Glacier Peak desde Liberty Cap, Northern Cascades
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North To(wards) the Cape

"Después de haber esprintado a través de las montañas de Torridon durante el día, tengo 3 horas de espera al tren en la estación de Achnasheen, que es poco más que unas pocas casas en torno a un cruce de carreteras y la propia estación. Mientras, el buen tiempo apuntado al inicio del día se difumina definitivamente y las nubes se convierten en un bloque continuo gris oscuro que desciende hasta que casi parece que el "techo" es demasiado bajo para estar de pie. Hace frío, 4 ó 5 grados, demasiado para estar parado y llevo casi toda la ropa puesta. El panorama es tan desolador como pueda llegar a ser en las highlands: colinas pardas barridas por el viento, una carretera casi vacía, una población que es poco más que un punto en el mapa y una línea de tren que parecería abandonada de no ser porque el cartel en la estación asegura que dentro de un par de horas pasará un tren en dirección a Inverness... por desgracia, no el mío, que tardará casi una hora más.
Es el final de una semana a través de las tierras del noroeste de Escocia, las tierras altas, aunque muy altas no son pero ciertamente la sensación que producen es, de alguna forma, extrema. Han sido 8 días intensos, de tiempo húmedo, bastante miedo escénico y terreno duro y complicado pero también de hermosa soledad y paisajes sobrecogedores bajo la especial luz de las altas latitudes..."

En 2005, la semana santa es temprana, segunda mitad de marzo. Al margen de fechas oficiales, en marzo, en Escocia aún es invierno. Elegimos el camino de piedras.

Atardecer sobre Loch Long

Planteamiento

Fieles a nuestra filosofía, queríamos ser libres y acercarnos a la naturaleza. Queríamos compartir con ella esas horas mágicas que las paredes de un edificio nos roban y queríamos sentir sus ritmos, sin desconectar durante un montón de horas, viendo apagarse el día y viéndolo encenderse otra vez.

El problema es que marzo no es precisamente verano. Muchos de los lugares donde todo eso se puede hacer están cubiertos por nieve y, donde no la hay, al menos, el riesgo de mal tiempo es muy alto... y mal tiempo en invierno significa problemas serios para estancias prolongadas en naturaleza.

¿Dónde hay unas tierras bajas lo suficientemente poco pobladas como para poder acampar por ahí sin temor a molestar o ser molestados? Pues, paradójicamente, en las Tierras Altas...

... que tampoco es que sean muy altas, en realidad. El noroeste de Escocia es una ininterrumpida sucesión de montes y valles y es quizá lo complicado de la orografía y el relativo aislamiento de la zona lo que la califica como Tierras Altas más que su altitud real.

Pues aquí teníamos nuestra ruta de altitud moderada por zonas deshabitadas. ¿Libre de nieve? aquí empezamos con los problemas... en teoría, sí; pero depende mucho de las circunstancias locales, tanto en el espacio como en el tiempo. Marzo es aún inestable y peligroso en cuanto a tiempo atmosférico y allí, tan al norte, el mal tiempo puede ser realmente violento.

Nuestras alternativas eran recorridos más primaverales y bucólicos por algunas de las costas de nuestra querida vecina Francia, con esa cultura senderista que tanto nos gusta, los albergues y las boulangeries (siempre hay algún dulce nuevo que probar). ¿Rememorábamos aquella ya lejana ruta normanda o intentábamos sacarnos la espina clavada en el West Highland Way? Cuando la cabeza dice una cosa y el corazón otra, suele ser mejor decirle a la cabeza que se calle la bocaza. Nos vamos a Escocia.

Pero, esta vez, de verdad. No queremos oír camiones, no queremos cruzarnos cada día con gente cuyo equipaje va en los camiones y no queremos sentirnos en una especie de autovía del senderismo semi-urbano. Ahora ya conocemos el lugar y las líneas de los mapas son algo más que líneas. Ya nos sentimos con permiso para salirnos de los caminos marcados y probar la Escocia de verdad.

"Este no es un sendero como el West Highland Way, en el que..."

Ante una descripción que empieza con *esa* frase,.tenía que seguir leyendo, sabiendo que esa podía ser mi ruta.

