Entre julio-agosto de 2017, he visitado Terranova para recorrer el tramo que allí se encuentra del Sendero Internacional de los Apalaches. Tenía un plan abierto, de los de ir haciendo viaje sobre la marcha, para aplicar a partir del momento en el que empezara a caminar y un plan mucho más fino para llegar a ese punto, pensado para ponerme a andar cuanto antes. Todo se fue a la mierda cuando la cinta de equipajes del aeropuerto de St. John’s se paró y mi mochila aún no había aparecido. A partir de ese momento, comenzó un viaje diferente.

Embarcando a todo el mundo pero, aparentemente, no todas las cosas

Es, probablemente, una de las peores pesadillas cuando viajas: que se pierda tu equipaje; y es especialmente serio ¡cuando me pasa a mí! Medio en serio, medio en broma: es una putada para cualquiera pero sí que tiene un punto extra de gravedad en casos como el mío, que no soy viajero urbano, no tengo dirección y pierdo cosas difíciles de reemplazar. En esa mochila había miles de Euros, años de estudio y ajuste de equipamiento y varios meses de preparación y de ilusiones por este viaje.

Tenía otro vuelo a continuación, luego tenía que comprar gas y coger un autobús para llegar a destino final y empezar a caminar a primera hora del día siguiente. En aquel momento, esto último parecía muy poco probable. Lo que no sabía es que la pesadilla sólo había hecho que empezar.

St. John’s

En el mejor escenario posible, mi mochila llegaría a St. John’s, Terranova con el siguiente vuelo desde Europa, 24 horas después, y me la harían llegar a lo largo del día, con lo que sólo perdería un día de camino. Con esa esperanza, me aferro a la bolsa de plástico en la que llevo todas mis pertenencias y embarco en el pequeño avión que me llevará al otro lado de la isla.

Avioncito de 18 plazas para cruzar Terranova

El propio piloto está cacharreando con algo, fuera del avión, hasta que vuelve a la cabina para anunciar que hay un problema con los frenos y que así no se puede volar. Y nos tenemos que bajar. No tienen posibilidad de usar otro avión ni hay ninguna conexión que podríamos usar en su lugar. ¿Algo más que pueda ir mal? ¿Hay algo que vaya bien hoy?

Son demasiados problemas a la vez así que intento pensar con calma. La compañía me ofrece viajar en autobús o coger un avión a primera hora el día siguiente. Mi prioridad no es sólo viajar al oeste sino llegar allí a tiempo de comprar una bombona de gas, algo con lo que no se puede viajar en avión y hay siempre que conseguir en destino. Es sábado y mañana, domingo, las tiendas, fuera de St. John’s, van a estar cerradas. Si quiero mantener la opción de empezar a caminar el lunes (y poder cocinar por el camino), necesito conseguir una bombona hoy y, para eso, mi única opción es St. John’s así que éste es el nuevo plan: ir a la ciudad, buscar una tienda de montaña, comprar la bombona y relajarme por lo que queda de día.

Una vez tenga el gas, ya no podré coger más aviones así que el domingo tendré que coger el autobús que atraviesa la isla para llegar a mi destino final, Port aux Basques. Si los dioses del sendero están de mi parte, mi mochila podría adelantarme por aire y estar esperándome en Port aux Basques cuando llegue allí. Aún es posible que empiece a caminar el lunes, sólo un día por detrás de lo previsto.

Hoy no puedo hacer nada más así que me fuerzo a relajarme, aunque no es fácil. Un paseo por St. John’s y una pinta local en un pub ayudan. Air Canada, como responsable del vuelo cancelado, me ofrece una noche de hotel. Cruzo los dedos de cara a mañana.

Puerto de St. John’s

Paliza de autobús

Son más de 1000 km entre St. John’s y Port aux Basques y el autobús tarda casi 14 horas, de 7.30 a 19.00 h. Podría parecer una paliza pero tengo la cabeza demasiado llena de otros problemas y esperanzas como para preocuparme por eso así que me tomo el día como una ocasión para relajarme y disfrutar el viejo placer del viaje y la contemplación del territorio.

Se me ha ido de las manos lo del tema ultraligero

Una vez nos alejamos de St. John’s, pierdo el servicio telefónico, vulgo, me quedo sin voz ni datos, con lo que dependo exclusivamente de las WiFis que pueda haber en las paradas que vamos haciendo para hacer seguimiento de las noticias sobre mi equipaje. Esto resulta un tanto agónico y estresante. No ayuda. Hago un esfuerzo consciente por mantenerme tranquilo. Me repito a mí mismo que no debo preocuparme por cosas que no están en mi mano.

