Viajar a pie

Caminar para viajar. El mundo a escala humana

Relato completo: el viaje emocional

I feel welcome

El relato a continuación es la historia de un viaje pero, a diferencia del esquema ortodoxo de contar viajes, pretende contar la historia desde un punto de vista particular: el estado de ánimo, los factores que lo modelan, la influencia en los procesos de toma de decisiones y la retroalimentación constante entre todo ello.

Es un aspecto que siempre me ha interesado. Tengo muy presente su importancia y soy consciente de que siempre está ahí pero, probablemente, éste era el mejor momento para hablar desde este ángulo porque el aspecto emocional era el objetivo central de este viaje. Caminar de Fort William al cabo Wrath y hacerlo en un tiempo concreto constituía el escenario físico y no tenía ninguna duda de que lo haría con éxito. El reto, lo que suponía un salto cualitativo con respecto a viajes del pasado, consistía en hacerlo con suficiencia emocional. A priori, no sabía si lo conseguiría o hasta qué punto.

Se trata del juego interior, ese concepto visibilizado desde el mundo de las competiciones deportivas de élite pero que está siempre presente en todos los aspectos de nuestra vida y es especialmente importante cuando asumimos responsabilidades. En el viaje a pie, asumimos una muy grande, casi inédita en la vida urbana moderna: ser los únicos responsables de todo lo que nos pasa.

El viaje a pie se convierte, así, en un escenario interesantísimo para analizar el juego interior: los procesos de toma de decisiones y los factores que influyen, sus causas y consecuencias; el poder y, también, el no-poder de la mente.

Dentro de la tierra media, Escocia es un sitio ideal para poner a prueba la templanza emocional: ese clima inhóspito (a veces, ni siquiera está claro por qué) pone a prueba la confianza propia y hasta la autoestima. Sobra decir que viajar a pie no es una competición: aquí, lo único que está en juego es mi aprendizaje y mi proceso de mejora personal.

Sin dejar de lado el hilo conductor geográfico-temporal: tres regiones (Knoydart, Torridon, Assynt) y 13 días.

11 Comentarios

  1. Ojo Kuen

    Muy buena iñaki!
    Yo lo hice hace unos cuanto años, me parece que por el 2008.
    Es un treking a cojonante muy bueno… y duro. De 21 días solo en uno vimos el sol… y los malditos mides… como nos hicieron sufrir.
    Pero merecio la pena, menudos paisajes!

    • Viajarapie

      para otra vez, hazlo fuera del verano y evitas los midgets. Son un infierno. Pero, efectivamente, casi cualquier cosa merece la pena, los paisajes y las luces son algo muy especial. Un saludo y gracias por el comentario

  2. YO

    Supongo que secar la ropa o las botas, es algo imposible en un viaje así ¿no?

    • Viajarapie

      Si acampas, sí, es complicado. En los refugios suele haber chimenea pero lo que no suele haber es madera para alimentarla, salvo en los que tengan algún trozo de bosque cerca. Si se puede encender la chimenea, se puede usar para tender la ropa al lado y algo se seca. Acampando, hago lo siguiente: con la ropa, depende: la capa base me la dejo puesta mientras duermo, me pongo algo aislante encima para que no toque el saco y, a la mañana siguiente, está casi seca gracias al calor corporal. Los pantalones, no; si están mojados, mojados se quedan y así me los vuelvo a poner. Los calcetines, los meto también al saco, entre las capas de ropa, a la altura del torso, que genera bastante calor, y por la mañana están algo más secos y, además, calentitos. Con el calzado, lo que hago es evitar las botas, uso zapatillas, lo más transpirables posible, sin membrana impermeable. No importa lo mojadas que estén, no absorben mucha humedad. Y, si todo va mal, siempre puedes recurrir a algún albergue u hotel, de cuando en cuando.

