Inicio: Hawes
Fin: Tan Hill
Distancia: 28 km

El día 6 amanece más o menos donde lo dejó el 5: tiempo gris-oscuro y lluvia. Cómo puedo expresar lo poco que me apetecía salir ahí fuera… es en momentos así en los que hace falta tomar el camino de piedras y seguir adelante. A ser posible, con buen ánimo. Ya que hay que seguir caminando, mejor hacerlo con buen ánimo.

Día oscuro en Yorkshire

Desde Hawes, el PW asciende Great Shunner Fell. El nombre ya suena intimidante y, además, es la mayor altitud hasta la fecha, la primera por encima de la barrera psicológica de los 700 metros. 716, nada menos. El mapa marca un buen sendero: es la única buena noticia.

La lluvia está que si sí, que si no, en una de esas situaciones en las que no sabes si ponerte la ropa impermeable o no; elegir entre mojarte más por fuera y menos por dentro o al revés… pero mojarte, al fin y al cabo. Elegir entre susto o muerte (es un decir…)

Hacia Great Shunner Fell

Todo es una nube. Lo es ya desde el valle y más, si cabe, según se gana altitud. Otro día que no voy a ver nada pero, a estas alturas, me conformo con que el sendero sea fácil de seguir y no tenga que sumar al ambiente desapacible el no tener claro por dónde ir.

Me voy tranquilizando según compruebo que, efectivamente, la orientación no va a ser problema. Great Shunner Fell es bastante pantanoso y el sendero está frecuentemente enlosado, lo que viene fantásticamente bien en la niebla. Sin más novedad y en medio de un ambiente evocadoramente desolador, llego a la cima, cosa que sé por el altímetro y, sobre todo, porque hay un murete que sirve de abrigo y, como efecto lateral, para aclarar que estás en la cima.

Great Shunner Fell

El descenso es rápido. Empiezo a dejar de sentirme como el único habitante del planeta cuando comienzo a oír ovejas y, poco después, a verlas, según salgo de la niebla, o algo así, porque la nube, más que desaparecer, a partir de cierta altitud, se queda en neblina difusa.

Abajo, en el valle, paso por Thwaite, otro de estos pueblines extremadamente rurales a los que se llega por una carreteruca. Entre la visibilidad escasa y la visión de túnel que da el mapa, Thwaite aparece como un lugar relativamente aislado. A mis ojos, eso le aporta encanto.

Hay un café en el que no dudo en meterme de cabeza. Me hubiera gustado más un pub y una comida más contundente que la que ofrece el café pero sólo el estar en un sitio seco y caliente durante un rato ya es un valor.

Thwaite

Salir del café rememora la situación de esta mañana (no quiero ir… con lo bien que se está aquí…) pero cuesta menos trabajo. El día, a estas alturas, está ya medio rodado.

Thwaite queda atrás y casi se confunde entre la neblina. La imagen es bonita.

Thwaite, en perspectiva

El tramo entre Thwaite y el siguiente pueblo, Keld, es corto y muy interesante. El sendero sube a una ladera para recorrerla casi en horizontal a lo largo de un valle inusualmente estrecho. Me recuerda un poco a los valles cantábricos.

Al llegar a Keld, el ambiente se ha despejado un poco y hay más visibilidad. Keld está en una especie de alto, algo que no había visto hasta ahora en Inglaterra, donde los pueblos tienden a estar siempre en el valle. Aquí, el fondo de valle es muy estrecho y han subido el pueblo a una pequeña loma.

Keld

No me entretengo mucho en Keld porque el descanso ya me lo había tomado en el pueblo anterior y porque, ahora, además, tengo ya claro un destino para hoy que me suena atractivo y me motiva a continuar: Tan Hill.

Tan Hill es un páramo sin más historia en el mundo de los páramos salvo porque por allí pasa el Pennine Way, también una carretera y… que hay un pub. Que no es sólo un bar, responde más bien al concepto clásico de posada para el viajero. Pues ¡perfecto! Yo soy un viajero y el día está como para meterse en una posada.

Tan Hill Inn se anuncia como el pub más alto de Inglaterra a 530 metros. Esto, aquí, es muy alto. Explota su localización “extrema” como reclamo y, adicionalmente, en lo que al Pennine Way respecta, es, aproximadamente, el punto medio. Quien recorre el PW, pasa por Tan Hill y, muy probablemente, la mayoría entran a ver qué tal, por lo menos. Yo tengo clara la alineación de planetas de hoy: Tan Hill me coincide con el final del día y hace un tiempo muy duro así que tengo la situación perfecta para sentirme legitimado para quedarme allí esta noche.

Con este ilusionante plan, salgo de Keld hacia los páramos. Enseguida noto un cambio de escenario: el camino degenera mucho, hasta el punto de que apenas se distingue y, sin llegar a ser fangoso, tiene mucho barro y agua. No sé si será coyuntural o cuánto durará pero esto ya se va pareciendo a lo que recordaba de las rutas escocesas.

Con fango y sin camino. ¡Por fin!

La orientación no plantea problema aún. En cualquier caso, la ruta va paralela a la carreteruca que sube desde Keld, de la que sólo me separan una vaguada y unos pocos cientos de metros. La cosa se pone algo más fea en la parte alta de los páramos, donde el relieve es más suave y hay más niebla pero es entonces cuando el no-camino desemboca en una amplia pista. Al poco, al fondo, y en un momento en el que se despeja un poco, aparece el edificio, apenas visible aquí debajo:

Un faro en el páramo

La temperatura ha bajado mucho y aquí arriba hace mucho viento. Unido a la niebla, el ambiente es de lo más hostil. No puedo esperar a recorrer esos últimos metros y meterme dentro.

Tan Hill Inn

Es jueves y vengo a las bravas, no quiero ni pensar que pueda no haber sitio… se puede acampar al lado pero ni para solamente dormir me apetecería estar aquí fuera…

Entro directamente a un salón de pub, todo de madera, oscuro y con chimenea encendida, ¡es el paraíso en una situación así! Además, hay un ambientazo a cuenta de un grupo de ciclistas, participantes en una carrera benéfica. Como la prueba no es competitiva, no necesitan cuidarse mucho así que corren las cervezas, suena la música y todo el mundo está muy contento.

Tan Hill Inn

Tan Hill Inn es como un refugio de montaña. Con más comodidades que los refugios estrictos pero compartiendo con ellos el ambiente especial que se crea cuando afuera el ambiente es hostil y dentro se está tan bien. Si, además, compartes velada con un montón de escoceses –los ciclistas– con buen humor y ganas de fiesta, el único problema va a ser hacer sitio en el estómago para tanta cerveza. No hay problema, se hace.

Cena en Tan Hill Inn

La cena también es espectacular y mi apetito le hace honor.

La estancia en Tan Hill resulta fantástica, tanto por el refugio como por la compañía: los ciclistas (más o menos etílicos), el chófer, el músico, los empleados de la posada y hasta el posadero, todos resultaron gente estupenda. ¡Arriba el viaje!

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