La ruta

Y, de paso, explico ya lo del "to(wards)". La frase que me llamó la atención (un poco apañada, no era exactamente así pero, para el caso, tanto da) se refería a una ruta no balizada que atravesaba, en dirección norte-sur, las regiones noroccidentales de Escocia, consideradas las zonas menos pobladas del Reino Unido... lo cual tampoco es decir mucho en un país tan densamente poblado. Pero es, efectivamente, curioso el contraste que se da en Escocia: al sur del eje Glasgow - Edimburgo - Stirling, se concentra la población; hacia el norte, el terreno accidentado y las condiciones climáticas que este provoca (más las abundantes razones históricas de una historia más tormentosa que el clima) provocan un importante vacío humano. Son las famosas Highlands, tan fotografiadas, filmadas y musicadas.

En la costa oeste de esta región, la corriente del golfo suaviza las temperaturas y provoca que lo que de otra forma sería nieve durante bastantes meses del año sea lluvia, todo el año; y mucha.

La idea consiste en atravesar estas regiones uniendo dos puntos más o menos emblemáticos: Fort William, al sur, y Cape Wrath, al norte, cruzando una tras otra las continuas alineaciones montañosas, tierra adentro lo justo para evitar las profundas hendiduras de los fiordos y poder progresar en una línea más o menos directa.

Espero que a los autores no les importe que pegue esto aquí

La idea empezó con una vaga referencia a una ruta que haría este recorrido; poco más que un párrafo perdido en alguna página web. Parecía imposible encontrar nada más hasta que, cosas de internet, apareció una guía de título "North to the Cape". Una guía perdida para una ruta no computada (y, a posteriori, puedo dar fe de esto). Pero el plan descrito en el libro era casi perfecto, para lo que buscábamos: tierras solitarias, paisajes espectaculares, poca gente (o ninguna) y voluntad de seguir caminos, donde los hubiera, y evitar terrenos comprometidos, cuando fuera posible. Un solo punto de duda: marzo.

Los autores habían contado con esas premisas como punto de partida y con su conocimiento de la zona para diseñar una ruta inédita, no marcada ni recorrida, como tal. La elección de los puntos de inicio y final responde a razones diferentes: por un lado, Cape Wrath es el epítome del lado salvaje de la civilizada Europa, una especie de Finisterre escocés donde no hay nada más que un faro (y porque es el sitio donde se necesita un faro). Fort William es el lado amable, la pequeña ciudad al fondo de loch Linnhe y a los pies de ben Nevis, el lugar donde parar por última vez a pensárselo y decidir si realmente merece la pena (esto último es, obviamente, broma).

La ruta es larga, está descrita en 21 etapas y sólo disponemos de una semana así que nuestra idea es seguirla hasta donde lleguemos. De ahí que debamos cambiar el "to" por el "towards" porque nosotros en ningún caso llegaremos al cabo pero me gusta mantener (casi) el nombre, me parece un buen título. Finalmente, de esta forma, toma más cuerpo, si cabe, el concepto de enlace con el West Highland Way de 2003 ya que empezaríamos justo donde aquella vez acabamos.

La guía es un tanto atípica. Un libro para describir una ruta que no existe como tal en el terreno y sólo como concepto en el propio libro; probablemente, sólo en las cabezas de sus dos autores, aunque nunca se sabe... por lo demás, es austera y concreta, clara, bien pensada y diseñada por dos senderistas que, se nota, aman lo que hacen y, además, saben ponerlo en palabras. Puede parecer extraño pero se encuentran pocas guías (y yo he visto muchas) de esa calidad; casi al contrario, la calidad media documental suele ser baja, con muchos cabos sueltos, información superflua y lagunas importantes. No en North to the Cape. Mi enhorabuena para los autores.

Nuestra inquietud viene de la época. Marzo es invierno en Escocia y el tiempo puede llegar a ponerse muy feo. No ya que llueva, que con eso contamos y no importa, sino tiempo realmente serio que puede impedir totalmente progresar en las zonas más expuestas. Los autores recomiendan abril o mayo, estamos justo fuera de la ventana pero decidimos ir por ello y esperar tener buena suerte. Al final, de alguna forma o de otra, todo acaba saliendo.