A lo largo del día anterior, me había hecho repetidas veces la pregunta irónica de si no había nada más que pudiera ir mal. Si la hiciera hoy, la respuesta sería que sí: ahora, es el autobús el que se avería. Nos deja tirados en medio de la carretera. Normalmente, me enfadaría mucho pero he llegado a un punto que ya me lo tomo a risa. ¿Hay algo que pueda ir bien en este maldito viaje?

Yo no tengo ni idea de mecánica pero aquí, que todo el mundo va en coche a todos los sitios y me llevan unos trastos que casi más parecen camiones, no es raro que haya alguien que se lo sepa; el caso es que un pasajero se baja a echar un vistazo y vuelve al rato anunciando que ya está arreglado, entre vítores del pasaje. Parece que sí, que algunas cosas aún pueden ir bien.

El autobús DRL que cruza Terranova

Llegamos a Port aux Basques de noche. El bus para en la terminal de ferry que, a vista de mapa, está a las afueras del pueblo, con lo que esperaba un corto paseo urbano. Sin embargo, la terminal es un edificio aislado en medio de una zona industrial. Parece que nadie ha previsto que alguien quiera ir hasta el pueblo a pie porque, aunque no serán más de 300 m en línea recta, habría que atravesar una zona de muelles de carga que está vallada. En su lugar, tengo que dar un rodeo de 20 minutos caminando por carreteras sin espacio peatonal a través de un lío de scalextrics. De día sería desagradable; de noche, es casi apocalíptico. No es la mejor forma de culminar un viaje de más de 14 horas y, desde luego, no es la forma más elegante de llegar a este sitio que tanta curiosidad me provocaba: un pueblo al otro lado del mundo que lleva el nombre de mi tierra.

Port aux Basques

Durante los siguientes dos días, mi actividad se parece a la de un trabajo de oficina tipo vieja escuela: me paso el rato pegado al teléfono, haciendo llamadas a aerolíneas, compañías de seguros, compañías telefónicas y vuelta a aerolíneas. ¡Hasta hago un descanso para un pitillo a media mañana!

Port aux Basques tal cual lo veía en mi descanso de media mañana

Me tomo las tardes libres y lo hago intencionadamente: quiero ver el pueblo y, sobre todo, necesito que me dé el aire y necesito tiempo y espacio para pensar con calma. En la situación en la que estoy, de por sí estresante, es muy importante pensar con calma. Hay una cosa que tengo clara: de todo lo que está en juego, lo más importante es el viaje. El equipaje es secundario. En el peor de los casos, que se perdiera definitivamente, es algo que siempre podría reponer, más o menos. Lo que no podría recuperar nunca sería la experiencia de este viaje y es esto lo que ahora necesito salvar. Hacia media mañana, Port-aux-Basques-día-2, he tomado una decisión: si la mochila no es localizada hoy, dejo de esperar y paso a la acción.

Nótese que digo “localizada”. A lo largo de estos días, estoy aprendiendo mucho sobre los intríngulis de los sistemas de búsqueda de equipajes: cuando pones una reclamación por equipaje extraviado, el identificador de tu etiqueta se carga en una base de datos. Al mismo tiempo, cuando se detecta una pieza de equipaje desatendida, se introducen sus datos en el mismo sistema y, si hay un emparejamiento, voilá, equipaje localizado. En mi caso, no hay tal emparejamiento, lo que quiere decir que nadie ha introducido en el sistema los datos de mi mochila o que, si lo ha hecho, no ha incluido el identificador unívoco, lo que puede suceder si la etiqueta estaba perdida o dañada. En tal caso, aún se puede hacer una localización utilizando la descripción, que también se introduce en el sistema por ambos lados, pero es una búsqueda más azarosa que no garantiza éxito, ni siquiera cuando el elemento perdido es una mochila de color blanco, Cuben Hybrid, envuelta en plástico de burbujitas. Seguro que no hay nada igual en el maldito sistema.

Tengo varias falsas alarmas que sólo contribuyen a convencerme de que no tienen ni puta idea de dónde está mi mochila y veo claro que, aunque está bien tener esperanza, en este caso, razonablemente, no puedo esperar nada. Esto me ayuda a ver el camino a seguir: dejar de esperar, salir ahí fuera y hacerme con un equipo nuevo, completo, desde cero.

