Viajar a pie

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St. Moritz-Zermatt, parte 3: Tour de Monte Rosa

En la parte final del verano de 2024, caminé de St. Moritz a Zermatt a lo largo de los Alpes suizos/italianos. El contenido a continuación es una crónica de los tres últimos días de viaje, en los que mi ruta coincidió con la mitad norte del bucle conocido como Tour de Monte Rosa.

Tour de Monte Rosa

Desde el confort de mi litera en el refugio Oberto-Maroli, oía el viento aullar y me podía imaginar que el ambiente en el exterior no era acogedor pero lo que no esperaba es la escena invernal que me encontré al asomarme fuera:

El invierno en ciernes

Había nevado ligeramente durante la noche, la niebla era aún más densa que en la tarde anterior y el viento terminaba de redondear el panorama invernal. No era lo que esperaba, partiendo de un pronóstico meteo mayormente favorable que advertía de temperaturas frías pero cielos despejados y ningún evento importante. Será un fenómeno local en las cimas, pensé entonces, pero sólo eso podía ser suficiente para hacerme reconsiderar mis planes.

En capítulos previos, he comentado repetidamente cuánto me importaba completar ruta llegando a Zermatt y todo lo que había trabajado para, según progresaba el viaje, mantener ese objetivo dentro de lo posible. En el punto en el que estaba, en Monte Moro, y con tres días de camino por delante, Zermatt estaba a tiro. A la vista del terreno que me quedaba por recorrer, necesitaría una ventana de tiempo razonablemente bueno. Mi idea era recorrer la mitad sur de la ruta conocida como Tour de Monte Rosa y llegar a Zermatt vía la divisoria alpina a través del paso Teodulo, de 3295 m de altitud.

Nunca me había gustado la idea de dejar para las últimas horas de ruta el punto más elevado y, potencialmente, más delicado de todo el viaje, teniendo en cuenta que, a continuación, había que volver a casa, pero no preveía problemas mientras la meteo no fuera muy rigurosa. Lo malo era que, en caso de problemas, corría serio riesgo de quedarme atascado sin ninguna alternativa viable para llegar a Zurich a tiempo de coger mi vuelo de vuelta.

La buena noticia es que la alternativa más viable estaba en el paso del Monte Moro, a 10 minutos de mi refugio. En lugar de bajar hacia el lado italiano y recorrer la mitad sur del Tour de Monte Rosa en sentido horario, podía desandar el último tramo del día anterior, bajar hacia Suiza y llegar a Zermatt por la mitad norte del bucle sin necesidad de cruzar ningún otro paso elevado. El propio guarda del refugio me recomienda esta opción mientras monta la mesa para el que será, por gran diferencia, el mejor desayuno de todo el viaje.

No sobró nada

El cambio de planes no es catastrófico pero me disgusta. La nueva opción es una distancia similar y, según me comenta el guarda del refugio, de mejor calidad paisajística pero no es lo que yo quería hacer y soy consciente de que me estoy echando atrás por precaución. Es lo mejor, me digo, pero no lo más emocionante.

Volveré al lado suizo, bajaré al Saastal y llegaré a Zermatt sin salir del que para mí en aquel momento era el lado bueno de las montañas.

Saliendo de Oberto-Maroli

El cambio de planes incluye también dificultades extra nada más empezar en la vuelta atrás por Monte Moro. Las condiciones son similares a las de la tarde anterior pero con más frío, visibilidad más baja y, lo peor de todo, roca resbaladiza. Los escalones metálicos de los últimos metros que me habían parecido un poco exagerados con la roca seca, ahora me vienen muy bien.

Desandando camino

Menos mal que, por lo menos, el viento no es excesivo en la cresta y, aunque lo que me pide el cuerpo es salir de aquí cuanto antes, puedo permitirme tomarlo con calma. Con una ligera harinada, la montaña se ha convertido en una pista de patinaje y no es momento para prisas. Sería muy fácil darse una torta con alto potencial para liarla parda. La ruta es fácil de seguir a pesar de la niebla, está la señalización permanente, que es bastante densa, y la señalización temporal de una carrera pasada que aún no ha sido retirada.

Orientación asequible

Me lleva una hora salir de la roca, la nieve y la niebla, prácticamente todo al mismo tiempo. Me alegro de poder volver a caminar sobre suelo uniforme.

Ya sólo es caminar

Una vez de vuelta en un sendero, no me lleva mucho tiempo llegar a la vegetación y al Mattmark, el lago glacial represado en la cabecera del Saastal, con el típico color lechoso en unas dimensiones a las que no estoy acostumbrado.

Mattmark

En el extremo opuesto del Mattmark y desde la presa, tengo una primera vista del fondo del Saastal que llega hasta el primer pueblo del valle, Saas-Almagell. De la nada, se abren algunos claros en unas nubes que parecían inamovibles.

El Saastal

Pasada la presa, el TMR1 desciende a la par que la carretera, atravesando bosques de coníferas, y acaba desembocando en la propia carretera para entrar en Saas-Almagell. El pueblo es turístico-modernillo y tiene muy poca actividad en lo que parece la temporada baja de septiembre.

Subiendo hacia un valle lateral, el TMR visita el más conocido y de extraño nombre Saas-Fee, flanqueado por glaciares y picos de cuatro mil metros que no puedo ver porque las nubes se han hecho fuertes de nuevo.

Saas-Fee

No parece que haya temporada baja, o no del todo, en Saas-Fee. Hay mucha gente por las calles, entre montañeros, visitantes urbanos y profesionales del esquí preparando la temporada. Esto último encaja bien en el frío que hace.

Aquí me reúno con la ruta número 6 del sistema suizo, la Alpenpässe-Weg que seguí durante la primera semana del viaje y de nuevo ahora durante unos kms según comparte sendero con el TMR a lo largo del flanco del Saastal. Se abren claros de nuevo mientras las nubes gordas se agarran a las cumbres.

El día anterior caminaba al otro lado de esa cresta

El TMR flanquea el valle manteniéndose cerca de la cota 2000 recorriendo laderas empinadas pero el sendero está bien trazado, como sería de esperar en una ruta tan popular.

Ingeniería de caminos en el TMR

Seguiré caminando hacia el norte hasta la confluencia del Saas y el Mattertal pero ese punto concreto será para el día siguiente. No hay muchos sitios en los que sea obvio plantar una tienda en el TMR y he identificado sobre mapa uno que me medio-obliga a parar relativamente pronto, para lo que venía siendo estándar en el viaje. Estoy acampado para las 19:30 h y puedo ver los colores del ocaso mientras ceno.

Acampar antes de que se haga de noche, para variar

Por la mañana, hace mucho frío. No esperaba menos pero sí me sorprende ver temperaturas negativas de dos dígitos en el termómetro.

A las 9 h a 2100 m

Dudo de que la temperatura fuera tan baja y me imagino que el aparato estaba dando una lectura incorrecta, por lo que fuera, aunque luego pasé junto a arroyos congelados con hielo grueso. Fuera cual fuera la temperatura, hacía frío.

Arroyos congelados

Siento el aire frío, veo las nubes condensadas en torno a las cumbres y me alegro de saber que no tengo que hacer ningún puerto más. El resto del cielo visible está despejado y la luz de la mañana es muy bonita. Saliendo de la relativa reclusión de la vaguada donde había acampado, puedo ver lo que tenía monte arriba.

El hielo Balfrin

El TMR es un flanqueo sin fin; a menudo, sobre laderas empinadas. Por ejemplo, ésta:

Terreno típico del TMR

A última hora de la mañana, llego a la confluencia del Saastal y el Mattertal. Aquí, giro hacia el sur y enfilo la última parte del viaje.

El Mattertal por fin

Ha caído nieve nueva en las zonas altas y las nubes son gruesas en torno a las cimas. Es la típica situación consecuencia de una masa de aire frío instalada en la región y, una vez más, me alegro de no tener que subir más a zonas expuestas. Veo Zermatt al alcance.

Ya queda poco

La sección del TMR sobre el Mattertal está identificada como Europaweg. Sigue el mismo patrón que en el Saastal pero con un sendero tan sobre-construido que a veces ya ni parece un sendero.

Pasarelas, pasamanos y escaleras

Pensé que sería una excepción para salvar un tramo difícil sin alternativa clara pero hubo varios casos a lo largo de la tarde, hasta el punto de que empecé a pensar que, si todo esto era necesario, quizá esta ruta no debería ir por ahí.

El caso es que, ya que estoy, no me queda más que apreciar la calidad panorámica, empezando por las estupendas vistas a los glaciares en el lado opuesto del valle:

Lengua inferior del Bisgletscher

Están también los alerces de montaña, preciosos, cuyo límite superior la ruta bordea:

Alerce

Y las formaciones de hielo, que no se están fundiendo durante el día.

Hierba congelada

Poco antes del final de la jornada, puedo llegar a ver la cabecera del Mattertal, con Zermatt parcialmente visible en el fondo de valle y el trasfondo de la divisoria alpina. En algún punto de aquella cresta está el paso Teodulo, que tendría que haber cruzado desde el sur en el plan original.

Cabecera del Mattertal

A continuación, Europahutte, donde había previsto pasar la noche, a la vista del frío que hace y las limitadas opciones para acampar en Europaweg. Vista la última experiencia en refugio, había llamado por teléfono el día anterior para verificar que éste seguía abierto y el caso es que estaba ya casi lleno y pillé sitio por poco.

Europahutte

No era consciente de que este tramo no tenía nada que ver con nada de lo que había recorrido durante las dos semanas de viaje, en las que, salvo excepciones puntuales, apenas me había cruzado con gente y podía presentarme en los refugios sin avisar y contar con encontrar sitio. Esta zona parece extremadamente popular e incluso con la temporada ya casi terminada el refugio está lleno.

Es viernes noche y, según me dicen, es el último fin de semana de apertura.

Casa para la última noche

Y así me presento en el último día de camino con apenas 22 km para llegar a Zermatt. Es el día 15 de viaje. Por primera vez desde que salí de St. Moritz, me siento relajado.

Nada más salir de Europahutte, veo en el mapa otra línea extrañamente recta, no tan larga como los 3,5 km del túnel de hace unos días pero igualmente impropia del trazado de un sendero. Es un puente colgante. Según la literatura, el más largo del mundo de su categoría con una longitud entre soportes de casi 500 m.

Longitud: 494 m. Altura: 85 m. Altitud: 2080 m

El puente salva una amplia canal de purga cuyo ángulo no es excesivo pero debe estar tan expuesto a desprendimientos que justifica la infraestructura mastodóntica. Está bien primar la seguridad pero igual había que repensar la localización de la ruta si el terreno es tan poco propicio.

La meteo sigue con el mismo patrón de los dos días previos, nublado y frío. El cielo encapotado hace la luz más uniforme que en la tarde previa y facilita las imágenes de los glaciares:

Bisgletscher y Weisshorn

Valle arriba, el panorama dominante vira hacia el Hohlichtgletscher y el Zinalrothorn.

Más hielo

Las laderas por las que va el sendero no son particularmente empinadas pero, por alguna razón, parece que sí propensas a desprendimientos. Hay tramos acotados por señalización que avisa del peligro y pide a la gente que pase sin pararse. Hay otros trozos protegidos con techado o incluso tunelados.

Protecciones contra desprendimientos

Definitivamente, no parece un buen sitio para un sendero.

Es una tarde nublada y fría de mediados de septiembre cuando por fin puedo ver en directo la icónica silueta del Matterhorn/Cervino:

Zermatt y Matterhorn

Matterhorn / Cervino

Es su prominencia y relativo aislamiento de otros picos lo que lo hace tan especial. En clave ombliguista, pienso en todo lo que me ha costado llegar aquí.

Como símbolo de lo intenso que ha sido este viaje, este último día es el primero en el que echo algún rato para auto-fotos. Hasta ahora, no había tenido tiempo de hacer nada más que caminar.

Muñeco estropeando el paisaje

Aunque el Matterhorn es la estrella, hay muchas otras montañas a la vista. Es un lugar espectacular.

Gabelhorn y sus glaciares

Contra todo pronóstico, las nubes se rompen y el ambiente cambia radicalmente. Me puedo quitar los guantes y caminar en camiseta de nuevo, además de contemplar el gran pico bajo una luz diferente.

Cielo azul

Todo lo que queda desde este punto es bajar a Zermatt, donde llego a media tarde. Cruzar la localidad es un shock. Hay muchísima gente y casi nadie tiene aspecto montañero. No parece que Zermatt tenga temporada baja o, si la tiene y es ésta, prefiero no pensar cómo será la alta.

Zermatt centro

El camping está en el extremo opuesto de la localidad y en el extremo opuesto del glamur pero es probablemente el único sitio donde pernoctar cuyo precio no es de tres cifras. Es muy básico pero hace el apaño.

Camping en Zermatt

Me costó hasta encontrar un sitio donde cenar. Que no es tanto por la comida propiamente dicha como por el simbolismo. Me lo había ganado.

St. Moritz-Zermatt, parte 2: Grande Traversata delle Alpi

En la parte final del verano de 2024, caminé de St. Moritz a Zermatt a lo largo de los Alpes suizos/italianos. El contenido a continuación es una crónica de la segunda semana de viaje, en la que coincidí con una sección de la ruta conocida como Grande Traversata delle Alpi.

Grande Traversatta delle Alpi

Es el día 8 de viaje y amanezco bajo cielos oscuros otra vez. Ya ni recuerdo cuál era el pronóstico del tiempo en aquel momento pero es como si ya diera igual, parecía que la nube siempre estaba ahí. Para cuando recojo campamento, me rodea la niebla.

Otra mañana nublada

Tengo unos pocos kms de flanqueo por una amplia pista de grava hasta el cruce donde dejaré la ruta Alpenpässe-Weg que he estado siguiendo durante una semana. Por el camino, cruzo lo que parece el escenario de un alud de nieve. Te puedes imaginar la fuerza que tiene esa cosa a la vista de los árboles caídos.

Alud

La Alpenpässe-Weg, ruta número 6 en el sistema suizo, sigue adelante pero, a la hora de planificar, me pareció que lo que venía a continuación era menos interesante que si me mantenía más cerca de la divisoria alpina así que pinté mi ruta por senderos que la seguían de cerca. Éste es mi cruce:

Abandonar la Alpenpässe-Weg

Dejo atrás el flanqueo para subir hacia las montañas y hacia la niebla. El sendero es bueno y la señalización, también.

Buen sendero, buena señalización, buena niebla

La niebla se hace más espesa según subo hacia el Passo di Cristallina, que no es mucho más alto que los varios collados herbosos que he cruzado en días anteriores pero éste, por lo que sea, es casi todo roca desde bastante lejos. Hay un refugio en el mismo collado. En las condiciones presentes, tengo claro que la parada para comer será mucho más agradable si la hago dentro.

Capanna Cristallina

Hice la subida en camiseta pero, para cuando salgo del refugio, claramente necesito añadir capas. Está oscuro y hace frío. No se ve ni torta pero el sendero sigue siendo bueno.

Descenso desde Passo di Cristallina

La niebla añade el habitual toque dramático pero es una pena no poder ver los panoramas en la que es, como a lo largo de toda la ruta, mi primera visita a la región. Una vez fuera de la zona del collado, el ambiente es más tranquilo y no tan frío. El avance es relativamente lento en un descenso con mucho tramo rocoso y la roca mojada.

A mitad de descenso, el sendero desemboca y comparte brevemente una carretera de grava, parte de la infraestructura de explotación hidraúlica de la zona. Podría seguir la carretera, iría más rápido, pero decido continuar por el sendero. El premio es una ronda de café y tarta en Capanna Basodino, por donde no habría pasado de haber tomado la carretera. Teniendo ocasión, es buena idea hacer una pausa dentro porque las condiciones afuera son de las que te dejan pasmado en minutos.

Capanna Basodino

Desde el refugio Basodino, hay que ascender de nuevo en lo que serán los últimos kilómetros en territorio suizo por el momento. Tras un talud inicial y niebla densa, llego a un impresionante valle de altura que tengo que recorrer hasta su salida por la Boccheta di Val Maggia y la frontera con Italia.

Bocchetta di Val Maggia

Suiza | Italia

La niebla viene y va según desciendo del paso con algún antiguo nevero por donde se camina casi mejor que sobre la roca mojada.

Nevero antiguo

El mundo roca da paso a una zona de praderas con vacas pastando y cabañas de pastores algo más abajo, luego infraestructuras hidráulicas y un refugio del Club Alpino Italiano en el que no habría estado mal pasar la noche pero, aunque el ambiente sigue sin ser apacible, no llueve así que sigo adelante con un descenso final al valle principal donde voy a parar a una carretera asfaltada y la aldea de Riale.

Riale, 1729 m

Hay un hotelito alpino con pinta acogedora junto al sendero y es uno de esos días en los que cuesta dejarlo atrás. Casi me gustaría que se pusiera a llover para tener la excusa perfecta pero no lo hace.

Me queda un rato de luz, mortecina, pero luz, para salir del fondo de valle por la ladera de enfrente y buscar un hueco llano para plantar la pirámide. Cena con vistas al valle.

Buen campamento

El día 9 amanece nublado otra vez y el pronóstico es de lluvia fuerte y persistente a partir de media mañana. No parece un buen día para pasárselo fuera, mucho menos para dormir fuera tras una buena calada así que veo qué opciones tengo. Tras un paso de montaña, bajo a un refugio. Después, hay que subir otro puerto, seguido de un largo descenso a una zona edificada, accesible por carretera, donde hay otro refugio. Me pongo este último como objetivo y reanudo con no muchas ganas el camino en ruta hacia el Paso Nefelgiu.

Vista atrás hacia Vallone di Nefelgiu

Es un corto descenso desde Passo Nefelgiu hacia el represado Lago Vannino, que aparece a la vista enseguida.

Lago Vannino

Empieza a llover literalmente 200 m antes de llegar al refugio Margaroli, que se encuentra junto al desagüe del lago. Es lo que faltaba para dejarme claro que lo mejor era ir para adentro y valorar opciones delante de un café y un trozo de tarta.

Rifugio Margaroli

A mitad de camino entre un enfoque ambicioso y conservador, mi plan inicial para el día era seguir adelante desde Margaroli, hacer el siguiente puerto y bajar a Alpe Devero, donde encontraría otro refugio donde estar seco y pasar la noche. Eran sólo 13 km más, no suena demasiado difícil pero, cuando miro afuera a lo que ya es lluvia intensa, parece la peor de las ideas. El guarda del refugio Margaroli confirma que va a estar lloviendo así todo el día.

Cambio de opinión varias veces mientras mantengo vigilado el grado de oscuridad que hay afuera. Por una parte, quedarme en Margaroli sería desastroso para mi objetivo de llegar a Zermatt al final del viaje. Por otra parte, aún tengo reciente lo duro que fue seguir adelante en condiciones similares unos días antes y me digo a mí mismo que no quiero pasar por eso de nuevo.

Es sólo media mañana y ya hay un goteo, valga el doble sentido, de senderistas mojados que van llegando al refugio. Le digo al guarda que me quedo.

Sala principal en Margaroli al atardecer, chimenea encendida y mucha ropa húmeda

Llovió como estaba previsto. Es difícil decir cómo de complicado habría sido continuar hasta el siguiente refugio y si quedarme fue una buena decisión. Me sentía mal por ello pero llegó un momento en que tomé la decisión consciente de dejar de darle vueltas. No valía para nada.

Fue un día animado en el refugio Margaroli, con un flujo continuo de montañeros buscando abrigo de la lluvia. Tuve tiempo de hacer planes para lo que quedaba de viaje, relajarme y disfrutar de una buena cena. Lo pasé bien.

A la mañana siguiente, no llovía y el pronóstico decía que lo peor de la tormenta ya había pasado pero el ambiente estaba de todo menos tranquilo. Había momentos de luz pero el cielo estaba mayormente cubierto. De camino hacia Scatta Minoia, puerto a 2599 m, empezó a soplar viento fuerte y hacía mucho frío. Mirando atrás, buena vista del lago Vannino y el refugio Margaroli. La distancia ayuda a camuflar la infraestructura hidráulica.

Lago Vannino desde el sur

Scatta Minoia es lo suficientemente alto como para ser mayormente roca. El ambiente en el collado es invernal, con nube baja y un viento gélido que me hacen apreciar el refugio de emergencia que hay en el mismo puerto. Sólo ha pasado hora y media desde que salí y aún no necesito ni descansar ni comer pero me meto dentro, siquiera para protegerme del viento mientras me abrigo. El refugio está en buen estado pero las paredes de hormigón no lo hacen acogedor.

Alguien se quiso asegurar de que no te lo pasas de largo en condiciones de visibilidad baja

Llueve de nuevo según bajo hacia el otro lado pero es sólo un chaparrón. Para recordar quién manda aquí y que nadie se relaje. El tiempo sigue con patrón inestable. Por otro lado, el paisaje es muy bonito, con un lago y prados alpinos antes de llegar a los primeros árboles.

Hubo momentos de luz. Éste no es uno de ellos

Más abajo, la ruta se mete en el bosque y esto significa una tregua para el montañero cansado de tanta batalla. Lago di Devero es la referencia inequívoca.

Lago di Devero

Pasado el gran lago, llego a Alpe Devero, un praderío llano de forma circular flanqueado por montañas. Da la impresión de haber sido un lago en el pasado pero, si lo fue, ya hace mucho que no. El lugar es ahora accesible por una carreterilla de montaña y está parcialmente urbanizado en estilo alpino. Es un sitio muy bonito, a pesar de las construcciones modernas. Junto con un rato de nubes más finas que dejan pasar algo de sol, me levanta el ánimo.

Alpe Devero

Saliendo de Alpe Devero, la ruta sube a un valle de altura súper-bonito, el típico cuadro de prado alpino flanqueado por bosque con el fondo de los picos de la divisoria. Los rebaños que pastan disfrutan de la hierba; yo, del camino.

Alpe Buscagna

La ruta lleva a Scatta d’Orogna, un collado secundario que da paso a la cabecera de un valle paralelo con un flanqueo hasta otro collado, Passo di Valtendra.

Passo di Valtendra

Desde la hora feliz en Alpe Devero, las nubes habían ido ganando terreno pero el ambiente se mantenía tranquilo. Cruzar Valtendra fue como viajar en el tiempo: de golpe y sin aviso, me encuentro con una masa de nube oscura y viento frío. Fin de la tregua. Para cuando bajo a la cabecera de valle, ya está lloviendo.

Pian du Scricc

No me esperaba este nuevo episodio de lluvia pero me molesta menos de lo que hubiera esperado, quizá porque ya me estoy acostumbrando pero seguro que ayuda saber que, en caso de necesidad, puedo encontrar abrigo un poco más abajo, en Alpe Veglia.

Me paso un rato guarecido de la lluvia junto a la puerta del refugio Citta di Arona valorando mis opciones. Alpe Veglia es un sitio muy bonito, cabecera de valle con el fondo de los tresmiles de la divisoria alpina. Quedan un par de horas de luz, he caminado 27 km y tendría sentido ir a lo fácil y pasar la noche allí. Por otra parte, después del día corto de la jornada anterior, he acumulado déficit y necesito ese par de horas para avanzar todo lo que pueda. Soy consciente de que quedarme en el refugio es, en este caso, algo más que ir a lo fácil: significaría renunciar al objetivo de llegar a Zermatt, ese por el que me había esforzado tanto.

La lluvia había amainado. Decidí seguir adelante.

Alpe Veglia

Es todo cuesta abajo desde Alpe Veglia sobre una pista apta para coches pero empinadísima que salva el escalón entre el alpe y el valle. Subir al alpe debía ser mucho más complicado para montañeros, animales y pastores antes de que la construyeran.

Intento sacar el mayor partido posible a la decisión de seguir adelante bajando al trote cuando la pendiente es favorable y sólo hace falta trabajo de cuádriceps pero no esfuerzo aeróbico. No es la primera vez que hago esto en este viaje ni será la última.

Para cuando llego al primer pueblo del valle, está lloviendo otra vez y estoy tentado de buscar alojamiento allí pero es un sitio turístico; en septiembre, casi desértico, y no parece que fuera fácil o siquiera posible así que sigo adelante.

Una vez en zonas pobladas, el problema para acampar está en encontrar un sitio discreto y, en este caso, algo que sea llano porque el sendero se mete en un flanqueo de muchos kilómetros. En el mapa se ve un rellano prometedor y, cuando llego allí, ya casi de noche, resulta perfecto aunque la foto buena la tuve que sacar a la mañana siguiente.

Bosques de Val Divedro

Mantener el objetivo a tiro es motivante pero también exigente, me obliga a seguir trabajando duro. Había estado revisando mapas antes de dormir y vi una posibilidad de ahorrar algo de tiempo en la bajada a la localidad de Varzo. Mi ruta original va por senderos haciendo un flanqueo. La carretera hace un recorridog paralelo, cerca del fondo de valle. Es más o menos la misma distancia pero en la carretera es más fácil bajar al trote. Sería más largo si hiciera los zig-zags pero los puedo atrochar así que voy por ello. Son 9 km desde campamento y llego a Varzo antes de las 9 h.