Eso era a priori. A la vuelta, debo decir que las expectativas no se correspondieron del todo con lo que encontré. ¿Culpa, en parte de la guía? Sin duda, y una carencia muy habitual cuando quien escribe conoce muy bien (demasiado bien) el lugar... y el que visita, no. A veces, los locales pasan por alto detalles importantes que no les llaman la atención porque para ellos es el pan de cada día, sin darse cuenta de que quien llega de fuera los puede desconocer. Como ya he experimentado otras tantas veces, unas expectativas erróneas son fuente segura de conflicto y de problemas. Es importante ser flexible y saber adaptarse a las circunstancias.

Planificación

En esto también nos ha ayudado la experiencia de los dos últimos años; especialmente, la de 2004, en Dingle (Irlanda), donde actuamos con nuestro tradicional celo por atar todo lo atable y nos encontramos con albergues semivacíos (o sin "semi") y como casi los únicos senderistas en la zona. No es muy habitual caminar por estos sitios en esta época, las masas tardarán aún unos meses en llegar. Además, en North Towards the Cape no vamos a depender apenas de alojamiento alguno, así que la planificación queda reducida a casi nada, la situación ideal. Sólo atamos el transporte para llegar a y volver de. Conseguimos una combinación muy buena que nos permitirá caminar 8 días completos, lo mismo que conseguimos en Dingle y en el West Highland Way. No está mal, teniendo en cuenta lo "lejos" que nos vamos. Cuando necesitemos alojamiento (que alguna noche habrá), lo buscaremos sobre la marcha y confiamos en que no habrá problema. Esta es una situación ideal porque nos permite ser libres al caminar, no estar atados a plan alguno. Ya sabemos que nunca se conoce el terreno lo bastante hasta que se pisa de verdad. Finalmente, hay un vuelco al escueto plan: Rosa no puede venir a causa de los problemas de salud que arrastra. Vendrá, pero se dedicará al 100% a su otra pasión, la fotografía, y me dejará solo en el sendero. Curioso: así, de repente, sin haberlo pensado y casi sin querer afronto algo nuevo: una ruta de 8 días en solitario, autónoma por un máximo de 5. No está mal.

La ausencia de mi compañera da toda una nueva dimensión al viaje. Cambiaré su arsenal fotográfico (que siempre llevo yo!) por una pequeña desechable. Voy a viajar ultraligero, la primera vez que lo hago en una distancia tan larga, aunque tengo que ser cauto porque voy a atravesar zonas bastante aisladas y las condiciones son realmente imprevisibles. No voy a experimentar con nada, recurriré a mis piezas y técnicas ya probadas. Las piedras angulares serán:

Mochila: Vapor Trail, de Granite Gear. 60 litros y 1.025 kg.
Saco: Hydrogen, de Marmot. 5 cm. de hinchado en capa simple (aprox. 0 grados) y 600 gr.
Refugio: Cave 2, de Golite, 765 gr. con 10 piquetas surtidas.

Usaré una lámina de plástico como suelo y una funda cubre-saco (Vapr Bivy Sack, de Bozeman M.W.) para mayor versatilidad por si hace mucho frío o tiempo muy violento. El Cave (¿o es "la" Cave???) es, teóricamente, para dos personas, pero me gusta el espacio extra y me siento seguro en él. Planeo montarlo con los bastones, método ya probado y que me da absoluta confianza (sólo una vez lo he usado en condiciones reales con ramas de árbol y fue por necesidad... ¡se me habían olvidado los bastones!).

El resto, lo de siempre: minimalismo, multifunción... lo que aplico siempre cuando voy ligero sólo que, esta vez, para toda una semana. Compruebo encantado que la mochila no pesa nada, ni me entero de que la llevo.

