Crítica despiadada de algunos elementos clave en la travesía alpina. Puedes también consultar la lista completa de material final.

Zapatillas

Inov8 Terroc 330

Éste era un test importante; Inov8 está creando una pequeña revolución en el (minúsculo) mundo del senderismo ultraligero con sus zapatillas que no sólo son más livianas que la media sino que están diseñadas, o esa es la idea, para favorecer la mecánica natural del pie y evitar, en la medida de lo posible, ejercer de elemento barrera. Un cambio de concepto interesante en un mundo, el del calzado, dominado por la idea de la protección como único camino. Resulta, por tanto, refrescante que un fabricante llegue con la idea de que el pie está bien como está y funciona bien como funciona; y que vamos a intentar diseñar una zapatilla que potencie esa idea.

Terrocs tras la batalla

Las Terroc son, probablemente, las zapatillas más cómodas que he tenido. Me es difícil evaluar algo así con precisión, haría falta un plan de pruebas sistemático, pero es la impresión con que la que me he quedado. Es de esperar que esos 150 gr. (por par) de peso que me ahorran en los pies (sobre modelos anteriormente usados) tengan también su influencia pero esto es, si cabe, aún más difícil de afirmar en base a la percepción subjetiva del uso.

El agarre de la suela me ha parecido correcto, similar al resto de zapatillas que he ido utilizando. El cuerpo de la zapatilla es casi todo “aire”, una rejilla densa, y la transpiración es, por tanto, tan buena como pueda llegar a ser. Similarmente a como ocurre con otros modelos similares en concepto, esta construcción permite la entrada de polvo y suciedad. El refuerzo de la puntera (importante para proteger los dedos de golpes) es adecuado.

Hasta aquí, todo bien, pero hay un problema, en cierto modo esperado y revelado en el test de la larga distancia: la longevidad.
Es un hecho conocido que, en general, las zapatillas de Inov8 duran relativamente poco; probablemente, el precio que se paga por un peso más bajo, pero necesitaba comprobarlo yo mismo a lo largo de un periodo que pretendo sea el estándar por el que mido mi calzado: una temporada de uso. En este caso, estrenando las zapatillas en los viajes de otoño y culminando con la larga distancia en verano.

El veredicto es negativo. Las Terroc llegaron al mediterráneo porque yo me empeñé en hacerlas llegar pero lo hicieron en un estado tan precario que rallaba la indigencia. El cuello de botella se ha encontrado en las suelas; el resto de la zapatilla estaba aún en estado aceptable pero las suelas, demasiado desgastadas y una de ellas empezó a rajarse tras una semana en el GR5. Desde entonces, me dediqué a pisar con cuidado y vigilar la evolución de esa grieta transversal que, para el final del viaje, llegaba casi de lado a lado de la parte frontal de la zapatilla derecha. La izquierda (¿cuestión de oportunidad?) aguantó de forma mucho más digna, bastante apaleada pero sin ningún roto significativo. Si esa fuera la experiencia estándar, la daría por bastante buena pero no puedo olvidar lo que pasaba en el otro pie y no ya el roto en sí y la cierta posibilidad (que, afortundamente, no llegó) de rotura catastrófica sino lo que esto llegó a condicionar hasta mi forma de pisar. Tenía que cuidar de mis zapatillas.

A pocos días del final, suela en estado precario

La conclusión es que dudo que vuelva a usar las Terroc. Echaré de menos lo que me aportaron sobre el resto de zapatillas que había usado hasta ahora pero creo que no es suficiente para justificar que duren tan poco. En parte por razones de logística, quiero unas zapatillas que, al menos, me duren una temporada entera para llegar al verano ya acomodadas a mi pie pero aún en buen estado de uso y no es el caso. Muy probablemente, volveré a modelos que me dieron buen resultado en todos los aspectos en el pasado.

Sistema de acampada

En los Alpes, repetí la fórmula que tan bien me funcionó en el Pacific Crest Trail o la Alta Ruta Pirenaica: un sistema modular cuya pieza básica es un toldo amplio sin estructura. Adicionalmente, una funda de vivac no impermeable y una lámina de plástico fino para el suelo.