Varzo, Italia

Varzo que, por cierto, sería, con mucho, el punto más bajo del viaje a poco más de 500 m de altitud en el puente sobre el Torrente Diveria. Es, también, mi último punto de reaprovisionamiento planeado y recargo con lo que pudiera necesitar para los últimos cinco días de ruta en una de las dos pequeñas tiendas locales.

Sin mucho glamur pero funcional

Tras el punto más bajo viene la subida más larga, 1700 metros verticales de una vez hasta los 2235 m del Passo di Variola en un tramo de 8 km que es consistentemente empinado. Salir del fondo de valle es lo que necesita más esfuerzo y me lo tomo con paciencia. A cota 2000, una última vista de Varzo y su periferia, extendiéndose por la ladera.

Val Divedro, 1500 m más abajo

Llevaba todo el día demasiado ocupado intentando hacer kms y ahorrar tiempo en cada tarea como para tomar nota de algo importante que se hace evidente cuando vuelvo a las alturas alpinas: la meteo está tranquila y estable por primera vez desde ni-me-acuerdo. No voy a renegar de lo entretenido que es el tiempo revuelto pero me alegro tanto por la tregua que no se me ocurre con qué compararlo para que se note que quiero exagerar. Está muy bien poderse relajar y despreocuparse de casi todo lo que no sea caminar.

El paso de Variola cruza una sierra secundaria y me deja la impresión de haberme quedado en el mismo sitio, geográficamente. Da paso a un largo flanqueo sobre el Valle d’Ossola, cuyo fondo está a sólo 250 m de altitud. Allá donde la topografía lo permite, la vista es muy interesante.

Valle d’Ossola

En un progresivo descenso, la ruta entra en un hayedo con esa atmósfera única que sólo tienen los hayedos.

Luz del hayedo

Prosiguiendo con el flanqueo, el sendero asciende para volver a la zona alpina. El cielo sigue despejado pero la tranquilidad parece haber terminado cuando se levanta viento y se siente el frío. Asciendo deprisa, intentando compensar con sobrecalentamiento para poder seguir en camiseta cuando las condiciones están para el plumas.

Paso junto a un prado perfecto, resguardado por el relieve y los últimos árboles, que sería el sitio perfecto para pernoctar en un contexto senderista pero necesito avanzar más. Más arriba, hay varios lagos alpinos con sus zonas llanas que serían el campamento perfecto en un contexto montañero. A mitad de camino entre ambos, el refugio Alpe Laghetto, donde paro para rellenar botellas en la fuente.

Con el sol ya oculto y el viento frío dejándome tieso, me tomo unos minutos para decidir lo que realmente quiero hacer y opto de nuevo por la alta traición. Voy para adentro.

Rifugio Alpe Laghetto

Debo añadir que el refugio es muy agradable, uno de esos pequeñitos y familiares con muy poca gente y ambiente relajado. Lo meto en la carpeta de los placeres culpables.

A la mañana siguiente, me tomo el desayuno lo más pronto que me lo sirven mientras aún está oscuro afuera porque tengo un día muy largo por delante. Para cuando salgo, sale el sol también y es una mañana luminosa y fría. He recuperado energías y la meteo tranquila me levanta el ánimo. Salgo a caminar con ganas de comerme el sendero quizá por primera vez en todo el viaje.

La ruta asciende en flanco varios kms antes del siguiente collado importante. Por el camino, paso junto a esos lagos alpinos que habrían sido, desde luego, un lugar maravillo donde pasar la noche.

Laghi di Campo

El Passo di Pontimia me devuelve a Suiza, siquiera brevemente, y el valle de orientación norte me hace pensar que es mi primer contacto con la cuenca del Ródano pero un vistazo al mapa revela que no, que sigo en la vertiente sur, con la divisoria marcada por los picos de enfrente:

La divisoria alpina en la cabecera del Zwischbergental

Son menos de 5 km por este lado antes de volver a Italia por el Passo d’Andolla, visible en la foto anterior como uno de los puntos bajos de la cresta de la izquierda. Una travesía panorámica.

Pizzo d’Andolla enfrente, collado del mismo nombre a la izquierda

El paso de Andolla es caminable en ambos lados a pesar de lo empinado de las paredes que cruza. Me lleva de vuelta a Italia.

Passo d’Andolla

La vista al otro lado es muy reveladora de lo que viene a continuación, puedo ver toda la cabecera que tendré que cruzar así como el siguiente puerto, en algún lugar de la cresta de enfrente.

De Andolla a Coronette

Reutilizando nombres, está el refugio de Andolla ahí abajo. El descenso no tiene problemas. Las señales van advirtiendo de la dificultad del Passo di Coronette, que viene a continuación, cuya cara sur es una canal estrecha equipada con cadenas. El texto dice que sólo para expertos. Ya veré si me puedo considerar experto para estándares senderistas italianos.

Lo que no mencionan las señales es la incómoda sección en la aproximación al paso, donde la ruta cambia de lado del valle. El sendero poco definido y la vegetación densa hacen que el progreso sea desesperantemente lento pero hago un esfuerzo consciente por no que no cunda la prisa. El final de la ascensión es mucho más agradable y la luz acompaña.

Punto multi-nombre de camino al Passo delle Coronette

El paso no es siquiera un collado, sólo el punto de acceso a la canal del otro lado, y ofrece vistas al represado Lago di Camposecco.

Lago di Camposecco

Con la roca seca, la canal no sería mayor problema si fuera en ascenso. Bajarla es un poco más delicado al llevar una mochila grande, con el riesgo de que se golpee contra la pared y te eche para fuera. Uso la cadena en algunos puntos.

Descenso del Passo delle Coronette

Una vez fuera de la canal, la diversión aún no ha terminado. Una extensa pedrera que llega hasta la orilla del lago hace el avance lento y empiezo a pensar que una jornada de más de 30 km en este terreno va a ser un reto pero tengo claro que, si hay algún momento para avanzar deprisa, no es éste.

Muchas piedras

Para cuando llego al nivel del lago, es media tarde y me queda más de la mitad de la distancia prevista para el día. Las nubes ya no hacen bonito, ahora cubren todo el cielo. Después de una mañana efusiva, me encuentro de vuelta en la cruda realidad del trabajo gregario.

Lago di Camposecco

Las infraestructuras hidráulicas, al menos, me permiten avanzar deprisa, siquiera por un rato. La ladera es empinada pero hay una plataformilla lisa, probablemente lleve alguna tubería debajo.

Sendero improvisado

Sin conocer la zona previamente, había notado en el mapa una sección de ruta extrañamente rectilínea que no se correspondía con lo que haría un sendero en el flanqueo de una ladera empinada y supuse que sólo podía ser un túnel. Una búsqueda rápida en la red confirmó que, efectivamente, era un túnel, de casi 3 km.

Ni idea de qué hacía un túnel ahí, tampoco lo investigué. Sí que leí que había un interruptor de luz en cada entrada con una temporización que debería bastar para llegar al otro lado. El resto, lo vería in-situ.

Las señales dejan claro que es por ahí

El túnel resulta ser parte de la infraestructura hidráulica asociada a los lagos represados de Camposecco y Cingino. Lleva dentro una tubería gorda que deja el sitio justo para caminar a su lado. La altura del techo era suficiente para mis 1.70 m pero tan justita que, instintivamente, caminaba un poco inclinado. Mal sitio para alguien que padezca claustrofobia.

El túnel

Un sitio oscuro y húmedo. El suelo estaba encharcado casi de continuo; a veces, el charco dejaba un hueco seco sobre el que pisar pero otras cubría el ancho completo y había que meter el pie dentro. Podía ser profundo. Sólo algunas secciones tenían una rejilla metálica sobre el charco. Era inevitable salir de allí con los pies mojados. La iluminación ayudaba en el sentido de que era mejor que no tenerla pero no era continua, los puntos de luz estaban alejados lo suficiente para dejar espacio oscuro entre ellos. Me habría venido bien un frontal más potente que el pequeñito que llevaba.

En el lado de Camposecco, por donde entré, el interruptor de luz estaba varios metros en el interior. Me pasé un buen rato tonto buscándolo junto a la puerta.

Crucé el túnel lo más rápido que pude y fue un alivio salir. No fue mal pero tampoco una experiencia agradable.

Una gran alegría volver a la luz aunque el ambiente está lejos de ser luminoso. Las nubes son gruesas, empieza a llover y me alegro de tener opciones a cubierto para el final del día. Mi objetivo es el refugio Oberto-Maroli, del que aún me separan dos puertos. Necesitaría llegar como mínimo hasta allí si quisiera mantener Zermatt al alcance. Sólo quedan tres días más y ya no hay colchón.

Apenas he parado para descansar en todo el día pero no me ha servido para ir sobrado, bien al contrario, el resto de la jornada va a ser una carrera contra el tiempo si quiero pasar el último collado antes de que se haga de noche así que no pierdo un minuto para celebrar la vuelta a la superficie y voy directo hacia el Passo di Antigine.

Passo di Antigine, cara sur

También identificado como Ofentalpass. Éste es, por fin, un collado transalpino que me devuelve a la vertiente suiza. Cuando lo cruzo, piso la cuenca del Ródano por primera vez en el viaje.

Cabecera del Saastal

Me alegra ver que he hecho un buen tiempo en la subida y que, en condiciones normales, debería poder llegar a Oberto-Maroli antes del anochecer pero sólo si no paro ni para estornudar. La ruta desciende por el lado suizo lo justo para encontrar terreno favorable para rodear el Pizzo di Antigine, después vuelve a subir hacia los 2845 m del Passo del Moro. Se echa la niebla y se hace tarde, no estoy seguro de cuál de los dos factores pesa más en la oscuridad general pero, como sea, me alegro de que la señalización sea muy buena en este tramo.

Ascenso al Passo del Moro

Llego al paso en condiciones de visibilidad escasa, de vuelta a Italia y la cuenca del Po pero sin tiempo para valorar esos hitos. Sin ser catastróficas, las condiciones ahí arriba eran delicadas: humedad, viento y frío. No se ve nada pero sólo debería haber que descender unos minutos para llegar a la estación superior de varios remontes de esquí y el refugio.

Bajo deprisa y la niebla se levanta brevemente para mostrar una escena de pinta desolada. Más edificios de los que me gustaría ver cerca de la cima de una montaña y ningún signo de actividad.

Escalones metálicos para bajar del paso

Me alegré infinito de haber llamado por teléfono la noche anterior para verificar que Oberto-Maroli estaba aún abierto y atendido porque, según me acerco, no lo parece.

Rifugio Oberto-Maroli

Son las 20 h de mediados de septiembre y no molaría nada encontrar un refugio cerrado estando a 2800 m así que es un alivio cuando por fin veo una luz a través de la puerta y ésta se abre cuando la empujo. Es como entrar en otra dimensión.

Notable contraste

Seré el único huesped esa noche. El guarda confirma que ya no hay mucha gente por las montañas y que el refugio cerrará en unos días.

Sólo han sido 32 km pero qué largos 32 km. Me han llevado más de 12 horas, en las que sólo me he tomado un descanso de media. A estas alturas de viaje, cuando tengo ya tanta hambre que podría estar comiendo todo el día, he estado sin comer nada por más de 8 horas. No sé ni cómo hice eso pero supongo que la motivación tuvo más peso que el hambre o el cansancio.

No sé si era algo estándar o un extra por ser el único cliente pero, desde luego, no me quejé de la cena copiosa de tres platos. El guarda no hacía más que sacar otro más y yo me los comía todos. Para mi propia sorpresa, sin pestañear, me entraron solos. Me acabé hasta el cesto de pan. Parece claro que tenía mucho hueco.

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En este punto, estaba a tres días y menos de 80 km del objetivo. Había conseguido hacerlo posible. El pronóstico del tiempo no era del todo malo, con una masa de aire frío instalada en la región que iba a traer temperaturas bajas e inestabilidad general pero sin apenas lluvia. Quedaba mucho trabajo por delante pero sentía que ya nada podía salir mal.

St. Moritz-Zermatt, parte 1: Alpenpässe Weg

En la parte final del verano de 2024, caminé de St. Moritz a Zermatt a lo largo de los Alpes suizos/italianos. El contenido a continuación es una crónica de la primera semana de viaje, en la que seguí la ruta Alpenpässe-Weg (no completa)

Alpenpässe Weg

El viaje en tren a primera hora entre Zurich y St. Moritz es agradable y relajante pero, para cuando me acerco al destino, me voy impacientando, lo que quiero es empezar a caminar ya. Lo hago desde la misma estación de tren, con la sensación extraña de cargar un mochilón a lo largo de los hoteles de lujo y alguna limusina y con parada obligatoria en una tienda de montaña para comprar gas. Con eso, ya lo tengo todo.

St. Moritz

La ruta a través de la zona urbana está bien señalizada y emerge de entre el bosque a laderas herbosas cosidas a infraestructuras de esquí. La desconexión tendrá que ser gradual.

Laderas sobre St. Moritz

La línea que voy a seguir durante la primera semana va dibujada sobre la Ruta 6 del sistema suizo, identificada también como la Alpenpässe-Weg. Tiene su propia pegatina en la mayoría de postes de señales.

Señalización suiza

Pasados los remontes de esquí y sus edificios mamotreto, la ruta enfila un valle de altura de camino hacia el primer puerto del viaje. El paisaje se pone alpino.

Hacia lo alpino

Fuorcla Schlattain es un paso elevado, 2873 m, pero nada remoto, accesible por pista y frecuentado por ciclistas. Tengo que esperar un poco más para entrar en terreno que sólo se puede recorrer a pie en la subida a Fuorcla Suvretta. La vista adelante desde el paso a 2966 m ya no muestra ninguna infraestructura más que el sendero.

Desde Fuorcla Suvretta

A partir de aquí, la ruta ya se mete en las profundidades del macizo al oeste de St. Moritz, descendiendo lo justo para rodear un pico secundario y vuelta para arriba en un ascenso gradual a la Fuorcla d’Agnel en una cabecera con restos glaciales.

Fuorcla d’Agnel en el centro-izquierda

El collado se queda a sólo 7 m de los tres mil pero no tengo ni la tentación de subir un poco más para redondear la cifra porque se hace tarde y todavía tengo que bajar lo suficiente como para encontrar terreno acampable.

Vista al sur desde Fuorcla d’Agnel

Unos dos km horizontales más allá y 400 m verticales más abajo, la vegetación empieza a ganar a la roca y puedo instalarme antes de que oscurezca. Será el campamento más alto del viaje.

Cabecera del Val d’Agnel

A la mañana siguiente, el ambiente es tranquilo y luminoso. La pirámide es como una versión abstracta de los picos de alrededor.

Pirámide pequeña entre otras mucho más grandes

Hay una ruta valle abajo pero la mía sale por otro lado, en ascenso hacia un puerto secundario para salir del macizo a los flancos de Val Surses, el siguiente valle troncal hacia el oeste.

Fuorcla digl Leget

El camino se mantiene elevado sobre el fondo de valle, descendiendo lo justo para llegar a praderíos y un balcón llano con acceso por pista, Alp Flix.

Camino a Alp Flix

La mayoría de los edificios en la zona son de uso ganadero pero también hay un alojamiento con bar. No suelo comer dulces pero cuando estoy de ruta es el momento para expandir horizontes alimenticios. En una terraza con vistas.

Me lo había ganado

Me comí dos trozos de tarta y no sería la última vez.

Desde Alp Flix, sería posible seguir ladera adelante sin apenas ganar altura pero el Alpenpässe-Weg toma una ruta más elevada e interesante antes de bajar al valle. Por el camino, aparecen de la nada nubes suficientes para que me caiga el primer chubasco del viaje pero vuelve a salir el sol a continuación. Atravieso bosque durante un rato.

Un rato de bosque

La ruta baja al valle y lo cruza a la altura de la localidad de Savognin. Llego allí con un par de horas de luz restantes y con la idea de usarlas para alejarme de las zonas habitadas pero es entonces cuando vuelve la lluvia y esta vez se pone muy tormentosa. Busco un techo y valoro mis opciones mientras me hago consciente de lo difícil que es salir voluntariamente a mojarse cuando ya queda muy poco para acabar la jornada.

Lluvioso Savognin

Esperar a que amainara acabó provocando que decidiera quedarme para pasar la noche en el pueblo. No era mi plan ideal pero me cuadra. Al menos, es temporada baja y el lugar está muy tranquilo.

No tuve que irme muy lejos para cenar en Savognin

A la mañana siguiente, el cielo está parcialmente velado pero no llueve. Cruzo el puente sobre el Gelgia, una de las ramas cabeceras del Rin.

Aguas arriba en el Gelgia

Me lleva un par de horas salir del valle y llegar a la zona alpina en ruta hacia el Paso Schmorras, un ascenso agradable una vez que las pistas ganaderas quedan atrás.

De camino al Paso Schmorras

Hace sol cuando cruzo el collado pero lo más claro de todo no es el cielo sino que el patrón tormentoso sigue activo y que en algún momento va a llover otra vez. Efectivamente, se cubre rápidamente según bajo hacia Val Ferrera y acabo haciendo al trote, para evitar mojarme mucho, el último kilómetro antes de llegar a Ausserferrera, un pueblo pequeñín en el fondo de valle. Por suerte, encuentro un sitio techado donde puedo descansar y comer a cubierto.

Ausserferrera

Me gusta este mix de alemán e italiano en los nombres de lugares, es muy curioso. Nótese que hay también un Innerferrera aguas arriba en el mismo valle.

Llueve bastante fuerte durante un buen rato pero el pronóstico dice que va a parar así que termino de comer y sigo adelante con confianza. Bajar a un valle profundo implica subir mucho para salir de ahí y, como en este caso, en terreno muy empinado por el bosque. Con el ambiente húmedo tras la lluvia, me gano una buena sudada. Pasado el límite del bosque, vistas del modesto tresmil Piz Grisch al otro lado del valle.

Piz Grisch, otro tresmil del que no había oído nunca

En esta ocasión, no hay un puerto que cruzar sino un flanqueo para volver a bajar a otro valle de la misma cuenca. Esperaba progreso fácil en este tramo y me resultó frustrante ver que no, al contrario, el sendero era consistentemente rocoso e irregular y el avance, lento. Fue un alivio llegar a senderos de mejor calidad en el descenso hacia Rheinwald que, a vista de mapa, parece el valle principal de todos los que alimentan al Rin en esta zona. Buena vista aguas arriba a pesar del bajo ángulo del sol poniente:

Rheinwald al atardecer

Una vez abajo, la ruta me lleva hasta la localidad de Splügen. Técnicamente, podría pasar de largo, iniciar el ascenso por la ladera de enfrente y acampar en zona alpina antes de que se hiciera de noche pero me siento tan cansado que ni valoro la opción. Hay un camping en el pueblo y con eso me va bien. De hecho, estoy tan sumamente cansado que le hago ojillos al hotel estilo suizo que veo al pasar por el centro, entre que ir hasta el camping es casi 1 km extra y que me siento demasiado fundido para estar al aire libre, aunque no llueve y ni siquiera hace frío.

Splügen

Que no cunda el pánico, tengo claro cuál es mi sitio en el mundo, en esta ocasión. Los hotelitos no están descartados pero los considero un lujo que hay que ganarse. Hoy pondré la tienda.

Splügen camping

La mañana del día 4 es plomiza una vez más y así está también mi estado de ánimo. Me concentro en caminar, que es algo fácil de hacer, sólo hay que dar pasos. Ladera empinada para salir del valle con vistas atrás a Splügen y el Rheinwald.

Vista al sur, Italia al otro lado de los picos más altos

Pasada la última majada ganadera, es una subida corta y sencilla hasta el Safierberg, un collado que da acceso al Safiental, un valle de orientación norte. Roca vertical flanqueando el puerto.

Safierberg

Una vez abajo, la ruta toma una pista de grava que da acceso a varios chalets y el ambiente torna suburbano durante un buen tramo que incluye una casa de comidas donde entro a tomarme una sopa. Lo tomo como parte de la experiencia alpina.

Parte integral de la experiencia alpina

A continuación, el Alpenpässe-Weg inicia un larguísimo flanqueo en ascenso gradual, con estupendas vistas atrás hacia el alto Safiental:

Safiental

Es todo terreno herboso en ruta al Güner Lückli, un punto débil en la divisoria entre Safiental y Val Lumnezia, de germánico a latino en un solo collado sin salir de Suiza. Aparecen claros entre las nubes por primera vez en todo el día según paso junto al primer alpe en el descenso. Saludo a las vacas y al pastor.

Alp Gregt

Doy por terminado el día en un balcón sobre el valle principal, poco antes de llegar al primer pueblo, en un hueco discreto. A estas alturas, aún no sé de la tolerancia en esta región hacia la acampada libre fuera de las zonas alpinas.

Mejor luz por la mañana, Val Lumnezia

El día 5 arranca nublado una vez más. La sección a continuación es aguas arriba a lo largo de Val Lumnezia, a lo largo de zonas habitadas aunque incluye un tramo largo sobre la cresta que cierra el valle por el norte. El ambiente es húmedo y pesado, el paisaje es agradable pero nada épico y no me siento motivado. Buenas vistas del valle según bajo.

Aguas arriba Val Lumnezia

El fondo de valle tiene sitio para el Glogn, otra de las ramas cabeceras del Rin, una carretera y nada más, todos los pueblos están en las plataformas más o menos planas de las laderas. Tengo que cruzar al lado opuesto y subir 1200 m verticales hasta la cresta. Sería tentador seguir una ruta paralela a menor altitud, de pueblo a pueblo, y ahorrarme así algo de distancia y mil metros de desnivel. En mi estado precario de moral, necesito leerme a mí mismo la cartilla sobre la importancia de cumplir los planes.

Durante la subida, paso por Vella, un pueblo lo suficientemente grande como para tener un supermercado y que debía ser mi primer punto de reaprovisionamiento. Está muy bien que siempre haya algún sitio cubierto en las zonas públicas porque empieza a llover otra vez mientras re-empaqueto las compras.

Volg Vella

Vella tiene aire turístico y, siendo principios de septiembre, está bastante muerto. Continúo el ascenso con más resignación que entusiasmo.

Vella en Val Lumnezia

Hay algo que sí es un aliciente en el tramo que viene por delante: será el punto más al norte de este viaje y lo más cerca que estaré de la ruta de mi primer viaje en esta región así que llegar a la cresta será algo más que acceder a una buena vista porque un par de valles más al norte, detrás de los picos nublados al fondo, está la sección de la Via Alpina 1 que recorrí hace unos años.

Vista al norte sobre Surselva y la rama principal de la cabecera del Rin

Recuerdo haber echado la vista sobre la otra cara de esas mismas montañas y preguntarme qué había detrás. Me encanta esto de unir puntos geográficos.

Mirando adelante, tengo la única sección sobre cresta de todo el viaje. El punto más alto será el aquí modesto Piz Sezner, de 2309 m.

El sendero a Piz Sezner

Pasado el pico, la Ruta Número 6 desciende de vuelta a la altura de las zonas habitadas de Val Lumnezia. El pronóstico anuncia lluvia pero, para cuando llego a las útimas aldeas del valle, estoy en el rato más luminoso del día.

Val Lumnezia, aguas abajo

El sendero desemboca en la carretera a la entrada de Vrin, el último pueblo de cierto tamaño en Val Lumnezia, con una arquitectura muy interesante y un ambiente mucho más rural que turístico.

Vrin

Pasado Vrin, sólo quedan unas pocas aldeas pequeñas de nombres que, una vez más, mezclan alemán e italiano: Cons, Ligiazun, Sogn Giusep y Puzzatsch. Podría pasar de largo y esperar encontrar algo llano donde acampar de camino a la cabecera del valle pero va a llover y mis niveles de energía están molestamente bajos así que no dejo pasar la opción de una casa de huéspedes que ya había identificado en el mapa y que se había convertido en mi faro a lo largo de un día atravesado. Di la jornada por terminada a las 5 y media tras sólo 32 km y pasé una noche más bajo techo.

Casita para esta noche

Según escribo esto, no puedo evitar pensar en la línea de «era muy pronto, ¿por qué no continué un par de horas más?» y me siento un poco calzonazos. Recuerdo que, en aquel momento, me pareció que parar tenía mucho sentido. Es lo que necesitaba hacer.

Llovió al final del día, probablemente también durante la noche y la mañana era de todo menos acogedora: cubierto con llovizna y un pronóstico sombrío para la tarde. Ayudó mucho a la moral empezar la subida al paso Diesrut desde un entorno seco. Empezar de cero.

A la izquierda

La ruta continúa por la carretera, que es ya de un solo carril y llega hasta la última aldea del valle y desemboca en sendero de montaña prototípico en curso hacia la cabecera del valle y el puerto.

