La naturaleza nos impone respeto. Particularmente, a la gente urbana, acostumbrada a contar con una serie de facilidades en forma, sobre todo, de ayuda especializada, casi inmediata, para cualquier problema imaginable. Cuando salimos a la naturaleza, muy especialmente si es por un período mayor que un día, somos conscientes de que esa posible ayuda ya no está tan cerca y eso nos causa inquietud e incertidumbre.

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