18 - 27 marzo de 2005

Día 0: Casa - Glasgow

Día 1: Glasgow - Fort William- Glenfinnan

Para empezar el día, y la ruta, había que cruzar Loch Linnhe en este barquito tan majo:

Camusnagaul ferry en Loch Linnhe

La Vapor Trail de Granite Gear demostró ser más que suficiente para esta ruta. Aquí va a máxima carga y no está rebosante. Resultó muy cómoda, aunque su piel ha recibido ya algún que otro agujero, nada grave. Con 1 kg. y 25 gr. nada más, me parece una mochila excepcional. No será su último viaje. Aquí, la hice posar junto a Loch Eil. La foto no puede ser más horrenda, lo sé.

Loch Eil

Este primer día consistía en un sencillo paseo a lo largo de Loch Eil por una de esas mini-carreteras típicamente escocesas donde sólo cabe un coche y hay ensanchamientos cada unos pocos cientos de metros para que los vehículos se puedan cruzar. Había muy poco tráfico (un vehículo cada... ¿10 minutos?) y el paisaje era muy bonito, una adecuada forma de empezar con algo facilito pero agradable.

Loch Eil. El monte del fondo es Ben Nevis

Día 2: Strathan

¿Quién dijo que Escocia es muy verde? No las tierras altas, desde luego. Tras el primer día de trámite, empiezo a darme sopapos con esa esponja que allí llaman suelo. ¡Menos mal que aún hacía bueno! Desde mi primer collado, chispas:

Gleann Camgharaidh

Hasta aquel punto, todo había sido subir y aún no era consciente de lo que me esperaba. En la bajada, campo a través, me empecé a dar cuenta de por dónde me movía. Tras las vigésimoctava caída consecutiva empecé a plantearme que quizá no era yo que estaba torpe ni era mi mala suerte sino que allí había que cambiar la forma de caminar. Aunque parezca paradójico, dado lo pardo del terreno, no está seco, ni mucho menos... muy al contrario, todo lo que se ve ahí (y, aparentemente, *todo* en las highlands) es un fangal continuo, superficie herbosa con terreno anegado debajo. Una auténtica pista de patinaje. Subiendo no se nota tanto pero cuesta abajo hay que cuidar mucho cómo y dónde se posa el pie, a cada paso. Las caídas son en blando pero posar cualquier parte del cuerpo sobre el suelo significa empaparla como si te hubieras caído a un río. Culo mojado garantizado.

Rosa se dedicaba a su trabajo pero llegamos a encontrarnos casi la mitad de las noches a lo largo de la ruta, allí donde había acceso por carretera. Al final de este segundo día, dicho acceso era realmente atípico, sobre todo para mí, que venía de cruzar una zona bastante remota en la que hice la travesía campo a través más larga de toda la ruta (parte de ella se ve en la imagen de arriba). Paradójicamente, al final del día, llegaba a la cabecera de Loch Arkaig, lejos, lejos de cualquier población pero con una carreterita que llega casi hasta el final; sólo me tuve que desviar un km. escaso. Rosa comentó que la carretera daba miedo, tan estrecha que el coche cabía justito y con muchas subidas y bajadas en su recorrido a lo largo del loch. Creo que si lo hubiera sabido no hubiera venido...

En el coche, llevaba la Rainshadow, que más espaciosa que la Cave y tiene suelo, es casi una tienda. Pasamos la noche en este bonito lugar, junto al loch. El pequeño muro corresponde a los restos de un edificio. Aunque en la foto no se aprecia, el terreno estaba todo anegado, como por todos los sitios y dado que la Rainshadow tiene suelo de silnylon, parcialmente permeable bajo presión, buscamos un sitio mínimamente seco y lo encontramos aquí; prácticamente, el recuadro que ocupa la tienda era lo único que estaba simplemente húmedo. Welcome to the wetlands.

Rainshadow en Loch Arkaig

Día 3: Sourlies

Se acabó el cielo azul. Esa masa gris no es la pobre calidad de la foto (que también) sino un extracto del nubarrón que me hizo pasar un día miserable, el peor de todos. Menos mal que el sitio era muy bonito. Aquí ya estaba pisando terreno remoto.