Puzzatsch, a 1667 m

Es un ascenso sin dificultades al paso Diesrut. Al otro lado, magnífico panorama del Pianno della Greina, típico caso de valle de altura de fondo plano con prados y arroyo serpenteante. Es muy bienvenido que, para variar, después de un puerto, la ruta se mantenga en altura y no baje directamente a zonas urbanas. La meteo no lo pone fácil pero disfruto mucho de este rato.

Pianno della Greina desde el paso Diesrut

Este área es muy interesante, geográficamente, además de un hito importante. El Pianno della Greina drena al norte hacia el Rin pero la divisoria está a, literalmente, un tiro de piedra, si tienes un buen brazo. Una pequeña elevación en el flanco sur del valle es todo lo que separa la cuenca del Rin de la del Po. El arroyo que llevo al lado discurre tranquilo, llevando el agua al Mar del Norte, no sé si se da cuenta de lo cerca que ha estado de acabar en el Adriático.

Pianno della Greina, vista atrás hacia el norte con el paso Diesrut oculto al fondo derecha

La ruta sigue hacia el oeste y eso me lleva, inevitablemente, a cambiar de cuenca. Sólo un par de km más allá, a 2355 m, atravieso el Passo della Greina, otro punto divisorio, todavía en territorio político de Suiza. Vuelve a llover y esta vez ya con intensidad así que avanzo lo más rápido que puedo para llegar cuanto antes a Capanna Scaletta. Está genial esto de que haya ahí un refugio cuando más lo necesitas.

Capanna Scaletta

Es hora de comer así que el refugio me hace múltiple servicio: descansar a cubierto y doble ronda de sopa mientras hago planes para lo que queda del día.

Sopa caliente, no podría imaginar nada mejor

Para cuando toca salir, la lluvia es constante aunque no muy fuerte pero el pronóstico es de que no pare en todo el día y pueda llegar a ser fuerte. Lo fácil sería dar la jornada por terminada y echar la tarde en el refugio. En esta ocasión, decido seguir adelante. Es un salto con red porque lo siguiente es bajar al valle y allí hay un pueblo. Ni idea de si allí hay algún sitio en el que meterse pero en la siguiente subida encontraría otro refugio sin tener que pasar por ningún tramo expuesto. En esas condiciones, acepto mojarme.

No hay fotos de las siguientes 3 h. Durante el descenso, la lluvia se intensificó. Me concentré en seguir caminando y mantener secas las piezas sensibles. Para cuando llegué a Campo Blenio, un pequeño pueblo en el valle, estaba empapado de pies a cabeza, incómodo, bajo de moral y algo enfadado conmigo mismo por el pobre desempeño. Me sentí derrotado por la lluvia una vez más, una derrota rápida y completa.

Me puse a cubierto en el pueblo para descansar un poco y entrar en calor pero sólo conseguí entrar en aún más frío al estar parado y no estaba la cosa como para abrir la mochila y buscar ropa así que limité la parada a aliviar el cuerpo del peso de la mochila por unos minutos. Aunque valoré intentar encontrar alojamiento en el pueblo, no estaba claro si lo habría y no parecía fácil de averiguar, todo parecía cerrado y apenas se veía a nadie. De todas formas, sólo eran 5 km más a la Capanna Bovarina. Todo lo que quería era terminar el día cuanto antes. Salí de nuevo.

Llegué al refugio a media tarde. De entre todas mis cosas, sólo el contenido de la mochila estaba seco. Por lo menos, el contenido de la mochila estaba seco.

Capanna Bovarina es un refugio pequeño y familiar en el límite del bosque. No hace falta ni mencionar que, dadas las circunstancias, cualquier cosa a cubierto habría sido un palacio pero los refugios grandes suelen ser impersonales y me alegro de que éste no lo sea. Hay una habitación de secado de buen tamaño que está hasta arriba con las cosas mojadas de otros huéspedes del día y echo un buen rato encajando todo lo mío.

Mal día para estar en la terraza en Capanna Bovarina

Es maravilloso estar dentro cuando el ambiente fuera es tan poco acogedor.

La mañana siguiente comienza cubierta con sirimiri ocasional pero el pronóstico es que las nubes se irán retirando y no va a llover durante el resto del día. Es lo que necesitaba oír. Salgo del refugio en medio de la niebla hacia el paso de Gana Negra.

Sigue la oscuridad

Efectivamente, se empiezan a abrir claros según asciendo. Esto es alentador.

Vuelve la luz

El collado da paso a un panorama de nubes rotas agarrándose a los picos y aún ocupando el fondo de valle.

Luz, nubes, de todo

Me entusiasmé demasiado rápido con la perspectiva de un día seco. Podría serlo desde arriba pero el problema ahora venía de abajo. Según desciendo hacia Valle Santa Maria, entro de nuevo en la nube y, con ello, en un entorno saturado donde todo está chorreando. La vegetación es capaz de contener una cantidad enorme de agua. De cintura para abajo, acabo más mojado que si hubiera seguido lloviendo.

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La calada máxima es sólo de rodilla para abajo y, en realidad, sería poco más que una anécdota de no ser porque tenía otras expectativas.

De camino al siguiente puerto, Passo delle Columbe, salgo de la nube y el sol luce de nuevo.

Luz otra vez

Es un paso fácil, sobre terreno herboso y con un descenso largo y tendido sobre un camino amplio que da para avanzar a buen ritmo por Val Piora hasta el lago Ritóm. Allí, el camino da paso a una pista de grava, aún más fácil.

Val Piora

Lago Ritóm

Me viene genial sumar kilómetros pero el ambiente no es muy silvestre. En retrospectiva, veo que habría sido mejor recorrer esta zona por Val Cadlimo, un valle paralelo más elevado y remoto pero durante la planificación no me di cuenta del potencial de Val Piora para dejarme frío.

Pasado el Lago Ritóm, afronto el tramo menos atractivo de todo el viaje. Éste sí lo vi venir pero no había solución sencilla. Tengo que bajar a Valle Leventina y cruzar Airolo, la población más grande por la que pasaré. El valle es la principal vía de comunicación norte-sur en la región y es un infierno de vías de tren y carreteras, incluyendo una autopista de dos carriles por sentido. Airolo es el punto de acceso al Passo del San Gottardo, que atraviesa la divisoria alpina. El ruido del tráfico es notorio durante todo el flanqueo que lleva a Airolo.

Airolo, fábricas y atascos

Paso de largo lo más rápido posible y es un alivio cuando subo por la ladera opuesta y Valle Leventina pasa a ser sólo una vista que pronto dejaré atrás.

Valle Leventina

No me queda tiempo para subir a la zona alpina pero el bosque me servirá para plantar la tienda al final del que sería el día más largo del viaje.

A descansar, por fin

A primera hora de la mañana siguiente, abandonaré el Alpenpässe-Weg para torcer al sur hacia la alta montaña y, a continuación, la frontera con Italia.

St. Moritz-Zermatt, Impresiones de Fondo

En el verano de 2024, caminé de St. Moritz a Zermatt a lo largo de la frontera entre Suiza e Italia. Ahora que los recuerdos han tenido tiempo para reposar, los que quedan han de ser necesariamente los más importantes.

Es difícil promediar 30 km al día en septiembre

Puede ser fácil hacerlo un día, incluso con una mochila grande a la espalda y cifras de desnivel en los 4 dígitos, pero promediarlo es otra cosa. En septiembre, a diferencia de la primavera o el inicio del verano, hay poco colchón para cubrir la posibilidad de que haya algún día corto. Un sólo evento meteorológico que fuerce un retraso puede arruinar la media y la escasez de horas de luz complica recuperarla.

St. Moritz-Zermatt, sinopsis

En el verano de 2024, caminé de St. Moritz a Zermatt a lo largo de la frontera entre Suiza e Italia. Muchas montañas.

Plan

La idea era recorrer la franja sur de los alpes suizos en una ruta lineal con sentido que pudiera encajar en dos semanas. No faltan posibilidades, gracias a la densa red de senderos.

Pinté mi recorrido a lo largo de la ruta número 6 del sistema suizo, Alpenpasse-Weg, durante aproximadamente la primera semana. Cuando el Alpenpasse-Weg, a vista de mapa, parecía meterse en terreno menos interesante, seguí pintando por senderos transfronterizos y, durante la segunda semana, seguir mayormente la Grande Travesata delle Alpi / Via Alpina Blu, en el lado italiano.

En los días finales, el diseño original era para recorrer la mitad sur del Tour de Monte Rosa en sentido anti-horario y llegar a Zermatt desde el sur. Éste fue el único tramo en el que cambié el plan y fue por problemas meteorológicos. El tiempo se había puesto invernal y me pareció poco prudente tener que cruzar un paso elevado para volver al lado suizo en el último día, vi riesgo de quedarme atascado en el lado equivocado de las montañas en un momento en el que no me lo podría haber permitido así que decidí mantenerme en el lado suizo durante los últimos tres días, recorriendo la mitad norte del Tour de Monte Rosa.

De St. Moritz a Zermatt en el contexto del arco alpino

20 años de Viajarapie

No recuerdo la fecha exacta. Si hago caso de los registros de publicación de las entradas más antiguas, sería el 20 de octubre pero esos registros fueron creados a mano cuando me trasladé a WordPress. Tampoco importa mucho el día, lo que sí recuerdo es que en otoño 2004 publiqué la primera versión de este espacio Web.

Aspecto del Viajarapie original

Era súper-básico, HTML pelado. En parte, me gustaba que fuera así, me ayudaba a tener claro que lo importante era el contenido. Luego llegaron necesidades funcionales nuevas que se me fueron haciendo demasiado difíciles de implementar, acabé moviéndolo todo a la plataforma WordPress en 2015 y hasta aquí.

Según mi panel de administración, estos 20 años han dado para casi 700 entradas, más de 100 páginas y seismil y pico imágenes en dos idiomas. De esta última cifra, ya era consciente.

En 2004, esto era un juguete relativamente nuevo. Yo quería contar mis cosas y me pareció un buen medio, accesible e inmediato pero con vocación de permanencia. Desde entonces, los modelos de comunicación en la red han dado muchas vueltas y los espacios personales autogestionados han seguido vigentes porque cumplen esas características mejor que ningún otro.

Me gusta lo que he hecho en estos 20 años. En 2024, mi impresión es que seguiré trabajando en Viajarapie mientras sienta que tengo cosas que contar.

Norge Midt Notas sobre Material

Todo lo que me parece destacable en cuanto a técnica y material utilizado en Noruega en el verano de 2023.

Shelter – Locus Gear Khufu

La Khufu es una tienda piramidal de una plaza. Es un diseño modular en material DCF y que se puede montar sustentada en bastones de caminar. En este viaje, la utilicé con una tienda interior con paredes de rejilla y cobertura en planta de 2/3 y llevé también la pieza extra para un montaje con dos bastones en forma de V invertida.

Locus Gear Khufu

Viento

Por defecto y costumbre, utilizaba siempre los 12 puntos de anclaje, aunque el viento no fuera fuerte en el momento del montaje pero nunca se sabe qué va a pasar a lo largo de la noche y las localizaciones eran casi siempre expuestas. Por suerte, nunca tuve episodios de viento intenso en campamento y, al mismo tiempo, por desgracia, no tengo experiencia que comentar al respecto. La Khufu, bien montada y anclada, tiene un aspecto muy sólido pero habrá que esperar a otro viaje para un test serio.

Vista frontal con todos los anclajes

Lluvia

Pasé por varios episodios de lluvia fuerte y la Khufu los soportó muy bien. El factor en el que noté una mejora más importante respecto a mi anterior tienda por defecto para la larga distancia, un Trailstar de MLD en Silnylon, fue que la Khufu mantuvo, de media, un ambiente interior menos húmedo. Tuve condensación pero nunca precipitación desde las paredes, que recuerdo como un problema notable con el Trailstar.

Los factores más probables de esta diferencia importante entre ambas tiendas son la mayor inclinación de las paredes en la Khufu y el hecho de que la usaba con tienda interior, aunque fuera de paredes de micro-red. Se suele argumentar que el DCF condensa menos que el Silnylon aunque no veo ninguna razón convincente que sustente tal cosa.

Soy consciente de que las comparaciones pueden ser injustas porque las condiciones nunca son idénticas pero sí creo que he usado ambas tiendas, Khufu y Trailstar, lo suficiente como para concluir que la Khufu me mantiene más seco. Esto es importante siempre pero especialmente en sitios húmedos como Noruega donde, más allá de la incomodidad, un ambiente saturado de forma reiterada puede llegar a comprometer la función de las prendas aislantes, especialmente las de pluma.

Lado corto

Impermeable Torso – Houdini The Shelter Anorak

Recordaba bien lo vulnerable que me había llegado a sentir en Noruega en tiempo lluvioso con mis prendas impermeables ligeras habituales y tenía claro que necesitaba hacer algo al respecto así que, por primera vez en décadas, me compré un top impermeable de 3 capas, esperando mejor protección. No estoy seguro de hasta qué punto funcionó.

Este anorak es un diseño que me gusta, estilo pulóver, con corte amplio y lo suficientemente largo como para cubrir el torso bien pasada la cintura. A principio de viaje, era prácticamente nuevo.

Houdini The Shelter Anorak

Mis reservas son respecto a la impermeabilidad. Yo habría esperado que una prenda nueva, de 3 capas y una columna de 20.000 mm sería seriamente impermeable, sea lo que sea lo que eso signifique, que eso es otra. Me quedé con la impresión de que quizá no tanto.

El primer problema que noté, desde la primera prueba, es que la capa textil exterior no hacía de primera barrera, las gotas impregnaban el material inmediatamente y se difundían en superficie y hacia el interior de las fibras. Esto me sorprendió mucho. Cualquier corta-viento barato que he tenido, que ni era impermeable ni lo pretendía, gestionaba mejor esta parte. Ya sabemos que lo impermeable es la membrana pero un textil exterior saturado de humedad no es un buen comienzo.

En términos prácticos, el anorak me mantuvo razonablemente seco. Cuando me lo quité tras algún episodio serio de lluvia, tenía zonas húmedas en la prenda que llevara debajo, principalmente en la zona de los codos, pero nada catastrófico. Funcionó mejor que las prendas ligeras que venía usando. Al mismo tiempo, no cumplió expectativas.

Admito mi escasa experiencia con prendas de 3 capas y asumo que quizá esto sea lo que hay.

Impermeable Pantalón – Rab Downpour Eco

Igual que con la prenda para el torso, mi impresión era que las versiones ligeras no eran suficientes para las condiciones de Noruega y que, para tener autonomía en la larga distancia, necesitaría algo más, siempre consciente de que las piernas son menos críticas que el torso, máxime cuando el anorak cubría bien por debajo de la cintura. Dicho esto, quería sentir que podría caminar bajo la lluvia durante horas, si hacía falta, sin dar una caladura completa por garantizada.

Tampoco me compliqué mucho con la búsqueda de unos pantalones y me quedé satisfecho con un modelo con buenas críticas que pude encontrar localmente. Los pantalones Downpour Eco de Rab no son ultraligeros pero tampoco muy pesados, son un diseño simple y sin sobrecargas. El único extra que incluyen es una cremallera en la parte baja de cada pierna para poder poner y quitar por encima del calzado. Es lo único que no me gustaba, a priori, y tampoco lo hace a posteriori. Reconozco la mayor comodidad del quita-y-pon pero es algo de lo que podría prescindir. Esas cremalleras no sólo son un poco de peso extra, sucede también que están en un sitio muy propenso a ensuciarse, cosa muy mala para las cremalleras y que las puede estropear a la larga.

La solapa ayuda pero no es suficiente

Entiendo que unos pantalones impermeables no son una prenda que vaya a estar en uso continuo, con lo que, por muy mala vida que se dé a esas cremalleras, probablemente no sea por ahí por donde la prenda empiece a fallar, con lo que este aspecto negativo puede tener poca importancia real. De todas formas, de ponerles una abertura ahí, yo usaría velcro.

Doble capa impermeable

La idea aquí era llevar no una sino dos prendas impermeables para el torso, algo que pudiera usar por debajo o por encima del anorak cuando la lluvia fuera especialmente fuerte o de larga duración. Puede parecer exagerado y poco práctico pero tenía muy presente la sensación de desprotección y de estar a merced de los elementos en viajes anteriores por la zona y sentía que tenía que hacer algo más que comprar prendas convencionales de calidad. Se me ocurrió esto.

La lógica es la siguiente: todas las prendas impermeables que he usado, sin excepción, han acabado siendo superadas tarde o temprano y no esperaba que las nuevas que llevaba para este viaje fueran a ser una excepción; como mucho, esperaba que aguantaran más tiempo. Al usar una segunda pieza impermeable en el torso, que es la parte más crítica, esperaba no sólo posponer más la caladura generalizada sino quizá también buscar algún tipo de valor añadido o sinergia entre prendas.

Era un experimento del que sacar conclusiones. Soy consciente de que un viaje de alto compromiso no es el mejor escenario para hacer experimentos pero es que las condiciones del test son difíciles de reproducir fuera del contexto de un viaje de alto compromiso. La lluvia puede ser la misma y hasta puedes reproducir el tamaño de la mochila pero no la necesidad de autonomía y la dependencia de tus propios medios y eso lo cambiaría todo. En cualquier caso, se trataba de sumar, ¿qué podía salir mal?

Era un experimento interesante. Me preguntaba si la suma de las dos capas mantendría el resto seco más tiempo de lo que lo haría cada una de las capas por separado. En el menos bueno de los casos, esperaba sentirme mejor protegido, con más recursos para soportar lluvia prolongada y con la impresión de que el peso extra había merecido la pena.

Valoré diferentes opciones para la segunda pieza impermeable y me decidí por un poncho con una lógica que me parecía sólida: siendo diferente del anorak, había potencial para sinergias porque ambas prendas tienen fortalezas y debilidades diferentes. El poncho iría colocado por encima de la mochila, con lo que se la protege mejor que con cualquier cubre-mochila y, al haber mucho espacio entre poncho y persona, se potencia la ventilación. Esto último puede llegar a ser un problema en según qué condiciones si el poncho es el único impermeable pero quizá no tanto cuando es sólo la primera de dos barreras.

Elegí un poncho Frogg Toggs que tenía por ahí. El material del que está hecho es frágil pero muy ligero. El roce con vegetación que podría destruir rápidamente un poncho como éste no suele ser un problema en Noruega.

La lógica me parecía sólida. Aparte del peso adicional, ¿qué podía salir mal?

Varias cosas salieron mal. Achacables a la puesta en práctica más que a la idea.

Primera, y es una muy tonta pero importante, ponerse un poncho por encima de una mochila a plena carga puede ser ridículamente difícil para una operación tan aparentemente simple. Puede tener que ver con el alcance de mis brazos. El caso es que siempre me costaba varios intentos y una buena dosis de frustración. Es un problema que ya conocía de ocasiones anteriores usando un poncho sobre mochila grande pero es que, además, en este caso, la naturaleza del material del Frogg Toggs lo hizo peor: no es un tejido sino un material monolítico con apariencia de papel. Pesa muy poco y desliza mal, con lo que era difícil conseguir que la parte de atrás cayera por gravedad por detrás de la mochila. Con un poncho de nylon habría sido más fácil.

Segunda, el poncho que usé no era lo suficientemente grande. No tanto en longitud, que no es algo crítico, siendo que llevaba también anorak y pantalones, como en volumen, que me resultó escaso. Esto me lleva de vuelta al factor del tamaño de una mochila de larga distancia y de cabeza a la siguiente cosa mal.

Tercera, los corchetes que permitían cerrar los laterales del poncho no aguantaban mucho tirón. Esto, unido al limitado volumen de la prenda, provocaba que esos laterales se abrieran frecuentemente, dejando mis costados expuestos y, a menudo, el frente y espalda del poncho a merced del aire. Cerraba los corchetes una vez más y sólo me quedaba respirar bajito y cruzar dedos.

Todos estos problemas se manifestaban especialmente cuando la mochila estaba llena. En esas condiciones, acabé por usar el poncho como cubre-mochila sobredimensionado, dejando de lado la doble capa impermeable y sintiéndome profundamente estúpido.

Mi mochila, con el disfraz de ET

Cuando el volumen de la mochila bajaba, volvía a la idea original y mi impresión es que entonces funcionó bastante bien pero no la pude probar el tiempo suficiente como para sacar conclusiones claras sobre la validez del plan.

Selfie fantasma con ropa de lluvia

Espero volver a probar la idea la próxima vez que viaje por Noruega o un lugar/periodo con condiciones similares pero, sin duda, cambiaría el Frogg Toggs por un poncho de material tejido, con amplitud suficiente para cubrir una mochila grande y con un sistema de cierre lateral más robusto. Alternativamente, podría elegir una segunda pieza impermeable que cubriera sólo el torso, es decir, renunciar a que tape también la mochila, algo que parece una buena idea pero puede empezar a no serlo cuando la mochila es de gran tamaño.

Pantalones – Ternua Ward PT

La marca y modelo son lo de menos pero quería comentar sobre el diseño porque tenía mis dudas sobre si irían bien para caminar en verano por Noruega.

Estos pantalones son soft-shell, de doble capa, con elasticidad en todas direcciones y de color negro. A pesar de lo poco que me gustan los pantalones elásticos, estos me sentaron bien desde el primer momento en que me los probé. Aparte de eso, son de buena calidad en materiales, patronaje y construcción y son lo más cercano que puedes encontrar en ropa de montaña a una estética de estrella del rock. Mis reservas venían por la combinación del tejido de doble capa, el color negro y la falta de posibilidad de desmontar las piernas. Podían dar demasiado calor. Incluso en Noruega.

El material de doble capa y elástico, además, tarda más en secar cuando se moja que uno más fino y rígido, que es lo que ya había usado el verano anterior en la misma Noruega sin que en ningún momento sintiera que iba desprotegido.

El caso es que estos pantalones me gustaban demasiado como para no darles una oportunidad. Aparte de los problemas potenciales comentados, el resto de elementos de diseño me parecían perfectos.

Lo de estrella del rock era esto

Funcionaron muy bien y nunca me hicieron pasar calor. Cuando se mojaron, efectivamente, tardaron en secar más de lo imprescindible pero también es cierto y conocido que el material de doble capa tiene un tacto más agradable y cálido cuando está húmedo que un tejido simple.

La cuestión más importante sobre los pantalones es si los materiales de doble capa son lo mejor para el verano noruego. No tengo una conclusión clara. Quizá lo mejor es no tenerla, en el sentido de que la zona de las piernas no es muy exigente y cualquier opción razonable va a funcionar bien.

Norge Midt sección 4: Holden a As i Tydal

Entre julio y agosto de 2023, caminé durante 4 semanas y 825 km en Noruega entre Sulitjelma, región Nordland, y As i Tydal, región Trondelag. Sobre el terreno, dividí la ruta en cuatro secciones. Ésta es la historia de mi cuarta y última semana en el sendero, en la que recorrí la distancia entre la granja Holden y la localidad de As i Tydal.

Cuarta semana

La estancia en Holden fue reparadora en todos los sentidos posibles. Tomarse un descanso siempre lo es pero este caso estaba lleno de significado adicional: el terreno más difícil quedaba atrás y estaba a poco más de un día de camino de volver a la red de senderos y refugios para no abandonarla en lo que restaba de viaje. Era una sensación de trabajo bien hecho.

El festín gastronómico, esa parte imprescindible del proceso reparador, estuvo limitada a la parca oferta de la despensa del refugio pero tengo suficiente con los cocidos en lata, tamaño doble, que es lo que tomé para desayunar a las 6 de la mañana. A continuación, vuelvo al trabajo.

Saliendo de Holden

Tras la inestabilidad de los últimos días, la atmósfera se ha quedado tranquila y no hay señal clara de lluvia en el pronóstico a corto plazo así que afronto el inicio de la sección con confianza. El tramo inicial aún es campo a través, unos 8 km para cambiar de valle a través de un corto tramo por zonas altas y muchos fangales. ¡Mucho cuidado con los charcos profundos! A la vista, no se diferencian mucho de uno normal y suele ser difícil prever cuándo puedes meter la pierna entera y algo más.

No pisar aquí

Gaundalen es otro valle que vierte al este, hacia Suecia. La ruta cruza por el terreno de la granja del mismo nombre que, a pesar de estar en el lado noruego, tiene el acceso por tierra a lo largo de una pista que viene de la parte sueca.

Granja Gaundalen

Yo sigo por Noruega, valle arriba en dirección noroeste por un camino bien señalizado que alterna fangales con tramos de bosque denso de coníferas.

Bosques en Gaundalen

En ascensión suave y poco después de dejar atrás los árboles, mi ruta abandona el sendero para girar al suroeste e iniciar el que será mi último tramo campo a través de este viaje, 18 km al refugio Setertjonnhytta y la conexión con una red de senderos que ya no abandonaré. Es un área de altitud elevada, con piso firme y vegetación corta. Sin lluvia ni viento fuerte, será uno de los mejores ratos de camino que habré tenido en bastante tiempo. Muchos lagos, pequeños y grandes, en un valle flanqueado por paredes rocosas.

