Viajar a pie

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Estrategia óptima de vestimenta ante la lluvia

Es sólo agua pero nos da mucho de que hablar…

Las denominadas prendas impermeable-transpirables se han convertido en el estándar de estrategia ante la lluvia en las actividades de aire libre hasta el punto de que es difícil imaginar usar otra cosa. Y, sin embargo, la cuestión no está cerrada; al menos, no en el sentido de que la gente se sigue mojando, se sigue sintiendo incómoda y sigue adquiriendo la siguiente versión del producto con la esperanza de que ésta sea la buena.

Buena parte del problema viene de la, en mi opinión, equivocada expectativa de que todo esté seco dentro cuando todo está mojado fuera: no es realista.

La otra parte del problema es basar esta expectativa en un elemento supuestamente impermeable y transpirable, a la vez: el concepto es un tanto contradictorio. En la naturaleza existe (nuestra piel lo es) pero nuestra ingeniería parece aún lejos de crear algo así.

No voy a hablar aquí de la solución perfecta porque ni la conozco ni creo que exista. Para empezar, parte de la perfección de la solución debe venir, en mi opinión, por rebajar esas expectativas de sequedad radical y aceptar que un poco de humedad no debe amargarnos la jornada.

Para seguir, quiero recordar y reivindicar que existe un pasado cercano en el que no había membranas mágicas y la gente sobrevivía igual que ahora… o puede que incluso mejor. Dependerá de cada caso porque es una cuestión compleja y hay muchos factores en juego pero, efectivamente, y aunque ahora ya no lo parezca, hay vida más allá de las membranas de marras y, lo que es mejor, es una vida interesante.

De hecho, las ideas que comento a continuación no han surgido de una cuestión como “Cómo afronto la lluvia sin usar membranas” sino de otra mucho más práctica: “Cómo construyo el mejor sistema de vestimenta ante la lluvia”. El resultado, a continuación.

Nótese que la cuestión está enfocada desde el punto de vista de las prendas de vestir y su principio de funcionamiento. Elementos diferentes como paraguas o gorros mejicanos quedan fuera de la discusión, así como el diseño estilístico de las prendas y las diferencias entre zonas del cuerpo.

Finalmente, comentar que el presente artículo viene a ser una evolución sobre la cuestión iniciada tiempo atrás en El Paradigma Impermeable. Ahora, con la ecuación completa.

Lluvia suave: maximizar transpiración

Ante una lluvia suave, es frecuente auto-plantearse la cuestión de si no nos estaremos mojando más por la humedad de origen interno que por la propia lluvia… y la respuesta es que, probablemente, sí. Ante una lluvia suave, lo más óptimo es prescindir totalmente de una barrera impermeable y sustituirla por un sistema que, sin ser técnicamente impermeable, actúe como tal: diseñado para contener la humedad en la parte exterior, evitar que llegue a las capas interiores y facilitar la evacuación de la humedad generada internamente, así como de la que pueda llegar a colarse desde fuera. Enunciado así, parece un anuncio publicitario pero un anuncio lo dejaría ahí; en Viajarapie, continuamos…

Tal sistema se basa en una capa exterior con cierta resistencia al paso de humedad y una o varias -según temperatura ambiental- capas interiores capaces de alojar cierta cantidad de humedad en su estructura interna. El calor corporal se encarga de evaporar la humedad de dentro a afuera. El resultado es que la piel se mantiene razonablemente seca y la persona, confortable.

La capa exterior de este sistema está perfectamente implementada por un corta-viento minimalista: una fina capa de nylon o poliéster con alta densidad de trenzado y un peso típico de 100 gr. o menos, según opciones. Menciono el peso porque el concepto de corta-viento ha sido ampliamente abusado y pervertido y se aplica a prendas mucho más complejas y pesadas que no merecen esa denominación porque cumplen también otras funciones. Un corta-viento es una prenda especializada en eso, en cortar el viento.

La capa base puede ser cualquier camiseta capaz de una buena gestión de la humedad. Poliéster o lana merina son las opciones típicas. Cuanto más gruesa, mayor capacidad para gestionar la humedad pero también más capacidad aislante, lo que hace más complicada su integración en el sistema.

En medio, si la temperatura lo demanda, porque haga el frío suficiente, se pueden añadir más capas aislantes análogas a la capa base. Nuevamente, las opciones típicas son el poliéster, en forma de forro polar, o la lana.

En mi opinión, el sistema más versátil y adaptable a circunstancias variables consta de una capa base no muy gruesa, de poliéster o lana merina, y uno o dos forros polares finos; todo ello a combinar bajo el corta-viento que ejerce como barrera exterior.

