Majada Rudiviechas – Valle Vallera (10 km)

IGN 76-III. 1:25.000

El valle por el que subimos tiene una cómoda pista… hasta que llegamos al fondo y se acaban las majadas. A partir de ahí, el mapa indica un camino que remonta las laderas hasta llegar a la divisoria en el collado de La Llana. Estas laderas que cierran el valle están cubiertas por arbustos de buen tamaño, típico terreno por el que es muy incómodo progresar si no hay un camino. Tenemos oportunidad de empezar a comprobar cómo va a ser esto de buscar la ruta y de si podemos creer lo que dice el mapa o no.

El camino existe pero se va deteriorando hasta que, a mitad de subida, desaparece o lo perdemos (que, para el caso, es lo mismo). Tenemos que terminar de subir arbusto a través. No es difícil pero sí un poco costoso.

Una vez en el collado, la cresta está afeitada y es fácil de recorrer; de hecho, hay una traza que, como luego comprobaremos, forma parte de un GR pero… está al otro lado de la típica valla que también recorre toda la cresta; no hay puerta, es alambre de espino: hay que arrastrarse. Igual que con lo del no-camino de subida, no es difícil pasar pero resta fluidez en la progresión. Es la consecuencia normal de seguir una ruta oficiosa.

El día ha amanecido despejado pero ha tardado muy poco en encapotarse. A media mañana, el cielo ya es gris, la inestabilidad se siente en el ambiente y sólo queda esperar a ver cuándo empieza a llover.

Al fondo, abajo, el puerto de Leitariegos y, en medio del plano, el collado de La Llana. A la izquierda, León; a la derecha, Asturias

Estamos a 1700 – 1800 metros y el terreno está cubierto de arbustos densos que hubo que cruzar subiendo campo a través desde la vertiente leonesa. Una vez en la cresta, podemos caminar cómodamente sobre el GR-203.

La vegetación es austera aunque, hacia el norte, se aprecian los boscosos y profundos valles asturianos. Aquí arriba, arbustos prietos o pradera y, afortunadamente, una traza prácticamente continua de ésta última sobre la que caminar. A mitad de cuesta abajo hacia el siguiente collado, empieza a llover; la primera lluvia suele ser la que más afecta a la moral y, como intentamos mantener la moral intacta, hacemos algo un tanto inédito para mí pero que no deja de ser una buena opción: montar toldo para descansar y reponer fuerzas a cubierto:

El toldo se monta en un plis-plas y podemos descansar a cubierto

A las vacas, la lluvia les da igual; el bulto nuevo en su prado sí les llama la atención.

La lluvia es fina y el ambiente, sombrío. Aunque parece claro que lloverá más, como sólo es media tarde, en un momento en el que deja de caer, recogemos y proseguimos. Bajamos a la braña de Prado Cerrado, típica pradera despejada de arbustos para hacer sitio al pasto y a las vacas. Aquí, en lugar de seguir por la cresta a lo largo de un claro sendero que habíamos identificado desde la ladera de enfrente, y como el tiempo está tormentoso y feo, preferimos llegar al siguiente collado desde abajo, a lo largo de un vallecito paralelo a la cresta.

El mapa del IGN identifica esto como “Valle Vallera”: un arroyo, praderas alrededor y laderas cubiertas de arbustos verde oscuro. Al fondo, aún invisible, el collado de Recuélabre, en el que retomaremos la cresta, pero no hoy: vuelve a llover y, aunque aún es pronto, decidimos parar ahora que aún estamos secos.

This entry is part 2 of 10 in the series Alta Ruta Cantabrica Occidental
Series Navigation<< Día 1: Majada RudiviechasDía 3: Las Zreizales >>