Lago grande de las montañas

Las nubes se diluyen y rompen para otro episodio vespertino de luz mágica según desciendo lo suficiente para volver al territorio de fangales generalizados e islas arboladas.

Fangales y árboles

Mayormente fangales

Podría haber hecho un esfuerzo extra por llegar al refugio pero para qué cuando las condiciones son perfectas para acampar. A sólo 4 km de aquel, busco la típica y mínima elevación en el fangal, fácilmente identificable por el tipo de vegetación, y encuentro una con espacio para un pino solitario y mi tienda. Será un campamento precioso.

Maravillosa escena

Campamento Pino Solitario

Uso todos los anclajes por si se levanta viento y dado lo expuesto de la localización pero no hubiera hecho falta, fue una noche tranquila.

Locus Gear Khufu

Este tramo se ha quedado fuera de los límites del Parque Nacional o, mejor dicho, los límites han sido trazados a su alrededor, supongo que debido a que el lago próximo está represado y la zona se emplea para ganado de pasto, usos probablemente incompatibles con el estatus.

Buenos días de parte de la fauna local

Tras un vadeo sencillo, llego por fin a Setertjonnhytta y el final de mis días de campo a través. Lo celebro con una pausa para comer una lata de cocido en el refugio, aunque sea casi hora de desayuno. En estas, se pone a llover otra vez, cosa que ya no me sorprende, pero no me voy a enojar por ello. No estoy para enojarme por casi nada.

Setertjonnhytta

Salgo del refugio bajo lluvia intermitente y veo claro cómo la escena ha cambiado drásticamente: señales abundantes en los cruces y tablones de madera sobre los fangales, en fuerte contraste con la que ha sido mi realidad durante las dos semanas previas.

De vuelta en zona senderista

Infraestructura del sendero

Y un simpático hito del que no era consciente hasta que llegué allí pero que está bien señalizado y conmemorado por una placa, el centro geográfico de Noruega:

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

Paso por un par de cruces y otro refugio en un corto tramo, lo que enfatiza el contraste con la que ha sido mi rutina durante las semanas previas. Vuelvo a entrar en el Parque Nacional según la ruta discurre a lo largo de Skjaekerdalen a través de bosque y bajo luz espléndida.

Skjaekerdalen

Skjaekerdalen

Abandono Skjaekerdalen por un flanco para volver a subir a las tierras altas bajo un mix maravilloso de cielo azul y nubes de diferentes tamaños, tonos y formas. Cuando la vida en el sendero mola.

Región sur del Parque Nacional Blafjell-Skjaekerfjell

Hacia el final del día y en la más típica tradición noruega, las nubes se hacen fuertes de nuevo y me cae algún chaparrón pero es básicamente para que pueda ver otro arco iris. Una meseta elevada en condiciones de calma es el escenario perfecto para acampar.

Pino, brezo, arco iris y Khufu

La puesta de sol es muy hermosa desde mi plataforma.

Puesta de sol colorida

Una nube baja marca el perfil del lago Veresvatnet a primera hora. Las montañas del fondo están al otro lado de la frontera con Suecia. Mi lugar de acampada resultó, por casualidad, en la misma línea fronteriza de Blafjell-Skjaekerfjell. Según comienzo a caminar, dejo el parque atrás definitivamente.

Nube sobre lago

Abajo, en Veresvatnet, me encuentro con el tramo final de una carretera que da acceso a una animada zona agrícola. La mayoría, si no todas, de las granjas por las que había pasado hasta entonces parecían dedicadas sólo a ganado, es interesante ver también cultivos.

Cultivos noruegos

Tengo acceso a datos móviles en la zona y aprovecho para consultar el pronóstico meteo que anuncia que la tregua se acaba: lluvia prevista por la tarde y a lo largo del día siguiente. Me preparo para el tiempo lluvioso consultando la situación de los refugios que tengo por delante para ver que no encaja bien con mis horarios. Pasaré por uno a mediodía pero ya ninguno más hasta el día siguiente salvo que haga una jornada escandalosamente larga.

No tengo claro si merece la pena ir por ello o no. Inicialmente, avanzo rápido, aprovechando un inusual tramo de sendero provisto de interminables hileras de tablones sobre la ciénaga, pero el plan, si es que alguna vez hubo uno, se va al carajo cuando la ruta se desvía hacia un sendero mucho menos desarrollado, tan poco que no hay apenas traza en el suelo y las señales son tan escasas que lo acabo perdiendo completamente. En una mala decisión inducida por la prisa, y para evitar un rodeo, cruzo por el medio de un fangal que tenía mala pinta pero quizá no tan mala como resultó: un paso donde no debía y me encuentro atascado, con las dos piernas metidas en la ciénaga hasta la ingle, sin nada sólido en lo que apoyarme para salir.

Si hubo un momento de este viaje en el que me encontré en problemas, fue este. No sabía si me iba a seguir hundiendo o, incluso si no, si podría salir yo solo. Me moví con cuidado, intentando cargar peso en una pierna para sacar la otra y posarla en terreno más estable, literalmente un paso atrás. Por suerte, funcionó.

A toda leche por la ciénaga antes de quedarme atascado

Empieza a llover minutos antes de llegar al refugio Bellingstua. Pausa a cubierto para comer y valorar mis opciones. Es mediodía, el siguiente refugio está a 28 km y tengo claro que no me apetece un carallo la paliza que supondría llegar hasta allí para pernoctar así que me tomo mi tiempo en Bellingstua y, dos horas y media más tarde y bajo lluvia intermitente, salgo de allí con destino a un campamento bajo la lluvia.

Selfie fantasma con ropa de lluvia

Cubro 16 de los 28 km en condiciones de mucha humedad aunque la precipitación sea escasa pero el ambiente está muy saturado. Encuentro un hueco casi milagroso de hierba firme en una ladera de sotavento. La previsión era de lluvia muy fuerte durante la noche pero tal cosa nunca sucedió.

Buen campamento, después de todo

Por la mañana, tiene pinta de llover en cualquier momento. Me levanto muy pronto y acierto del todo porque llego al refugio Ferslia mientras caen las primeras gotas.

Estupendo porche para las cosas mojadas

Ferslia está cerca de una carreteruca y unas granjas y llega la cobertura de datos, con lo que puedo hacer planes con buena base. La previsión es de lluvia fuerte y continua durante las próximas horas, amainando por la tarde. Con sólo 13 km hasta el siguiente refugio, decido esperar a que pase lo peor para poder salir en mejores condiciones y a tiempo de llegar a pasar la noche bajo techo.

Efectivamente, llueve con fuerza y como si no fuera a parar nunca pero, pasado mediodía, baja la intensidad y, aunque el ambiente sigue sombrío, la precipitación es ligera y decido salir. Tengo por delante una subida a zonas altas, un largo flanqueo y un collado secundario antes de bajar por el otro lado.

Muy gris

Visto el panorama en el valle, era de esperar que arriba hubiera niebla y subo con la esperanza de que la señalización sea buena porque la traza se suele desvanecer en las zonas altas. Me concentro en no perder la ruta en medio de una llovizna horizontal.

Niebla espesa

Según avanzo, voy preguntándome si esto es una buena idea y si no habría sido mejor dar la jornada por amortizada y haberme quedado en Ferslia. Habría sido lo más cómodo y seguro pero, aparte del impacto de un día tan corto en el global del viaje, pensaba que me apetecía más llegar a Angeltjonnhytta, un refugio más remoto que, probablemente, tendría más encanto. Mientras le doy vueltas a esto, sigo avanzando, convenciéndome de que es lo que quiero hacer mientras no suceda nada catastrófico. Tras 5 km, me encuentro esto:

Río crecido

Era un torrente de montaña cuya cabecera estaba a sólo unos pocos km, dudoso candidato para dar problemas, pero estaba seriamente crecido tras la lluvia.

Me preparé para cruzar, protegiendo toda la electrónica y el papel, y me metí en el agua. Ya desde fuera estaba claro que iba a ser difícil e inmediatamente vi que también iba a ser peligroso. Cubría hasta la ingle nada más entrar y ya daba respeto, incluso con la limitada fuerza de la corriente en la zona de la orilla. En el centro, era un torrente furioso y, sin duda, más profundo. No había forma de cruzar.

Busqué un vado mejor, no encontré nada que lo pareciera en las proximidades y decidí que tampoco merecería la pena viajar aguas arriba para buscarlo, monte a través, con la vegetación empapada y sin tener ni idea de hasta cuándo mientras seguía lloviendo. Apocalíptico todo.

Ni hablar de buscar un sitio para acampar en aquel ambiente. Con la seguridad de un refugio conocido a sólo 5 km, tuve claro que prefería volver a Ferslia y probar de nuevo a la mañana siguiente.

De vuelta en el refugio, encendí la chimenea y puse todo a secar. Ya sólo me quedaba relajarme y esperar mejores condiciones al día siguiente.

Secando cosas mojadas en refugio

Salí a las 7 h. Aún había niebla pero no tanta como la tarde anterior y ya no llovía. No estaba solo:

Renos

Llegué al torrente y la diferencia era notable:

De vuelta a la normalidad

Fue un vadeo sencillo, no demasiado profundo y con una corriente que no causaba ningún riesgo. Es bien sabido cuánto pueden cambiar las condiciones, en un sentido o en otro, en cuestión de horas pero no deja de ser interesante verlo en directo. También está bien comprobar cómo, por mucho que el senderismo/montañismo caminen hacia convertirse en un producto donde la actividad se banaliza, Noruega es un sitio bravo que puede fácilmente devolverte a donde perteneces en la gran escala de las cosas.

La niebla se levantó del suelo lo suficiente para una travesía sin contratiempos, seguida por un descenso hasta la orilla del lago Fjergen, donde pasé por el refugio al que quería haber llegado la noche anterior.

Luces y sombras, otra vez

Fjergen

Angeltjonnhytta era, como esperaba, un sitio encantador en el que me hubiera gustado pernoctar. Me encontré allí con una pareja de montañeros aún recuperándose de la paliza que les supuso llegar allí el día anterior. Pausa para comer para mí y de vuelta al camino.

Angeltjonnhytta

El sendero asciende hacia una larga travesía donde, literalmente, bordea Suecia durante varios kilómetros. Me cruzo con más renos. Las nubes se abren, da el sol y hace incluso calor.

Senderista bajo las nubes

Senderista bajo el sol

Por fin, bajo a Teveldalen, un valle troncal de orientación este-oeste con una carretera y una línea de tren que cruzan hacia Suecia. Este punto era, en condiciones normales, el objetivo menos ambicioso de entre mis posibles puntos finales de viaje, con una estación a no muchos km de distancia donde podría coger un tren a Trondheim. Me queda día y medio aún así que sigo adelante.

También hay un encantador hotel de montaña en la zona pero el ambiente tranquilo y soleado es para no desperdiciarlo bajo techo así que prosigo hacia la siguiente montaña con idea de acampar. Por supuesto, era una buena decisión.

Campamento sobre Teveldalen

La puesta de sol fue espectacular desde mi balcón, unida a ese caramelo que es un cielo despejado en Noruega.

Atardecer

Atardecer

El amanecer tampoco estuvo mal:

Amanecer

Amanecer

Mi último día completo en el sendero es un auténtico regalo, después de todas las batallas, en condiciones prácticamente perfectas: despejado, en calma, con temperatura agradable y, lo más raro de todo, increíblemente firme y seco al paso, hasta el punto de que no me parecería que estoy en Noruega si no fuera por el ángulo bajo del sol.

Y un buen sendero

Un tramo por debajo de los 600 m con bosques de abedul y volver a subir para una sección final de tierras altas que a veces parecen un jardín de diseño con los abedules pequeños y el brezo colorido.

Abedules de ribera

Abedul y brezo

Abedul, brezo y caminante

Mis últimos panoramas tienen el fondo de las montañas Sylan, al otro lado de la frontera con Suecia.

Montañas Sylan

A última hora, llego al refugio Storerikvollen, un pequeño complejo accesible por pista de grava a las orillas del represado Esandsjoen.

Storerikvollen y Esandsjoen

El lugar es encantador pero tengo claro que prefiero acampar así que me quedo con un término medio y planto la tienda en la zona de acampada del refugio, que no es más que un trozo de hierba firme.

Storerikvollen

Última acampada

El atardecer fue muy bonito, una vez más:

Últimas luces

Sólo quedan 21 km, la mayor parte por una pista de grava, para bajar a la municipalidad de Tydal, donde llegaré a la altura de una zona habitada y una carretera por donde pasa un autobús al día que necesito coger a las 14 h. Viento frío en zonas expuestas; por lo demás, condiciones perfectas para caminar.

As i Tydal

Pista de grava

Al final, lo hice un poco más largo al continuar por la pista y evitar un tramo postrero por sendero donde, probablemente, me habría mojado los pies otra vez. Una cosa es la vida en el sendero, donde, en Noruega, al menos, los pies mojados son parte de la normalidad, pero en llegando al mundo urbano, ya no me mola. Camino por la pista, donde se me van secando. Llego al pueblo a mediodía.

De grava a asfalto, As i Tydal

La única comida que me queda es un puñado de frutos secos y medio paquete de galletas. Esta vez, había sido fácil calcular porque iba cargando de las despensas de los refugios según me iba haciendo falta. Nada de esto importaba ya porque era momento de comer otras cosas mientras esperaba al autobús.

Restos

Pizza & café

El bus me llevaría en un par de horas a Trondheim, donde ya haría celebraciones como es debido, esto es, caminar por ahí sin mochila y comer mucho. Celebrar un gran viaje.

Norge Midt sección 3: Royrvik a Holden

Entre julio y agosto de 2023, caminé durante 4 semanas y 825 km en Noruega entre Sulitjelma, región Nordland, y As i Tydal, región Trondelag. Sobre el terreno, dividí la ruta en cuatro secciones. Ésta es la historia de mi tercera semana en el sendero, en la que recorrí la distancia entre la localidad de Royrvik y la granja Holden.

Tercera semana

La semana 3 está destinada a ser la parte clave de este viaje. Concentrará la mayor parte del campo-a-través, donde no tengo claro qué esperar más allá de que será transitable pero no sé a qué precio. Como mínimo, la progresión será más costosa y yo seré más vulnerable a las condiciones meteorológicas. No sólo estaré fuera de la red de senderos, también de la de refugios. Es una situación diferente a la de las semanas previas y me resulta motivante e intimidante a partes iguales.

Por el momento, es lunes por la mañana y tengo que esperar hasta que el supermercado abra a las 9 h así que, por una vez, no me hace falta madrugar. Para cuando termino de desayunar, ya ha empezado a llover y el pronóstico para el resto del día es de precipitación intensa y continua. Condiciones difíciles pero tengo un plan.

Los 18 km iniciales desde Royrvik son sencillos, por carretera y pista, antes de empezar el campo-a-través por zonas altas. Una vez ahí, el potencial para el desastre sería alto en condiciones como las previstas. Hacer las compras y re-empaquetar todo me llevará buena parte de la mañana así que me cuadra bien hacer un día corto, acampar en lugar protegido y esperar que las condiciones sean más favorables al día siguiente.

Es un plan conservador y que no me genera mucha incertidumbre. Así, me pongo el poncho y la mochila vacía para caminar hasta la tienda y llenarla de cosas de comer para la siguiente semana. El supermercado es más grande de lo que cabría esperar para el tamaño de la población pero supongo que da servicio a un área mayor. Eso sí, hay que evitar llegar aquí un viernes a última hora porque haría falta esperar hasta el lunes para hacer las compras.

Cerrado sábado y domingo

Hay un mostrador postal y aprovecho para enviar a casa los mapas usados. Por lo demás, un súper bien provisto, hay de todo, incluidos sobres de comida liofilizada específica de montaña, lo que me facilita la elección.

Suministros para una semana más

Habría otra opción de reaprovisionamiento a mitad de sección pero necesitaría encontrar transporte de ida y vuelta y no espero que merezca la pena. De hecho, Royrvik va a ser mi último reaprovisionamiento completo en todo el viaje: durante la semana 4, estaré de vuelta en la red de refugios en una región donde la mayoría tienen despensa provista y mi plan es ir tirando de ahí durante los últimos días para evitar desplazamientos fuera del sendero.

Incluso con la perspectiva de terreno favorable, hace falta echarle ganas para ponerse la mochila y salir del entorno protegido del hotel sabiendo que no voy a volver así que espero a que amaine la lluvia, aunque vaya a ser sólo unos minutos, para decir adiós a la escena de mis últimas 24 h.

Limingen Gjestegard

Tras un primer tramo por la carretera principal, la ruta toma una pista, a grandes rasgos, paralela a aquella. Casi echo de menos el asfalto, en el que apenas había tráfico y donde podía mantener los pies sólo medio mojados. Una vez en la pista, entre charcos y vegetación, calzado empapado en minutos. Ya sé que es algo habitual en Noruega pero me habría hecho ilusión tener los pies secos un rato más.

Guaranteed to keep you wet

Ocasionalmente, los árboles dejan un hueco con vistas al lago Limingen, uno de los más grandes del país.

Limingen neblinoso

La pista acaba desembocando en la misma carretera de la mañana a la altura de un cruce con un ramal que se dirige al oeste, hacia el mundo exterior, y que tengo que seguir durante unos cuantos km hasta la base de las montañas, donde la carretera se meterá en un túnel y yo la dejaré para iniciar el campo-a-través.

Carretera vacía

En fuerte desacuerdo con el pronóstico, la lluvia ha parado y puedo tener una tarde aún plomiza pero tranquila por una carretera desierta hasta la entrada del túnel, donde me hago a un lado para buscar un trozo de suelo seco al abrigo de la ladera y entre los últimos abedules.

Campamento de lunes

Habrá lluvia intensa más tarde pero, para entonces, estaré ya instalado y sin necesidad de salir, situación que pone en valor un porche con espacio:

La cena

La previsión meteo para el día siguiente es de inestabilidad pero menos precipitación. Por la mañana, está cubierto pero por lo menos no llueve. Me preparo para un día de los de poca luz.

Desde el lugar de acampada, tengo que subir a las tierras altas en una zona sin senderos. Es un alivio que no haya lluvia ni niebla porque ambas habrían hecho este tramo difícil. En su ausencia, es sólo una cuestión de progreso inevitablemente lento por terreno agreste y paisajes bonitos con la habitual ristra de lagos de montaña.

Steinfjellet

Son unos 13 km de travesía antes de descender y, sin mucho problema con la vegetación o los fangales, directo a una granja desde la que sigo descendiendo, ya por una pista de grava, a la misma carretera por la que había salido de Royrvik, con la que me reencuentro un día después. Sigue siendo igual de estrecha y de aspecto austero pero es la principal de la zona.

Carreteras del interior de Noruega

Caminar por carreteras suele ser muy desagradable pero, en este caso, ni tan mal. El tráfico a motor es escasísimo y el paisaje es muy bonito, especialmente cuando bordea el gigantesco Tunnsjoen, el otro lago grande de la región.

Tunnsjoen

Son unos 15 km donde la ruta NPL2 que voy siguiendo ha sido trazada sobre el asfalto. Sobre mapa, veo una posibilidad de haber seguido monte a través un rato más, evitando parte de la carretera, pero a costa, probablemente, de un descenso complejo a través de bosque denso y doy por hecho que quienes se hayan encargado del diseño habrán escogido el mal menor.

Al final, a la carretera había que bajar, siquiera para cruzar, vía puente, el canal que une dos de los lagos principales de la zona. Es el único paso posible sobre tierra firme y habilita el tramo final hasta Skorovatn, donde me consta que hay un refugio DNT3. Skorovatn resulta ser un pequeño pueblo donde los únicos servicios disponibles están concentrados en un edificio que me encuentro cerrado y desierto cuando llego allí a las 6 de la tarde. No contaba con ello así que no lo echo de menos. Con lo que sí contaba es con el refugio, el primero que me encuentro en muchos días y también el último por lo que resta de semana. Aunque sólo sea por eso, me encaja bien pasar la noche allí.

Refugio Skorovatn

Es un refugio en zona urbana y tiene suministro de red eléctrica y agua corriente. Para cuando llego, se han abierto claros y a ratos da el sol, ¿qué se supone que estoy haciendo bajo techo en tales condiciones? Pues es que, aparte del plan de contingencia que llevaba desde Royrvik para el periodo lluvioso, que incluía la posibilidad de una noche en Skorovatn, fuera hace ahora un viento muy fuerte, incluso en el relativo abrigo del valle donde está el pueblo.

Consulto la previsión para el día siguiente y no da lluvia pero sí mucho viento. El tiempo en Noruega no da tregua.

Ciertamente, se nota el aire cuando salgo del refugio a las 7 h. Por delante, una zona montañosa que me llevará todo el día. Los primeros 12 km son por sendero; los 20 siguientes, campo a través. El ambiente es luminoso aunque haya mucha nube negra. El viento del este es potente pero llevadero según asciendo por laderas de orientación oeste, a sotavento. Suele ser difícil representar el viento en una foto pero sirvan las olas en un pequeño lago o las cascadas fluyendo hacia arriba.

Mucho viento

Mucho viento

Una lástima este viento porque, por lo demás, el día es maravilloso a través de una extensa zona de montaña con buen piso para caminar, herboso y seco, y lagos por todas partes. Las tierras altas de Nesafjella.

Nesafjella

Hay momentos en que el viento es tan fuerte que casi me tira, incluso estando prevenido. Cuando me da de cara, apenas puedo moverme hacia adelante y me empiezo a preocupar por lo que queda de día, ¡así no hay manera de avanzar! El caso es que, nada más perder un poco de altura y a pesar de que sigo a barlovento en terreno diáfano, el vendaval amaina lo suficiente como para poder volver a caminar erguido, que es lo mínimo que necesito.

Probablemente, es una suma de terreno menos expuesto y que el propio viento ha perdido algo de intensidad porque, a continuación, tengo que pasar sobre una cima secundaria donde temía lo peor y ni tan mal: sigue soplando fuerte pero me tengo de pie sin problema.

Según empiezo a descender, voy cantando victoria. A lo lejos, puedo distinguir los lagos grandes que llenan el valle y donde llegaré a una hilera de granjas y puedo reconocer el terreno que tendré que cruzar hasta llegar allí, todo ello campo a través, y no parece haber grandes obstáculos. Será trabajoso, como siempre, pero nada que no haya hecho ya. Pues me equivocaba.

Sí que había obstáculos que no podía ver desde arriba y que, de hecho, no pude ver hasta prácticamente estar encima: una serie de pequeñas gargantas, poco profundas pero de paredes casi verticales y tan continuas que no era posible rodearlas, había que bajar y volver a subir, buscando un punto débil donde la pared fuera practicable. No era difícil pero sí lento y, cuando la situación se fue repitiendo, empecé a perder la paciencia y, en una de éstas, acabé tirando por la calle de enmedio y bajando por un punto no ideal que casi me cuesta una caída. Tomar buenas decisiones es fundamental y éste fue un buen recordatorio.

Por fin, alcancé terreno más uniforme y familiar, el típico mix de árboles y fangales, donde el progreso es lento pero sin interrupciones y ahí ya me siento cómodo. Canto victoria otra vez, pero bajito.

Cuando el fangal infinito es bienvenido

Llego por fin al punto final del campo a través cuando alcanzo el extremo de una pista que da acceso a un área de esquí de fondo. Desde aquí, ya es fácil y podría llegar a las zonas habitadas en lo que queda de tarde pero probablemente sólo me serviría para que me costara más encontrar un buen sitio en el que acampar y decido parar. El viento parece ya olvidado pero, si volviera, me pilla en zona protegida. La mezcla de nubes, claros y el sol poniente me dan momentos de luz muy bonita que me tomo como mi premio después de un día complicado en el sendero.

Calma tras la tormenta

Un día más, el cuarto desde que salí de Royrvik, que empieza tranquilo, con mucha nube pero sin viento y sí algunos claros que dejan pasar la luz. Avanzo rápido por la pista que, al rato, se convierte en carretera asfaltada a la altura de las primeras granjas situadas a orillas de Skjeldbreitvatnet. El fondo de valle es una serie de lagos interconectados y tengo que llegar al puente más cercano para cruzar al lado opuesto y continuar hacia el sur. Al menos, tengo un rato de camino relajado y sin problemas.

Un rato de camino relajado

Nada más llegar al otro lado del valle, tengo que abandonar la carretera y entrar en el bosque aprovechando un tramo de pista que da acceso a algunas casas vacacionales pero enseguida comienza el que será el tramo sin senderos más largo de todo el viaje a través del Parque Nacional Blafjell-Skjaekerfjell. Tardaré dos días completos en volver a pisar un sendero.

