Inicio: Fort William
Fin: A’Chuil
Distancia: 35 km

Fauna: auténtica garrapata escocesa

“Entra ud. en zonas remotas. Ha de estar preparado” O algo así dice el cartel a la entrada de la pista de Gleann Fionnlighe. Sonaría más atractivo que intimidante si fuera alguna hora temprana de la mañana de un día soleado pero no tanto cuando ya es media tarde y el pronóstico del tiempo inminente es malo. Camino hacia esa explosiva combinación de monte a través, mal tiempo y prisa

Take care

La prisa es culpa del mal tiempo; o, mejor dicho, es culpa mía como respuesta al mal tiempo: El bothy en A’Chuil es demasiado atractivo como para no hacer un esfuerzo físico adicional y, de paso, me auto-justifico, ir sumando superávit kilométrico, que ya vendrán días en los que no habrá más remedio que restar.

Así que el objetivo para mi primer día en ruta es caminar sin tregua para llegar a un refugio y evitar meterme en fregados incómodos nada más empezar. Acampar con mal tiempo (y más en un sitio tan expuesto como Escocia) es duro pero lo peor suele ser levantarse a la mañana siguiente en medio del temporal y empezar el día con todo ya empapado.

Es decir: el desafío psicológico empieza con una retirada en toda regla a la seguridad del refugio. Qué irónico, ¿no?

Con todo, A’Chuil es parte de la ruta y no supone ninguna renuncia. Me auto-justifico, de nuevo. Y me reconozco que una introducción gradual a las dificultades es algo razonable.

El día empieza muy temprano, por las calles de Glasgow, primero, y el ya tradicional viaje en autobús por Loch Lomond y South-Western Highland hasta Fort William, después. El ferry (barquito) de Camusnagaul, necesario para cruzar al otro lado de Loch Lihne, tiene horarios fijos pero, por lo que veo, no los cumple a rajatabla. En este caso, para bien, porque se hace un viaje extra fuera de programa para las dos personas que esperábamos en el embarcadero y eso me permite ganar casi una hora al crono. Será importante.

Loch Lihne y el ferry de Camusnagaul

Son 35 km. aproximadamente hasta A’chuil; algo sencillo en terreno “normal” y empezando pronto pero ni las highlands son un sitio normal ni mediodía es “pronto”. Procuro no volverme loco y me limito a disfrutar del kilométrico paseo por la carreteruca de la orilla sur de Loch Eil y la luz de un soleado día de primavera en las altas latitudes. Muy bonito.

Loch Eil y la carretera que es el tramo inicial de la ruta a Cape Wrath. Ben Nevis, al fondo

Hago mi primera parada casi 20 km. después, en la entrada a Gleann Fionnlighe, y una rápida evaluación me da positivo: aún tengo tiempo de llegar al bothy.

Remontar el valle es sencillo. La prueba de verdad empieza cuando se acaban los caminos y me encuentro en ese sitio remoto que aunciaba el cartel mientras el tiempo se deteriora en forma de manto gris-oscuro que empieza a cubrirlo todo. Aquí está la batalla interior: un collado, para bajar a Gleann Camgharaidh; valle arriba, remontar laderas para cruzar a otro valle, Gleann Cuirnean, bajar por él hasta su confluencia con Glen Pean; todo ello, campo a través en el desolado ambiente típicamente local, entre el cansancio físico y la urgencia psicológica de que se hace tarde y que la cosa se pone fea.

Llego a Glen Pean cuando ya chispea. La valla que encierra el bosque obliga a un tramo por una zona absurdamente difícil para caminar, totalmente encharcada hasta el punto de que resulta difícil salir de allí: el suelo no es suelo de verdad y es incierto cuánto puede cubrir en los charcos más profundos… ¿una persona entera? Probablemente… parece un videojuego de obstáculos y respiro aliviado cuando llego a “tierra firme”.

Glean Pean y Loch Arkaig

Strathan, final de la carretera de Loch Arkaig y algunos edificios aislados. No es del todo una vuelta a la civilización urbana pero las dificultades orográficas se pueden dar por terminadas, por hoy, porque casi todo lo que falta es por una amplia pista, continuación de la carretera de Loch Arkaig. Las dificultades atmosféricas toman el lugar: ya no chispea, llueve, pero lo peor es mi cansancio: llevo 9 horas caminando con sólo 15 min. de descanso.

Llego a A’Chuil en penumbras, mojado, congelado y muy cansado. A pesar del cierto grado de renuncia que supone pernoctar bajo techo, en cierto modo, lo considero una victoria moral, casi más que física, por haber llegado hasta aquí y haber mantenido la calma en los momentos tensos.

A’Chuil

Hay un grupo en el bothy y, poco después, llegará otro más. No me molesto demasiado en ponerme cómodo, aunque no lo estoy, pero sólo puedo pensar en meterme en el saco. El ambiente es frío y desapacible al más puro estilo local pero me relajo pensando sólo en descansar y en que mañana será otro día.

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