Inicio: Ullapool
Fin: Duag Bridge (The Schoolhouse)
Distancia: 27 km

Llegar a Ullapool en 7 días habría estado más allá de la mejor previsión, si hubiera tenido alguna. El esfuerzo ha sido grande y no me ha salido gratis pero los daños físicos son menores y, emocionalmente, me siento relajado y con cierta sensación de logro. Es decir, bien.

Ullapool, la “gran urbe” de las tierras altas occidentales, no pasa de ser un pueblín pero, a diferencia de todo lo que he encontrado desde el inicio en Fort William, tiene un cierto casco urbano y algunos servicios. El puerto es muy bonito, con sus barcos pesqueros del mismo blanco mate que el propio núcleo urbano.

Oscuro Ullapool

Loch Broom es relativamente amplio y absolutamente oscuro; al menos, hoy. No es un día luminoso.

Emocionalmente, es un día de proyecto tranquilo: la ruta será fácil, toda ella por pista o sendero amplio, con un par de bothies por el camino. Acompaña perfectamente a mi propio estado mental: después de la tensión y el desgaste de las jornadas anteriores y del importante progreso conseguido, me siento relajado.

Madrugo por inercia y porque en estas latitutes y época se hace de día a las 5. Me sobra tiempo porque tengo que esperar a que abran las tiendas para intentar conseguir una cámara nueva. No es fácil; al final, encuentro una en una tienda de “varios” que sólo tiene un modelo que resulta ser de batería recargable: no muy buena idea si no vas a tener un enchufe a mano durante días pero no hay otra cosa. Me deshago de la cámara estropeada enviándola a casa por correo y aprovecho para enviar también los mapas usados. Echando lastre.

Con todos los deberes hechos, salgo de Ullapool a media mañana.

La ruta se aleja del mar para volver a las tierras altas remontando Glen Achall. Hoy va a ser todo fácil, tiene que serlo: toda la ruta es por pistas o sendas, no se pasa por ningún sitio especialmente expuesto, hay un bothy junto al mismo sendero y otro, más adelante, en el que, por distancia y hora de partida, podría dar el día por terminado. He acumulado tanto superavit que puedo plantear con calma el resto del viaje y el tiempo, el atmosférico, ese gran factor, aunque está revuelto -como casi siempre- tiene una previsión a mejorar, tal cual me anunció sonriente el responsable del albergue esta mañana.

Todo está a mi favor, objetivamente, pero mi estado anímico no es muy eufórico. Lo podría definir como sereno-cansado-resignado. Y me refiero a un cansancio emocional -físicamente, estoy bien.

No tengo una explicación objetiva clara. He pasado por penurias en muchas ocasiones y, normalmente, una vez pasadas, el péndulo emocional bascula hacia un estado de paz interior, cuando no euforia. No parece ser así esta vez. Quizá sea, una vez más, a causa de la meteorología, que no descansa… no llueve pero no basta con que no llueva para ser opresivo: hace frío pero, sobre todo, viento, mucho viento, y las nubes no son de las que decoran el cielo sino más bien de las que lo oscurecen y dejan una luz mortecina que hace que hasta las fotos me salgan borrosas. Como mi ánimo.

Objetivamente, Glen Achall no puede ser más secillo: una pista amplia de grava, apta para vehiculos y que sirve de acceso a un par de haciendas. La última de ellas, al final del glen. Una vez allí, la pista baja varias categorías en calidad -a la vez que supera un talud en su camino hacia las tierras altas- pero sigue siendo cómoda para caminar.

Loch Achall

Ha empezado a llover pero lo peor sigue siendo el viento. Aún así, llevo el paraguas abierto como refugio casi más moral que físico. Aprovechando el pequeño ascenso y la vista atrás panorámica sobre Glen Achall, intento sacar una foto y cacharreo con el paraguas para que no se me moje la segunda cámara de este viaje. Un sonoro “clack” y una varilla colgando anuncian lo evidente: que el viento era demasiado fuerte para estas frivolidades.

¡Segunda víctima de este viaje!

¿Qué más se puede romper?

Mantener la integridad de mi equipo es moralmente importante. Es una medida de mi éxito en la gestión del viaje. Si algo se rompe por accidente o fatalidad, no pasa nada, por supuesto, pero, si algo se rompe por mi mala gestión, es una medida de mi fracaso. En esta ruta, ya se han roto dos cosas. Escocia está pudiendo conmigo.

La pista asciende suavemente por la ladera norte del glen. Al otro lado, desemboca el valle lateral por el que habría venido hasta aquí en el caso de no visitar Ullapool: un itinerario atractivo, campo a través y con un vadeo delicado. Hoy, lo veo con espanto. La sensación es de “menos mal que no he ido por ahí”

Es difícil de explicar porque yo tampoco me lo explico. Recuerdo el cielo nublado, oscuro; la lluvia, intermitente y fina, y el viento, racheado y frío. No parece un panorama muy catastrófico y, desde el sillón, me cuesta entender o simplemente aceptar lo intimidado que me sentía. Miedo escénico alimentado por un ambiente poco acogedor.

Al menos, en esta ocasión no camino hacia la perdición: cerca del punto más alto (que tampoco lo es mucho), el bothy de Knockdamph es un alivio. Algo tiene este viento que, con sólo ponerse a cubierto de él, se siente uno mucho mejor. En buena parte, creo que pesa mucho el hecho de que no haya abrigos naturales y el terreno sea tan expuesto: no hay forma de escapar del viento.

Al contrario de lo habitual hasta ahora, Knockdamph está concurrido. Es curioso que varias de las personas con las que converso comparten similares sensaciones a las mías respecto al tiempo y a lo que significa estar ahí fuera y esto me hace sentirme acompañado -en el sentimiento. Me compadecen cuando digo que no me voy a quedar y que, cuando se me haya pasado el susto y haya comido algo, continúo… hasta otro bothy un par de horas más allá, ¡tampoco necesito arriesgar! Pero apetece realmente poco salir.

Knockdamph y Loch an Daimh

También debo decir que, al mismo tiempo, había por allí un par de guías con un grupo de chavales que estaban preparándose para acampar en el páramo, cerca del bothy, aparentemente poco preocupados por el ambiente. Está claro que (casi) todo está en la cabeza.

Salgo con resignación pero sabiendo que Duag Bridge y su bothy están cerca. Cuesta abajo es emocionalmente más fácil: caminar hacia un valle, aunque sea poco profundo, da sensación de refugio.

Por breves momentos, se abre algún pequeño hueco entre las nubes y hasta entra algo de luz pero lo que más moral da es llegar al bothy, entrar y cerrar la puerta. Estar al abrigo del viento, eso es todo lo que quiero en este mundo.

Un poco de luz, por fin

En contraste con las “multitudes” de Knockdamph, no hay nadie más en The Schoolhouse -el nombre viene de que el edificio era una antigua escuela. No ha sido un día nada épico pero, a estas alturas, siento que ya sólo aspiro a llegar al cabo. Como sea.

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