Skjaekerfjell es muy grande, me llevará 4 días enteros cruzarlo, siendo la mayor parte campo a través. Por el momento, mi objetivo es la granja Holden, que evita por poco los límites del parque y donde encontraré un refugio DNT donde espero tomarme medio día de descanso.

Había oído historias sobre la dificultad de cruzar Skjaekerfjell pero nada concreto salvo la abundancia de terreno fangoso. En ese aspecto, no esperaba nada mucho peor que lo que ya había dejado atrás. Me hubiera preocupado más la orografía compleja, que no suele ser un gran obstáculo en Noruega salvo que lo busques a propósito, pero siempre puede darse, aunque sea en micro-cantidades como me había encontrado la tarde anterior. En realidad, el mayor obstáculo potencial, y especialmente en zonas relativamente bajas como lo que tengo por delante, es siempre el cruce de los ríos y veo en el mapa que la ruta está específicamente trazada para aprovechar puentes existentes en los ríos principales. Me queda la duda de si sería mejor una alta ruta que rodeara las cabeceras y evitara bajar a los valles, que siempre son terreno complicado para caminar. Tal ruta no sería apenas más larga pero sí más expuesta y remota. Con lluvia en el pronóstico, tengo claro que prefiero no ponerme creativo y confiar en la ruta estándar.

La aproximación a la frontera de Skjaekerfjell es un episodio más del típico cuadro de bosque y fangal donde hace falta mucha paciencia. Hay abundantes nubes pero eso es parte casi insustituible del paisaje y, según el pronóstico, no se espera lluvia hasta el día siguiente. A ratos, incluso, da el sol.

A ratos, da el sol

Sin más incidencia, la ruta me lleva sobre una cresta que marca el borde de Skjaekerfjell y da paso a Almdalen, el valle del río Alma.

Almdalen, aguas abajo

El río Alma es, probablemente, uno de esos demasiado grandes para vadear pero hay un puente aguas abajo. El puente está en medio de la nada en cuanto a senderos de acceso se refiere porque no hay ninguno pero no por ello deja de ser una infraestructura clave para comunicar ambos lados. Es aquí donde podría haber tomado la alternativa de caminar hacia la cabecera y rodearla por las montañas. El mapa muestra terreno empinado que podría ser difícil o no pero nunca lo sabré. Lo que sí supe es que la ruta aguas abajo no era sencilla.

Eran unos 7 km a lo largo de la ladera del valle en los que se trataba de elegir la terraza adecuada. Mi impresión de aquel día es que no siempre hice la mejor elección. Hubo un punto en el que me encontré en curso directo e inevitable al fondo de valle. Bajar allí antes de llegar al puente era probablemente una mala idea así que tenía que dar marcha atrás y corregir, cosa que me fastidiaba mucho. En su lugar, eché un vistazo al empinadísimo talud que me separaba de la terraza superior, unos 50 m verticales más arriba, buscando un atajo viable.

Intentar reparar un error cometiendo otro siempre es mala idea. Sí, me ahorré dar marcha atrás, pero a costa de una escalada a 45-50 grados sobre terreno ocasionalmente inestable que no me dejó contento ni cuando la terminé. Intenté no darle más vueltas mientras seguía adelante.

Finalmente, llegué a la altura del puente y bajé al fondo de valle que, efectivamente, era un mal sitio por el que caminar, muy irregular, con roca y vegetación densa. Junto al puente, un refugio privado para el que no tenía llaves. Sin duda, la localización de refugio y puente estaban relacionadas.

El lado opuesto de Almdalen era mucho más amable, campo a través también pero en suave ascensión por terreno herboso, y me sirvió para calmar ánimos mientras arrastraba mi cuerpo cansado unos kms más hasta encontrar el hueco perfecto, hierba corta y seca, para plantar campamento. El anochecer fue espectacular.

21:03 h

21:50 h

A la mañana siguiente, las nubes siguen ahí:

Bukvatnet

Se espera lluvia en cualquier momento a partir de media mañana aunque no debería ser continua, más bien tipo chubasco. El ambiente es ciertamente plomizo según cruzo el típicamente interminable páramo de altura en el que cuesta una eternidad llegar a un somero borde que permita vistas de lo que viene a continuación: Lurudalen y la granja Gresamoen.

Paisajes del interior noruego

Si hago caso al mapa, eso de ahí abajo es un fangal infinito. Mi ruta me lleva al encuentro de una pista de grava que cruza el río por un sólido puente de madera transitable por vehículos.

Laarte Luru

Al otro lado del río están los edificios de Gresamoen. He pasado por granjas remotas antes, algunas de ellas en este mismo viaje, pero creo que ninguna como ésta. Hay un montón de kms de pista para salir de aquí y llegar a cualquier otra zona habitada. Técnicamente, Gresamoen está fuera de los límites del Parque Nacional Blafjell-Skjaekerfjell pero porque estos han sido trazados evitando la granja.

Cuando paso por allí, el lugar parece vacío. Empieza a llover y hago un descanso para comer al resguardo de un porche.

Gresamoen

La lluvia es intermitente y aprovecho un momento en el que apenas cae para reiniciar marcha usando un corto tramo de senderito apenas perceptible pero que ayuda un poco a cruzar las zonas de más vegetación. Me alegro cuando empiezo a ascender y salgo de la reclusión hacia terreno más elevado donde la progresión será más sencilla.

Adivina por dónde va el sendero

Salida

La tarde discurre a través de páramos interminables, a menudo bajo la lluvia. Aquí es donde echo de menos una ruta marcada, no tanto por el piso, que no es difícil, sino por evitar las tareas de orientación. Cuando llueve, lo que más mola es esconderse bajo la ropa impermeable y no salir ni para mirar el GPS. Campo a través, hay que mojarse.

Chubascos

Hacia el final del día, las nubes se abren y se cuela algo de luz. Aún llueve aquí y allá y tengo un buen arco iris.

Arco completo

La ruta desciende un poco, lo suficiente para llegar a una zona con árboles alrededor del enésimo lago. Todo es fangoso pero, buscando bien, casi siempre hay algún hueco seco en alguna ligera elevación. Disfruto infinitamente de la luz del atardecer junto a estos pinos nórdicos que tanto se parecen a los ibéricos. Estoy a sólo 4 km de reunirme con la red de senderos.

Luz maravillosa para terminar la jornada

Hace ya más de un día que pude consultar el pronóstico del tiempo por última vez y ya no será del todo fiable pero, a falta de nada mejor, me fío del que tengo: lluvia prevista desde la mañana siguiente y sostenida durante horas. Estaría genial que no me pillara campo a través así que hago un buen madrugón para alcanzar cuanto antes un sendero catalogado por primera vez en dos días.

5 h de la mañana

El éxito es parcial porque empieza a llover antes de que, a eso de las 8 h, aviste mi primera señal a este lado del gran vacío:

Hito esperado

Está cubierto y llueve pero una vez que estoy en un sendero, aunque sea uno muy austero, siento como que ya nada puede ir mal; al menos, no antes de llegar a mi próxima estación en el plan, la granja Holden, unos 20 km más allá.

Tal es mi desilusión cuando me doy cuenta de que no es del todo así, aún me queda un trozo campo a través con el que no contaba, que paso por un momento ridículamente bajo, más enfadado con el mundo que otra cosa, pero mi faro, ese descanso que me espera un poco más allá, es potente. Cuento hasta diez y me calmo. Bajo la lluvia y con mucha vegetación a la vista, parecía que iba a ser un infierno pero no se da tan mal y, un rato después, llego a la orilla de Langvatnet y, esta vez sí, un sendero bien marcado.

Autopista a Holden

Holden es una granja en funcionamiento que no tiene acceso por tierra, salvo andando, aunque, en cierto modo, me parece menos remota de lo que lo hizo Gresamoen el día anterior. Será por la casita habitada, las vacas en el prado o el hecho de que, en realidad, es más accesible, aunque sea a través del lago y de la frontera con Suecia, donde hay una carretera.

Uno de los edificios es un refugio DNT. Es media tarde y por hoy ya no me muevo de aquí:

Refugio DNT en Holden

Será el momento para un merecido descanso tras mi semana senderista más difícil en mucho tiempo. Poner todo a secar, asaltar la despensa varias veces y pasar tiempo de calidad sentado frente al lago o junto a la chimenea.

Holden

Holden

La última semana de viaje espera.

Norge Midt sección 2: Umbukta a Royrvik

Entre julio y agosto de 2023, caminé durante 4 semanas y 825 km en Noruega entre Sulitjelma, región Nordland, y As i Tydal, región Trondelag. Sobre el terreno, dividí la ruta en cuatro secciones. Ésta es la historia de mi segunda semana en el sendero, en la que recorrí la distancia entre el hotel de montaña Umbukta y la localidad de Royrvik.

Segunda semana

Pasar la noche es un concepto un tanto difuso en el verano noruego así que, digamos, lo que hago en mi habitacioncita en Umbukta es descansar, dormir bien y recuperar fuerzas físicas y mentales para continuar. Hecho esto, lo único que me queda pendiente antes de dejar Umbukta atrás es un gran desayuno, ese momento clave de cualquiera de mis días y más aún de los días en el sendero. No dejo ni las migas.

A continuación, me calzo la mochila que, con 7 días de provisiones, vuelve a ser un monstruo peludo y salgo a encontrarme con cielos azul brillante.

Gresfjellet y Storakersvatnet

La ruta roza la línea fronteriza entre Noruega y Suecia que, por lo que sea, está trazada en líneas extrañamente rectas, cortando por la mitad valles, cordilleras y lagos sin ningún criterio geográfico aparente. Hago un corto desvío para acercarme a un hito fronterizo que me recuerda aquellos idénticos que crucé en 2007 en el Nordkalott.

Hito fronterizo

Más adelante, alcanzo mis primeras vistas del Okstindan, un gran campo de hielo que cubre las cimas de la cordillera que tengo enfrente y del que fluyen varias lenguas glaciales, que son las que mi perspectiva me permite ver.

El hielo Okstindan

Pasaré el resto del día bordeando Okstindan mientras disfruto de condiciones meteo perfectas para caminar y me frustro con el trazado diabólico del sendero en un tramo en ladera que me cuesta mucho tiempo y esfuerzo así que no me quejo cuando emerjo en un valle y me encuentro con los inevitables fangales traga-pies. A Noruega hay que quererla como es. Ahora, bordeo la cara este de Okstindan.

Okstindan cara este

En los valles, nunca terminas de salir del terreno pantanoso pero, una vez en la ladera de enfrente, es fácil encontrar algún tramo seco y ya sólo tengo que buscar hueco para plantar la tienda entre los pequeños abedules con la puerta orientada hacia los glaciares.

Campamento abedul y hielo

Luz muy diferente en el mismo lugar a la mañana siguiente:

No se me ha pegado el saco, es que se hace de día muy pronto

Retomo camino y paso junto a uno de los muchos lavvu que me iré encontrando: es el refugio tradicional de pastores y cazadores locales, una estructura cónica de troncos y ramas cubierta por materia vegetal para impermeabilizar y aislar. Sería difícil interpretarlo como una construcción si no fuera por la puerta.

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La ruta abandona el fondo de valle buscando terreno seco, donde se camina mejor, aunque el objetivo final sea seguir aguas abajo. Luz y oscuridad a partes iguales.

Luz y oscuridad

Por fin, alcanzo el punto desde el que puedo ver mi siguiente objetivo, el extremo norte del gigantesco Rosvatnet:

Del catálogo de lagos noruegos, Rosvatnet

Una vez abajo, desemboco en una pequeña carretera que termina sólo un poco más alante y da acceso a unas cuantas granjas. Por debajo de los 400 m, el bosque es denso y no deja ver nada más.

Carretera terminal

Es en esta zona cuando empieo a ser consciente de un notable cambio de escenario; hasta aquí, el ambiente me resultaba familiar en relación a lo que recordaba de mi anterior viaje por el norte de Escandinavia: zonas de motaña, altiplanos desolados, dicho en el mejor de los sentidos, ocasionales visitas a valles con vegetación densa e incluso árboles para volver a subir al mundo de hierba y roca. Contadísimos encuentros con vías de comunicación modernas. Tal día como éste, según avanzo hacia el sur a lo largo de la frontera con Suecia, la altitud media es menor, las travesías de zonas altas son más cortas y me voy a encontrar una carretera que viene del oeste casi en cada valle.

Esta nueva rutina será mi realidad durante los próximos 100 km, hasta llegar al Parque Nacional Borgefjell. Caminaré realtivamente cerca de zonas rurales aunque, dicho sea todo, el ambiente rural de Noruega no tiene nada que ver con el del sur de Europa pero será lo menos remoto que haya atravesado en esta parte del mundo. Al mismo tiempo, me sentiré menos arropado, siquiera porque estaré fuera de la red de refugios.

Con todo esto en mente, cruzo una zona de montaña para bajar al siguiente valle donde, de nuevo, encuentro un par de granjas y una carretera de acceso; esta vez, de grava.

Famvassdalen

Aquí encuentro también cobertura de datos y puedo consultar la previsión meteo, que anuncia lluvia para la mañana siguiente. Por el momento, se limita a un gris uniforme poco amenazador. Busco y encuentro un trozo de terreno seco entre los abedules para plantar la tienda sobre el brezo, descansar y hacer planes de contingencia para evitar mojarme mucho al día siguiente.

Campamento abedul y brezo

Por la mañana, el nublado es intenso y ciertamente tiene pinta de llover. Salgo pronto para intentar llegar a un sitio a cubierto antes de que la cosa se ponga fea.

De vuelta a la oscuridad diurna

Al hilo del comentario previo, cabe mencionar que estaré fuera de la red de refugios DNT1 durante aproximadamente una semana. Habrá refugios de emergencia y pasaré por lugares con alojamiento básico en granjas y campings pero nada parecido a la confortable regularidad de las zonas cubiertas por los refugios DNT, en las que lo habitual es encontrar uno cada 15 o 20 km. En ese plan, un episodio de lluvia se puede prever con escasa preocupación porque nunca estará lejos la opción de ponerse a cubierto. No va a ser así durante prácticamente dos semanas.

En esta ocasión, por suerte, hay un refugio abierto a sólo 4 h de camino desde campamento. Cuando llego allí, después de una última hora bajo la lluvia, me alegro de ver que sigue los estándares de confort noruegos, incluyendo un buen porche en el que dejar todo lo mojado.

Buen sitio para un día lluvioso

Sólo es media mañana pero no tendría problema en quedarme aquí todo el resto del día si sigue lloviendo. El pronóstico para la tarde no es concluyente así que aún espero que mejore lo suficiente para que me lo ponga fácil si quiero seguir. Mientras, aprovecho el tiempo de secado para descansar y comer.

Irán llegando más senderistas mojados, hasta tres, todos ellos en ruta NPL4 en dirección norte. Encienden la chimenea, cosa que yo no había hecho. Por eso y por lo que comentan, parece que piensan en dar el día por amortizado y quedarse a pasar la noche, cosa que comprendo. Caminar la longitud completa de Noruega es una empresa difícil y justifica descansar en un refugio cuando te dé la gana. Yo aún no lo había descartado pero, si no había encendido la chimenea, era porque prefería seguir listo para salir a la menor oportuidad.

Pasado mediodía, la lluvia era más suave y el cielo, claramente menos gris. Me pareció suficiente para decidir continuar. Tenía por delante una travesía larga por terreno expuesto pero también el colchón de una granja con alojamiento a menos de 20 km. Podía salir regular pero no mal.

Esta sección de la gran ruta a lo largo de Noruega tiene nombre propio, Nordlansruta, aunque es una denominación que aparece poco en la señalización. Es sólo la segunda vez que la veo nombrada y la propia señal tiene una pinta más artesanal que normativa:

Por la hierba

Cruzo otra carretera, esta vez no terminal sino una de asfalto que cruza hacia Suecia, cuya frontera está a menos de 3 km. Estrecha y muy poco frecuentada.

Mientras, ha dejado de llover y el cielo está menos oscuro. Para cuando subo a las montañas, las nubes ya tienen agujeros y el sol ilumina la hierba.

Última parte del ascenso

Me alegro mucho por las condiciones benignas porque esta travesía es muy bonita y habría sido una lástima pasar por aquí encapuchado y sin ver nada. Mientras dura el sol, apoteosis brillante de verdes y azules por terreno herboso con poca roca por el que es muy agradable caminar.

Hierba y agua

Buen terreno para caminar

Las nubes se juntan y oscurecen de nuevo y me cae un buen chaparrón en el descenso, lo que me ayuda a decidirme por el comodín de la granja Tverrelvnes, que tiene albergue. Caerá algún chubasco más pero, para entonces, ya estaré a cubierto.

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Seré el único inquilino esa noche.

Tverrelvnes está al final de una pista de grava que da acceso a varias granjas. Hay cobertura de datos y puedo consultar las únicas noticias que me importan por el momento, las del pronóstico meteo, y parecen concluyentes: lluvia intensa y persistente a partir de mediodía del día siguiente así que busco planes para estar a cubierto para entonces. No será difícil, el siguiente valle está a sólo 12 km y allí tengo el camping Grannes. No tengo ni idea de cómo es pero siempre suele haber cabañas de madera en los campings.

Con esta previsión y plan tranquilizador, paso una mañana muy agradable caminando bajo una luz espectacular por el contraste con las nubes negras.

Nubes oscuras, luz brillante

Señal Nordlandsruta

Garsmarkelva

Todavía luminoso

Éxito total. Llego a Grannes a media mañana antes de que empiece a llover.

Grannes Camping

El lugar no tiene mucho glamur, por decirlo suave, y aunque la localización es hermosa, el cesped estupendo y los chalets grandes tienen buen aspecto, las dos o tres cabañas pequeñas están bastante decrépitas pero la mía tiene todo lo que necesito, incluyendo un pequeño porche para ver llover y una chimenea para estar calentito y secar cosas mojadas. Tengo claro que no me voy a mover de aquí hasta el día siguiente y cruzo dedos para que la lluvia haya pasado para entonces.

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Llovió durante el resto del día y gran parte de la noche. Pasé una tarde agradable estudiando mapas y echando el rato en el porche, con la única pega de que en Grannes no había ningún servicio de nada y eso significaba que no podía darme a la comida, que es lo que me pedía el cuerpo. En el sendero, comer lo justo es lo natural; en un alojamiento, es contraintuitivo. Hattfjelldal, un pueblo grande, estaba a sólo 25 km pero ni había transporte público ni la carretera tenía apenas tráfico así que intentar ir allí y volver en el día parecía más problema que solución. No me moví de Grannes.

A a la mañana siguiente, seguía lloviendo pero, según el pronóstico, amainaría más tarde. Con esa esperanza, salí a esquivar charcos, intentando mantener el calzado seco, aunque fuera sólo los primeros minutos.

Grannes mojado

La lluvia paró y el mix de nube y luz que vino a continuación fue de esos que dan sentido a un paseo por las montañas, empezando por las vistas hacia el valle del que había partido y siguiendo por otro precioso paso de montaña.

El valle en proceso de secado

Torrente de las tierras altas

En el descenso hacia el siguiente valle, tengo un primer encuentro con la que va a ser mi realidad durante los próximos 10 días: un sendero inexistente en zonas con mucha vegetación donde el progreso es lento y pesado. Sería un pequeño infierno con tiempo lluvioso pero, en condiciones favorables, sólo requiere algo de adaptación mental y aceptar que aquí no es posible caminar a 4 km/h.

Con todo, y por el momento, sigo en la red de senderos y no faltan infraestructuras clave como un este pequeño bote de sirga para salvar un canal entre lagos demasiado ancho como para poner un puente:

Sin remos

Un valle transversal más y otra pista de grava que, esta vez, necesito seguir durante varios km antes de retomar sendero. Acampo en la última zona elevada que me queda antes de meterme en fangales a las puertas del Parque Nacional Borgefjell.

22:30 h

6:30 h

Borgefjell es una extensa área sin infraestructuras, no hay senderos ni señalización. Acostumbrado al punto de apoyo que suponen las rutas marcadas, da cosica meterse ahí pero soy consciente de que la clave de la dificultad o su ausencia está más en la meteo que en cualquier otra cosa. Salvo los puntos de acceso, es todo terreno elevado, lo que suele significar suelo firme, vegetación escasa y progresión sencilla, aunque también mucha exposición, lo que hace que el factor meteo sea especialmente importante. Mejor que no te pille un gris ahí arriba.

De momento, mis últimos kms en la red de senderos son de los peores que haya caminado, lo tienen todo: roca, vegetación, fango y más tráfico del que puede soportar, lo que es extremadamente inhabitual en Noruega; de hecho, es la primera vez que lo veo. Los pozos de barro tragan la pierna entera.

Barrizal profundo

El sendero acaba en la orilla del Tiplingelva. Al otro lado, Borgefjell. Cruzo el puente colgante en una mañana soleada.

Río Tiplingelva, frontera de Borgefjell

Río Tiplingelva, Picos de Borgefjell

La travesía de Borgefjell fue uno de los momentazos del viaje. Una vez en las zonas altas, es un paraíso montañero de belleza ininterrumpida que me trae recuerdos de paisajes similares a lo largo del Nordkalott, allá al norte.

Paisajes de Borgefjell

Paisajes de Borgefjell

Aparte del potencial de problemas meteorológicos, el único obstáculo significativo en lugares como éste son los ríos. Aunque sea el cauce alto, pueden ser grandes y difíciles de cruzar. El Ranserelva es el único importante que me encuentro y tiene un puente pero necesitaría un desvío de varios kilómetros y prefiero vadear. Con mucho cuidado.

Vadeo del Ranserelva

Me llevó el día completo cruzar esta esquina de Borgefjell. Me lo tomé con calma. Después del último collado, me llovió un poco pero nada serio. Mi mejor día de montaña en mucho tiempo.

Austero y remoto, mi mejor día de montaña en mucho tiempo

Más paisajes de Borgefjell

Aún más paisajes de Borgefjell

Sigo caminando en Borgefjell

Para cuando llegó la hora de acampar, hacía frío y bastante aire. Una plataforma de brezo seco cerca de la orilla del enésimo lago.

Campamento junto a Virmavatnet

El amanecer es muy desapacible, con viento, frío, chubascos y, a ratos, niebla.

Virmavatnet con niebla

Mi itinerario es ya valle abajo y de salida. Cambio de región, de Nordland a Trondelag aunque, evidentemente, sobre el terreno no hay ninguna señal, ni de esa frontera ni de nada más. El ambiente va cambiando, como de costumbre al descender, y van apareciendo los árboles y los fangales. Alterno la elección de ruta entre la libertad de la línea recta por el terreno fangoso pero abierto y, cuando me canso de esto, las elevaciones donde piso tierra firme pero hay más vegetación. Seguiré campo a través por lo que resta de día y me alegro de comprobar que, aunque trabajoso, el terreno es practicable.

Setas coloridas

Hacia mediodía, alcanzo Namsvatnet y el final del descenso hasta la frontera sur de Borgefjell:

Virmaelva desembocando en Namsvatnet

El mundo humanizado está en el extremo opuesto del lago, 21 km de camino que preveo muy duros porque serán campo a través en altitud relativamente escasa, por debajo de los 500 m.

Esperaba dificultades aquí. Sobre mapa, es una mezcla de bosque y zonas pantanosas y tenía en mente un ejercicio continuo de elección entre malo y peor, sin tener muy claro cuál era cuál. Ciertamente, hizo falta adaptación emocional a las circunstancias pero, dicho esto, no fue tan mal y me alegré mucho de haber recorrido este tramo que, por lo que comenté con otros senderistas, muchos evitan, aprovechando que hay embarcaderos en ambos extremos de Namsvatnet para hacer el trayecto en barca.

Tras la mañana plomiza, el cielo se aclaró y tuve un tiempo estupendo durante la tarde, lo que, sin duda, ayudó. Los bosques de coníferas eran densos pero una cosa interesante de la vegetación a nivel de suelo es que es siempre de tallo blando y nunca espinosa, así que siempre se puede pasar. Incorporo esta parte de cultura senderista noruega a mi bagaje.

Vista atrás hacia el norte

Bosque denso

Playa en Namsvatnet

Vista atrás a través de Namsvatnet, Borgefjell al fondo

Algodón silvestre

Denso pero transitable

En el extremo opuesto de Namsvatnet, alcanzaré una pista que me llevará a una carreterilla y, finalmente, a la localidad de Royrvik. Antes de todo eso, un campamento más.

Otro campamento junto a un lago

Puesta de sol a las 21:30 h

Una mañana luminosa y pacífica:

Amanecer a las 5:30 h

Sólo quedan 17 km hasta el pueblo y son fáciles: en cuestión de minutos, llego a una pista de grava que me lleva a una carreterilla que luego me lleva a otra. Qué fácil es caminar por asfalto.

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Royrvik es el único pueblo por el que pasaré en todo el viaje. Es un sitio pequeño y sin una trama urbana tal cual la conocemos en el sur de Europa. Tiene un supermercado y un hotel, que es prácticamente todo lo que necesito. Llego allí a media mañana de un domingo y tengo que esperar al día siguiente para las compras así que todo lo que me queda por hacer es nada, que es una gran cosa que hacer tras una semana de mucho trabajo en el sendero.

