Inicio: Bellingham
Fin: Byrness
Distancia: 26 km

Acabado el sistema Penino, el terreno al norte de Bellingham es una sucesión de páramos ondulados, territorio de horizontes amplios y presencia humana poco perceptible. No voy a decir “poca” presencia humana porque esto no deja de ser Inglaterra pero aquí, en el norte, quizá por primera vez en esta ruta, hay sensación de vacío.

El día 11 está llamado a ser sencillo y de transición hacia el tramo final en los montes Cheviot. Para colaborar en el ambiente bucólico, el tiempo está tranquilo y, a ratos, hasta soleado.

Día luminoso en el norte de Inglaterra

La ruta cruza varias granjas con sus prados de un verde extremo. No hay camino pero, de cuando en cuando, la bellota blanca nos recuerda que sigue siendo por ahí:

La ruta penina cruzando prados

El último prado da paso al páramo estricto y al cierto punto de emoción que implica meterse en ese terreno, máxime en este caso, con un horizonte amplio y sin un objetivo visible y claro hacia el que ir. No habrá un punto pero ¡sí una dirección! En estas circunstancias, se hace más presente, si cabe, la sensación de estar viajando por el territorio.

Transición del prado al páramo

Probablemente, la mayor extensión ininterrumpida de páramo en todo el Pennine Way. El tiempo se comporta bastante bien y, así, con buena visibilidad y sin prisas, es sencillo seguir la ruta. Pies mojados, por supuesto, aunque este páramo no es de los peores (aún…). Se camina bastante bien.

Travesías a la escocesa en el norte de Inglaterra

El páramo no es un sitio luminoso, con sus tonos ocres. En cuanto no da el sol directo, las fotos salen oscuras y borrosas: la cámara compacta no da para más. Me gusta, a pesar de todo, ésta del poste indicador que envía senderistas hacia el horizonte:

The Pennine Way

El Pennine Way se acerca a un bosque y parece que el resto del día va a ser coser y cantar pero he aquí que faltaba cruzar el mayor fangal de todo el viaje. Con mucho: más de 2 kms. ininterrumpidos metiendo los pies en el barro hasta el tobillo. Es, simplemente, otra forma de caminar.

Hundir los pies en el fangal

Curiosamente, la parte más social de mi viaje empieza aquí, a dos patadas de Escocia: me voy cruzando, según unos u otros paramos para descansar, con hasta otras 4 personas con mochila grande, es decir, viajeros de largo recorrido. Con la novedad, me doy cuenta de lo introvertido que había resultado este viaje hasta ahora y me alegro de poder compartir impresiones con compañeros de ruta.

El camino se mete en el bosque para acabar desembocando en una pista cuya compañía ya no abandonará. El resto del día, ahora sí, es un trámite sin preocupaciones: sólo caminar.

Bosque y pista seca

Byrness es un lugar minúsculo: unas pocas casas con pinta de barracón y es que, efectivamente, eran algo así: barracones que alojaban a los trabajadores que construyeron una presa cercana, hoy día reconvertidos para otros usos. Aunque la literatura anuncia un albergue, ya no existe. En su lugar, algo parecido: alojamiento para caminantes.

Walkers Accomodation

Si, además, eres caminante con tienda propia, la puedes montar en el jardín:

El Littlestar ya me queda “niquelado”

Coincido aquí con dos de mis compañeros de ruta y tenemos una velada agradable aunque yo me voy a dormir el primero: mañana, hay que madrugar. Ya sólo quedan los Cheviots.

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