Prenda corta-viento ante lluvia suave y temperatura fría (5ºC o menos) con una capa base sintética no muy gruesa y un forro polar fino

La teoría es la siguiente: el corta-viento no es impermeable y, estrictamente hablando, cala; pero su denso tejido, el mismo que le da su carácter de corta-viento, ofrece cierta resistencia, limitada, al paso del agua. Si la lluvia no es fuerte, la presión que ejerce el agua es escasa y buena parte de ella no penetrará. La parte que sí penetre empezará a empapar las capas interiores pero el calor del propio cuerpo contribuirá a evaporar esa humedad. Si la suma de capas aislantes es lo suficientemente gruesa, la humedad proveniente del exterior no llegará a entrar en contacto con la piel.

Gotas de agua en la superficie de un cortaviento no impermeable

Ésta es la idea detrás de sistemas comerciales como los de Buffalo o Paramo, que combinan las funciones mencionadas en una sola prenda y, por ello, resultan, probablemente, más eficientes en su función pero menos versátiles y combinables. De cara a condiciones cambiantes y, especialmente, en actividades de largo recorrido, en las que las condiciones van a ser necesariamente variadas, creo que es mucho más interesante contar con un sistema modular en el que poder combinar capas. En cualquier caso, la idea es la misma.

Hay un par de factores que influyen en el funcionamiento de este sistema que merece comentar:

  1. El deperlante de la capa exterior: un tratamiento deperlante no demasiado agresivo, de forma que no afecte mucho a la capacidad de evacuar humedad, es muy positivo porque aumenta la capacidad de la prenda de resistir la penetración de agua. Cuanta menos entre, mejor. El tratamiento deperlante se pierde con el tiempo y el uso pero se puede regenerar.
  2. El grosor acumulado de las capas aislantes: cuanto más grosor acumulado entre capa base y segundas capas, más fácil será que la humedad procedente del exterior no llegue a acercarse a la piel pero, por otro lado, más difícil será que el calor corporal llegue a tener efecto en la parte exterior del sistema. Además, y como es obvio, el grosor aislante deberá depender de la temperatura ambiente y del grado de actividad, de forma que tendremos que vestirnos para no pasar frío pero también para no sudar en exceso. Es por esto que recomiendo prendas no muy gruesas, tanto para la capa base como para las capas intermedias, para poder facilitar la combinación. Es fácil que una sola capa gruesa resulte demasiado abrigo pero haga demasiado frío para prescindir de ella y acabe siendo una capa difícil de combinar.

Este sistema funciona muy bien ante lluvia fina y temperaturas frescas, tirando a frías. Maneja bien la lluvia persistente mientras sea fina; no así la lluvia fuerte, que acaba penetrando en exceso y calando todas las capas. El tamaño y velocidad de las gotas de agua son factores importantes porque influyen directamente en la presión ejercida sobre la capa de barrera, cuya capacidad para resistir esa presión sin calar es el punto débil. En cualquier caso, si se llega a producir un fallo generalizado -sistema calado por uso indebido- la experiencia no será óptima pero tampoco catastrófica.

Lluvia fuerte: maximizar impermeabilidad

Ante una lluvia fuerte, conviene utilizar un método de barrera potente, especializado en detener la entrada de agua.

El concepto de “impermeabilidad” es relativo, no absoluto. ¿Es un material impermeable? No se trata de “sí” o “no” sino de “cuánto”. La capacidad de un elemento barrera para no dejar pasar agua depende de la presión que ese agua pueda llegar a ejercer.

Hacer que una prenda sea impermeable es fácil pero ¿a costa de qué? Hace falta llegar a compromisos en otros aspectos como peso, durabilidad y capacidad de transpirar. La tendencia actual es a intentar conseguir que las prendas transpiren y esto tiene un alto precio: hace a las prendas más complejas y pesadas y, para intentar que el peso no sea alto, se acaba afectando a la durabilidad o hasta a la propia impermeabilidad.

Dicho de otra forma, las prendas impermeables típicas de la actualidad siguen presentando deficiencias; algunas de ellas, por culpa de querer ser transpirables. Y aquí surge una opción: ¿qué pasa si prescindimos de la transpirabilidad?

Pues pasa que la humedad que venga de dentro se acumula en el sistema pero pasa también que la prenda resultante es simple, ligera, robusta y realmente impermeable. Y barata. Y, ante tanta ventaja, es razonable preguntarse si no merecerá la pena aceptar que la prenda no transpire nada.

