En los Alpes (por desgracia) no hay osos ni otros animales de estos poderosos que, sólo con su presencia invisible, contribuyen a ponernos en nuestro sitio pero esto son las montañas y, por definición, necesidad y no más remedio, los animales no humanos están por ahí y, tarde o temprano, interaccionamos con ellos. Chamois, bouquetinet marmottes!!!

Mi historia simpática con la fauna alpina tiene muy poco glamur pero bastante gracia; pongamos que sigo mi dinámica diaria habitual: subir a las alturas para pasar la noche en alguna pradera alpina cerca del siguiente collado. Campamento idílico bajo las torres imponentes que flanquean el Col du Fromage. Duermo muy bien.

Campamento bajo la Roche des Glots

Por la mañana, echo mano de mi calzado para salir del capullo nocturno y ponerme en marcha… hay dos zapatillas (correcto) y, junto a cada una, debería haber un calcetín… pues falta uno. ¿Qué ha pasado?

Siempre pongo los calcetines junto a las zapatillas. No está ahí. No está alrededor. ¡Falta uno!

Después de tantas horas de dormir, hay una buena razón para levantarse (bastante vulgar pero inevitable: tengo ganas de mear) y me calzo con un calcetín de menos pensando que algo raro ha pasado durante la noche… los calcetines no andan solos.

Mientras cubro necesidades básicas, pienso dónde puede estar mi calcetín perdido y qué puede haberle hecho ir ahí… pienso en quién puede haber estado por ahí e, inmediatamente, me acuerdo del inquilino obvio de las alturas alpinas: ¿hay madrigueras de marmotas por aquí cerca?

Pues… ahí mismo hay una… me acerco sin esperar nada y…. ¡bingo! esa cosa azul que asoma es mi calcetín perdido

Es, en cierto modo, reconfortante saber que una marmota ha estado rondando mi vivac nocturno y yo ni me he enterado; eso es que he dormido bien. Las marmotas son animales de lo más pacífico e inofensivo y no quieren nada conmigo pero quizá sí con mis calcetines… no por el calcetín pero sí, intuyo, por el sudor acumulado en él y las sales que van con el sudor.

Sonrío mientras recupero mi calcetín y echo una tenue bronca a la marmota responsable a la vez que entiendo que esto me convierte en parte del paisaje. A la marmota le falta sal y a mí me sobra. Es un buen trato.

Dientes de marmota en mi calcetín