Asomamos la nariz para comprobar, aliviados, que sigue el buen tiempo. Estamos más pendientes de él que nunca. Necesitamos visibilidad. Por el momento, los dioses están con nosotros y la mañana es tan espléndida como pueda ser: cielo azul, temperatura agradable. Para nuestra sorpresa, durante la noche no ha hecho frío en absoluto.

Tomamos el día con tranquilidad. Creo que ambos grupos de dos estamos especialmente pendientes de no ser una carga para los demás y, de alguna forma, eso nos mantiene un poco tensos al principio pero el hecho de que tengamos por delante jornadas relativamente cortas ayuda a que todo sea fácil. Por el momento, todo fluye de forma natural y nos alegramos de que así sea.

Hoy miramos con cierto temor al terreno. Tenemos una larga travesía por debajo de los fatídicos 600 m., altitud bajo la cual parece que empieza a crecer el bosque, a grandes rasgos. Aún no sabemos si esas manchas verdes en el mapa serán bosque o tuckamore, en realidad. Por el momento, y a la vista de lo que tenemos delante, no parece haber gran problema: hay grupos de árboles aquí y allá pero es fácil evitarlos y el tuckamore aparece también en superficies reducidas que parece sencillo rodear. El resto, hierba. Comenzamos a caminar hacia Marks pond, primer objetivo y referencia importante del día.

Nos sorprende encontrar sendas de aparente buena calidad. Sabemos de la existencia de caminos que, según la información que hemos ido consultando, están originados en el tránsito de los animales (de los grandes: osos, alces, caribús…) que podemos, ocasionalmente, aprovechar pero con mucho cuidado ya que no tienen por qué ir en nuestra dirección. Por el momento, a mí me da que pensar que esta traza perfecta que estamos pisando no sea obra humana pero, en cualquier caso, efectivamente, al rato comprobamos que nuestra dirección se separa de ella. Habrá más.

Aprovechando los senderos de los animales en las tierras altas

Los pequeños lagos que nos vamos encontrando por el camino nos sirven de referencia válida para verificar que vamos bien. Los relieves son suaves y no hay grandes hitos que tomar como base pero con buena visibilidad todo es sencillo. El paisaje es muy hermoso, intensamente verde, bosquetes de árboles de reducido tamaño, un ambiente propio de las altas latitudes.

Todo es verde en las mesetas Long Range

Nuestra primera parada es en Marks pond, donde hay consenso no escrito para descansar un poco. Aprovechamos para rellenar botellas. Me siento casi un poco impuro (por no decir ridículo) filtrando el agua de un sitio donde todo es tan prístino pero, claro, en un viaje de estos uno se juega mucho… mal momento para ponerse malo.

Filtrando agua

Afrontamos ahora la zona que más temíamos, a priori, donde esperamos poder encontrar problemas para progresar pero, por el momento, nada de eso, falsa alarma. Desde Marks pond, un punto bajo, tenemos que subir hacia un collado a través de lo que en el mapa viene señalado como bosque pero, como mucho, hay grupos aislados de árboles y algo de tuck pero tenemos mayormente una línea franca y prácticamente recta. Esto está chupado.

Loren y Michael, dejando atrás Marks Pond

En el collado, paramos a comer. Michael avisa: ¡hay algo en la ladera de enfrente! Un poco lejos pero, entusiasmados, contemplamos nuestro primer alce de la travesía. Nos ve, a su vez, y desaparece discretamente ladera arriba.

Alce (en el centro de la foto)

Aprovecho el rato de descanso que sigue (nos lo tomamos con calma, ya lo sé… ¿quién tiene prisa?) para darme un paseo ladera arriba, a ver qué se ve… en esto, tengo mi primer encuentro serio con el tuck. Adivino que, al otro lado de esa masa vegetal (serán 15 m., no más), está la cima de la colina que busco pero, literalmente, no hay forma de pasar. Intento rodear pero parece que la cosa se prolonga demasiado. Estoy a punto de dejarlo estar y darme la vuelta (quién me ha llamado a mí aquí, de todas formas…) cuando veo lo que parece una pequeña vía a través del tuckamore. Me meto con cuidado y, efectivamente, unos metros más allá, emerjo al otro lado. ¡Esto sí que era un sendero de los animales! Hecho fácil de adivinar especialmente después de haber visto al alce y haberle visto moverse en su retirada. Claramente, alces y compañía tienen sus “pasos” a través del tuckamore en puntos concretos como este. Siento que he aprendido algo, qué bien.

Y, efectivamente bis, al otro lado está la redondeada cima de la colina que busco. Es el punto más alto de la zona y las vistas son muy extensas. Todo el relieve es muy suave, es como una gran llanura y no se tiene la impresión de que esto sea lo alto de unas montañas. Al fondo, veo una que, redondeada también, destaca ligeramente de la tónica general. Hacia donde está, no puede ser otra que la montaña Gros Morne.

Vuelvo al collado antes de que nadie se me enfade y anuncio contento que ya no nos queda nada, que la montaña Gros Morne está ahí mismo, ji, ji…

El descenso está marcado también como boscoso y, encima, hacia el final esperamos encontrar un tramo empinado pero nada de ello supone problema. Llegamos a Hardings pond a buena hora. Este es un sitio curioso: hacia la izquierda (este), el mapa nos anuncia (no lo vemos en directo) una larguísima sucesión de lagos en la cuenca del recién nacido río Humber, uno de los más importantes de la región; mañana esperamos verlo, cuando subamos alguna colina. Hacia la derecha (oeste), y tras la minúscula elevación que tenemos detrás, el terreno empieza a caer hacia Bakers Brook pond, otro de los fiordos frustrados. Esto es, estamos casi en la mini-divisoria de aguas de la cordillera Long Range.

Tras un día entero en las mesetas, nos sentimos pletóricos. Ha sido fácil, ha sido hermoso; nos hemos llevado muy bien con nuestros compañeros improvisados y todos estamos muy contentos. El tiempo acompaña, los paisajes son preciosos, el lugar es tan puro como nada que hayamos visto antes. Inmejorable.

Campamento junto a Hardings pond. He ahí la plataforma de madera

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