Llego por aire. Las nubes se retiran a tiempo de dejar ver el suelo de las inmensas y aparentemente yermas llanuras que preceden a las montañas. Todo es marrón y aparece seco, pelado y vacío. Una enorme columna nubosa de desarrollo vertical da fe del fenómeno local que más temo y, de hecho, en la dirección de las montañas, el cielo aparece bastante oscuro.

El aeropuerto resulta un pegote extraño en medio de tanta estepa. Es, aparentemente, un aeropuerto relativamente pequeño y resulta manejable. La cola de inmigración no es demasiado larga y hasta el funcionario de turno me parece menos seco y cara-de-poker que de costumbre:

– Y ¿por qué necesitaste una visa en la ocasión anterior?
– Porque iba a estar en el país más de 3 meses.
– Y ¿qué hiciste durante todo ese tiempo?
– (ji, ji…) Caminar en las montañas
– Y ¿cuál es el motivo de tu viaje actual?
– ¡Caminar en las montañas!

Resulto bienvenido a los EE.UU. una vez más.

Mi problema viene, de nuevo, con el control de alimentos importados. Supongo que podría no declarar nada y colaría casi seguro pero prefiero ser legal y evitarme problemas. Esta vez no he traído nada prohibido pero eso sólo lo sé yo y, lógicamente, quieren echar un vistazo. Empiezo a sacar bolsas con polvitos… todo OK hasta que contesto que esos polvitos son leche.

– No están permitidos los lácteos
– Ya, hombre, pero… ¿los lácteos en polvo???

supongo que, si la leche tenía algún microbio maloso, estará tieso ya (no creo que puedan sobrevivir sin agua) pero el funcionario parece decidido a aplicar la literalidad de la norma y prefiero no discutir. Eso sí, les pido quedarme con la bolsa zip, que las llevo contadas, así que vuelco mis polvitos en la basura y me voy corriendo a coger el autobús.

Denver aparece en el horizonte como la típica estampa de grupo de torres de oficinas, que es lo que destaca sobre la llanura. Al fondo, las montañas que, efectivamente, están cubiertas por atmósfera oscura. En el trayecto, el conductor y un viajero comentan sobre la cantidad de lluvia que ha caído y las inundaciones que ha provocado… jopé…

Llego ya de noche pero puedo reconocer las calles por sus nombres. Aquí, con patrón cuadriculado y nombres numerados, es fácil. Tanto así que, al salir de la estación de autobús a la calle, decido evitar la espera a un autobús urbano y continuar a pie. Sobre el mapa, no parece muy largo. Es “saturday night” y hay gente por la calle pero sólo en el centro. Una vez fuera de él, las casas son bajitas y la calle está casi desierta.

Mi albergue para esta noche responde al pomposo nombre de “Denver International Hostel” y resulta un lugar tan simpático como cutre, en línea con alguno de esos albergues que me había encontrado varias veces en Europa pero no aún en América, tan decadente que está casi en la frontera de ser marginal. Ya entiendo por qué era tan barato… personalmente, prefiero sitios algo más pulcros pero tampoco me importa ni me siento demasiado fuera de lugar.

Denver International Hostel (a la mañana siguiente)

Series NavigationDenver – South Platte >>