Bajo una capa impermeable y no transpirable se produce el mismo proceso, descrito en el apartado anterior, de evacuación de la humedad hacia el exterior empujada por el calor corporal sólo que, esta vez, la capa barrera es infranqueable. La humedad producida por la transpiración se irá acumulando en la parte interior de la prenda impermeable y, según se acumula, irá empapando las capas intermedias. Esto es malo pero, utilizando una capa base y unas capas intermedias adecuadas, puede no ser catastrófico. La idea es la misma que la explicada para el caso de lluvia suave: se trata de usar capas base e intermedias capaces tanto de evacuar la humedad hacia el exterior como de alojar cierta cantidad de humedad en su estructura manteniendo un tacto confortable sobre la piel. Haciendo esto bien, la acumulación de humedad en el interior puede llegar a no ser tan importante y el uso de una capa barrera no transpirable resulta una opción interesante.

Una prenda impermeable no transpirable puede ser muy simple: basta una base textil con un impregnado que cierre todos los huecos del tejido. Esto es un chubasquero chusquero de los de toda la vida y es absurdamente barato. Si tiene una construcción simple -sin bolsillos ni complementos varios- es también muy ligero. El impregnado es mucho más resistente y flexible que una membrana, la prenda puede ser “maltratada” (doblar a lo bruto, sentarte encima…) y durará muchos años.

También se pueden construir prendas de material continuo, no tejido (en una palabra: plástico), con lo que no hace falta ni siquiera un impregnado de nada, el material ya es impermeable per se. Estas prendas necesitan algún refuerzo textil para evitar el desgarro fácil pero, aún así, pueden llegar a ser increíblemente ligeras.

Chaqueta impermeable de plástico reforzado con fibras textiles: simple, robusta y ¡ligera! (83 gr)

Hacer funcionar este tipo de prendas implica una serie de estrategias:

  • Manejar adecuadamente las capas interiores: vestir de acuerdo a la temperatura para evitar sudar en exceso y con prendas que gestionen bien la humedad
  • Utilizar la ventilación en lo posible para evacuar humedad

En una actividad a pie con mochila, por citar un caso de lo más común, una considerable parte de la superficie a proteger está tapada por la propia mochila con lo que ahí la capacidad o incapacidad de la prenda impermeable de transpirar no tiene mucha importancia. En la parte frontal, una cremallera completa y de doble cursor -que se pueda abrir desde abajo- suele permitir algo de ventilación. Las cremalleras en axilas y lateral del torso también ayudan aunque no tengo muy claro que la complejidad y el peso adicionales merezcan la pena para su limitada capacidad de evacuar humedad.

Algo que funciona muy bien es aprovechar un lugar protegido de la lluvia -un árbol frondoso puede servir- para, de cuando en cuando, quitarse la prenda impermeable. No sólo para ventilar, que también, sino para sacudir la humedad acumulada en el interior. El efecto descrito de evacuación de la humedad a través de las capas base e intermedias hace que la humedad se acumule en la pared interior de la capa impermeable y forme gotas ahí: sacudiendo esas gotas de cuando en cuando, se consigue que no empapen demasiado las capas internas.

Conclusión

Retomo el planteamiento original de la cuestión, que no es “cómo prescindir de las membranas” ni mucho menos algo frívolo tipo “cómo hacer algo alternativo para poder escribir sobre ello”. Muy al contrario, la idea es buscar una estrategia de vestimenta óptima ante la lluvia y el contenido del texto es el resultado.

Téngase en cuenta también que en la estrategia entran en juego muchos factores que también pesan y que la mera protección frente a la lluvia, con ser el factor más importante, no lo es todo: una prenda que proteja muy bien de la lluvia puede no ser adecuada porque combine mal, porque sea muy pesada, muy frágil… la importancia de todo esto depende también del tipo de actividad y de las condiciones esperadas. No es lo mismo salir para un día que para un mes o salir conociendo el tiempo que va a hacer que ir a lo que surja. La estrategia descrita es funcionalmente muy buena pero es también óptima en factores como peso, volumen, modularidad, robustez o precio.

No debemos tener miedo a la lluvia. Conviene tomarla como algo natural, cotidiano y evitar la sensación de percibirla como un enemigo del que protegerse.

Ante una intensidad suave, podemos usar una combinación muy poco intrusiva en el normal funcionamiento de nuestro cuerpo y que, en muchos casos, ya estaríamos vistiendo antes de que se pusiera a llover. Es lo mejor posible: la estrategia del “ud. no haga nada”.

Sería genial poder actuar así también ante lluvia fuerte. Por el momento, no me atrevo a recomendarlo.