Loch Nevis, allí abajo

Acababa de atravesar unos parajes preciosos, uno no sabe si menos a causa del tiempo o si precisamente ese tiempo tan oscuro y lluvioso engrandece el aura del lugar. Las montañas entre Strathan y Loch Nevis no son de las más altas pero sí de las más remotas de toda Escocia. La zona del collado por el que había cruzado era espectacular, justo antes de que el valle se estrechara y se precipitara en una profunda garganta hacia Loch Nevis. Hubo momentos de incertidumbre porque el sendero no era siempre evidente y no acerté a encontrarlo a la primera en la zona previa a la garganta. Cuando vi que por ahí no podía ser, un vistazo al mapa me dio la pista y la confianza de que la cartografía que manejo es fiable, lo cual es una muy buena cosa: nada como una cartografía imprecisa para liarla en los momentos peores (y este era uno: llovía mucho, hacía frío y marchaba con retraso).

En la cabecera de Loch Nevis (que no tiene nada que ver con el Ben del mismo nombre), el bothy de Sourlies. Los bothies son refugios libres, muy austeros pero, si ningún desaprensivo lo impide, limpios y cómodos, situados habitualmente en zonas remotas. Son antiguas casas sacadas de las ruinas para su moderna segunda vida. Antiguamente, mucha más gente vivía en estas regiones, dispersos por todos esos valles ahora despoblados, de ahí el origen de estos edificios. Este estaba en mi camino, en un lugar espectacular. Loch Nevis es un sea loch, aunque el mar abierto está muy lejos.

Sourlies

No pensaba quedarme en Sourlies, a pesar de lo acogedor y hermoso del lugar, pero llegué allí a las 3 de la tarde, mojado, cansado y hambriento y no me pareció buena idea seguir caminando bajo la lluvia un par de horas más para acabar extenuado y buscando un lugar medio seco para acampar en medio de tanto fangal, así que decidí pasar la noche allí. Me la jugué a un día siguiente muy largo y esperé que las condiciones climáticas no fueran demasiado duras, ya que me esperaban un montón de kilómetros, algunos de ellos sin sendero y muchos encharcados (qué novedad...).

El único saco esa noche en Sourlies

Estuve solo en el bothy, tampoco esperaba que hubiera nadie más (era lunes y hacía muy malo). Escribí algo en el libro de visitas; si vas por allí, busca el 21/03/05.

Aproveché para estudiar y planificar a fondo la etapa del día siguiente y para colgar todas mis cosas mojadas. Me gusta dormir en la naturaleza pero me gustan también los refugios libres. No me gustan los "hoteles" de montaña pero aquí, en Sourlies, como en tantos otros edificios similares en Escocia, puedes seguir siendo tú mismo, solo con tus cosas y tus medios, sin mesa puesta y, en casos como este, sin masas sedientas de hazañas. Me gustan los bothies.g

Día 4: Kinloch Hourn

Qué bonita praderita, ¿verdad? pues no, vaya infierno de praderita. Con el agua hasta los tobillos, o más, en casi cada paso. Para eso seca uno los calcetines durante la noche; nada más salir, pies encharcados para el resto del día. Había que ir hacia las montañas del fondo a la izquierda. Afortunadamente, las nubes, aunque seguían siendo aplastantes, se mantenían justo por encima de los montes y, además, no llovía.

Glen Carnach

Tras el madrugón y la zozobra (física y moral) de la primera parte del día, todo fue bien. Aquí, recién superado el collado del día y bajando hacia Loch Hourn, que aparece al fondo, y ya estaba salvado: por primera vez en día y medio, circulaba por un senderito de calidad aceptable, fácil de seguir y medianamente seco. Autovía senderista de las Highlands. Ni un alma, eso sí. Hasta entonces, llevaba una media de una persona al día y en esa jornada, aún ninguna.

Gleann Unndalain

Loch Hourn es otro sea loch, uno de los más largos y profundos. En su orilla sur (en la que estoy), no luce el sol durante varios meses al año (sin contar los días con cielo gris oscuro, como este).

