Las Zreizales – Braña de Mumián (13 km)

Por la mañana, la cosa tiene mala pinta. Al contrario que en jornadas anteriores, el día se levanta ya sombrío para empezar. En realidad, el tiempo está siguiendo una cierta evolución lógica: cada día se ponía tormentoso a hora más temprana y cada día el tiempo tormentoso duraba más y era más severo. Hoy, nada de cielo azul mañanero para engañar: comienza ya gris plomizo.

Emparedados entre dos niveles de nubes, arriba en el cielo y abajo en el valle

Es la típica situación de tiempo malo, maloso y sin buenas perspectivas. Aquella lengua de niebla que sube desde el valle apunta hacia el collado de la Enfistiella, a la derecha, hacia el que tenemos que subir a continuación.

Descendemos con visibilidad pero sabiendo que estamos en manos de la niebla que sube desde el valle, que nos engullirá si quiere. No hay sol en nuestro cielo para diluirla.

Durante el descenso, tenemos ocasión de ver la evolución palpitante de las lenguas de niebla, que se alargan y acortan como si fueran un ser vivo que alarga la mano para coger algo: montañeros asustados, por ejemplo.

Y nos coge: hacia el final de nuestro descenso y antes de que el valle tuerza a la izquierda, y nosotros a la derecha, entramos en la nube. A veces, no se ve un carajo y otras, según la niebla viene y va, el suelo queda despejado, como cuando pasamos junto a los edificios de la majada de Los Cuartos:

Majada de Los Cuartos

Nos cuesta un cierto esfuerzo encontrar el camino de subida hacia la Enfistiella entre la niebla… hay varias sendas. Sin visibilidad, es complicado acertar a la primera y la orografía ayuda a medias… la referencia inequívoca es la vaguada que baja de allí pero es justamente la zona con más vegetación y pendiente. Acabamos por resolver la cuestión de la forma no precisamente más elegante pero aún satisfactoria. Cerca del collado, salimos de la niebla y ya todo es fácil.

El collado de la Enfistiella nos introduce en un escenario atractivo: prados exhuberantemente verdes y paredes vertiginosas de caliza gris: esencia cantábrica. Cielo gris que, aquí, no desluce: es parte del paisaje. Muy bonito.

Descenso desde La Enfistiella

Caminamos ya con la tranquilidad de un buen sendero que seguir, sin niebla, con las nubes (sólo) por encima, como debe ser; y en ruta hacia el valle y el primer pueblo del camino, La Peral.

La Peral, en su atalaya. A la derecha, el puerto de Somiedo

La Peral es muy pequeñito. No tiene ni bar así que ese café (de bar) tendrá que esperar. Nos sirve como punto medio de la jornada para reposar y decidir por dónde ir: una alta ruta estricta nos llevaría hacia el puerto de Somiedo y, desde ahí, por la cresta divisoria: El Diente, la Encarralina, El Putracón… esos montes de enfrente, en la foto anterior… pero el tiempo no acompaña. No es buen día para recorrer crestas.

La opción B pasa también por el puerto de Somiedo para cambiar a la vertiente leonesa y recorrer la falda de las montañas para volver a Somiedo por el puerto de La Fareidina. La opción C, más larga y con más desnivel pero la más sencilla en caso de mal tiempo, pasa por bajar hacia el norte, a la izquierda, para acceder al valle del Lago, Somiedo Central, transitando por buenos caminos.

La niebla sube desde el valle. Tomamos la opción C.

Subiendo hacia Mumián entre la niebla

Valle abajo significaría llegar a la Pola de Somiedo. No hace falta: un buen camino nos lleva a través de la niebla y por encima de una cresta secundaria hacia el Valle del Lago, Somiedo Central. Todo es ladera hasta llegar arriba y, allí, niebla (no se ve ni torta), prados y la pintoresca braña de Mumián, con sus preciosas cabañas, mitad piedra, mitad paja. Esta noche, además, un toldo de nailon.

Parque Natural de Somiedo, Adrados Ediciones. 1:60.000

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