Viajar a pie

Caminar para viajar. El mundo a escala humana

Manos frías

Cuando llueve y la temperatura es baja

Calentar manos frías, técnica del sobaco

Las manos (las mías, desde luego) tienen un problema cuando necesitan trabajar en condiciones de frío y lluvia combinados; y digo “trabajar” porque, si llueve y hace frío pero puedes continuar la actividad con las manos en los bolsillos, ni tan mal…

“Trabajar” implica necesariamente que las manos van a estar expuestas y en movimiento; y que la protección que usemos va a estar sometida a presiones varias como consecuencia inevitable de estar agarrando cosas.

Por qué se enfrían las manos

Para evitar que se enfríen las manos, es fundamental saber por qué sucede esto. Así, podremos atacar las causas y no sólo los efectos.

Como sabéis, nuestro cuerpo está a una temperatura constante de 36 y pico grados. No puede estar a otra; al menos, no sus partes vitales. Para conseguir esa temperatura constante en un entorno en el que la temperatura ambiente es otra, el cuerpo tiene sus mecanismos. El de las manos frías es uno de ellos.

Cuando las circunstancias (frío ambiental, humedad, viento, falta de energías propias…) amenazan nuestra temperatura corporal a la baja, el cuerpo se defiende mediante diversos mecanismos; dos de ellos, muy relevantes en esta historia:

  • Evitar las pérdidas de calor
  • Sacrificar partes no vitales

Nuestra sangre es como el agua caliente de un circuito de calefacción doméstico: distribuye calor por todo el cuerpo. Cuando la sangre se acerca a la superficie, está más expuesta a pérdidas de calor hacia el exterior. Por ello, una de las medidas que toma el cuerpo para evitar pérdidas de calor es evitar que la sangre se acerque a la superficie. Las partes que se quedan privadas de riego, se quedan sin “calefacción”: se enfrían.

Las manos son carne de cañón en todo este proceso; lo tienen todo:

  • Están en la periferia del cuerpo
  • Tienen mucha superficie en relación a su tamaño
  • Suelen estar muy expuestas
  • Técnicamente, son sacrificables

Dicho de otra forma, mantener las manos calientes le cuesta al cuerpo mucha energía, relativamente hablando. En situaciones carenciales, las manos son uno de los sitios por donde empiezan los recortes en el estado del bienestar corporal.

Es por esto por lo que los típicos e intuitivos remedios de frotar las manos o insuflarles aire caliente de la expiración tienen un alcance muy corto; proporcionan alivio parcial rápido pero no a largo plazo; no mientras la sangre no vuelva a esa parte del circuito. Al final del texto comento una solución posible mucho más efectiva.

Exposición

Las manos no sólo son una parte periférica del cuerpo sino que, además, como tienen una capacidad única (no hay ninguna otra parte que las pueda sustituir en su función), suelen estar por ahí fuera haciendo cosas. Si pudiéramos guardarlas a cubierto cuando afuera hay condiciones hipotérmicas, sería genial pero, habitualmente, necesitamos seguir usándolas.

Factores de hipotermia

El factor más obvio que nos enfría es la temperatura ambiente; cuando es baja, lógicamente. Pero no es el único. Os cuento los otros y el porqué lo son:

Humedad: el agua conduce la temperatura mucho mejor que el aire. El agua fría (más fría que nuestro cuerpo, se entiende) es un sumidero de calor, es decir, cuando agua relativamente fría entre en contacto con la piel, empezará a transmitirse calor de ésta a aquella por conducción. Vulgo, la piel se enfría. Tanto más cuanto mayor sea la diferencia de temperatura.

Fijaos que esto no sucede tanto así con el aire, que es un conductor mucho peor: si el aire en contacto con nuestra piel está a 20 grados centígrados, no tendremos sensación de frío; sin embargo, el agua a 20 grados es percibida como fría, como comprobaréis si intentáis bañaros en el Cantábrico a principios de verano.

Además, el agua se puede evaporar, cosa que hará cuando algo la caliente: nuestro cuerpo está caliente, calienta el agua que esté en su superficie y ésta, como efecto lateral, se evapora. Éste es nuestro conocido mecanismo natural de refrigeración porque gastamos energía en él, es decir, disipamos calor, lo cual nos viene bien cuando el calor nos sobra pero es un problema cuando nos falta.