Iglesia y cementerio en Royrvik

Limingen Gjestegard es el lugar. Gjestegard es el equivalente al término anglófono Guesthouse y Limingen es el nombre del inevitable lago local. Es un sitio encantador. Una vez más, continuando la tendencia de este viaje, está muy poco concurrido. Principios de agosto tampoco parece ser temporada alta en esta región.

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El descanso me sienta genial. Soy consciente de que la semana siguiente puede ser durísima y la parte clave de este viaje así que dejadme que reponga fuerzas:

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El pronóstico del tiempo es de lluvia fuerte y persistente para el día siguiente. Tomo la decisión consciente de no preocuparme. No por el momento.

Norge Midt sección 1: Sulitjelma a Umbukta

Entre julio y agosto de 2023, caminé durante 4 semanas y 825 km en Noruega entre Sulitjelma, región Nordland, y As i Tydal, región Trondelag. Sobre el terreno, dividí la ruta en cuatro secciones. Ésta es la historia de mi primera semana en el sendero, en la que recorrí la distancia entre la localidad de Sulitjelma y el hotel de montaña Umbukta.

Primera semana

Sulitjelma es un enclave minero en una localización típicamente noruega, la estrecha franja de terreno llano entre la pared del valle y el lago que ocupa todo lo demás. A 67 grados norte, está medio grado más allá del círculo polar. Había llegado allí a media tarde de un sábado tras un par de buses desde la costa, la ciudad de Bodo, donde había aterrizado por la mañana en un vuelo desde Oslo.

En Sulitjelma, el ambiente era gris oscuro y el pronóstico, de lluvia pero con dos refugios a corta distancia, la opción obvia era comenzar a caminar inmediatamente, no sin antes darme un último atracón en el supermercado. Pasaría una semana antes de poder volver a hacer algo así.

Parada obligatoria antes de partir

Se puso a llover a los pocos minutos de empezar a caminar y ahí tuve mis primeros conflictos, con la meteo noruega y con mi toma de decisiones. En lugar de hacer las cosas bien, lo que hubiera implicado ponerme toda la ropa de lluvia, tiré por esa calle de enmedio del «bah, si sólo es un rato» y sólo me puse una parte. Habría sido suficiente si me hubiera limitado a los primeros 4 km hasta el primer refugio disponible pero decidí también seguir una hora más hasta otro más pequeño y remoto. Salió de aquella manera.

Menos mal que la ruta estaba bien señalizada porque la montaña se había fundido con la nube y no se veía nada.

Langvatnet y Sulitjelma

Mucha niebla

Llegué a Lomihytta mojado, congelado y muy descontento con la experiencia, al mismo tiempo que aliviado de estar bajo techo y de haber encontrado el refugio, que estaba apartado de la ruta lo suficiente para ser indetectable en la niebla. Me costó hasta con GPS.

Refugio en la niebla

Lomihytta era un refugio pequeñito pero a la altura de los estándares noruegos de confort y me rescató del malhumor que llevaba. Me fui a dormir esperando mejores condiciones para el día siguiente.

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Por la mañana, sigue nublado y lúgubre pero no llueve y la niebla ya sólo cubre las cimas. No es el ambiente más acogedor posible pero, técnicamente, son buenas condiciones para caminar. Inicio mi primer día completo en el sendero.

Mañana gris en Lomi

Al sur de Lomi, la ruta atraviesa la típica zona alta noruega, muy rocosa y donde prácticamente no hay sendero físico aunque sí una correcta señalización. Claro que, para ver las señales, hace falta visibilidad. En condiciones como las de la tarde anterior, en este tramo, habría ido a tientas. Más o menos necesaria, me alegro de volver a la compañía de esos viejos amigos que son los hitos con la marca DNT1. Me voy a pasar un mes siguiéndolos.

Hito con marca DNT

La ruta desciende en un par de puntos a la zona cabecera del mismo valle en el que comencé viaje el día anterior, en ambas ocasiones alcanzando el bosque de abedules y sendos refugios DNT. Paso de largo de ambos y continúo adelante todo lo que me parece razonable para un primer día completo. Siempre hay que tener cuidado con las jornadas iniciales de viaje, cuando el cuerpo aún no está acostumbrado a las tensiones y esfuerzos de la actividad, para evitar lesiones que, aunque leves, te dan luego la lata durante todo el viaje. En el verano de Noruega, además, como tarda tanto en hacerse de noche, es fácil pasarse.

Acampo en los páramos que rodean Ballvatnet, nombre propio con la marca geográfica que denota que se trata de un lago, apenas visible al fondo de la escena. El suave relieve no da para mejores perspectivas.

Primer campamento del viaje

Mi estado de ánimo va con el gris del ambiente pero, objetivamente, puedo estar contento: todo va bien y puedo celebrar que estoy aquí, haciendo esto.

La noche es corta, no muy oscura y no parece suponer ninguna inflexión en el ambiente: cuando salgo de la tienda, todo sigue igual.

Primer amanecer en campamento

La ruta abandona el campo abierto que rodea Ballvatnet y cruza un collado somero para empezar a descender por un valle. Vegetación cortita y terreno cómodo para caminar. Por un momento, el nublado parece aclararse pero la idea no le dura mucho y pronto vuelve al gris oscuro.

Vegetación corta y terreno cómodo para caminar

Valle abajo, la vegetación es más alta y densa y eso son malas noticias: está saturada de agua y es imposible no rozarse con ella continuamente, con el resultado inevitable en estos casos: empapado de la cintura para abajo. Ni siquiera parece que haya llovido, tiene más pinta de condensación en ambiente opresivo. Es como si el propio aire fuera pesado. Con todo, el entorno es bonito, especialmente el río, al que he visto nacer y un rato antes y ya se va haciendo grande.

Skaitielva

Voy tan calado que siento que tengo la excusa perfecta para otra noche de refugio. Me viene bien porque pasaré por uno al final de la jornada y, además, tampoco sería fácil acampar en este entorno tan frondoso sin una segadora, no hay apenas suelo acampable. Que luego siempre se encuentra algo pero, como el bienestar emocional suele depender mucho de las perspectivas sobre el futuro inmediato, pensar que puedo terminar el día a cubierto, seco y cómodo, me anima mucho y camino más contento que hasta entonces.

Curiosamente, según avanzo aguas abajo, la vegetación está más seca, hasta el punto de estarlo del todo y mi ropa se va secando también. Para cuando llego al refugio Trygvebu, la sensación de incomodidad ya ha desaparecido pero seguiría siendo complicado buscar hueco para acampar y me meto dentro sin dudar. Estaría mal no poder fiarme de mis propias auto-promesas.

Refugio Trygvebu

Trygvebu es un refugio al borde de zonas habitadas, hay una pista de grava y una granja en las proximidades, incluso tiene tendido eléctrico. En una noche de lunes, hay otros montañeros ya instalados y la chimenea está encendida. Estaré muy bien allí.

Chimenea en marcha en Trygvebu

A la mañana siguiente, veo, por fin, el sol por primera vez desde que llegué a Noruega. En la vida urbana de la meseta ibérica, el sol es algo que no celebro especialmente, es algo que casi doy por descontado. La vida en el sendero es diferente y, en Noruega, más aún. En estas condiciones, me alegro por la presencia del sol y me pone de buen humor.

Cielo azul por fin

Mi valle desemboca en Junkerdalen, arteria troncal este-oeste donde cruzo mi primera carretera. Hacia el este, la frontera con Suecia está a unos pocos kms. También cruzo Graddis Fjellstue5, donde me había hecho la peli de que quizá tuvieran una cafetería donde hacerme una ronda de café y tarta, ese clásico del sendero, pero, aunque el lugar parece en funcionamiento, no veo ninguna puerta abierta ni indicio de lo que busco así que paso de largo. Siendo finales de julio, me pregunto cuándo será la temporada alta en sitios como éste.

Junkerdalen, a su vez, desemboca en Lonsdalen, el principal corredor norte-sur de la región, aunque la ruta senderista ataja por tierras altas, con estupendas vistas a las montañas de Saltfjellet hacia el oeste, antes de bajar al valle principal, con la carretera E6 y la línea de tren entre Trondheim y Bodo.

Buen camino, magníficas vistas

En Lonsdal hay estación de tren. Podría haber aprovechado para acercarme a Rognan, unas pocas estaciones al norte, para reaprovisionar pero deseché la idea desde el principio, es una línea de larga distancia en una zona poco habitada y no hay muchos servicios, probablemente habría tenido que hacer noche en el pueblo y no merecía la pena.

Pasado Lonsdal, inicio la subida hacia Saltfjellet y el punto más alto de toda la ruta mientras se va nublando. Desaparecen los árboles y la vegetación va siendo más corta. Doy por terminado el día antes de la ascensión final y de que el ratio hierba/piedra decrezca demasiado y planto la tienda en el que resultaría uno de los sitios de acampada más bonitos de todo el viaje.

Campamento en Saltfjellet

Una mañana más y las nubes, en esta ocasión, aparecen rotas, dejando mucho hueco para cielo azul. Retomo camino en un escenario magnífico.

Montañas de Saltfjellet

La zona alta es típicamente escandinava: un collado somero, amplio y muy largo. El lugar es impresionante de por sí pero, además, la luz coopera para ponerlo bonito así que dejadme que pegue no una imagen sino una serie:

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El descenso es sobre un relieve también muy suave. La ruta entra en el dominio de Saltfjellet pero no se dirige hacia los picos y campos de hielo en el oeste sino que gira hacia el sur a lo largo de un valle donde pronto alcanza el límite del bosque de abedules y cruza un par de veces el Kjempaelva, el río de rigor, sobre los típicos puentes colgantes.

Kjempaelva

Puente sobre el Kjempaelva

La ruta abandona el fondo de valle para volver a zonas más elevadas donde hay más exposición pero la vegetación es menos densa y se camina mucho mejor. Con meteo tranquila, es un cambio a mejor y la luz sigue ayudando con las fotos.

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Visto mapa, sé que me estoy acercando al Círculo Polar pero no tengo ni idea de si estará señalizado. Cuando veo al fondo un letrero de madera a modo de puerta sobre el sendero, intuyo que va a ser ahí. No sólo eso sino que hay franjas herbosas perfectas para acampar y, aunque no parezca que es tarde, llevo más de 12 h caminando y 38 km, más que suficiente para que sea el momento perfecto para decidir parar y pasar una última noche al lado norte de la línea esa.

Círculo Polar

Campamento del Círculo Polar

Lo de pasar la noche era un decir pero sí que hay un ciclo de cena/sueño/desayuno. No es la primera vez que cruzo el Círculo Polar pero sí la primera que lo hago a pie, lo que da más lustre al simbolismo.

La ruta me lleva de nuevo al valle principal, donde cruzo la E6 y la vía de tren una última vez. El nublado ligero de la mañana ha evolucionado hacia el oscuro pero con nubes rotas que dejan pasar el sol.

La siguiente sección en altura es muy estética y fácil de caminar, con mucho cesped y poca roca. Hacia el este, a un par de kms en línea recta, la línea extrañamente recta que marca la frontera con Suecia.

Hierba, sin roca

No hay tregua en la meteo noruega. Incluso en un día tranquilo como éste, se juntan nubes y cae un chaparrón. A veces, el fenómeno es tan local que lo puedes ver en el horizonte cercano y esperar que no te alcance. Desciendo hacia Virvatnet6

Chubasco bajo los focos

En las orillas del lago, paso por mi primer episodio, en este viaje, de apocalipsis-mosquito. Me apresuro a salir de allí, esperando que alejarme del agua, ganar altitud y una posible brisa hagan que los insectos desaparezcan pero tienen el día tonto y nada de eso parece suficiente. Tras 37 km, planto la tienda en un sitio cómodo y bonito pero no puedo estar cómodo hasta que me encierro dentro. No todo iba a ser perfecto en Noruega.

Perfecto excepto por los mosquitos

Nubes y claros al inicio de la siguiente jornada, transicionando a cubierto según cruzo un collado secundario, rocoso y con lago panorámico. Sigo rumbo al sur.

Un poco de luz

Lago sin nombre

Por la tarde, el cielo se polariza: grandes claros pero también grandes nubes con desarrollos verticales típicos de situaciones de tormenta así que no me sorprende del todo cuando, mientras descanso un rato para comer algo, suena un trueno. No voy a correr más que la tormenta pero, si la cosa se va a poner fea, mejor estar en sitios expuestos el menor tiempo posible así que recojo rápido y sigo adelante. Aún tengo que cruzar un collado elevado.

Independientemente del tiempo, tengo claro que esta próxima noche será bajo techo. El refugio Sauvas me cuadra perfecto, tanto para terminar la jornada presente como para dejar un día corto para la siguiente, final de sección, y sobre mapa tiene muy buena pinta: altitud elevada y en zona lacustre. Con esta previsión imbatible, no me enfado mucho con la meteo cuando los chubascos me empiezan a rodear.

No me cojes

Era cuestión de tiempo que me acabara lloviendo y lo hizo en la zona del paso de montaña pero fue precipitación suave y me mojé pausadamente. Luego, los claros y la luz:

Luz tras la tormenta

Para cuando llegué al refugio, ya casi me había secado, el tiempo se había tranquilizado y no tenía ninguna razón objetiva que justificara meterme dentro por delante de mi opción por defecto, que siempre es la acampada, pero está bien darse un lujo alguna vez porque sí y el sitio es muy especial:

Ostre Sauvatnet y los refugios

Me puse cómodo en la casita pequeña. El cielo se despeja y, a casi 1000 metros de altitud, la temperatura baja mucho, lo que da especial sentido al fuego de la chimenea.

Sauvasshytta

Me tuve que quedar levantado hasta muy tarde pero esperé a la puesta de sol.

Puesta de sol en Sauvas

Esta vez sí que hay diferencia entre anochecer y amanecer: por la mañana, niebla intensa y no se ve nada aunque, para cuando salgo a caminar, se ha levantado lo suficiente para despejar el suelo y poder ver a dónde voy. Serán sólo 12 km.

Sauvasskardet

A media mañana, llego a la carretera E12 a la altura de los edificios de Umbukta Fjellstue, de donde no me pienso mover hasta el día siguiente. Me he ganado un descanso.

Umbukta Fjellstue

Umbukta es un sitio acogedor, de tamaño pequeño y aspecto austero, muy lejos de la mayor parte de Fjellstue por los que he pasado en otros viajes, que solían ser más grandes y pintones. Es un sábado y el lugar está muy poco animado. Una vez más, me pregunto si la temporada alta es en algún otro momento o si esto es lo normal.

Sea cual sea el ambiente, tengo todo lo que necesito y las prioridades muy claras: comer, recoger mi envío postal, ducha, colada, comer otra vez, relax, comer algo más. La caja con provisiones que envié una semana antes nada más llegar a Bodo está esperándome en el sótano. Su no presencia es casi lo único que podría haber ido mal.

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El menú no es nada sofisticado pero sobra decir que no necesito exquisiteces, me va perfecto con dos rondas de la misma hamburguesa, una para comer y otra para cenar. No dejé una miga.

Segunda ronda

Umbukta fue una estación maravillosa. Tuve ocasión de coincidir con otros dos senderistas en ruta NPL7 y comentar cosicas del sendero, un rato estupendo. Me gustan mis medios-días de descanso.

La primera parte del viaje quedaba atrás y me sentía muy bien, física y emocionalmente.

Norge Midt: cifras varias

Al final de cada jornada, hago algunas anotaciones. Como mínimo, me sirven para saber en qué día estoy si la electrónica me deja tirado. Los datos que acompañan a la fecha son muy básicos pero, cuando los pongo todos juntos, salen algunas cifras interesantes.

Notas de campo

Primero, la ruta final; después, la estadística.

Ruta final

Seguí el itinerario E1 casi al pie de la letra, con variaciones en los tramos campo a través demasiado pequeñas como para que merezca la pena intentar dibujarlas. El punto de partida, como estaba previsto, en Sulitjelma, región Nordland. El punto final resultó As i Tydal, región Trondelag

Distancia: 825 km

Ésta fue la distancia efectiva de viaje si me fío de las mediciones de las aplicaciones de cartografía. La distancia caminada es de 10 km más a causa de quedarme bloqueado ante un río crecido, peligroso de cruzar, en medio de una tormenta, el día 26 de viaje. Tuve que retroceder hasta el refugio más cercano y repetir al día siguiente, ya sin problemas.

Días: 29

Días efectivos de viaje a pie. Caminé todos los días salvo los de llegada y salida del país.

Media: 28.5 km/día

Calculada en base a la distancia efectiva de viaje. Me quedé algo por detrás de mi intención de promediar 30 km/día. Si saco de la cuenta el día 1, en el que empecé a caminar a última hora de la tarde, la media llega a 29 km/día.

Distancia más larga: 38 km

Acontecida el día 5 de viaje. Hubo también varias jornadas de 37 km.

Días completos: 21

En los que no hice nada más que caminar.

Días cortos: 8

Incluyo aquí aquellas jornadas en las que caminé menos distancia de lo habitual, caminé durante menos horas o ambas cosas, desglosados así: los días inicial y final, los dos días que incluyeron una parada para reaprovisionar y cuatro en los que di la tarea por terminada pronto debido a la meteorología. Algunos de estos últimos fueron más difíciles que muchos días normales.

Días con lluvia: 19

Estos incluyen cualquier tipo y cantidad de lluvia. Dicho de otra manera, hubo sólo 10 días en los que no llovió nada. De los 19 en los que sí, la lluvia fue intensa o de larga duración en 11.

Noruega es un sitio húmedo por todos los flancos.

Lluvioso y oscuro

Acampadas: 18

Acampar era, como de costumbre, mi por-defecto y en este viaje ha sido la opción en casi 2/3 de las noches, el ratio más alto de todos mis viajes en Noruega hasta ahora. Por lo que sea.

Saltfjellet-Svartisen

Pernoctas en refugio: 7

Siempre que sentía que me hacía falta una noche en refugio, me la concedía, sin hacerme muchas preguntas. Siempre solía ser por razones meteorológicas pero a veces también porque me apetecía el confort de un refugio o me parecía que necesitaba un descanso de la exposición que supone estar ahí fuera durante mucho tiempo seguido en un sitio que no siempre lo pone fácil. Alivio instantáneo para el cansancio por acumulación.

Refugio Holden

Noches en alojamientos: 3

Dos de éstas fueron planeadas, coincidiendo con un día corto que incluía reaprovisionamiento y descanso. La otra surgió sobre la marcha al final de una jornada lluviosa.

Limingen Gjestegard, Royrvik

Reaprovisionamientos: 2

El primero, un envío por correo a Umbukta, un hotel de montaña, en el día 8. El segundo, una compra en supermercado de buen tamaño en la localidad de nombre Royrvik, día 16. Ambas localizaciones directamente en ruta.

Supermercado en Royrvik

Las provisiones para la última semana de viaje fueron saliendo de la despensa de algunos de los refugios por los que pasé, a falta de una opción mejor y habida cuenta que, en Trondelag, muchos de los refugios contaban con despensa.

Días en los que no me encontré con nadie: 1

Esto sucedió en el día 19, al norte del Parque Nacional Skjaekerfjella. Paradójicamente, ese día comencé camino desde un refugio tipo albergue, localizado en una pequeña población, pero madrugué mucho y no había nadie por allí. Nadie en los senderos ni fuera de ellos en todo el día.

Días en los que me arrepentí de estar haciendo esto

Esto no viene de mis notas, esto es un recuerdo y uno muy claro: ninguno. Que no se me olvide.

Norge Midt: Aspectos Destacados

Durante el verano de 2023, recorrí la franja fronteriza entre Noruega y Suecia allí donde la vertiente noruega es más estrecha, a veces sólo unas pocas docenas de kilómetros entre divisoria y mar. He dejado reposar los recuerdos y ahora los desentierro. El resultado es esta selección.

Norge Midt

Una línea continua de pasos

Hay una especial sinergia en el hecho de seguir una línea ininterrumpida por un tiempo relativamente largo, empezando en un sitio y terminando en otro diferente con la sensación de que éste está a medio mundo de distancia de aquel.

Además, hay algo único en esto. En su aspecto más básico, se trata de que caminar no sea sólo ir de acá para allá por sitios bonitos, que está muy bien, sino que signifique algo más, el propósito del viaje. Profundizando más, me topo con esta idea, que me gusta, de afrontar lo que el terreno y sus condiciones propongan: transitar por el medio ambiente en sus propios términos.

Nada de esto es exclusivo de este viaje, aplica en cualquier sitio, pero sí hay un matiz interesante: en Noruega, puede no ser fácil. Esto le da un valor especial.

Escenario

Iba a usar como título el más obvio «Paisajes» pero, según desarrollaba lo que quería expresar, acabé poniendo este otro, un cambio sutil pero lleno de significado. La gracia de este viaje ha estado no tanto en el espectáculo de una región inherentemente espectacular como en el discurrir por el territorio normal, un escenario en que el viaje sucede.

Mesetas de Borgefjell, donde el viaje sucede

Esto no es algo que me resulte nuevo pero quizá sí en un viaje por Noruega, cuyo estereotipo es de lugar de postal permanente y así había sido en mis anteriores visitas. En esta ocasión, parte de la idea era intentar ir más allá del tópico y ver qué pasaba, lo que me hace pensar más en escenario que en paisajes y me lleva al siguiente punto.

La Noruega menos obvia

Resulta que no se trataba sólo de valles glaciales, lagos y paredes de roca, caminar por Noruega también puede ser rutinario y lo mejor es que, incluso entonces, resulta muy atractivo e interesante.

Éste era mi tercer viaje en esta parte del mundo. En los anteriores, la mayor parte de los recorridos habían sido por altas latitudes, zonas elevadas o ambas cosas a la vez. En las cifras más bajas había un mundo diferente con elementos como bosques de coníferas o de abedules, granjas, páramos infinitos y mucha más agua de la que el terreno puede asumir. Caminar por allí ha sido, de media, menos espectacular y más dificultoso que en zonas de viajes anteriores pero me ha parecido que tenía el valor añadido de lo auténtico y me he alegrado mucho de haber visitado esta otra cara del país.

Región Sylan

Fuera de los senderos

Esto está aquí sobre todo porque tiene un significado importante, ya apuntado en el comentario sobre la línea ininterrumpida de pasos: el significado de caminar por el territorio en sus propias condiciones, las que se presenten. En lo que afecta a la ausencia de senderos, no es sólo por lo obvio, que no haya traza física o señales, sino también, y casi más aún, por la disponibilidad limitada de refugio a cubierto por periodos bastante largos. En un sitio como Noruega, esto lo cambia todo.

Caminar campo a través es algo que, probablemente, no habría elegido, de haber tenido opción, pero también me intrigaba ver qué tal se daba. El hecho de que se tratara de secciones de una ruta establecida ayudaba a saber que, como mínimo, sería caminable, sin obstáculos insalvables, que es lo único realmente importante para quienes, viniendo de fuera, no tenemos conocimiento profundo del territorio como para poder saber qué esperar. El resto no es más que el incentivo adicional.

Por aquí

Me pasé la parte central del viaje, aproximadamente un tercio del total, caminando mayormente campo a través. La vuelta a la red de senderos se convirtió en mi faro, ese objetivo por el que seguir adelante cuando la cosa se ponía fea.

Todo sea dicho, el monte a través en Noruega puede no ser muy diferente de las rutas marcadas pero sí es un aspecto más, y uno de mucho peso, que añadir a la lista de dificultades potenciales. Si todos los demás factores estaban de cara (meteo estable, terreno seco, vegetación baja, sin obstáculos orográficos importantes), caminar campo a través podía ser sencillo y agradable pero esa alineación de planetas, si se da, no suele durar mucho en Noruega. Cuando la cosa se ponía complicada, si había que añadir a la lista habitual de dificultades la falta de senderos, marcas y refugios, se hacía duro. Para mí, fue difícil, a veces.

En retrospectiva, me ha parecido importante haberlo caminado todo, incluso lo difícil. Ha sido una parte integral del viaje sin la éste habría sido algo muy distinto.

Acampar

Es un aspecto clave, siempre lo es pero, en este caso, amplificado por lo bonito del entorno y por la sensación acogedora de que acampar al final de cada día es lo natural. Hacer hogar en las montañas y descansar tras de una jornada de mucho trabajo.

Un giro interesante que aplica especialmente a la acampada es el de hacerte con el lugar y, en Noruega, tiene más truco del que pueda parecer a primera vista. Para alguien nativo de regiones donde la tierra firme es algo que das por garantizado, no deja de ser un impacto inicial, aunque no sea la primera vez, caminar y acampar en un lugar donde todo parece un infinito y gigantesco fangal. A veces parece que ¡no hay tierra firme! Pero siempre hay algo y ahí viene esa pequeña parte de aprendizaje progresivo para leer el terreno, identificar los sitios buenos desde la distancia e incluso saber qué esperar a vista de mapa. Más allá de lo meramente técnico, esto es también una maravillosa forma de conectar con el lugar por el que caminas.

