Viajar a pie

Caminar para viajar. El mundo a escala humana

Día 4: La gloria tendrá que esperar

Inicio: Ratagan (Shiel Bridge)
Fin: Glen Ling
Distancia: 32 km

Bucólico día 4

Llegar a Shiel Bridge es un hito que marca una tregua: la parte más difícil de la travesía de Knoydart queda atrás y el terreno que viene a continuación es más sencillo. La sensación más presente es la de alivio, por encima de la de logro. No ha ido mal y he conseguido mantener la compostura anímica pero el haber recurrido continuamente a los refugios me deja la duda de cómo me habría sentido de no haberlos habido. Es la peor parte del juego interior: no saber qué hubiera pasado de haber tomado la opción más real.

Amanece despejado en Ratagan. No sólo despejado sino de un cielo azul radical, en una mañana fría y preciosa a orillas de Loch Duich.

El cielo azul también es posible en Escocia. Albergue en Ratagan

Cielo azul, tiempo en calma y terreno relativamente sencillo por delante. Por primera vez desde el inicio del viaje, puedo relajarme y eso está muy bien pero nada más ponerme en marcha noto que los excesos físicos de los días anteriores empiezan a pasar factura: el síntoma más evidente es un molesto dolor en el empeine del pie derecho; alguno de los tendones que tira hacia arriba de los dedos ha tenido que trabajar demasiado y se resiente.

Vaya por delante que yo no suelo tener problemas en los pies ni lo considero un gaje necesario del oficio. Aunque el esfuerzo sea grande. En este caso, ha sido excesivo, incluso para mis elevados estándares de exigencia.

Lo interesante del caso es la retroalimentación entre físico y psique: mi cuerpo está cansado; mi pie, dolorido. Y mi moral lo acusa.

Camino relajado pero con un cierto peso que, como digo, no es físico y no puedo explicar más que por el mencionado efecto. No es tanto el dolor o el cansancio, es la depresión moral que me causan. No es que camine cabizbajo pero me encuentro lejos de la euforia y energía infinita que suele traer el subidón de saberse y sentirse fuerte y a salvo de problemas. Estoy a salvo pero me siento vulnerable.

El camino de hoy es mucho más asequible que el de los días anteriores; no hay que subir muy alto ni transitar por sitios demasiado remotos y casi todo lo que espero poder recorrer es por senderos de buena calidad. Desde Loch Duich, hay que remontar Strath Croe, cruzar las (modestas) alturas en Bealach na Sroine y bajar por Falls of Glomach a Glen Elchaig. Descender el glen y, después, y si da tiempo, enlazar con Glen Ling para volver a subir. Strath Croe está habitado hasta bastante arriba y Glen Elchaig, también. La ruta que los une por Bealach na Sroine sólo sube a 500 metros y es el acceso principal a Falls of Glomach, una visita popular por su espectacular cascada, así que los senderos son de buena calidad y se pueden seguir sin problemas en caso de visibilidad escasa. En todo caso, Bealach na Sroine es amplio y expuesto. En conjunto, se trata de una zona de transición entre Knoydart y Torridon en la que la franja costera tiene una orografía menos extrema y hay más habitación humana e infraestructuras.

Todo muy favorable pero, sin embargo, no hay sitio para la euforia.

Strath Croe es muy agradable para caminar, a pesar de los varios kilómetros por asfalto, pero no hay apenas tráfico. Las montañas de Kintail lucen espléndidas, tanto por su porte como por sus cumbres nevadas bajo el sol radiante. La luz es espectacular y tengo ocasión de sacar alguna foto en la que no sale todo oscuro y medio borroso.

Strath Croe

Cuando el valle se estrecha, una amplia mancha de bosque, tan apreciado como escaso en las tierras altas, ofrece abrigo emocional. Al emerger del bosque, el cielo ya se ha empezado a cubrir.

Qué poco duran las treguas en el noroeste de Escocia… el cielo azul de esta mañana y la calma que lo acompañaba parecían sólidos pero un manto de nubes avanza desde el suroeste y ya ha convertido el cielo en un gris uniforme. Camino del collado, empieza a chispear.

Bealach na Sroine no es un collado claro entre dos valles sino, más bien, un acceso a los páramos de altura -a las tierras altas de verdad. De ahí su alto grado de exposición, que se deja notar en lo emocional pero también en lo físico. Apenas llueve y el viento es flojo pero el lugar se percibe como inhóspito.

Muy bonito, también: extensiones marrones, vacías, en todo el horizonte visible, con cumbres nevadas de fondo.

Extensiones marrones vacías en todo el horizonte visible. Cumbres nevadas de fondo

Sin salir de los páramos de altura, corto y empinado descenso hasta el cauce de Allt a’Ghlomaich -un pequeño río, a estas alturas-, justo en el punto en el que se desploma por una garganta, formando una gran cascada. La garganta es una profunda hendidura que comunica la tierra alta con el valle -Glen Elchaig- que ha sido aprovechada para trazar un aéreo sendero.