Atardecer en la Combe de Crousette

El sistema está ya más que probado y confío plénamente en él, con la salvedad de que sé que no es lo más funcional en zonas expuestas en condiciones de mal tiempo; y el problema es que, a lo largo del GR5, podía esperar acampar muchas noches en zonas expuestas. El mal tiempo es algo que ya no estaba en mi mano…

El salto es con red; en los Alpes, la civilización siempre está cerca. Lo que en Norteamérica, por ejemplo, se hubiera solucionado buscando resguardo en el bosque o en cotas bajas, en Europa se resuelve recurriendo a un refugio o, directamente, a un pueblo.

Usar un toldo sin estructura en el medio alpino es posible pero requiere cierta práctica y alguna que otra dosis de serenidad cuando las cosas se tuercen. El problema, en montañas como los Alpes y en las montañas de nuestro entorno, en general, es que el campamento habitual va a ser ahí arriba, donde ya no hay árboles y el viento, cuando sopla, sopla fuerte; donde la lluvia viene de todos los costados a la vez y la visibilidad se torna poco visible. Donde todo está mojado y no hay abrigo salvo el que seas capaz de montar con tus instrumentos.

Aún así, el atractivo del sistema es múltiple: peso ridículo, volumen empaquetado aún más ridículo; versátil; y, por qué no decirlo, elegante.

Listos para aguantar el viento en el Col de la Sauce

Una de las cosas que me gusta del toldo en cuestión usado esta vez (un modelo comercial ya descatalogado, el Cave 2 de Golite) es que es muy adaptable a las condiciones y es perfectamente posible usarlo en el medio alpino (en el amplio sentido de la expresión) a base de unos buenos anclajes. Eso me hace sentir seguro. En varias ocasiones, tuve que acampar en condiciones de viento; fijado directamente al suelo y con un perfil discreto, este toldo es a prueba de bombas y siempre me sentí seguro. Por otra parte, en alguno de esos episodios de tiempo realmente disuasorio (viento, lluvia, niebla, todo mojado, todo junto…), no tuve problema en recurrir a un refugio; acampar en esas condiciones es perfectamente posible y seguro que habría estado cómodo pero resulta duro y hace falta un cierto acto de fe para no caer en el desánimo o en el pánico. En Europa, es fácil tirar por el camino más sencillo.

El Cave 2 es un toldo muy sólido, construído con una versión de silnylon algo más resistente (y pesada) que la estándar y no hay problema en darle tensión para montar un abrigo bajo el que capear tiempo del malo… pero hace falta esa cierta dosis de fe. Es fácil decirlo desde el sofá, la teoría cuadra enseguida… pero, en las montañas, es otra cosa. Hace falta ese extra de confianza.

La funda de vivac es un complemento muy útil por un peso muy escaso; tiene un cierto punto de redundancia funcional con el toldo pero añade versatilidad, contribuye a proteger el saco de humedad y suciedad y añade un poco de margen térmico. Son sólo 200 gr.

Laderas de La Diosaz: uno de los pocos vivacs en mi GR 5

Para cubrir el suelo, y pese al incidente del año anterior, volví a llevar una lámina de plástico de esas tan finas como el del rollo de cocina para envolver alimentos. Normalmente, preferiría un suelo más clásico, de algún tipo de nylon, pero eso es, precisamente, lo que me aporta la funda de vivac en su mitad inferior así que, para evitar redundancias y, a la vez, minimizar peso, uso esta cosa. Aporta, sobre todo, garantía de impermeabilidad en suelos muy húmedos porque, en esas condiciones, el silnylon de la funda de vivac no es del todo impermeable. Escuetos 38 gr. Esta lámina de plástico es frágil pero, bien cuidada, resulta bastante más resistente de lo que pudiera parecer. En esta ocasión, sufrió un agujero pero la cosa se quedó ahí porque el boquete no progresó. Aguantó perfectamente montajes sobre suelos bastante poco amigables. Por este lado, acabé satisfecho.
Lo que no me gusta de esta pieza es su escasa consistencia y la dificultad de manejo que esto provoca. Pesa tan poco que la más mínima brisa la mueve de sitio y a veces era un poco desesperante, tanto para montar campamento como para desmontarlo. Es un problema conocido y esperado y que tiene bastante de psicológico y, por tanto, de subsanable, a base de mentalización y un poco de paciencia, pero no pude evitar acabar un poco harto.

