve un pedazo de paraíso todo para mí durante casi un par de días. Pienso en aquellos paisajes y en las sensaciones acumuladas al caminar por allí y me da susto pensar en habérmelo perdido.

Los Sawatch y mi próximo valle desde la cima de Belford

Fue día y medio de gloria cercenada por la necesidad de volver al CT, quisiera o no, ante la falta de continuidad de las rutas que cruzan los Sawatch de norte a sur. El mapa revela que se podría encadenar una travesía casi completa de la cordillera, tomando senderos existentes, salvo por un tramo en el que habría que atravesar una impresionante muralla sin collados del todo practicables. Debe ser por eso que no hay sendero que cruce por ahí, a pesar de que sí los hay hasta dos circos contiguos, uno a cada lado del gran obstáculo. Con ganas me quedé de mandar al CT momentáneamente a la porra y tratar de pasar de alguna forma pero mi parte cobarde (casi todo yo) me decía que ni hablar, que callandito al CT… quizá algún día…

Como resumen y consecuencia de todo esto, he vuelto con la sensación de no haber podido rememorar del todo aquellas sensaciones de las zonas más aisladas de, por ejemplo, el PCT. Quizá era mi inocencia de entonces o la visión de túnel de los mapas que llevaba en aquel viaje pero en el CT me ha costado sentirme realmente desvinculado de la civilización, salvo por algunos tramos ciertamente gloriosos pero que me han parecido demasiado breves.

Caminar en Colorado

La única particularidad que encuentro a este lugar está en la altitud y el cambio de decorado que implica con respecto a montañas similares en latitudes parecidas: en Colorado, el bosque llega fácilmente a los 3300 metros; localmente, puede ir más allá. Los valles de las zonas montañosas alcanzan fácilmente los 3000 metros o, como mínimo, se acercan bastante. Subir a 4000 m. es algo de lo más normal del mundo.

El Colorado Trail admite, en buena parte de su recorrido, el tráfico de bicicletas, como lo hacen, aparentemente, la mayoría de senderos con los que se va cruzando, a excepción de los tramos en zonas Wilderness donde las bicicletas no están permitidas. Colorado es una meca mundial de la bicicleta de montaña y es inmediato comprender el porqué de esta permisividad que no se da tan fácilmente en otras áreas montañosas del país. En según qué zonas, no es raro encontrarse con un ciclista a 3500 metros de altitud, o más, allí donde uno no esperaría encontrar una bici. Choca un poco y le encuentro su punto surreal pero no es mayor problema mientras los ciclistas sean considerados, cosa que, en mi caso, han sido, más o menos, siempre. Hubo alguna ocasión en que la presencia de una bici fue lo suficientemente extraña e inesperada como para estropear algún momento especial.

Caminando hacia el sur

Gente

No mucha, salvo en las ascensiones a los grandes picos de los Sawatch y algún momento puntual más. En esto influye mucho el hecho típico de que la guía existente (para el Colorado Trail, en este caso) esté escrita en un sentido (norte a sur), lo que dirije a la gente en dicho sentido. Así, puedes estar compartiendo el sendero con mucha gente que no llegas a encontrarte. En cualquier caso, me remito a lo ya comentado más arriba: mucho territorio para poco público y la consiguiente escasa densidad de gente en el monte.

En aparente paradoja, uno de los aspectos más interesantes de caminar por un sitio donde encuentras poca gente es… la gente que encuentras. Poca pero selecta. Es un tema recurrente en mi discurso: esa pequeña complicidad que se establece inmediatamente cada vez que cruzas camino con alguien con quien sabes que te puedes identificar y esas interacciones de lo más ameno y entrañable. Están ahí, no les conoces pero son tus “amigos”, si se me permite la extensión del lenguaje.

En este sentido, un pequeño hito que comento con la boca pequeña: en el Colorado Trail, por primera vez, he pasado un día entero sin encontrarme con nadie. Puede parecer intrascendente o incluso obvio pero creo que no lo es. No en mi experiencia, desde luego.

Y mira que he estado en sitios más remotos que éste (aunque tampoco mucho más… no se trata del centro de Groenlandia o un valle perdido en Tien Shan) pero siempre acababa topándome con alguien al final del día; aunque fuera de lejos. No hay duda que el hecho de seguir rutas establecidas ayuda en esto. Pues, en Colorado, hubo un día en el que no y, paradójicamente, fue a través de la sección menos montañera de toda la ruta, en las Cochetopa Hills, en la transición entre las dos grandes cordilleras Sawatch y San Juan. Quizá precisamente por eso había menos gente.

Lo de la boca pequeña es porque, técnicamente, no sé si el hito es válido: ese mismo día, por la mañana, pasé a no mucha distancia de un campamento con un par de tiendas pero… no vi a nadie. Debían estar durmiendo aún.

Finalmente, en este ámbito, un cariñoso recuerdo para toda esa gente, montañera o no, que cruza mi camino (o yo el suyo) en la civilización: desde quienes paran su coche para llevarme hasta quienes me dan alojamiento (de pago) y compañía (de gratis), pasando por el camarero que me sirve con dedicación especial (porque soy thru-hiker y tendré hambre…) o el tendero que abre fuera de horas para que no me quede sin el reaprovisonamiento debido. Y tantos otros. Todos ellos son parte imprescindible del viaje.

Algo más que anfitriones en el Simple Lodge & Hostel, Salida

Ritmo

El Colorado Trail es un sendero muy bien trazado, mantenido y señalizado y esto permite mantener distancias medias diarias bastante altas sin más esfuerzo del razonable. Sólo a base de caminar muchas horas, era fácil y, en mi caso, habitual, llegar a los 40 kms. en un día; la jornada más larga fue de 53 kms.

Conclusiones

El Colorado Trail me resultó menos remoto de lo que esperaba pero también más intimidante, a nivel climatológico. En el fondo, y como ya he mencionado, se trata más de expectativas tergiversadas, sea por falta de información, por inocencia o por ese “wishful thinking” al que no encuentro equivalencia perfecta en castellano y define muy bien la diferencia entre lo que son las cosas y lo que quisieras que fueran.

Supongo que es inevitable que, según pasan los años, vaya perdiendo parte de mi capacidad de asombro pero eso no debe enmascarar el hecho de que ha sido un gran viaje que estoy muy contento de haber hecho. No he vuelto a falta de nuevas lecciones y eso, sin duda, quiere decir algo.