  3. matauko

    Aupa Iñaki!
    Muy interesante el tema de la experiencia emocional que comentas en estos últimos artículos. Siempre me ha gustado mucho tu forma de viajar, pero hay una cosa que me llama la atención . En muchos recorridos (la mayoría diría yo) creo que has ido con el tiempo muy muy justo, has querido hacer los trayectos completos estipulados con el poco tiempo del que disponías, y eso te ha obligado a dejar de lado muchos momentos que (según mi experiencia) son los que te dan pilas y empuje para aguantar lo que te echen otros tantos días y llegar más o menos “compacto” al final. ¿No te parece que a veces merece la pena sacrificar un final estipulado por una experiencia más reconfortante (y, quizás, un poco más de salud)?

    • Viajarapie

      Sí, así es, pero es algo deliberado. Soy consciente de lo que pierdo por el camino pero también de lo que gano. No se trata tanto de llegar al final de algo, eso es sólo la excusa; la idea es plantear un cierto reto (a mi pequeña escala), algo que ponga dificultades, que me obligue a salir de mi zona de confort. Como digo al final del texto de aquí arriba, no se trata de ninguna competición para ver hasta donde llego o cuánto tardo sino cómo lo hago, cómo me siento, qué me pasa y cómo lo gestiono, tanto física como emocionalmente. Insisto, a mi pequeña escala, que contado así parece muy pomposo y que me voy a ir a la antártida o algo así, y no es el caso 🙂

      Cuando te pones retos, derribas barreras, tus propias barreras. A veces, se hace duro; otras, no. Pero siempre, siempre es enriquecedor. Y si en alguna ocasión no llego a donde tenía pensado llegar tampoco va a pasar nada ni me voy a decepcionar. Eso es lo de menos.

      Gracias por el mensaje y la reflexión, es un tema muy interesante. Un saludo

  4. Suso

    Hola Inaki.Ya no recuerdo mi anterior contraseña.Estoy leyendo tu trabajo, pero lo haré con calma.Acabo de regresar de una travesía invernal acometida con un equipo de 11 cosas en autonomía absoluta.Una de ellas era un saco-mochila o una mochila-saco… y ha funcionado.Lo que no ha funcionado del todo bien ha sido el calzado y la capa térmico-impermeable.¿Cómo funcionaría bota ligera de goma con forro interior y polainas ligeras selladas para subir en caso de gran nivel de agua o barro?
    Un abrazo.

    • Viajarapie

      ¿Como un five fingers de caña alta? 🙂
      Pues ni idea pero cómo te lo pasas…
      Un saludo!

      • Suso

        No. Me refiero simplemente a unas botas de goma de caña baja con perneras muy ligeras para subir y bajar tipo pescador, soldadas a la parte superior de la bota… para usar en terrenos encharcados muy profundos.
        Habría que soldar o pegar de forma artesanal.

        • Viajarapie

          Supongo que funcionaría si lo que se pretende es un cierto nivel de confort. Si lo que se pretendiera fuera tener sensación de pies secos, me temo que no. En general, no creo que sea buena idea. Al final, el agua acaba entrando, es una batalla perdida; y una bota así complicaría el secado. Yo creo que la mejor estrategia para terrenos muy encharcados es aceptar la “derrota” de antemano y convivir con la humedad constante, enfocando el objetivo no en pies secos sino en pies calientes o, por lo menos, no fríos. Tiene su punto de incomodidad pero, si se acepta de buen grado, acaba por no ser tan incómodo. Y tiene la ventaja de que es una estrategia muy versátil, sirve para cuando hay humedad y para cuando no la hay. Combinado con un buen juego de calcetines de “mojado” y, al menos, otros de “seco”, se va a cualquier lado.

          Tengo pendiente probar calcetines de neopreno, a ver qué tal. La idea sería la misma: aceptar mojarse los pies y centrar el objetivo en mantenerlos confortablemente mojados. De momento, los he usado de los que llevan, además, forro aislante en las botas de esquí y para dormir y para ambas cosas han ido bien. Supongo que para caminar en charco perpetuo irán bien también, está por ver si mejor que los de lana, que son los que suelo usar.

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