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11 Comentarios

  1. KAVIK

    como siempre explicas las cosas a la perfección y aportas luz al oscuro mundo del material montañero. Por tus palabras parece ser que te va bien la chaqueta de cuben, que piensas de enfrentar en un ring el cuben clásico con el cuben transpirable.

    Yo sigo usando mi chubasquero de papel pero me gustaría probar tu método con lluvia fuerte.

    Otra cosa, prefieres como capa intermedia,en caso de lluvia con frío, una de polartec classic 100 o de power dry ??? o tal vez powerstrech.

    • Viajarapie

      Kavik, qué tal… juraría que había respondido a tu comentario, ¡si recuerdo lo que escribí! pero, por alguna razón, se ha perdido… no sé… lo he visto ahora que he venido a responder al comentario anterior… comentaba que la chaqueta de Cuben va bien, sí, pero entendiendo sus limitaciones o, dicho de otra forma, condiciones de uso. Según condiciones, va muy bien (con frío y viento, por ejemplo) pero hay que cuidar la ventilación y, si no hace frío ni viento, mucho más. Hace lo mismo que el chubasquero cutre pero pesando muy poco. En combinación con un paraguas, va muy bien y por sí sola tiene mucho potencial. Por el momento, es mi chaqueta impermeable titular para las grandes ocasiones.

      Del Cuben transpirable no tengo más que las referencias que comentan quienes lo han usado y parece que no son muy entusiastas: más pesado y no demasiado transpirable, es decir, más de lo mismo…

      Como capa intermedia uso forro polar normal fino, tipo Polartec 100. Como es más simple, combina mejor que los otros que mencionas y resulta también más ligero. El Power Dry ni siquiera lo he llegado a usar, no tengo nada hecho de ello. El Powerstretch sí lo uso y me gusta pero lo veo más como un combo base+media, por lo grueso que es y por lo bien que gestiona la humedad en contacto con la piel. Lo uso en invierno cuando hace más bien frío. Como capa intermedia en un sistema de 3 estaciones, sigo pensando que lo mejor es una capa especializada en hacer una sola cosa y hacerla muy bien; y para eso el forro polar clásico es estupendo: gestiona bien la humedad, es ligero, combina bien sobre una capa base y bajo una cortaviento y/o impermeable. Y, bajo ésta, se potencia su capacidad aislante, que es su función principal. Las otras opciones (Power Dry, etc.) creo que quedan parcialmente desaprovechadas en un sistema de capas… pueden ir muy bien en ciertas condiciones pero son menos polivalentes. Para flexibilidad máxima, prefiero el forro polar clásico.

      Un saludo

  2. Suso

    Nunca he usado chaquetas transpirables en las últimas travesías. Considero que no tiene mucho sentido aplastar una prenda y su membrana. debajo de la mochila mientras ésta se va mojando afuera.

    Uso una chaqueta-capelina Altus (recortada por mí en la zona de la falda) con mangas amplias y joroba preformada para la mochila. Si hace mucho viento o frío, o ambos a la vez, la uso como tercera capa contra el frío o capa cortavientos.

    Al ir apoyada sobre la parte superior de la mochila crea una buena cámara de aire que evita la condensación en la zona de los hombros y el cuello, y al estar recortada, ventila muy bien por la zona baja.

    En invierno, camiseta gruesa manga larga y polar de 200 gramos ( y Altus recortada). Gijón-Huelva.

    En verano, camiseta delgada manga larga y polar de 200 gramos (y Altus recortada). 2 Transpirenaicas sin asistencia.

    En la próxima travesía (de unos 1.000 km, GR 240+GR 247+ enlace Sierra de Baza) también emplearé estas tres prendas.

    • Viajarapie

      Hola Suso,

      Es una buena opción, aunque tiene sus inconvenientes y a mí nunca me ha acabado de convencer pero debo decir que no he usado algo estrictamente como lo que describes sino más largo (o sea, ponchos) y que una de las cosas que no me termina de gustar es la peor “maniobrabilidad”, si se me entiende la expresión, que te da un poncho sobre un conjunto chaqueta+pantalón. Según el terreno, importa más o menos. Pero entiendo que, siendo más corto, como lo que usas tú, ese inconveniente se queda en casi nada. Por otra parte, según condiciones, la ventilación puede ir en tu contra: en ciertas combinaciones de viento+frío, es más cómodo una chaqueta cerrada. De todas formas, la opción que describes tiene muchas ventajas y debo darle una oportunidad. De hecho, tengo un poncho corto (se vendía así) que compré justo para esto, a ver si lo saco a pasear. Gracias por el comentario y un saludo.