Viento: el aire en movimiento provoca trasvase de calor por convección. El mecanismo de la convección y el cómo afecta a nuestra sensación térmica y nos hace perder energía es algo que no termino de entender así que no cometeré el error de intentar explicarlo en plan sofista; lo dejamos como deberes para llevar. De momento, quedémonos con el conocido hecho de que el aire en movimiento nos enfría; igual que con la humedad, esto puede ser un problema o una bendición. Vamos a ver qué podemos hacer en el caso del problema.

El escenario-problema

Temperatura baja y lluvia intensa en una situación en la que no podemos prescindir del uso de las manos; durante horas y sin alternativas. Si, además, hace viento, peor aún.

En una situación así, no es fácil mantener las manos confortables. Personalmente, encuentro que me es difícil incluso mantener las manos operativas.

Este tipo de escenarios se dan principalmente en las actividades de varios días en autonomía o, al menos, es entonces donde cobran una especial dimensión. Las soluciones que funcionan para unas pocas horas pueden dejar de funcionar más allá.

Un matiz importante: la temperatura será baja pero no muy por debajo del cero centígrado; a bajo cero, el agua se congela y la humedad empieza a dejar de ser un problema. Unos guantes/manoplas aislantes normales (y gorditos) funcionarían muy bien, problema resuelto. Es por encima de cero donde, paradójicamente, más problemas vamos a tener.

El objetivo

Mantener las manos funcionales y relativamente confortables durante tiempo indefinido.

En el concepto de “confort”, no excluyo que puedan estar frías pero no deben llegar a doler o convertirse en una molestia. El “tiempo indefinido” implica poder soportar condiciones como las descritas independientemente de su duración y hacerlo en autonomía; aguantar como sea hasta el final de la actividad no me sirve ni es eso de lo que quiero hablar… ni mucho menos modificar o condicionar la propia actividad a las condiciones. Quiero ser autosuficiente también en el confort.

Guantes o manoplas

Para el caso, nos da igual. Los guantes permiten más dexteridad; las manoplas son más eficientes térmicamente y también más fáciles de blindar ante los elementos. Digo que nos da igual porque, de cara al objetivo enunciado, ninguno de los dos diseños es infalible: ambos acaban cayendo.

El agua: la batalla perdida

Se acaba colando por todos los sitios. Sólo necesita tiempo. La aparentemente obvia estrategia de usar guantes/manoplas impermeables tiene una utilidad limitada.

Lleves lo que lleves, va a acabar mojado. Considero esto un axioma. Tenerlo en cuenta es importante para desarrollar una estrategia protectora adecuada.

El error de bulto

Utilizar materiales impermeable-transpirables para construir los guantes/manoplas. Por dos razones básicas:

  • No hace falta
  • Falla enseguida

Ya conocéis el oxímoron que implica el que un material sea impermeable y transpirable a la vez… esto es especialmente cierto en unos guantes o manoplas. Las manos no generan apenas calor para ayudar a expulsar humedad; están muy expuestas, con lo que el guante/manopla se satura de agua por fuera enseguida. Y, finalmente, la puntilla: si estás agarrando cosas, someterás al material a pliegues y presiones que forzarán humedad hacia dentro.

Si usas unos guantes o manoplas impermeables, por lo menos, que sean impermeables de verdad y no dejen pasar humedad, ni siquiera bajo presión. No van a transpirar nada pero, como decía…

No hace falta: las manos transpiran poco si hace frío.

Lo de utilizar (caros) materiales impermeable-transpirables para hacer guantes/manoplas es una estrategia comercial unida a un cierto desinterés por la funcionalidad. Los fabricantes temen que, si usan material no transpirable, no van a vender nada y quizá tengan razón, lo que no evita que lo que sí venden sea un producto muy poco funcional.

Estrategias que no funcionan

Antes de nada, permitidme matizar el “no funciona” porque no es cuestión de blanco o negro. Pensad en el objetivo, tal cual enunciado un poco antes, para que podamos evaluar lo más objetivamente posible si algo “funciona” o no.

Dicho esto, comento una lista de las ideas que he intentado y han tenido un éxito limitado; unas más ortodoxas que otras…

Guantes/manoplas impermeable-transpirables

Nada que hacer con estos/as. Como comento arriba, las conocidas membranas funcionan mal en las manos; ni en versión auto-contenida (con aislamiento térmico includio), ni en versión “capas” (únicamente la capa impermeable para cubrir el guante/manopla aislante). Mentalmente, además, me cuesta mucho cargar con las limitaciones impuestas por una transpirabilidad que sé que no necesito.

