Inicio: Strathchailleag
Fin: Kearvaig
Distancia: 20 km

Hacia el cabo

Para completar la experiencia turbera, me levanto con un viaje hasta el banco, armado de pala y carretilla para cortar unos dados, ponerlos a cubierto y reponer, así, y con creces, lo que quemamos anoche.

Turba recién cortada

Es muy curioso esto de la turba… se podría describir, gráficamente, como una especie de barro consistente mezclado con raíces, color chocolate sin leche. Una vez secos, sin embargo, los trozos de turba toman un aspecto más próximo al carbón y se queman razonablemente bien, dejando un agradable aroma dulzón en el ambiente.

Turba seca

Después de la inestabilidad de ayer tarde, mi miedo escénico residente había estado ayudando a mi cabeza a construir historias catastróficas sobre la que iba a ser última jornada: podría haber niebla y no vería ni el faro… quizá lluvia horizontal o, ya puestos, una galerna atlántica. Todas ellas, sin duda, posibilidades dentro del amplio abanico de la meteorología escocesa pero nada de lo que preocuparse, siquiera porque, en Escocia, no puedes estar permanentemente preocupado por el tiempo que va a hacer, ¡no vivirías! Mi compañero de bothy me ayudó a entender lo evidente; en parte, porque estuvimos hablando de muchas otras cosas que distrajeron a mi miedo escénico y, en otra parte, porque, al ser Robert nativo del lugar, hablaba de él con la naturalidad de quien está acostumbrado a lo que allí sucede, incluida la meteorología. Su visión le da al noroeste de Escocia una imagen de normalidad que me ayuda mucho a entenderlo así yo mismo.

Por la mañana, nada de catástrofes: tiempo tranquilo y mayormente soleado.

Y parece que, por fin, he encontrado un pequeño punto de equilibrio: afronto el día con cierta confianza; sin agobios pero también sin resignación. Desde luego, ayuda que sea el último día, que no haya más y, por supuesto, ayuda que el tiempo se esté portando bien.

Vuelvo por donde vine para retornar a la costa. Travesía del habitual y conocido cenagal perpetuo pero, una vez sobre el mar, el piso es, efectivamente, mucho más seco que de costumbre, y así se mantiene, salvo excepciones.

Cape Wrath se ve a lo lejos. No hay lugar a dudas: se distingue, diminuta aún, la torre del faro. Ver in situ lo que queda por andar ayuda a ir por el objetivo y suele contribuir positivamente a la moral, salvo en casos de expectativas equivocadas, que no es mi caso hoy. Sin lugar a dudas, ver mi objetivo me ayuda a ir por él.

Día espléndido para llegar a Cape Wrath. Allí, al fondo

La costa es acantilada y las paredes llegan a ser muy altas; espectaculares, allá donde la ruta se acerca lo suficiente. Esta es, definitivamente, una etapa muy diferente de todas las demás.

Acantilados espectaculares

Algunas vaguadas profundas ponen las únicas dificultades objetivas del día. Puedo imaginar esta sección como realmente difícil en malas condiciones meteorológicas porque el grado de exposición es muy alto pero hoy, por fin, Escocia está siendo benévola conmigo y me regala un final de ruta tranquilo. Paro a descansar en un espectacular mirador sobre acantilados verticales y hay muchísimas aves por todos los sitios: en sus nidos, en el aire y en el agua. No me encontraré con nadie más en todo el día.

La llegada al cabo deviene en la llegada al faro. Se ve más éste que aquel. La sensación de lugar remoto, de todas formas, queda anulada un rato antes cuando, tras todas estas horas de campo a través, desembocas en la amplia pista de grava que une Cape Wrath con el canal de Durness y, de repente, sientes que se ha acabado el viaje tal cual estaba ideado. Ya no hay unas Hihglands inhóspitas que cruzar, sólo queda un trozo de pista de grava. Aún así, tiene su punto épico: tras un recodo, el faro del fin del mundo:

El faro en Cape Wrath

Es bonito llegar a un sitio que es, necesariamente, un final: tras casi dos semanas caminando hacia el norte, ya no hay más norte hacia el que caminar. Realidad física a nivel planetario: la siguiente tierra disponible en esa dirección está en Siberia. Girando la cabeza un poco hacia la izquierda, puedo apuntar a Islandia, Groenlandia y América. Definitivamente, Cape Wrath es un final.

Por fin, en Cape Wrath. Ya no hay nada más

La ruta emocional acaba aquí pero la física, no: hay que salir de Cape Wrath. Es media tarde del jueves y tengo tiempo de seguir viaje andando. Mi viaje físico acabará en Durness, la población más cercana, aunque no llegaré allí hasta el día siguiente. En medio, una última noche en el sendero en el lugar más paradisiaco posible: la ensenada de Kearvaig donde, en esta época del año, se puede ver la puesta de sol.

Atardecer en Kearvaig

Series Navigation<< Día 12: Porque ya queda pocoDía 14: Epílogo >>