Falls of Glomach

El sendero tiene la anchura de un pie y medio y hace un flanqueo de vértigo por una ladera empinadísima donde una caída sería fatal. Da mucho respeto pero éste es el tipo de dificultad a la que un montañero de la tierra media está acostumbrado. Por fin, el sendero baja al fondo de la garganta y emerge en Glen Elchaig.

Aéreo sendero. Prohibido caerse

Glen Elchaig es especialmente bonito. Lo recuerdo bien del viaje de 2005: amplio pero, a la vez, flanqueado por paredones de una verticalidad continuada a lo largo de su longitud. Recuerdo también el alivio psicológico que resultó caminar por este valle y hoy repito la sensación: es un valle largo, protegido y, por si fuera poco, tiene una pista de grava que garantiza pies secos durante bastantes kilómetros. Todo un lujo, en las highlands. Al contrario de lo habitual en el terreno a lo largo de esta ruta, Glen Elchaig es un sitio acogedor y me ayuda a sentirme relajado. Sólo tengo que preocuparme de caminar y mirar el paisaje.

Glen Elchaig

El tiempo atmosférico ayuda a medias porque no llueve ni hace mucho viento o frío pero se mantiene amenazante, al más puro estilo local. Es buen tiempo para caminar pero para nada más. Parar a descansar o a comer es un imperativo porque hay que descansar y comer pero lo hago lo mínimo posible. Avanzada la tarde, celebro el segundo intermedio del día y acaba siendo tan corto como el primero porque enseguida me quedo tieso.

La pista de Glen Elchaich se convierte en carreterilla un poco antes de llegar a la confluencia con Glen Ling, pasa por la aldea de Killilan, poco más que una granja sobredimensionada, y casi alcanza el nivel del mar en la confluencia entre los ríos Ling y Elchaig. Killilan parece emerger de la era post-nuclear, está todo quieto y no se ve a nadie. Casi me alegro cuando aparece un tipo pedorreando en un chisme de estos que parecen un cruce entre una moto y un tractor. Hasta me sonríe al pasar y me siento algo acompañado.

En la entrada a Glen Ling, hay una hacienda de formato típicamente escocés, con casona señorial, bosquete de árboles surtidos y edificios de uso granjero. Me cruzo con un ciervo, primero, que huye, y con un trabajador de la granja, después, que me llama. Me sentía un poco incómodo por estar cruzando entre los edificios pero es que el camino público iba por ahí. El granjero no quería echarme la bronca, al contrario… me vio las pintas y me despachó con instrucciones precisas sobre el camino que tenía que seguir por el glen y sobre posibles sitios donde acampar.

¡Acampar! He esperado hasta el cuarto día para hacer una de las cosas que más me gusta y para la que Escocia es terreno libre pero, a la vez, complicado: a pesar de que, a la vista de un mapa, todo el territorio parece universalmente acampable -salvo las laderas, claro está-, es difícil encontrar terreno seco y es precisamente en las zonas llanas donde más anegado suele estar. Por eso, la información del granjero me es muy útil para saber qué esperar.

Glen Ling es típicamente inhóspito: un valle poco marcado, flanqueado por montañas notables sólo en un lado y por simples colinas con apariencia de páramo desolado en el otro. Serán esas colinas las que tendré que atravesar para salir del glen y, así, cambiar de región: al otro lado están Loch Carron y las montañas de Torridon.

Glen Ling

Me daría tiempo para cruzar hoy mismo pero el granjero me ha desrecomendado intentar acampar por ahí arriba, “too boggy” (enfangado) así que me acomodo en una praderita seca junto al río Ling y busco un abrigo inexistente para intentar plantar la tienda en el sitio menos ventoso. La pradera no está enfangada porque tiene canales de drenaje. Probablemente, artificiales. Más probablemente, aquí habrá habido en tiempos pasados algún edificio del que ya no quedan ni restos. Así funcionan habitualmente las cosas en las highlands: si quieres terreno firme, hace falta drenar.

Campamento en Glen Ling

El ambiente oscuro y desapacible no invita a la euforia. No siento ninguna. Más bien, me siento resignado a sobrellevar un ánimo de circunstancias ante unas condiciones más deprimentes que difíciles. Al menos, en la tienda me siento seguro: es muy sólida si está bien orientada y el viento está evidentemente canalizado por la orografía del valle, no va a cambiar de dirección. Dentro, se está bien. La gloria tendrá que esperar.

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1 Comentario

  1. Manuel

    Un placer volver a leerte. Gracias por dar a conocer el proyecto as tuccas, me gusta saber que aqui también se esta empezando la fabricación UL y que hay ganas de hacer cosas. Por otra parte comentarte que por tu culpa empecé a coser, y estoy fabricando framebags y otras bolsas para la bici,…, en proyecto un tienda-tarp.
    Respecto al relato, … me parece muy humano, genial y sencillo. Espero la continuación, siempre gracias por compartir.
    Manuel.

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