Manoplas de Goretex

Cubre-guantes/manoplas impermeables (no transpirables)

Ignoro si existen siquiera en el mercado pero estas me las hice yo mismo porque es sencillo y para ver qué tal. En la práctica, casi igual de mal que las capas impermeable-transpirables aunque, en este caso, quizá el tosco diseño haya tenido algo que ver. El caso, en definitiva, es que esperar mantener el agua fuera es una batalla perdida. Si esa es toda la estrategia, va a fallar.

Manoplas de silnylon

Guantes de supermercado/gasolinera

Esos finitos de plástico transparente que nos obligan a usar para coger la fruta o con los que podemos evitar que las manos nos huelan a gasolina durante 3 días y medio después de manipular un surtidor. Significan un paso adelante en el sentido de que suponen asumir que la transpirabilidad no es necesaria y que es mejor concentrarse en lo que viene de fuera. Se pueden usar tal cual, si el frío no es excesivo, o combinados con guantes/manoplas aislantes. En tal caso, se pueden poner encima, como chubasquero, o debajo. Quizá esto último, aunque parezca menos intuitivo, tenga más sentido porque supone reconocer que el agua va a calarlo todo, de todas formas, y por lo menos se garantiza que no va a pasar de esa última barrera.

Donados por el supermercado

Su principal problema es la fragilidad (se rompen enseguida; sobre todo, si se usan en solitario o en el exterior de un sistema de capas) y su falta de integridad estructural, que hace que sea especialmente fácil que el agua se les cuele por los bordes.

Guantes domésticos

Mismo concepto que los anteriores pero en una versión más recia. Son tan ajustados que sólo sirven para usar en solitario o, si es en un sistema de capas, como capa interior y última línea desesperada de defensa.

Su mayor problema es lo complicados que son de quitar y poner; con todo mojado ya, más aún. Con todo, en temperaturas no muy bajas pueden llegar a funcionar razonablemente bien, usados en solitario.

La versión ligera son los guantes de latex o vinilo usados para limpieza o preparación de comida. Un poco más recios y pesados, los típicos de fregar.

Sistemas softshell

Especial atención me merecen aquellos que implementan impermeabilidad auténtica sin ninguna barrera impermeable propiamente dicha; típicamente, los sistemas direccionales que, para entendernos, vienen a ser como un forro polar con un cortavientos fino encima. Esto, que tan bien puede llegar a funcionar en el torso, en las manos, nuevamente, se encuentra con la horma de su zapato: acaba calando miserablemente. Yo creo que por la sobre-exposición de las manos y, especialmente, porque éstas no producen el calor suficiente para que el sistema direccional funcione.

Manoplas Pertex & Pile

Muchos guantes

Si no sabes qué nudo usar… ¡haz muchos nudos! Algo así podríamos hacer con la protección de las manos en condiciones de hipotermia… llevar muchos guantes. Cuando todo esté mojado, quitar unos y poner otros. No solucionamos el problema pero podemos alargar la agonía. Es mejor que nad pero pesa.

La estrategia perfecta

No la conozco. Que no sea yo quien diga que no existe…

Be water, my friend (otra vez…)

Es la segunda vez en poco tiempo que escribo esta manida frase para referirme a la estrategia de adaptación como alternativa a las estrategias de oposición; en este caso, con el simpático doble sentido, dado que hablamos de agua…

Si no puedes contener el agua, si sabes que va a acabar penetrando, deja de intentar que no lo haga; acéptalo e intenta jugar con ella para que te perjudique lo menos posible o, si cabe, para que vaya en tu favor. Como idea, me parece mucho más interesante que cualquier método barrera destinado a caer.

La mejor implementación que he encontrado de esta estrategia está basada en el neopreno.

Neopreno

Es lo que usan quienes aceptan como inevitable el hecho de que se van a mojar, como es de esperar en actividades de inmersión, con lo que es un candidato perfecto para proteger las manos.

No tengo claro cómo funciona el neopreno… es impermeable pero se empapa. No transpira pero, cuando la cantidad de humedad esperada desde el exterior es tan grande, ya, da igual. ¿Atrapa agua en pequeñas celdas, análogamente a los aislantes que usan aire para lo mismo? No lo sé.