Loch Hourn

Día 5: Shiel bridge

Allí abajo, junto a Loch Duich, el final de la sección más dura: Shiel Bridge, con alojamiento, una buena cena y una cerveza. Me he ganado todo eso y más. Acabo de cruzar el punto más alto de la ruta, uno de esos collados de nombre impronunciable (Bealach Coire Mhalagain; ya dije que era impronunciable) con las nubes rozándome la cabeza. Menos mal que no más abajo, porque era monte a través. Hacía viento y frío y no podía esperar a bajar a por mi cerveza. Aún me queda encharcarme los pies un poco más en ese bonito glen, con su forma de U, su río y su esponjoso terreno esperando para tragarse mis botas.

Glen sin nombre, Loch Duich al fondo

Día 6: Killilan

Lo más difícil está pasado, la travesía de Knoydart, sin tregua, ha sido duro, física y psicológicamente. Lo que me queda (3 días) va a ser un paseo en comparación. El barómetro ha invertido tendencia y ha empezado a subir pero las nubes siguen ahí. Mirando atrás, capto una última vista de Loch Duich (donde la cena y la cerveza), antes de coronar un collado más:

Loch Duich se queda atrás

Haciendo caso al barómetro, las nubes se empezaron a diluír y, aunque la foto es tan mala como todas las demás, al menos tiene un poco más de luz. Puede parecer un valle como cualquiera de los de días anteriores pero aquí los perfiles son más amables y hay un buen sendero (¡seco!) por el que pisar.

Glen Elchaig

A pesar de su aspecto amenazador y esos cuernos tan grandes, son animales muy tranquilos:

Son como peluches grandes

Tengo plena confianza en el tarp de Golite. Es mi refugio número uno y me siento seguro en él. Con 740 gr. en total (con 10 piquetas), es un buen compromiso entre ligereza y comodidad. Aquí, lo he colocado tenso como un tambor y con un perfil muy bajo porque el tiempo se había empeñado en no dar tregua y se había levantado un viento fuerte, frío y amenazador. El tarp es sorprendentemente eficaz contra el viento y dormí muy bien. El lugar era espectacular, con las luces del atardecer sobre Loch Long, al fondo.

Campamento sobre Loch Long

Día 7: Lochcarron

Pequeño ejemplo del pan mío de cada día. No siempre había tanta agua en superficie pero daba igual, estaba "dentro".

Era todo el rato así. La huella es mía

A lo largo de los días, fui alternando las denominaciones que dedicaba al terreno: La Sopa, La Esponja... creo que esta última es la que más caló (valga el doble, y cruel, sentido), porque la más gráfica. Resultaba curioso mirar atrás y ver cómo tu huella de 3 cms. de profundidad se iba diluyendo a medida que el suelo recuperaba el terreno perdido y lo rellenaba otra vez. Como una esponja.

Abajo, Poste señalizador. Es evidente que estaba en una zona más transitada. Los senderos eran mejores y había alguna que otra señal. La civilización ya no estaba nunca demasiado lejos.

Así, en cambio, no solía ser

Loch Carron es el más grande que he encontrado desde Loch Linnhe. Las nubes no descansan pero ya me da todo igual: allí, al fondo, me espera Lochcarron (así, todo junto, es el nombre de un pueblo) donde me daré otro homenaje, menos merecido que el de Shiel Bridge pero bienvenido también.

Loch Carron

Día 8: Kinlochewe - Achnasheen - Kyle of Lochals

Acabada la sección Knoydart, entro en Torridon para una breve incursión en este último día de caminar. El terreno se vuelve más extremo, de nuevo, pero ahora estoy en zona senderista y no tengo más que seguir el camino, muy bien marcado. ¡No tengo miedo a las nubes esas!

Torridon hills

Voy a juntar dos etapas en una para un gran final, aunque tendré que hacerme 27 kms. a todo correr para montar la operación retorno y esperar que salga bien. Yo estoy acostumbrado a días de 30 ó 40 km. en terreno de montaña "normal" pero caminando sobre una esponja me he dado por contengo con los alrededor de 15 (excepcionalmente, 20) que he venido haciendo. Brook y Hinchliffe no decían en su guía por qué iban tan "despacito"...