Mi kit completo estaba descrito aquí. Esto es todo lo que ha sobrevivido:

Con un peso base 1177 gr. Ultraligero de narices pero no válido para viajar.

Port aux Basques es demasiado pequeño para conseguir equipo de montaña. Necesito un plan y esto es lo mejor que se me ocurre: para empezar, cambiar el punto de inico de ruta hasta Stephenville, la localidad que estaba destinada a ser primer punto de paso y aprovisionamiento en mi plan de viaje original. Habría llegado allí en 4/5 días, los mismos que voy a perder con todo este lío del equipaje y, si voy a prescindir de algún tramo, que sea éste, que es el más sencillo y el que suponía menos reto. Puedo ir hasta Stephenville desde Port aux Basques en autobús.

Idealmente, haría en Stephenville las compras de todo lo que necesito pero, por lo que veo en Internet, no hay mucha oferta. Si no allí, la única opción que me queda es Corner Brook, 80 km más allá. Corner Brook es la ciudad más grande de la costa oeste y la segunda de la isla, después de St. John’s (a donde no voy a volver, está demasiado lejos) así que el reto parece claro: o lo encuentro en Corner Brook o no lo encuentro.

El DRL hace dos viajes diarios entre St. John’s y Port aux Basques, uno en cada sentido, con dos autobuses que salen a primera hora, llegan a última y se cruzan por el camino. Mi idea es coger el bus de la mañana en Port aux Basques, ir hasta Corner Brook, hacer todas mis compras y luego coger el autobús del sentido contrario, que pasará por Corner Brook a última hora de la tarde, para volver a Stephenville. Si lo consigo, podría comenzar a caminar a la mañana siguiente. Tendré 6 horas para comprar todo.

Tengo un plan

Nótese que el bus DRL es el único medio de transporte público disponible. Si pierdo el de la tarde para volver a Stephenville, tendría que esperar 24 h al siguiente (o hacer dedo)

Entre tanto, he estado haciendo mis deberes en Port aux Basques y he localizado algunas cosillas que voy a necesitar y con las que me hago ya mismo; baratijas: un cargador, cables micro-USB y una batería externa. Ya voy teniendo más cositas.

Corner Brook

Seis horas para conseguir un equipo completo. Cuando lo pienso, estoy entre que me parezca mucho tiempo, que 6 horas dan para mucho, y la impresión de que condensar en 6 horas el trabajo de tanto tiempo es una empresa de éxito improbable. Salga como salga, mi percepción es que estoy haciendo lo mejor que puedo hacer y me siento algo así como contento: al menos, estoy avanzando hacia algo. No va a ser fácil, eso sí. Al menos, durante las próximas 3 1/2 horas, mientras voy en el bus, no tengo que hacer nada. El trabajo duro empezará a las 11.30 h.

Tengo una lista de 4 tiendas. La que mejor pinta tiene es Barnes Sporting Goods y me dirijo a ella nada más llegar. Resulta ser orientada a caza y pesca.

Casi me da miedo entrar

Me concentro en los 3 grandes (tienda, mochila, saco) y empiezo a pensar que la cosa no va a ser fácil. Tienen una mochila que me serviría pero sus tiendas y sacos son de tamaños monstruosos, impracticables. Hecho un vistazo general para ver qué más cosas tienen que me pudieran servir antes de comentarles que necesito resolver primero los 3 grandes y pedirles consejo sobre dónde puedo ir a continuación.

Entre las recomendaciones que me dan y mi lista, me sale que el próximo destino es Sport Check. Corner Brook es una ciudad pequeña pero es una ciudad de Norteamérica: me paso 40 minutos caminando por una cuasi-autovía bajo un sol abrasador (sí, sí… qué dramón…) y empiezo a pensar que la cosa no va a ser fácil.

Sport Check es una tienda grande de centro comercial pero resulta que sólo tienen ropa. Me cuentan que solían tener equipamiento completo pero ya no. Definitivamente, no va a ser fácil.

El siguiente chut es Arthur James Clothing. A pesar del nombre, según me cuentan, tienen de todo para la montaña. Empiezo a sentir la presión del tiempo y renuncio a caminar hasta allí, llamo a un taxi.

Arthur James tiene casi de todo pero en una selección muy limitada de material de alta gama y muy caro: una mochila Osprey que me iría justita, una tienda Marmot de 3 plazas que cuesta un pastón… curiosamente, en sacos de dormir están peor, sólo tienen sintéticos de tamaño descomunal. Tampoco me va a servir.