Buscar tierra firme

Refugiar

Sé que aquí me voy a repetir con respecto a textos similares de viajes anteriores pero dejadme enfatizar (otra vez) lo importante que es la infraestructura de refugios en un sitio como Noruega. Añadiría que «para mí» porque sé que esto va mucho con el carácter de cada cual pero me he cruzado con suficientes compas de sendero con quienes he compartido la misma sensación como para no sentirme solo en esto.

En verano, las condiciones son, en general, buenas para el viaje a pie, la acampada es maravillosa y todo lo que queráis pero es que, simplemente, había momentos en los que sentía que necesitaba estar a cubierto, fuera por algún episodio meteorológico traumático o fuera por acumulación. En tales momentos, contaba con la red de refugios de Noruega y el simple hecho de saber que estaba ahí hacía la vida en el sendero mucho más llevadera.

Pasé algunos de mis mejores momentos del viaje tomando un café caliente junto a la chimenea. Eso es mucho decir para una experiencia cuyo objetivo principal era estar ahí fuera.

Lo que sea junto a la chimenea

Diversión de Tipo 2

Viajar a pie por Noruega es duro, nada que no supiera ya, pero sigo volviendo a por más. Parece claro que me gusta el lugar. Con sus cosas.

Norge Midt Previa

En 2023, tendré un mes completo para caminar. Con la excepción de 2019, cuando me tomé cinco, esto de un mes entero y seguido es algo que no pasaba desde 2009, es decir, ésta va a ser una ocasión especial. Para ello, he elegido volver a Noruega.

Idea

Como con todos mis viajes, mi intención, a grandes rasgos, es hacer una ruta a pie continua, acampar por el camino, estar en la naturaleza y dejar que el viaje fluya solo. Noruega es un sitio estupendo para esto: paisajes maravillosos, buena red de senderos, posibilidad de enlazar zonas naturales sin apenas interrupción y una cultura senderista y montañera muy acogedora para la larga distancia.

Notas sobre material Noruega 2022

Algunos detalles sobre técnica y material en mi viaje de 2022 en Noruega que me parecen dignos de mención.

Tienda de campaña Locus Gear Khufu DCF

Compré esta tienda con la intención de que fuera mi sistema de acampada por defecto para la larga distancia en 3 estaciones, lo suficientemente ligera como para llevarla a cualquier sitio, lo suficientemente sólida como para llevarla a sitios como Noruega. Me hice con ella unos pocos meses antes del viaje y tuve tiempo de usarla lo suficiente como para practicar con el montaje, siquiera para saber qué esperar. No tuve ocasión de usarla en condiciones difíciles.

La exposición a continuación es sobre la Khufu en el viaje por Noruega.

Hedmarksvidda

Durante el verano de 2022, caminé de estación de tren a estación de tren entre Oppdal, región Trondelag, y Hamar, región Innlandet, siguiendo una línea por las zonas montañosas de tres áreas protegidas: Trollheimen, Dovrefjell y Rondane, completando viaje a lo largo de las tierras altas de Hedmarksvidda.

Sección de Hedmarksvidda

Rondane

Durante el verano de 2022, caminé de estación de tren a estación de tren entre Oppdal, región Trondelag, y Hamar, región Innlandet, siguiendo una línea por las zonas montañosas de tres áreas protegidas: Trollheimen, Dovrefjell y Rondane, completando viaje a lo largo de las tierras altas de Hedmarksvidda.

Sección de Rondane

Dovrefjell

Durante el verano de 2022, caminé de estación de tren a estación de tren entre Oppdal, región Trondelag, y Hamar, región Innlandet, siguiendo una línea  por las zonas montañosas de tres áreas protegidas: Trollheimen, Dovrefjell y Rondane, completando viaje a lo largo de las tierras altas de Hedmarksvidda.

La segunda sección me llevó 3 días durante los que crucé Dovrefjell. Comparado con el entorno de la etapa anterior, Dovrefjell está más lejos de la costa, es más elevado y menos húmedo. No es un mundo vertical de picos y valles, tiene más aspecto de una alta meseta cruzada por montañas poco prominentes y horadada por valles abruptos en forma de perfecta U allí donde los glaciares principales se han abierto camino.

Sección de Dovrefjell

Trollheimen

Durante el verano de 2022, caminé de estación de tren a estación de tren entre Oppdal, región Trondelag, y Hamar, región Innlandet, siguiendo una línea  por las zonas montañosas de tres áreas protegidas: Trollheimen, Dovrefjell y Rondane, completando viaje a lo largo de las tierras altas de Hedmarksvidda.

La primera parte consistió en 3 días más un medio día de aproximación en un arco anti-horario a través de Trollheimen. El nombre significa Hogar de los Trolls, vaya ud. a saber por qué. Es un área de ambiente alpino, con picos escarpados, valles profundos y mucha precipitación.

Sección de Trollheimen

Noruega Sur: Aspectos Destacados

Si me pregunto a mí mismo por este viaje, esto es lo primero y lo que más a menudo me viene a la cabeza.

Paisajes

Casi sobra decirlo pero dejadme que me recuerde a mí mismo lo bonito que es Noruega. En prácticamente ningún sitio hace falta buscar una razón para que te guste un paisaje o acudir a detalles o matices, es todo precioso, sin margen para la discusión. Añadamos a esto la variedad que fui encontrando según regiones para que tampoco haya hueco para la monotonía. Sobre esto último, amplío información en el siguiente subtítulo.

Aguas abajo en Grovudalen, Dovrefjell

Noruega Sur: Previa

En el verano de 2022, volveré a viajar medio-lejos. Esto siempre es un acontecimiento pero especialmente tras un paréntesis de 2 años. Para tal ocasión, he elegido Noruega y he elegido el sur.

Sinopsis

Caminaré de norte a sur a través de Trollheimen, Dovrefjell, Rondane y Hedmarksvidda para una distancia total de 456 km en un máximo de 15 días. Esta es la ruta planeada:8

Alta Ruta Cantábrica: cifras varias

Los fríos datos pueden hacer mucho por definir el carácter de un viaje. He aquí algunas cifras clave de mis días en la Alta Ruta Cantábrica.

Alta Ruta Cantábrica: sinopsis

Un viaje de dos semanas a lo largo de la espina dorsal de la Cordillera Cantábrica, esas montañas al norte de la Península Ibérica.

Alta Ruta Cantábrica

La Cordillera Cantábrica separa dos mundos: los valles costeros, estrechos y profundos, al norte; la meseta, al sur. A lo largo de la divisoria de aguas cantábrica hay una oportunidad fantástica para una ruta de largo recorrido y de altura, física y emocional.

Crítica: panel solar Anker PowerPort Solar Lite 2

He utilizado un panel solar portátil por primera vez en la ruta por la Iberia Sin Vallas. Tal como comentaba en la reseña del viaje, había previsto esta necesidad y, en los meses previos, hice una labor de búsqueda para encontrar el panel que se adaptara mejor a mis necesidades y acabé decidiéndome por el PowerPort Solar Lite 2 de Anker. Lo que sigue es una crítica del producto basada en el uso durante el mencionado viaje.

Iberia Sin Vallas: diario de viaje

Porque tenía que hacer algo con todas las fotos que saqué…

Recién llegado

Iberia Sin Vallas: Descripción

La serie de aspectos geográficos, humanos, medioambientales y personales que dieron forma a mi viaje por la Iberia Sin Vallas.

Plan / Materialización

La idea original era un viaje de dos semanas con principio y fin en una estación de tren, sin apenas penalización en forma de terreno de rutina en ninguno de los dos extremos. Punto de reaprovisionamiento en el día 6 con posibilidad de un segundo alrededor del día 10. En ambos casos, haría la compra y continuaría caminando. El plan era evitar pasar ninguna noche en pueblos.

Al final, resultó un viaje de 9 días con modificación de ruta para hacerla más corta y con un punto final diferente al planificado. El resto fue fiel a la idea original. Respecto al reaprovisionamiento, pasé por la localidad del día 6 y, aunque llevaba aún suficiente comida para completar 9 días, hice una pequeña compra por si acaso, dado el grado de incertidumbre y los constantes cambios sobre la marcha. Al final, no necesité estos extras.

La razón básica, casi única, para los cambios de planes sobre la marcha fue la pandemia. Cuando salí de casa, no había ninguna restricción de viajes que hubiera afectado a mi ruta original pero se veían venir. Aún así, decidí continuar con el viaje e ir adaptándolo a las nuevas circunstancias. Llegó el estado de alarma y algunas Comunidades Autónomas establecieron cierres regionales. Cuando cerraron Aragón, cambié la ruta para evitar esa región y poder mantener el punto final planeado. Cuando cerraron las dos Castillas, ya no me quedó más opción que cambiar el destino.

Iberia sin vallas

Podría aún haber completado las dos semanas de camino haciendo algo tan interesante como volver a casa caminando pero incluso esto se me chafó: cuando, a lo largo del día 5, conecté el teléfono a la red, recibí un mensaje del servicio de salud informándome de que mi padre había dado positivo en Coronavirus. Aunque no tenía síntomas, la situación era suficiente para que no me apeteciera estar lejos y desconectado e hice un nuevo plan para caminar hacia la estación de tren más cercana.

En el momento de escribir este texto, mi padre ha sido declarado no-contagiador, lo que equivale a haber pasado la infección. No ha llegado a caer enfermo.

Caminar en tiempos de pandemia

La ventana temporal de mi viaje coincidió con uno de los peores momentos de la segunda ola a nivel general en el país. No era un buen momento para viajar pero, debido a otras circunstancias, no tenía otro. Hasta donde yo sé, me mantuve dentro de la legalidad.

Esto último no fue suficiente para sentirme a gusto. No lo estuve. Había planificado intencionadamente un viaje extremadamente solitario en el que no esperaba encontrarme con prácticamente nadie en los senderos y preveía pasar casi sin parar por pueblos muy pequeños, que usaría para nada más que un acceso fácil a agua potable: llenar botellas en la fuente y seguir caminando. Sólo un par de pueblos grandes en los que haría una breve parada para comprar provisiones antes de seguir adelante, todo ello con la idea de mantener contacto con gente al mínimo indispensable.

Seguí esta idea al pie de la letra pero no fue suficiente para sentirme relajado aunque, efectivamente, apenas me encontré con gente y nadie expresó malestar por mi presencia. Uno de los escasos encuentros fue con dos agentes del Seprona con los que me crucé el día 2: me advirtieron de las restricciones a los viajes que estaban al caer pero no hablamos más del tema. Aparentemente, su interés estaba más centrado en la caza furtiva.

Uno de los aspectos delicados de las restricciones relacionadas con la pandemia por Coronavirus y el senderismo/montañismo es el de los toques de queda nocturnos que se declararon durante mi ruta. La idea de los toques de queda, recordaréis, era minimizar las interacciones sociales, tanto en lugares públicos como en domicilios, a base de forzar a la gente a estar en casa durante las horas nocturnas. En mi caso, pernoctando en el monte, cumplía plenamente con el espíritu de la norma pero quién sabe si mi situación cabía dentro de la formulación, dando por sentado que los/as legisladores/as no tuvieron en cuenta el viaje a pie a la hora de redactar. Desde luego, yo no estaba en movimiento ni encontrándome con nadie durante la noche. Al final, es una cuestión de más calado que afecta al derecho general al tránsito por el territorio, incluyendo la pernocta nocturna, visto, en este caso, en el contexto singular de una situación de pandemia.

Traicionando la idea original

En este caso, nada que ver con la situación socio-sanitaria, es un asunto mío personal. Mi idea original era la de una ruta principalmente campo a través. Pensaba que tendría mucho valor añadido, siquiera porque en esta región el terreno, la vegetación y la ausencia de vallas lo permiten, en contraste con muchas otras zonas, la mayoría, donde sería mucho más complicado, poco práctico o directamente inviable. Partiría con un punto de inicio, otro de final y una idea general de por dónde ir. Tampoco esperaba que hubiera muchos senderos, de todas formas.

Durante la planificación, me di cuenta de que, aunque, efectivamente, no iba a encontrar muchos senderos recreativos, sí que había una buena red de pistas de uso forestal/agrícola/ganadero y de que podía perfectamente trazar una ruta fiel a mi idea, sin desviarme ni un pelo, usando estas pistas. Entonces, pensé que sería buena idea tener un diseño base que llevar encima y al que recurrir en caso de que el campo a través no me convenciera in-situ. Esto fue, básicamente, el fin de mi idea original: una vez en ruta, no le veía mucho sentido al campo a través cuando podía seguir un camino estupendo cuyo Track, además, llevaba descargado en el Smartphone. Aún hice tramos campo a través aquí y allá pero fueron relativamente cortos.

Pista forestal en la Serranía de Cuenca

Campo a través facilito

No estoy seguro de cómo me siento al respecto, en retrospectiva. Ir campo a través tiene más encanto, es más especial que seguir caminos marcados pero las pistas se adaptaban perfectamente a mi ruta y usarlas no me obligó a pasar por ningún sitio que hubiera preferido evitar.

Terreno

Se trata de una región de mesetas elevadas y cordilleras menores en la divisoria atlántico-mediterránea en el centro-este de la península. Las llanuras cultivadas están alrededor de los mil metros de altitud. Los cultivos son de cereal en secano y huertas en las riberas. Por encima, sea meseta o montaña, suele ser todo bosque, principalmente pino, encina, roble y sabina. Los bosques son abiertos, poco densos en árboles y con un sotobosque escaso que permite paso franco.

Mi ruta comenzó y terminó alrededor de la cota mil. El plan original incluía una zona más baja, hasta 500 metros, aunque montañosa y muy interesante pero, tras todos los re-diseños sobre la marcha, me mantuve sobre la divisoria y nunca bajé de los mil metros. Las zonas altas, meseta o montaña, estaban por encima de los 1200 y el punto más alto de la ruta llegó a casi 1700.

Mesetas y el valle del Tajo

Hubo mucho sube-y-baja pero, en cuanto a desniveles, no fue una ruta exigente.

Estación

Esta ruta se podría recorrer en cualquier estación del año y cada una tendría sus dificultades. El verano sería quizá el peor momento debido al calor y la sequedad pero se podría hacer. Encontrar agua sería probablemente más complicado que durante el resto del año pero, en el peor de los casos, las fuentes de los pueblos deberían ser suficientes. El invierno podría ser estupendo si el tiempo se mantiene estable pero si se pone tormentoso podría hacerse muy duro. La primavera y el otoño son, probablemente, el mejor compromiso.

Yo he caminado a finales de octubre, con tiempo mayormente estable excepto por los tres primeros días, en los que un frenté cruzó la zona. Durante lo peor del frente, la combinación de frío, viento y lluvia hizo el viaje muy incómodo. Una vez pasada la inestabilidad, quedó el patrón típico de días soleados con temperaturas suaves, ideales para caminar, y noches frías, casi siempre bajo cero. Aunque la humedad ambiental no era notoria durante el día, al bajar la temperatura por la noche había mucha condensación.

Colores de otoño

Meteorología y condiciones generales

Ésta es una región de moderados extremos. A grandes rasgos, se puede decir que hace calor por el día y frío por la noche. Los frentes suele llegar con componente oeste aunque sólo los frentes potentes hacen llegar precipitación, algo que puede pasar en cualquier momento durante otoño, invierno y primavera. El verano es estable aunque puede haber desarrollos tormentosos locales. La altitud y la distancia a la costa hacen de esta región una de las más frías, de media, de la península.

Pasé la mayor parte del tiempo caminando entre árboles pero sin mucha sombra.

Sin Vallas

Fue la baja densidad de población y la ausencia de vallados, así, para empezar, lo que me atrajo a esta zona. Concretamente sobre las vallas, debo mencionar que me encontré dos grandes cotos vallados, ambos en las cercanías de Molina de Aragón en los días 5/6. Uno de ellos apareció en medio de mi dibujo de ruta y tuve que rodearlo.

Estas zonas valladas no tuvieron impacto en el conjunto del viaje pero, aunque fueran dos casos aislados, me disgustaron profundamente.

Una valla

Me disgustaron probablemente porque el resto sí cumplió las expectativas: Iberia Sin Vallas.

Pueblos y carreteras

Hay poca población pero nunca estás muy lejos de algún pueblo o carretera. La mayor parte de las carreteras son secundarias y con poco tráfico; los pueblos, muy pequeños. En mi ruta final, sólo crucé un corredor principal de comunicaciones una vez, con una autopista y una línea de tren de alta velocidad. Ambas están valladas así que hay que prever un punto de cruce con puente o túnel.

Crucé por los pueblos a propósito, siquiera para coger agua en las fuentes. En situaciones de viaje normales, esto es, sin una pandemia de por medio, visitar los pueblos sería parte de la gracia de la ruta, son localidades pequeñas, con encanto y una interesante vista al pasado.

Santa María del Val, Cuenca

Agua y comida

Dadas las circunstancias, intenté ser todo lo autosuficiente posible para minimizar contactos con gente e inicié ruta con mucha carga de comida que resultó suficiente para los 9 días que duró el viaje. En la ruta final, pasé por una localidad lo suficientemente grande para comprar comida sólo una vez, Molina de Aragón, por la mañana del día 6. El resto de pueblos eran demasiado pequeños.

Encontrar agua puede ser un problema. Es una región seca y mayormente caliza, con lo que el agua tiende a filtrarse hacia el subsuelo, apareciendo después en forma de manantiales, que acaban siendo un hito tan importante en el paisaje que incluso suelen aparecer en los mapas pero nunca hay garantía de que una fuente tenga agua cuando pases por ahí, especialmente en la estación seca, aunque aparezca marcada en un mapa.

La apuesta más segura para conseguir agua son las fuentes de los pueblos que, normalmente, están, de hecho, construidos alrededor de un manantial, típicamente localizado céntricamente en el casco urbano. Dibujé la ruta pasando por pueblos con cierta regularidad pensando en el acceso al agua.

Fuente en Terzaga, Guadalajara

Hay ríos y arroyos permanentes pero son una opción delicada para agua potable. Servirían en el curso alto, cerca del manantial, pero una vez que pasan por áreas cultivadas ya no me fiaría de ese agua, ni siquiera filtrada o tratada con químicos. Lo malo es que las huertas suelen estar en las riberas.

Fuentes

Son algo tan importante que cada pueblo tiene al menos una e incluso las que están por el campo suelen estar mapeadas, además de contar con los típicos caño y pilón. A veces, la propia construcción mola mucho; tanto que se merecen su propio capítulo

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Energía eléctrica

Partí con idea de no usar un enchufe en dos semanas. Esto no sería un problema para ninguno de los aparatos que uso excepto el Smartphone que, como ya es típico, además de para comunicaciones, de emergencia o no, utilizo para navegación. Había previsto la situación a lo largo del año cuando la situación sanitaria hacía del uso de locales públicos algo delicado así que preví ser energéticamente autosuficiente en mis viajes y me hice con una dinamo para la bici y un panel solar para los viajes a pie. Para este último, investigué a fondo el mercado y me decidí por un Anker PowerPort Solar Lite 15 W:

Panel solar

Este viaje sería la primera ocasión en la que iba a usar un panel solar, de cualquier tipo, así que salí ahí fuera sin experiencia previa, más allá de probar que funcionaba. Mis expectativas no eran muy altas: siempre pensé que si los paneles solares fueran realmente efectivos, se usarían mucho en ciertos ámbitos que requieren autonomía y no parecía el caso. Las críticas tampoco eran muy concluyentes.

Ahora puedo decir que esta primera experiencia ha sido positiva. Cuando las circunstancias familiares me obligaron a mantener el teléfono activo durante prácticamente todo el tiempo a partir del día 5 y el uso de batería se dobló respecto a cuando mantenía el modo avión (hasta un 50% de una batería de 3500 mAh), pasé a recargar el Smartphone cada noche desde una batería externa que luego recargaba durante el día desde el panel solar. Con 3 ó 4 horas era suficiente para recargar completamente la batería externa. Las condiciones eran bastante buenas, con el sol un pelín bajo en el horizonte pero a mi espalda, con lo que podía conseguir un buen ángulo colgando el panel de la mochila.

El conjunto completo de panel, cable y un par de mini-mosquetones para sujección a la mochila pesa casi 400 gr. Incluso si funciona bien, es discutible que merezca la pena en las circunstancias normales de la mayoría de los viajes que yo hago. Al peso citado hay que añadir el de una batería externa para hacer una recarga en dos pasos: del panel a la batería externa durante el día y de ésta al Smartphone u otro elemento durante la noche. Se podría hacer una recarga directa durante el uso pero sería engorroso. El modelo tiene sentido en circunstancias como las de este viaje, en las que no espero tener acceso a un enchufe durante mucho tiempo y el peso en baterías externas para ir recargando sería excesivo.

Al margen de circunstancias y necesidades de autonomía extensas, la clave del modelo solar es su fiabilidad. Si vas a llevar un panel solar pero no te fías del todo y acabas llevando baterías externas de sobra por si lo solar no da la energía suficiente, entonces, no merecería la pena. Con este viaje como única experiencia, de momento, no tengo criterio suficiente para declarar lo solar como efectivo pero sí que al menos ha funcionado lo suficientemente bien como para abrir la puerta.

Haré una crítica del panel solar concreto que usé en una entrada próxima.

Material

El material estándar de 3 estaciones funciona bien para una ruta como ésta y las versiones ligeras y estrategias de ahorro de peso aplican perfectamente. En el campo a través, puede haber encuentros con matorral denso y/o pinchoso pero nunca me pareció un problema serio a la hora de usar material ligero que, a veces, sufre en esas circunstancias. A la hora de acampar, no era difícil encontrar localizaciones protegidas; de hecho, todas mis pernoctas fueron entre árboles.

Pernocta en el robledal

En este caso, y al hilo de lo comentado en el apartado de energía eléctrica, llevé baterías externas extra y un enchufe por si el panel solar no daba la talla. Fue peso extra que dolió tanto física como psicológicamente pero me pareció necesario para asegurar al menos un elemento tan crítico como el Smartphone, sin el que ya no sabría estar.

Mi peso base para este viaje fue superior al habitual. Es muy interesante también la cifra del peso total porque, dado que llevé toda la comida para los 9 días desde el principio, se puede hacer constar sin necesidad de estimar. Éste es el desglose final:

 Ruta original / Ruta final

Éste era el plan original:

Y esto fue lo que finalmente caminé:

Nótese la diferencia de escala entre ambos mapas, tal cual aparecen; la ruta original tenía casi el doble de longitud que la final.

Ruta invernal en tiempos de tormenta

Un fin de semana largo, también conocido como «puente», en medio de esto que hemos venido a llamar la segunda ola de la pandemia, con las fronteras regionales cerradas, y una tormenta de estas con nombre propio, característica que reservamos para las tormentas grandes. Tres circunstancias en las que salir ahí fuera se complica y que sirven, por encima de todo, para recordarme por qué me gusta tanto el viaje a pie.

Evitando la masificación

Era un escenario de tormenta perfecta, incluyendo en la expresión la tormenta meteorológica, que traía nieve abundante a las montañas y, con la nieve, avalanchas de gente atraída por la novedad, efecto potenciado por el cierre fronterizo regional que deja a la gente con opciones más limitadas de lo habitual, también para mí mismo: en un año normal, el puente de principios de diciembre suele estar dedicado al viaje en bici con amigos/as, hasta el punto de que hemos hecho de ello una tradición a la que incluso hemos puesto nombre -somos Los/as Decemberists– pero 2020 no parecía un buen momento para viajar en grupo, ni siquiera localmente, así que me fui solo. A pie. Con raquetas de nieve, por si acaso.

La Sierra de Guadarrama está muy cerca de Madrid y suele tener mucha gente pero, en este caso, con nieve recién caída y sin opciones de viaje al más allá, era de prever que se pusiera hasta arriba. En estos casos, es importante ser consciente de que la sierra es muy grande y la inmensa mayoría de visitantes ocasionales se concentran en unos pocos puntos. Tracé una ruta que los evitara lo más posible, lineal, usando transporte público en rutas/horas no punta y teniendo en cuenta el condicionante meteorológico: el tiempo no iba a estar para caminar por cimas o crestas así que sería una ruta de valles y collados.

Sábado

Frío, viento y mezca de luz y oscuridad

El autobús me deja en un pueblo serrano que apenas se ha empezado a despertar pero no me falta un bar donde volver a desayunar. Que sea ración doble.

Miraflores de la Sierra

No me decidía entre café y chocolate y pedí los dos

El acceso a los senderos tiene un aspecto profundamente invernal, nevado y con los robles desnudos. El embalse de un poco más arriba reproduce también el ambiente gélido, barrido por el viento que baja desde las cumbres nevadas y nubladas del fondo.