      • Suso

        Es más una chaqueta (amplia) con mangas que un poncho… parecido a una Kagul de hace 30 años, un trescuartos que yo he recortado y que complemento con un pantalón trans-imper muy ligero… (pero no tiene la amplitud de una capelina amplia sin mangas).

        Pero lo importante de todo ello es que lo uso tanto en invierno como en verano, es ligero, quita la lluvia, el frío y protege la mochila… y el cinturón de la misma, que suelo llevar con un montón de cosas que no deben mojarse… gps, localizador, móvil, pilas de recambio.

        Las chaquetas imper-trans pierden sus cualidades al presionarlas con el respaldo de la mochila, las hombreras, la cinta frontal, el cinto… y así, ¿por dónde respira el tronco? ¿de qué sirve la membrana?

        Un abrazo.

        • fernando

          kagul……………que recuerdos……….eres de mi quinta o más.

          Tenemos suerte en estos tiempos con tanto material a mano y no como antes que apenas habia variedad para protegerse del frio o la lluvia, aunque pensando detenidamente, lo que ha cambiado ha sido el tejido y no la prenda en sí. Bueno, no me enrollo. Gracias por la página y los consejos.

  3. Peter

    Estoy de acuerdo en separar la lluvia fina (o la niebla densa) y la lluvia espesa, y en lo de atreverse con algo impermeable. Pero, desde mi no muy amplia experiencia, la transpiración (que depende de la actividad física y de la temperatura) se aligera con prendas holgadas. Impermeable pero amplio. Los ponchos están bien si no hay viento, o si tienes que acabar acurrucado debajo de algo por la que cae. Pero si hace o puede hacer viento,o si hay matas o zarzas en el camino, no funciona bien. Si no me confundo, tu recomendabas un miniponcho y una falda de sinylon, ¿no? Yo me lo hice hace tiempo, y funciona muy bien. Apenas hay condensación, porque airea mucho, y el viento no te lo mueve demasiado porque el miniponcho lo puedes sujetar un poco con las manos y la falda (que no hace falta que tenga mucho vuelo) se pega a las piernas por el lado del viento y ya está.

    • Viajarapie

      lo del mini-poncho, tal cual comentado en este hilo, era idea de Suso. En mi caso, siempre que he usado un pocho, ha sido uno completo y, aunque le veo las ventajas, no me termina de convencer y ahora mismo estoy usando chaqueta convencional (en corte, al menos). Como contestaba a Suso, lo que contáis ambos sobre ese tipo de prenda es muy prometedor y la teoría es sólida, es algo que tengo que probar. Lo de la falda sí que lo uso, aunque la idea de este artículo estaba más centrada en el caso del torso, que es más complicado de gestionar que las piernas. De hecho, aunque la falda funciona, ahora mismo, para las piernas, lo que estoy haciendo es tirar por la calle de enmedio y, directamente, no hacer nada: dejar que se moje el pantalón (el normal de caminar) que lleve puesto y, como mucho, si espero mucha lluvia, cuidar de usar un pantalón que resulte cómodo cuando está mojado, con una capa de algún micro-forro polar en el interior; muy fino, para que no dé calor pero que resulte de tacto cómodo incluso mojado. Con eso, me está yendo muy bien, incluso en condiciones de frío y viento. Por lo demás, la teoría sobre maximizar impermeabilidad o transpiración vale igual para las piernas.

      Un saludo

  4. Jose Ignacio

    Utilizo habitualmente un sistema muy parecido, chubasquero y pantalón del mismo material que indicas en la foto, y por dentro camiseta y pantalón del tip “térmico”, aunque realmente no lo sea, todo ello del “Decartón”, todo ello por unos 24 e. y aguantado de todo.

  5. Julia

    Hola viajar a pie, ese chusbasquero tan fino y transparente de donde lo has sacado?¿sera super caro verdad? gracias

    • Viajarapie

      Es el modelo CloudCover de la marca Zpacks. Te pondría un enlace pero es que ya no existe. La chaqueta que hacen ahora es esta otra:

      zpacks.com/accessori…

      Que es de un material diferente. Para que te hagas una idea, el poncho que hace esa misma marca sí que es igual que mi chaqueta en cuanto a material de construcción (pero es un poncho, claro):

      zpacks.com/accessori…

      La chaqueta es de diseño muy simple y lo que la hacía un poco cara es el material de base, que es caro de por sí. No recuerdo cuánto costó pero puedes hacerte una idea viendo el poncho ese que enlazo, son $175. Sobre si eso es caro o no, a juicio de cada cual 🙂

      Un saludo

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