Me gustaría poder dar una explicación científica de cómo y por qué el neopreno funciona pero no la conozco. Lo que sí sé es que es lo que más se aproxima a lo que busco y que, en la práctica, es lo que mejor me está funcionando.

El neopreno, por sí sólo, no es un buen aislante, es decir, no protege del frío demasiado bien o, al menos, no como el forro polar, la pluma y demás familia; pero, como digo arriba, no es el frío extremo el problema que resolver sino la combinación de frío con humedad. Ante esto, el neopreno tiene la capacidad de mantener una temperatura apenas aceptable pero puede hacerlo de forma indefinida; no importa cuánto se moje o cuánto viento haga.

El neopreno, para este tipo de aplicación, se encuentra típicamente en versiones de 2 ó 3 mm. de grosor. Una sinergia interesante es la que implementan algunas prendas basadas en neopreno pero que, además, incluyen un forro interior polar o similar; esto aporta algo de aislamiento térmico pero, sobre todo, un tacto más agradable que el neopreno pelado, lo que influye positivamente en la comodidad percibida.

Guantes de neopreno de 2 mm

Problemas

El neopreno es relativamente pesado; más, desde luego, que el forro polar u otros aislantes típicos.

Al ser elástico, se suele presentar en formatos ajustados que resultan tan difíciles de quitar y poner como los guantes de fregar. Creedme, llegará un momento en que odiaréis esa característica.

El neopreno, por sí solo, es bastante pobre en cuestión de aislamiento térmico. Preparaos para manos frías; “confortablemente frías” es lo mejor a lo que aspirar.

Los guantes de neopreno son difíciles de combinar en un sistema de capas. En todo caso, se pueden usar como primera capa.

Fuentes

El mundo de la montaña, aparentemente (que yo sepa, al menos), aún no ha descubierto el neopreno para proteger las manos. Se encuentran guantes (y calcetines) de neopreno en las secciones de buceo y, sin ir tan “lejos”, en las de ciclismo. Ambos casos tienen mucho sentido.

Aplicación práctica en el viaje a pie

El encaje de unos guantes de neopreno en el viaje a pie, especialmente si se trata de viajes largos en autonomía, puede parecer complicado y, probablemente, lo es. No son guantes que abriguen mucho del frío y puede dar vértigo salir de casa con sólo “eso” para proteger las manos; además, combinan mal con otras capas y su peso, ya de por sí relativamente alto, parece desaconsejar llevarlos si no van a ser capaces de hacerlo todo por sí solos.

En el lado positivo, me parecen, de largo, la mejor opción para las condiciones descritas, casi la única que me da ciertas garantías de funcionar. Sólo por eso ya han encontrado un lugar en mi lista de 3 estaciones. Por el momento, son lo mejor que conozco.

Cuando todo lo demás falla

Si, en cualquier circunstancia, las manos llegan a estar incómodamente frías, hay un método efectivo de recuperarlas para la vida. Para mí, que soy de manos endémicamente frías, esta técnica supuso un antes y un después. Nunca más volví a sufrir como lo había hecho en el pasado…

¿Recordáis lo que comentaba sobre la sangre y su papel como fluido del circuito de “calefacción” natural del cuerpo? Y como el enfriamiento viene causado por una falta de aporte de sangre. Esto, que es una estrategia natural defensiva del cuerpo, puede ser revertido, en el caso de las manos, a voluntad.

¿Cómo podríamos obligar a la sangre a “volver” a las manos? Pues ¡por fuerza centrífuga!

Quien tenga afición al fútbol, probablemente, se haya fijado alguna vez en el ejercicio que, durante el partido, hacen a veces los porteros cuando hace frío y el equipo rival es muy malo y no les hace trabajar: para no enfriarse y, muy importante, en su caso, para que no se les enfríen las manos, hacen girar vigorosamente los brazos…

La forma más efectiva es mantener los brazos extendidos y hacerlos girar sobre la articulación del hombro, de forma que las manos describan un arco, empezando con el brazo colocado paralelo al torso, con la mano hacia el suelo, y acabando con la mano hacia el cielo. Así:

Se trata de hacer este movimiento, arriba y abajo, vigorosamente, durante un rato. Es fácil imaginar cómo, de esta forma, la fuerza centrífuga (la misma que tienda a sacarte de la carretera al tomar una curva) impulsa la sangre hacia la parte exterior del arco; es decir, hacia la mano.

