Por la mañana, hace demasiado frío para los mosquitos y lo mejor es que, aparentemente, me encuentro mejor aunque sé que no podré estar seguro hasta que empiece a caminar así que nada mejor que ponerme en marcha y comprobarlo. El CT sigue cresteando las modestas montañas que cierran South Park por el norte, ascendiendo entre el bosque para emerger en laderas más despejadas que dejan ver los panoramas de llanura perfecta hacia el sur, impresionante paisaje. Justo al pie de las montañas, a mis pies, los edificios de una granja y una pista que llega hasta ella desde la carretera, esa carretera que se dirige al sur en línea perfectamente recta (para qué hacer curvas…) y, ahí, en medio, la población de Jefferson, poco más de cuatro casitas en torno a la línea de asfalto.

South Park, a la luz de la mañana

Al sol, ya empieza a hacer calor y se agradece que el siguiente arroyo esté en una zona fresca y sombreada por grandes árboles. Me he comprometido conmigo mismo a tomarlo con calma y darle a mi cuerpo un trato suave y el tiempo de recuperarse. Ciertamente, me encuentro mejor pero siento mi bienestar cogido con alfileres y eso me da el suficiente respaldo moral para, aunque aún sea pronto, sentarme un rato y remojar los pies en el agua fría. El efecto es casi tan agradable psicológica como físicamente.

Así, mucho más contento de lo que lo he estado en los dos días anteriores mientras recuerdo la promesa de Swift, reemprendo camino hacia las alturas. El próximo hito es Georgia Pass y significa, por fin, el encuentro con la alta montaña rocosa, siquiera por un rato. Hasta hoy, en mi argot ocasional, estas montañas eran “las boscosas”, ¿dónde estaba la roca? Hacía falta subir más allá de los once mil pies (3300 m.) para dejar atras a los árboles. En Georgia Pass, además, el CT empezará a cambiar la tendencia oeste que ha mantenido desde las afueras de Denver y torcerá significativamente hacia el sur.

En este contexto, salir de los árboles y empezar a pisar praderas es un acontecimiento bienvenido. No tanto el hecho de que el ambiente no es tan bucólico como la imagen por sí sola parece implicar: hace un viento helado y desapacible y la cresta cercana ya no aparece tan apetecible. La perfecta figura piramidal del monte Guyot sube mucho más allá de donde llega la hierba, éste ya es un pico notable. La nota negativa es la incomprensible presencia ¡aquí arriba! de ¡un coche!!! ¿Qué demonios hace aquí un coche???!!! Pues resulta que hay una pista (ajena al CT) que cruza Georgia Pass y empiezo a comprobar con cierta tristeza la permisividad hacia los trastos motorizados que existe aquí. No es un vehículo de servicio, es gente normal dándose un paseo. En cierta manera, dicha permisividad se justifica por la escasa densidad de habitación y porque, gracias a eso, no habrá muchos coches que quieran subir hasta aquí pero, aún así, el maldito artefacto es una presencia distorsionadora y que, simplemente, no tiene lugar aquí o no debería tenerlo. Jo…

Los aventureros enlatados deciden que ya han tenido bastante y, sin apenas bajarse, dan la vuelta y se vuelven por donde han venido; al menos, conducen despacito y sin armar escándalo pero lo mejor es que desaparezcan y dejen Georgia Pass libre de su desagradable presencia.

Otra presencia un tanto extraña es la de las bicis. Ya tenía entendido que en Colorado hay mucha afición a la bici de montaña pero no esperaba encontrármeles aquí arribota. Habrá que esperar a zonas más perdidas para olvidar la civilización.

El CT enfila hacia Georgia Pass, Mount Guyot preside

El CT esquiva el paso Georgia y corona la cresta un poco más arriba. Le veo bajar hacia el valle del otro lado y ser engullido por el bosque de nuevo. Hacia el norte, continua la cresta herbosa y, en este momento, no muy acogedora, a causa del viento. El mapa me dice que por ahí viene el CDT (Continental Divide Trail) para juntarse con el CT aquí mismo y no puedo evitar pensar que el CDT es un reto considerablemente mayor; no ya por la obvia razón de la distancia (alrededor de 5000 kms… sí, cinco mil, no he puesto ningún cero de más) sino porque, como aquí, toma itinerarios expuestos y con cierto compromiso. Se supone que el CT también lo hará pero, desde luego, no hoy. Evito pararme en las zonas venteadas y desciendo lo justo para llegar a los primeros grupos de árboles, donde me tomo merecido descanso. Me encuentro mucho mejor.

El CT inicia un largo descenso hacia un valle infinitamente boscoso; ha durado poco el interludio altarrutero pero, por otro lado, el entorno confirma su giro hacia un ambiente más montañero con el sabor de las grandes cordilleras: árboles majestuosos, arroyos abundantes y grandes picos en el horizonte cercano. Por primera vez, me encuentro con varios grupos de mochileros aunque, por las pintas, sospecho que no están aquí para hacer toda la ruta, esas mochilas son demasiado grandes… pero es significativo del creciente atractivo senderista de la zona.

Vista atrás hacia Georgia Pass y Mt. Guyot

Abajo, en el valle, una nueva pista y más vehículos así que es muy bienvenido que el CT se separe del fondo de valle, aunque sea para subir durante un buen rato un notable desnivel hacia una cresta menor, no lo suficientemente alta como para salir del bosque pero sí como para recuperar un ambiente más tranquilo. Está cayendo la tarde y no parece haber nadie por aquí.

La parte bucólica se va enseguida a la porra cuando en la ladera de enfrente empiezan a aparecer los remontes de una estación de esquí. Colorado sigue sin ser ese lugar remoto que aún sigo esperando.

Aquí arriba no hay agua y habrá que esperar a volver a bajar al valle para encontrar arroyos. A estas alturas, ya empiezo a hacer cuentas de cuánto queda para Tennessee Pass y el final de mi primera sección para sincronizar lo mejor posible la llegada a civilización. Por el momento, la consigna general sigue siendo caminar todo lo posible pero sin sobreesfuerzos ni agobios; al menos, hoy está siendo el día en que mi cuerpo empieza a dejar de sentirse como si le hubieran molido a palos y, aunque sigo tomándomelo con un pelín de cautela, la perspectiva de caminar hasta el ocaso no suena como un castigo a galeras. Espero llegar al siguiente arroyo pero, por si acaso, he subido hasta aquí con agua suficiente para un campamento seco.

En esto que veo a otro senderista un poco más adelante… anda, si a éste le conozco ya: es Kevin, al que me había encontrado ayer. Siento que tengo bastante en común con él, aparte de estar intentando el CT completo y no me sorprende que tengamos mucho de que hablar. Al final, como suele suceder en el sendero, acabamos caminando juntos por lo que resta del día para llegar de nuevo al valle, al arroyo y a la estupenda zona de bosque que la guía señala como buen sitio para pasar la noche y desde luego que lo es. Las horas de campamento están especialmente bien para compartir un rato relajado y cambiar impresiones y agradezco la compañía. Kevin es un chaval muy majo.

Kevin desciende hacia el siguiente valle

Esa noche tendré mi primer roce con los habitantes del bosque, simpáticamente plasmado en ese momento mañanero en el que,con los ojos aún medio pegados, siento sed, alcanzo el tubo de la botella y noto un “tacto” raro en la válvula…

No son mis dientes

Miquimaus había aprovechado la jornada de puertas abiertas de mi media pirámide para pasearse y mordisquear. Así que, al final, no debía haberlo soñado cuando sentí como que algo me pasaba por encima…

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