Sólo me queda un nombre más en la lista y ni siquiera parece una buena opción así que consulto con la gente que atiende en Arthur James por dónde me recomendarían ir a continuación. Me recomiendan Canadian Tire (algo así como “Neumático Canadiense”). ¿Un gran almacén de recambios del automóvil, esa es mi mejor opción? Me cuentan que tienen muchas cosas más, incluída una sección “outdoor”. Guay, a ver qué tal. De hecho, esto del gran almacén generalista era mi último recurso, muy interesante para conseguir equipamiento relativamente barato; tradicional y pesudo pero recio y fiable, cosa que no me vendrá mal, dado los sitios por los que voy a caminar. Convenía investigar antes las tiendas especializadas, siquiera por ver lo que había, y doy por bueno el esfuerzo en esa línea. A continuación, pensaba en Walmart pero parece que Canadian Tire tiene más cosas. Voy para allá.

El tiempo se me echa encima así que no escatimo en recursos y llamo a otro taxi. No va a ser fácil y, además, no va a ser barato. Yo qué sé, a la mierda… lo que importa es el viaje y voy por él.

Canadian Tire

Es un gran almacén del automóvil y la ferretería y es, también, mi última esperanza. Organizo la búsqueda por grupos para hacerla más eficiente y para ir viendo si tengo algo que hacer siquiera; no tendría sentido comprar un cazo si no consigo encontrar una tienda de campaña.

Los 3 grandes

Por primera vez en todo el día, encuentro una tienda que podría servir: 2 plazas, casi 3 kilos y prácticamente todas las características de diseño de las que huiría por principios pero no estoy para ostias; lo que importa es que ¡podría servir! A continuación, y por primera vez en todo el día también, encuentro un saco que podría caber dentro de una mochila sin llenarla del todo: es una momia híbrida pluma/sintético más pesada que mi saco invernal pero también serviría. Al carro.

Las mochilas parecen demasiado pequeñas vistas en la estantería pero cuando las cojo y ahueco un poco, veo un par que funcionarían. Cojo la que parece más grande.

También localizo una colchoneta gualtrapas de espuma de (no muy) alta densidad que, por lo menos, es barata.

A estas alturas, ya tengo sistema de acampada.

Impermeables

La ropa impermeable suele ser increíblemente cara en las tiendas de montaña, así lo era en las que he visitado antes, y mucho más barata-guarripéis en sitios como éste en el que estoy. Si me habéis leído antes, quizá sepáis de mi poca fe en la ropa impermeable moderna y cómo le veo cierto color al impermeable tradicional, que ni transpira ni lo pretende. En este caso, el color es amarillo y muy cantoso y lo más complicado es encontrar una talla que no sea XXL pero, tras mucho buscar, lo consigo: chaqueta y pantalón.

Ropa

Canadian Tire no tiene sección de ropa generalista así que me tengo que limitar a lo que haya en la zona “outdoor”. Necesito, como mínimo, ropa para dormir: una camiseta y unas mallas no ceñidas, también unos calzoncillos y calcetines, quizá un top de abrigo, si lo encuentro. La selección es muy limitada y mal surtida, casi todo son tallas gigantes pero, tras mucho buscar, consigo camiseta y mallas de poliéster. Empiezo a pensar que lo puedo conseguir.

Cualquier otra cosa

El resto es una búsqueda a lo bruto, un paseo por los pasillos, a ver qué leches hay que me pueda servir. Encuentro un frontal sorprendentemente compacto y funcional y una tetera que me irá genial para calentar agua, quizá no tan bien para preparar comidas; al menos, es ligera, de aluminio, de las “de montaña”, me irá bien. Encuentro también un estante con sobres de comida liofilizada y pillo uno; cuando haya consumido el contenido, ¡el sobre me seguirá sirviendo para cocinar!

Curiosamente, me cuesta encontrar una simple cuchara que no sea un hierro. Me acabo comprando un cacito de los de medir cantidades de no-sé-qué en las recetas; al menos, tiene mango.

Suma considerable

Punto de inflexión

Salí de Canadian Tire con mi carrito lleno y empecé a sacar cosas, apartando los embalajes inútiles y aprovechando los embalajes útiles para usarlos como bolsas para el material: la de la ropa, la del kit de cocina, la de los trastos… y fui metiendo todo en la mochila. Cuando terminé, me la puse y entonces pasó algo genial: por primera vez en este viaje, me sentí como lo que pretendía ser, un viajero (a pie). Y por primera vez en todo el día sentí que lo podía conseguir, que podría, por fin, comenzar a caminar y que podría ser mañana.