Mochila

Golite Pinnacle

Esta ha sido una relativa novedad obligada por las circunstancias. Normalmente, habría veinti-petido con mi fiel y favorita Virga, de Granite Gear, la que ha sido mi mochila de preferencia durante ni sé ya cuántos kms., días y senderos… pero la pobre está ya muy viejita y, literalmente, el día antes de partir, mientras la cargaba, pegué un tirón más fuerte de la cuenta y le hice un desgarrón grande en un sitio delicado. Lo reparé con un buen parche cosido pero el siete estaba demasiado cerca de una costura troncal y no era fácil hacer un buen trabajo. Tenía mis dudas y decidí no llevármela. La alternativa obvia estaba en el arcón de las mochilas…

Pinnacle al rescate

La Pinnacle de Golite es mi mochila invernal. Algo más grande y resistente que la Virga pero muy simple y ligera, es perfecta para ese volumen adicional que suele hacer falta en las acampadas invernales y su cuerpo de nylon resistente es imprescindible para poder cargar crampones o esquís. Aún así, su extrema simpleza y escaso peso hacen que sea perfectamente utilizable en senderismo estival.

La Pinnacle ha funcionado muy bien, cumplido expectativas y su único problema es uno que, lógicamente, ya conozco: el sistema de porteado deja un poco que desear. Básicamente, echo de menos un mejor acolchado en las hombreras y, quizá, un cinturón lumbar un poco más amplio y consistente. Sé que estos elementos no saldrían gratis y harían aumentar un poco el peso pero creo que merecería la pena. Tal cual es, la Pinnacle castiga los hombros más de lo imprescindible. Nada que no se pueda asumir pero podría ser una mochila más cómoda y funcional. Por lo demás, sigo pensando que me sobra ese bolsillo frontal, prácticamente el único detalle que le saca de su espíritu espartano y que yo apenas uso; sería una forma de compensar el aumento de peso sugerido.

Gas

Por primera vez, y tras haber hecho algunas cuentas, he optado por usar una bombona de gas de tamaño pequeño (125 gr. de gas) con la intención de hacerla durar todo el viaje. Otro salto con red porque, en los Alpes, quedarse sin gas no sería muy grave… hay alternativas. Y, por ello, un sitio perfecto para verificar que esas cuentas estaban bien y que no necesito una bombona mediana para asegurarme el suministro mensual.

El problema del test es que, con tanta civilización alrededor, no he usado el hornillo todas las noches; varias veces, el final de jornada coincidió con el paso por un pueblo con tienda de comestibles abierta y preferí comprar unos caprichos para la cena en lugar de cocinar la pasta de cada noche. Aún así, hay un dato revelador: al final de viaje y tras calentar agua para 17 cenas y 2 cafés, me recorrí medio Menton hasta encontrar un sitio donde pesar la bombona en su estado final: 165 gr. totales, lo que significa que, de los 125 iniciales, aún quedaban aproximadamente 45 gr. de gas. Aparte de lo gracioso que fue ir preguntando en los comercios si alguien tenía una balanza para pesar mi bombona (imaginaos las caras…) el dato es significativo: gasté dos tercios del gas. La conclusión es clara: la bombona pequeña da para un mes ahí fuera. Con un poco disciplina, eso sí.

Cocina óptima junto al Lac de Lauzanier, en los confines septentrionales del Mercantour

Hazlo tú mismo: el monedero perfecto

Uno de los grandes atractivos del “hazlo tú mismo” es conseguir esa pieza de material ajustada a tus propias especificaciones: exactamente como tú la quieres. Esto es aplicable tanto a lo grande (tiendas, sacos, mochilas…) como a lo pequeño… y no por ello menos interesante. Para las empresas comerciales, es inmediato acordarse de las grandes cosas pero no tanto de las pequeñas… y los viajeros a pie también necesitamos, por ejemplo, un bolsito donde llevar documentación y monedas.

Éste era un pequeño asunto no del todo bien resuelto para mí. En el largo recorrido o, al menos, en mi versión de él, es habitual alguna parada en civilización donde necesito que mi “kit” del sendero funcione también en versión urbana. Harto estaba de farragosos arreglos para mal-llevar tarjetas, billetes y, sobre todo, las dichosas monedas…

No sé si alguien hace un monedero como el que yo quería pero yo no lo he encontrado. Nada más fácil; sólo cuidar unos pocos aspectos básicos:

  • Simple
  • Ligero
  • Fácil de abrir y cerrar
  • Seguro
  • Resistente a la humedad
  • Ajustado en tamaño: que no sobre ni falte

Un trozo de tela impermeable, un par de costuras y dos tiras pareadas de velcro: voilá, monedero perfecto:

Voilá, monedero perfecto

Valga decir que me ha gustado tanto el chisme éste que ahora lo uso también en la ciudad.