Cuando la sangre vuelve, la mano se calienta. No es alivio inmediato; es gradual y tarda un corto rato, pero funciona. Puede incluso ser doloroso si la extremidad se había quedado realmente fría: es como si los vasos sanguíneos fueran a estallar ante la avalancha que se les viene encima pero el dolor remite enseguida y deviene en la reconfortante sensación de un miembro vuelto a la vida.

Este ejercicio supone contradecir al cuerpo y sus medidas anti-crisis. Por tanto, sólo es adecuado en casos en los que no haya riesgo de hipotermia, cuando las manos se hayan quedado frías por una acumulación de circunstancias que no incluyan riesgo de enfriamiento generalizado del cuerpo. Esto sucede y, en casos como el mío propio, es relativamente habitual. Vivo mucho mejor desde que conozco este método.

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4 Comentarios

  1. PepitoGrillo

    Hola, Viajar a pie. Te sigo desde hace años, es más, alguna vez te escribí, pero dudo que me recuerdes.

    Te escribo para comentarte que tanto el sistema de guantes de fregar como el de neoprenos los he usado en alta montaña (en Los Pirineos) durante dos años consecutivos. En ambos casos trabajando muchas horas la nieve y el hielo (construcción de refugios), y en ambos casos con resultados buenos, es decir: aceptables. Las manos frías, pero sin congelaciones y sin llegar a perder la sensibilidad, es decir, manteniendo la capacidad de trabajar. En ambos casos combinados con guantes interiores de seda para mejorar el tacto y un poco la protección (baratísimos en el Decathlon). Un compañero prefería los neoprenos, yo he preferido los de fregar, que no son exactamente de fregar, sino comprados en ferretería (algo más gruesos=resistentes). Al ser los de fregar bastante largos (se acercan al codo), la protección es mayor. Aunque las manos transpiren poco, al ser usadas intensamente ya no es tan poco. No obstante, tanto el neopreno como el látex protegen íntegramente del viento.

    Verdaderamente, estoy de acuerdo contigo en que son como la democracia, el menos malo de los sistemas (por el momento).

    Saludos desde Jerez de la Frontera.

    • Viajarapie

      La situación que describes va más allá del caso que comento yo pero la posible solución funciona igualmente, lo que tiene bastante sentido. De hecho, la opción de guantes de ferretería es algo que había pensado, por el tema que mencionas de la resistencia y porque esperaba que quizá fueran más fáciles de quitar y poner, pero nunca llegué a probar. Creo que el neopreno será un poco mejor como aislante (mejor cuanto más grueso) pero también más frágil así que para trabajos como los que describes puede no ser lo mejor.

      Gracias por el comentario, un saludo

  2. Ricardo

    ¡Hola!

    Cuando se esperan las condiciones que comentas, yo llevo un par de manoplas finas de forro polar (recicladas a partir de un jersey viejo de Polartec 200) y un par de guantes finos de forro (Decathlon). Si hace mucho frío se pueden llevar los dos pares juntos. Si llueve, conservo los guantes secos en la mochila y llevo puestas las manoplas, que se acabarán empapando pero siguen protegiendo algo y al no ser gruesas se secan bastante rápido. En el botiquín llevo un par de guantes finos de vinilo que podría ponerme como primera capa, pero nunca he tenido tanto frío…

    ¿Has probado a llevar guantes o manoplas de lana merina (o esas mezclas con opposum) y dejar que se mojen, un poco como el neopreno? ¡Me imagino que para esto funcionará mejor la lana que el forro polar!

    ¿Las manoplas Buffalo no eran lo bastante aislantes aún estando mojadas?

    Un saludo!

    • Viajarapie

      Esa es una versión de la opción “Muchos guantes” 🙂 Es mejor que nada pero a mí no me termina de convencer. Hay veces que me funciona, más o menos, pero hay veces que las manos me sufren mucho. Si hace frío y la lluvia es de larga duración, casi garantizado. Buscaba algo mejor. De todas formas, ya digo que yo tiendo a padecer de manos frías con lo que para mí es un asunto delicado.

      Buen apunte el de la lana. Tiene potencial, tengo que probarlo. La lana es pesada (relativamente hablando) pero, si funciona, quizá merezca la pena.

      Las manoplas Buffalo acaban convertidas en una esponja empapada y, en ese estado, aislan muy poco; para mí, desde luego, no lo suficiente.

      Un saludo

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