Vuelvo a ser mochilero

Eran las 4 y media, no había comido ni bebido nada desde que desayuné, a primera hora del día, y debería estar comatoso pero la parte emocional me sostenía de pie: hasta ese momento, había sido la tensión de la tarea; a partir de entonces, la esperanza de ver luz al final del túnel.

Hice un rápido repaso mental de todo lo que aún me faltaba y un mapeo con lo que recordaba haber visto en las tiendas que había visitado y decidí acercarme a Barnes Sporting Goods que, además, me pillaba relativamente cerca, podía ir andando. Tenía fichado un hornillo de gas y, además, encontré detalles importantes como un cuchillo pequeño, un gorro de abrigo, guantes y una brújula. Me hice también con unos cuantos mapas que cubrían buena parte de la ruta aunque en una escala poco adecuada (1:100.000) que no daba para navegación fina pero eran mejor que nada.

Cuando salí de Barnes, me sentía totalmente equipado, sin fisuras. Que podría irme al monte ya mismo, o casi. Echaba de menos algunas cosillas de mi equipaje original como los bastones o la braga para el cuello, pero eran cosas técnicamente prescindibles. ¡Me sentí genial! Por primera vez desde que puse el pie en Terranova, me sentía genial.

Eran las 5.00 h y me quedaba una hora. Qué iba a hacer, ¿irme a tomar una cerveza…? ¡No! Me fue a Arthur James, a ver qué pillaba, y, sí, pillé unos calcetines y una chaquetilla softshell, traición gorda a mi sistema de capas pero es que no encontré ningún top aislante decente. El shoftshell, ahora que no nos oye nadie (que no salga de aquí), me vino estupendo para ir guapetón por los entornos urbanos.

Ahora sí, eso era todo. Me fui a coger el autobús.

Stephenville

Había acabado la incertidumbre pero no el curro. Llegué a Stephenville a las 7.30 h y me puse a buscar alojamiento para esa noche. Lo encontré en el tercer (y último) hotel, después de caminar casi una hora más. Idealmente, lo habría dejado ahí pero pensé que la mejor forma de dar sentido al esfuerzo grande de todo el día era… hacer un esfuerzo más: salir a comprar comida, que era lo único que me faltaba para ponerme en ruta. Así, podría comenzar viaje, por fin, a primera hora de la mañana.

Comprar comida es fácil pero se complica cuando llego al único supermercado cercano con media hora de margen antes de que cierren. Tengo que comprar comida para al menos 5 días. Por suerte, en este charco me siento cómodo: sé qué me hace falta y en qué cantidades, lo tengo claro; lo de siempre: arroz deshidratado, polvitos para condimentar, cacao y cereales, patatas fritas, frutos secos, pan tostado, queso… media hora clavada, soy el último cliente del día.

A estas alturas, debería haber caído redondo ya pero hice el último esfuerzo, esta vez ya sí, de re-empaquetar la comida y dejar la mochila lista. Entonces, por fin, pude descansar.

Resumen

Fueron unos días difíciles, una experiencia frustrante que me sacó de mi zona de confort y de mis casillas, que viene a ser la forma castiza de decir lo mismo. Fue también revelador sobre mi capacidad, mucha o poca, de llevar tal tipo de situación. No era el tipo de reto que buscaba pero, ya que tuve que pasar por él, me moló terminar con una sensación de éxito. Agradezco mucho todo el apoyo que recibí de compañeros/as de batallas y mi gente cercana, fue muy importante.

También resultó revelador poner perspectiva al tema del material: llegó un momento en que sentía que me daba igual con qué, estaba dispuesto a apañarme con lo que encontrara, sólo quería salir ahí fuera y caminar por esos sitios con los que soñaba. Esto está muy bien: me recuerda algo que ya sé pero está bien recordar, que el material es sólo un medio. El fin es el viaje.

Este texto no estaba dedicado al material que conseguí juntar sino al proceso personal que me llevó hasta el punto de partida, pie en sendero. Dicho esto, no olvido que llegué a ese punto con un kit nuevo, alejadísimo de mi ideal y que usarlo con éxito era, en sí mismo, un reto y una experiencia interesante, algo que también quiero contar. Lo haré en próximas entradas.

Encontrada por fin

Mi mochila perdida fue localizada, por fin, 2 semanas después. Menos mal que no me quedé esperándola. La recuperé en St. John’s, en mi viaje de vuelta, y la encontré intacta, tal cual la había dejado. Ahora está ya en casa conmigo.

Mochila recuperada