Glen Coulin

Tengo que llegar a Kinlochewe y allí arreglármelas para conseguir transporte hasta Achnasheen, para allí coger el tren a Kyle of Lochals, donde me reencontraré con Rosa. Espero que no sea difícil encontrar quien me lleve pero, por si acaso (y como no puedo permitirme perder ese tren), acelero y aprovecho que los senderos son bastante practicables para batir el record Lochcarron - Kinlochewe (los 27 kms.) en 5 h. 30 min. Me paro sólo para sacar esa foto, eran un sitio y una luz tan bonitas que hasta con la desechable ha quedado chula:

Loch Clair

Día 8+1: Kyle of Lochals- Glasgow - Casa

Epílogo

Creo que puedo decir que es la ruta más dura que he hecho nunca: Sé que es fácil decir eso inmediatamente a la vuelta y olvidar todos aquellos momentos difíciles del pasado que ahora se recuerdan de forma mucho más bucólica, siempre sucede así y así sucederá también con esta ruta pero, aún así, haciendo balance lo más frío posible, sigo pensándolo. Por un lado, la dificultad intrínseca del terreno, las circunstancias... por otro, las expectativas erróneas. Esto último es un factor clave. Cuando me hice con el lugar y aprendí a comprender los entresijos de los mapas, lo que podía esperar de los senderos o cómo iba a ser el terreno en su ausencia, todo empezó a ir mejor. Los primeros días fueron duros. Acostumbrado a moverme con rapidez, cuando viajo ligero, a cubrir grandes distancias, me sorprendí cuando un día normal, intenso, como yo los hago siempre, no pasaba de 20 kms.

Caminar por esta región es duro pero no todo es malo. El terreno es complicado, muy húmedo y resbaladizo; a veces, completamente anegado... pero, por otro lado, es abierto y transitable universalmente. Hay muy pocos bosques, no hay apenas arbustos o vegetación que compliquen el progreso. A la vista de un mapa, sabes que, allá donde la pendiente lo permita, vas a poder pasar, si eso es lo que quieres. Esto es un factor importante: puedes contar con múltiples alternativas si algo va mal. Si la cosa se pone fea en las zonas altas, no es imprescindible buscar desesperadamente tu ruta de descenso, si no es inmediata; cualquiera vale, siempre que no haya obstáculos como un loch o paredes de roca (elementos, ambos, claramente visibles en un mapa) por el camino. El pasado verano (2004), en el Pacific Crest Trail, hablando con otro senderista con el que nos cruzamos, preguntábamos por la posibilidad de atajar unos cuantos kms., sendero alante, vadeando un río y con un pequeño trozo fuera de camino... nuestro interlocutor, que venía de haber pasado por allí, dijo que, sin duda, era posible pero que él no lo había hecho; y que (y cito, más o menos) "cada vez que me he salido de los senderos en Washington, me he acabado arrepintiendo...". Es un pequeño ejemplo de lo que significa transitar por según qué zona. En España es así, también, en muchos sitios. Pues no en Escocia. De hecho, los senderos son, en según qué zona, tan pobres que da prácticamente igual ir por uno o no.

Una vez más, insisto: fue fundamental comprender y aceptar todo esto para empezar realmente a disfrutar. Y hay mucho de lo que disfrutar en esta región: paisajes hermosos, sobrecogedores bajo las luces del norte que, no sé qué será, pero algo tienen que las hace especiales; muy poca gente (¡muchos más ciervos que gente!) y libertad absoluta para caminar, acampar y mojarse. Tómese la humedad con humor y ya no molesta tanto.

Referencias

- North to the cape, a trek from Fort William to Cape Wrath, Denis Brook & Phil Hinchliffe, Cicerone Press, 1999

La guía tantas veces mencionada. Se puede adquirir directamente en la editorial: www.cicerone.co.uk

- Una excepcional web para la planificación de viajes autónomos en Escocia, da acceso a las redes de transporte público y resulta una herramienta extremadamente útil: www.travelinescotland.com

- Cartografía: no hay mucha duda: Ordnance Survey. La serie 1:50.000 es perfectamente adecuada. Los 1:25.000 son, obviamente, mejores pero, dada la distancia, harían falta 3 toneladas de mapas. Los de zonas más populares se pueden encontrar en tiendas especializadas en España. El resto, www.ordnancesurvey.co.uk.