La ruta a Cape Wrath no es para cualquiera. La realidad física del noroeste escocés es inhóspita, severa, muy exigente; tanto para el físico como para la mente y, honestamente, no sabría decir para cuál de las dos lo es más. Siento una profunda admiración para la gente acostumbrada a caminar en este entorno y capaz de sentirse cómoda en él, ¡no es mi caso! Lo he intentado, asumiendo que esta vez sí contaba con las habilidades requeridas, y sólo he conseguido retrasar el momento en el que mi mente dijo “basta”. Llegué a Cape Wrath a rastras, con más pena que épica, pírrica victoria para la derrota moral de no haber sido capaz de mantener la compostura. ¡Menos mal que aquí no se trata de ganar o perder! O, al menos, no como se nos vende que debemos entender la victoria o la derrota en este inhumano mundo moderno. Caminar hacia Cape Wrath es victoria segura: pase lo que pase, llegues como llegues, o incluso si no llegas, habrás aprendido muchas cosas por el camino y esa será tu victoria. El resto, no importa.

Viajar a pie te hace feliz