Accesos tranquilos

Tiene pinta de estar fría

Arriba, en el puerto, la carretera está limpia y el pequeño aparcamiento, casi lleno aunque la zona, convertida en un embudo para el viento del noroeste, no es buen lugar para echar el rato, a pesar de los claros que, a ratos, dejan pasar un poco de sol. La gente que ha subido en coche ha llegado antes que yo y el camino está ya bien marcado por pisadas en la nieve polvo.

Me tienen la señal hecha un asquito

Altos de La Morcuera

Abajo, en el siguiente valle, la capa de nieve es fina pero continua, algo que, a sólo 1200 m. altitud, no suele durar mucho así que disfruto especialmente del ambiente invernal y la espectacular mezcla de luz y oscuridad, según cómo se colocan las nubes.

Robles y caballos del Lozoya

Luz aquí, oscuro allá

Puente sobre el Lozoya

Subo hacia zonas altas, lejos del valle y las poblaciones, para acabar el día y buscar discreción pero sin salir del bosque. A 1700 metros, hay mucha nieve y el vientotiene ráfagas muy fuertes, los árboles no son protección suficiente y tengo que buscar un parapeto rocoso para pasar una noche tranquila mientras el vendaval ahúya. Algunas rachas sacuden la tienda pero me he traído una muy resistente.

La elegancia de un túnel bien tensado

Si hay algo que echo de menos en esta tienda es un vestíbulo. Cuando cocinar fuera está fuera de toda cuestión y tengo que hacerlo dentro, resulta una operación delicada. Me pasé varios minutos sosteniendo el cazo mientras el agua se calentaba: incómodo pero, al menos, seguro.

Con cuidado

Domingo

Frío, viento y oscuridad

Volvió a nevar durante la noche y tuve que palmotear desde el interior al menos un par de veces para que no se me acumulara demasiado. Todo estaba inmaculadamente blanco por la mañana. La nieve estaba muy venteada y su profundidad variaba según la zona; en mi protegido sotavento, había unos 20 cm. La temperatura más fría que llegué a ver en el exterior no fue tan baja como auguraba la predicción.

Nieve nueva

20 cm de nieve polvo

Al amanecer

En esta zona, poco frecuentada, pude disfrutar de un rato muy especial, un mundo blanco y gris de nieve recién caída, alternando el silencio profundo con el ahuyar del viento. En la estación meteorológica que hay en las proximidades se llegaron a medir ráfagas de 100 km/h durante estos días.

En esta ocasión, no hay claros en la nube y todo el mundo visible es de algún tono de gris. Recuerdo haber atravesado esta misma zona en condiciones similares, años atrás, en los tiempos pre-Smartphone y sin GPS, y cómo me pareció considerablemente más emocionante, en todos los sentidos de la expresión. Ahora, con la orientación resuelta, queda la parte de trabajo duro para progresar en la nieve suelta. Por lo demás, es igual de bonito. Aquí sí que usé las raquetas y me alegré de tenerlas aunque la nieve no era lo suficientemente profunda como para que fueran imprescindibles.

Viva el gris

Poste solitario marca el camino

Piedra, poste, piedra

El único punto masificado que no puedo evitar tiene, lógicamente, carretera, aparcamiento lleno y mucha gente pero la escasa visibilidad y el ambiente riguroso calman mucho la posible sensación de agobio. Veo con estupor la cola para entrar al único bar del lugar, que es pequeño y, claro, tiene límite de capacidad. Lo entiendo todo y no entiendo nada. La ropa de la gente añade un punto de color a la escena.

Gris y otros

Pasado el collado, todo se vuelve tranquilo otra vez. Con 200 metros, bastaba. Según desciendo, salgo de la nube y vuelve el color a la escena en el marrón de los troncos de los pinos silvestres. Se abre la vista hacia el norte con un panorama poco habitual de nieve continua en el valle y, más allá, las llanuras de la meseta.

Más gris

Fuera de la nube

Todo nevado

Según me acerco a zonas más pobladas, me aparto de los senderos para buscar un rellano en la ladera en un sitio discreto. El viento sigue soplando y lo hace en direcciones variadas pero la tienda parece aguantar las ráfagas sin mucho problema.

Un rellano en la ladera

Lunes

Tormentoso y húmedo

La temperatura sube drásticamente durante la noche. Al principio, nevaba pero luego la precipitación cambió a lluvia en mi localización a 1600 metros. Ya lo había anunciado la previsión pero no por conocido es bienvenido el cambio: todo se humedece y, aunque hace menos frío, la sensación es la contraria. En este ambiente, mi tienda condensa mucho, un problema conocido también y, en esta ocasión, hay tanta humedad que, si no fuera porque sé que es mi última noche, estaría bastante mosqueado.

Vista en planta

El último día es para un plan relajado, un paseo por el bosque lluvioso junto a mi compañera, con quien me encuentro en el pueblo cercano, y con la promesa de un final feliz y, posiblemente, apoteósico en la taberna que hay al final de la carretera.

Un paseo por el bosque

Durante la mañana aún no llueve mucho y, por primera vez en el viaje, me sobra ropa. Llevo un chaquetón súper versátil, que funciona estupendamente ante viento, nieve e incluso lluvia, a pesar de que, técnicamente, no es impermeable, pero abriga mucho, sólo va bien cuando hace frío de verdad y es un monstruo de medio kilo que ocupa media mochila, si te lo tienes que quitar. Por eso no lo uso en rutas largas. Menos mal que, según subimos, vuelve la ventisca y me lo puedo volver a poner.

Poniendo negro sobre blanco

Cuando empieza a llover fuerte de verdad, aprovechamos la ocasión para darles una oportunidad a las chaquetas largas, que sigo valorando como prenda ideal para la lluvia en el largo recorrido. Tienen sus desventajas pero protegen muy bien, permitirían prescindir de un pantalón impermeable, que siempre es un engorro para quitar y poner, y dan una sensación muy acogedora de colocar la lluvia en un lado y a ti, en el otro.

En este caso, vamos con el modelo Señor(a) Oscuro/a, en formato pulóver y cobertura hasta las rodillas, y el modelo Rojo Vader, en formato chaqueta de apertura frontal y espacio para cubrir una mochila grande. El modelo Señor Oscuro es el que usé el año anterior en el Continental Divide Trail.

Señor(a) Oscuro/a

Parezco el robot de hojalata de la serie Mazinger Z

Llegamos, por fin, al bar. Han sido 3 días en condiciones difíciles y, a ratos, ha sido duro pero, cuando se me hacía cuesta arriba, pensaba en que el plan acababa aquí, con un par de guisos de los de cuchara en una mano y pan en la otra:

Sopa castellana

Judiones

Es un pensamiento recurrente en mis actividades montañeras y ha pasado mucho durante esta corta ruta: ¿qué leches hago aquí? Hace frío, estoy mojado, estoy incómodo, avanzar cuesta mucho trabajo y aún quedan horas y días de todo esto. Y sé que es porque, en el fondo, estar ahí fuera me hace sentir bien, vivo y conectado y es sólo gracias a todo ello que puedo estar ahora sentado delante de una pantalla tecleando esto. Si no, no tendría sentido.

La banda sonora de este pequeño viaje es este precioso tema de uno de mis grupos favoritos. Fue una compañía perfecta:

Iberia Sin Vallas: Antecedentes

Los movimientos poblacionales en España en las últimas décadas han sufrido de una extrema polarización. No es sólo el típico trasvase del medio rural al urbano, es también que hay grandes regiones sin un medio urbano al que emigrar. La gente se concentra en las costas, Madrid y poco más; el resto, ya sabéis. Hasta le hemos puesto nombre al fenómeno, aquello de «la España vaciada».

El término es un pelín antropocéntrico. Estará vaciada de gente y de las cosas humanas pero no necesariamente de todo lo demás. De hecho, es razonable esperar que la naturaleza, en general, lo lleve mucho mejor y es entonces cuando la cosa se pone interesante para lo que nos ocupa aquí.

El Centro-Este

O, dicho de otra forma, la zona cero de la despoblación: noreste de Castilla-La Mancha y sur de Aragón, un caso particularmente interesante. Se trata de tierras altas, en el entorno de la divisoria atlántico-mediterránea, que se situa aquí en una alineación norte-sur. El clima, seco y con extremos de temperatura, no es ideal para la agricultura y hay grandes extensiones que, probablemente, no hayan sido cultivadas nunca.

Sin duda recordaréis aquello de la ardilla que podía cruzar la península sin bajar al suelo como símbolo de que, antaño, todo era bosque, algo difícil de imaginar hoy día. Pues ésta es una de las zonas donde quedan los mejores restos de aquel pasado.

Además, y al contrario que en otras regiones también despobladas de gente, aquí, en la divisoria, el modelo de propiedad y uso del territorio, por lo que sea, no ha degenerado en un vallado masivo. Todo está abierto.

La España vacía y sin vallar

No es un área popular para el senderismo/montañismo. Le falta el glamur de las montañas grandes, no hay muchos senderos de propósito recreativo, tampoco hay ciudades grandes que puedan aportar público y, puestos a viajar desde fuera, no hay mucha gente que elija visitarla. Yo incluído.

Cómo llegué allí

A través del viaje en bici. No sólo es una región perfecta para pedalear con alforjas sino que, además, lo parece, con lo que era sólo cuestión de tiempo. Puede estar vaciándose pero los pueblos y las carreteras siguen ahí, muchas de ellas con muy poco tráfico, y ya a vista de mapa puedes prever que va a molar. Tras varios viajes por la región, se ha ido convirtiendo en favorita personal.

Pista forestal en la Serrania de Cuenca

España, en general, es fantástica para el viaje en bici por las mismas razones que encontramos en esta región entre Castilla y Aragón: una buena red de carreteras secundarias con escaso tráfico, paisajes bonitos, pueblos interesantísimos, arquitectura impresionante y una forma maravillosa de conocer un poco del mundo rural. Por desgracia, muchas otras zonas sufren de un modelo de propiedad y uso del territorio que ha acabado en vallados masivos de extensiones enormes. Es habitual estar circulando entre dos vallas infinitas. Para el viaje en bici, aunque no es agradable, no es el fin del mundo porque, a fin de cuentas, usamos las carreteras pero el viaje a pie necesita acceso al territorio y aquí viene el hecho clave que me llamó la atención de esta región del centro-este: no había vallas.

Empecé a imaginar un viaje a pie. Cuando la crisis provocada por el Coronavirus estalló y 2020 empezó a parecer un buen año para evitar irse lejos, recordé la Iberia Sin Vallas y pensé que tenía sentido.

Black Range de Nuevo México

La Cordillera Oscura (Black Range) de Nuevo México es una cadena montañosa de alineación norte-sur en la mitad meridional del estado. Permitidme aquí la traducción liberal de un nombre propio, creo que así capto mejor el espíritu de la denominación.

La ruta oficial del CDT, aprobada por la Continental Divide Trail Coalition, pasa por allí, siguiendo la divisoria continental. Como otras muchas montañas de la zona, la Cordillera Oscura es una isla de bosque en medio del desierto nuevo-mexicano, cuenta con picos alrededor de los 3000 metros de altitud y bosques de pino, álamo y roble. Es un área remota en la ya de por sí poco poblada región. Como referencia, en el contexto del CDT, caería entre puntos típicos de paso como Pie Town, al norte, y Silver City, al sur.

Material para el CDT, parte 5: Lo que no funcionó

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Me gusta planificar bien el material y la estrategia para usarlo y, quizá por eso, me molesta que algo no salga bien, aunque procuro tomármelo con deportividad. Ya veréis, si no, lo que comento en esta entrada sobre todo lo que no salió bien en el Continental Divide Trail.

Será que la preparación para este viaje fue un poco apresurada, será mala suerte o quizá una seña de identidad de la época pero hubo unas cuantas cosas que fallaron y me parece muy útil contarlas. A veces, las noticias más importantes están ahí. Estos son los casos más destacados:

Chaqueta impermeable

Zpacks CloudCover

Ésta es una pieza antigua, ya descatalogada, hecha en 100% DCF9. No es transpirable ni lo pretende, lo que me parece una idea interesante a la que di bastante cancha hace unos años, cansado de lo mal que transpiraban las prendas impermeables a pesar de lo que dijera la publicidad. No es una idea popular y probablemente nunca lo ha sido pero tiene potencial para funcionar bien según circunstancias.

En este caso, se trata de una chaqueta con cremallera completa, cremalleras de ventilación en axilas, capucha y visor, es decir, es una chaqueta con todo lo básico, dentro de lo espartano. Una característica clave es que pesa 83 gr. La tengo desde 2011 y hasta el momento de partir para el CDT sólo me la había llevado a un viaje largo en el que no llovió mucho. En el CDT, la combiné con pantalones impermeables.

En la Columbia Británica, 2012

Crítica de Material: Tour du Mont Blanc, Guía y Mapa

Aclaración: El producto objeto de este artículo me fue proporcionado sin coste por parte de la editorial a cambio de esta crítica. Mantengo control pleno sobre el contenido y no tengo ninguna otra relación con la editorial.

El Tour du Mont Blanc es una travesía circular de 169 km alrededor del macizo del Mont Blanc, cuál si no. Es una de las rutas más populares del mundo en su clase, por no decir la que más. Discurre por 3 países diferentes, Francia, Italia y Suiza, y a ritmo montañero estándar se tarda una semana en completar.

Yo no he recorrido la ruta salvo un tramo de 43 km, una cuarta parte del total, en la que coincide con el GR 5 del sistema francés, que recorrí en 2009.

Material para el CDT, parte 4: planificación y navegación

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He puesto juntas planificación y navegación porque las herramientas útiles para una cosa y otra se solapan. Permitidme también un pequeño abuso del lenguaje por considerar el software como parte del material.

En 2019 había 3 sets de mapas específicos para el CDT y 2 aplicaciones para smartphone. Además, están las colecciones de mapas y las aplicaciones genéricas que también podrían adaptar. Una vez en ruta, la mayor parte mi la navegación fue en la applicación Guthook, la más popular en el momento.

Material para el CDT, parte 3: Todo es importante

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Calzado, bastones, hornillo o balleta de cocina. Todo es importante.

Calzado

Merrell All Out Blaze Aero Sport

Estas zapatillas me han ido muy bien. Son flexibles, ventiladas y con drop moderado. Mis pies tampoco tienen ninguna necesidad especial, todo les va bien.

2200 km. contra 0

El aspecto más digno de comentario está relacionado no tanto con el modelo como con el uso que le di en el CDT: hice la ruta entera con 2 pares, cuando la media está en más del doble. Sale a casi 2500 por par. Esto es significativo pero, probablemente, no tanto sobre la longevidad de las zapatillas como sobre que las estiré hasta el borde de la destrucción, como podéis ver en el par viejo de la foto. Esto es algo des-recomendado por mucha gente como posible fuente de lesiones pero no parece que a mí me afecte mucho. Los pies son un mundo.

Cuando el primer par estaba ya frito, compré online uno igual y me lo envié por delante para recogerlo al pasar.

Material para el CDT, parte 2: La Ropa

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Cacharrear con la ropa es la parte más entretenida de reunir tu equipo perfecto y recordad: más allá de tejidos y diseños, lo más importante es que los colores combinen bien. El sendero es nuestra pasarela.

Material para el CDT, parte 1: Los 3 Grandes

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Los sistemas de acampada, porteo y pernocta dicen mucho del estilo de cada cual. He aquí mi manifiesto para el CDT alrededor de eso que llamamos Los Tres Grandes.

Sistema de Acampada

Trailstar + Suelo + Funda de Vivac

El objetivo de este combo es que funcione bien en el amplio abanico de condiciones inherentes aun viaje tan largo con las prestaciones propósito típicas: protección, confort y peso ligero. El resumen rápido es que cumplió muy bien en todo.

El campamento más alto del viaje a 3750 m. en Colorado

Pueblos y ciudades a lo largo del CDT

En los viajes largos, me gusta bajar a los pueblos, especialmente cuando paso mucho tiempo lejos de ellos: varios días, una semana entera o más, es entonces cuando le ves más la gracia a cosas como darte una ducha o comer lo que te dé la gana. En este tipo de viajes, caminar se convierte en un trabajo en el que bajar al pueblo es el «fin de semana», aunque pille en miércoles.

Fui al CDT para estar en el monte pero los pueblos también fueron parte importante de la historia.

CDT, Desglose de ruta

Una vista a gran escala del Continental Divide Trail a través de las principales unidades geográficas a lo largo de la Divisoria Continental, tamizada por mis propios recuerdos tras haber caminado por allí.

No están todos los que son pero casi

Glacier

Un comienzo espectacular para el recorrido de norte a sur. En ningún otro tramo de la Divisoria Continental en EE.UU. tienen las montañas perfiles tan alpinos como en el Parque Nacional Glacier. Si habéis visto las pelis ambientadas en las Rocosas y han aparecido por allí unas montañas gigantes, oscuras y afiladas, eso es Glacier: paredones verticales, neveros estivales, valles profundos y la habitual colección de bosques, lagos, ríos y cascadas, está todo aquí.

Oldman Lake, Flinsch Peak, Glacier National Park

Es un Parque Nacional y eso significa senderos de buena calidad. También significa mucho tráfico montañero, en términos relativos, para lo que es Norteamérica, aunque la ventana hábil del CDT te fuerza a empezar lo antes posible y, si encuentras mucha gente, probablemente es que ya vas tarde. Quizá lo más incómodo sea la obligatoriedad de usar las zonas de acampada designadas previa obtención de permiso, lo que impone al viaje una rigidez que encaja fatal con el día a día del CDT, en el que lo habitual es no planificar tan al detalle, estirar las jornadas hasta donde el cuerpo aguante y acampar donde surja. Al menos, es el principio del viaje. Luego, ya, libertad plena.

Reflexiones sobre el CDT

Algunas reflexiones obvias y otras no tanto sobre lo que ha significado recorrer el Continental Divide Trail.

Mejor de norte a sur

Dado que la nieve es el obstáculo principal que marca los tiempos de un recorrido completo y consciente de que depende mucho del año, aún me parece llamativo que la mayoría de caminantes vayan de sur a norte. La ventana es ajustada en ambas direcciones pero mi impresión es que, de norte a sur, se va abriendo a medida que avanzas mientras que, de sur a norte, es habitual llevarte un buen portazo al llegar a Colorado.

Parece común que quienes caminan de sur a norte acaben atajando tramos significativos o haciendo la ruta por cachos. Si valoras un recorrido continuo e ininterrumpido del CDT, hazlo de norte a sur.

Aspectos Destacados del CDT

Lugares, sucesos y sensaciones que me vienen a la cabeza cuando miro atrás hacia mi viaje en el Continental Divide Trail, sin más orden que el cronológico, donde tal cosa aplique.

Música para el Continental Divide Trail

Caminar es inherentemente rítmico. Donde hay ritmo, hay música.

Música y caminar van muy bien juntos. Yo les dejo que se desarrollen, libres de estímulos externos más allá del sitio por el que esté pasando, nada que ver con la constante híper-estimulación de la vida urbana. Resulta un ejercicio interesante: dejar vagar la mente para que ella elija la música. Ser mi propio algoritmo.

Fotos importantes de 2019

2019 ha estado monopolizado por mi viaje en el Continental Divide Trail en prácticamente todos los aspectos de mi vida y también en las fotos que he hecho a lo largo del año. En este resumen, todas son del CDT.

Primavera

Las grandes montañas de Glacier, la sección más remota de todo el viaje en Bob Marshall Wilderness, grandes cielos tormentosos y el infierno mosquito.

Parque Nacional Glacier

Un último esfuerzo, extremo sur del CDT

Es interesante ver cómo funciona la mente y como mente y cuerpo van juntos. El sur de Nuevo México había resultado muy exigente, especialmente tras mi decisión de seguir la ruta oficial y evitar las alternativas, más fáciles, cortas o ambas cosas. Mi mente se centró en llegar a Silver City, NM, un objetivo a medio plazo que me mantuvo enchufado. Llegar allí fue un hito tan grande que fue casi como si ya hubiera terminado el viaje y, no, lo que se había terminado era mi energía.

El semi-desierto de Nuevo México

Atreverse

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El CDT significa mucho trabajo, muy duro trabajo y algo de técnica sobre cómo estar ahí fuera durante periodos relativamente extensos. Al mismo tiempo, se ha vuelto un tanto predecible gracias a la cantidad de informacion que manejamos durante el viaje, incluyendo actualizaciones online sobre aspectos clave como condiciones de los senderos o disponibilidad de agua, allí donde no se puede dar por garantizada. Cuando sales de un pueblo o, en general, de un punto de reaprovisionamiento, sabes cuánto vas a tardar en llegar al siguiente.

Agua en las praderas secas

Nuevo México, Nuevo Viaje

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Poco después de cruzar la frontera entre Colorado y Nuevo México, el sendero ascendía por encima de los 11.000 pies (3300 m) por última vez. Era como si, a partir de ahí, fuera todo cuesta abajo y, en cierto sentido, lo era.

Todo cuesta abajo ahora

Se acerca el invierno

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El sur de Colorado es, probablemente, la clave de un recorrido completo de norte a sur en el CDT. Las montañas son muy altas, el sendero va por zonas expuestas y los/as senderistas se ven forzados/as a pasar por la región con la estacion muy avanzada. Es literalmente así, «Winter is Coming», se acerca el invierno y lo hace deprisa cuando estás transitando consistentemente por encima de 3000 metros.

Luces, sombras y perfiles alpinos de los San Juan

Tres meses en el CDT

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Tres meses y más de tres mil kilometros después de aquel 12 de junio en el que empecé a caminar en Waterton, Canada, estoy en Salida, Colorado. Aqui lo llaman «Salaida», con vocal larga en la sílaba de enmedio. Este viaje supone mucho, mucho trabajo y tengo la sensación de que sólo en las últimas semanas he empezado a encontrar mi sitio para que el trabajo sea solamente intenso pero no agónico. Ha costado.

CDT primer mes

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Según escribo esto en la biblioteca pública de Darby, Montana, hace exactamente un mes que empecé a caminar en Waterton, Alberta pero parece que ha pasado mucho más tiempo. Caminar es un hecho lento para los estándares modernos pero el caso es que hay muchas cosas implicadas en cada paso. He aquí algunas.

Glacier

El Parque Nacional Glacier ha sido un principio trabajoso para un viaje tan largo en el que uno esperaría una introducción gradual. En Glacier, empiezas directamente con montañas muy altas y collados nevados. La mochila pesa mucho y el cuerpo no esta aún acostumbrado a esos trotes. Por otra parte, el Parque Nacional es un entorno relativamente controlado, con excelentes senderos y un itinerario diario establecido, no muy exigente pero el tiempo inestable y tormentoso no ayudó. El resultado: tras 7 dias, estaba hecho polvo, acribillado por los mosquitos y muy contento de estar en el CDT, además de deseando tomarme un primer día de descanso. Por comparar, tardé un mes en tomarme mi primer día de descanso en el Pacific Crest Trail.

Glacier National Park

Bob Marshall Wilderness

A continuación, The Bob, una extensa región sin poblaciones ni carreteras que la crucen. Si buscas en un mapa de carreteras de Montana, es ese bloque vacío de arriba a la izquierda. Con 8 días de comida a la espalda, la mochila pesa mucho y a veces me pregunto por qué estoy haciendo esto.

El tiempo continúa siendo frío y tormentoso y no ayuda a encontrar relax en la vida en el sendero, siempre mirando al cielo para ver de qué tono de gris vienen las nubes y preguntándonos dónde está el verano. Los senderos ya no son de tan buena calidad y los bosques cubren todo el paisaje aunque hay enormes extensiones quemadas, pobladas por troncos pelados mientras los nuevos arboles van creciendo en el piso de abajo. Huellas de oso encima de huellas de alce encima de huellas de personas y la icónica Muralla China, el famoso escarpe vertical que marca, además, la divisoria continental durante mas de diez kilómetros. Ya solo necesitamos al verano para que todo vaya bien.

Bob Marshall Wilderness

Helena & Butte

Según los picos disminuyen en altitud, la ruta se sube a la cresta. El agua pasa de ser un problema por exceso a ser un problema por escasez. Tenemos algunas vistas extensas pero tampoco muchas porque aquí el bosque lo cubre casi todo y llega muy alto, cada vez más alto según nos movemos hacia el sur. Hace más calor pero sigue el ciclo tormentoso.

Me gusta hacer etapas largas, ésta es de 7 dias, hace que el próximo café en la próxima parada me sepa mejor pero mis hombros y el cuerpo entero se me quejan mucho del peso a la espalda durante esos primeros días en los que cargo con mucha comida.

Típico campamento en el bosque

The Pintlers

La divisoria continental hace arcos a este y oeste, la ruta oficial los sigue y yo también. Tras la circunvalación de Butte, volvemos a zona alpina en la cordillera Pintler, lo que me alegra mucho. Además, el tiempo, por fin, se calma y ya no llueve todos los dias, sólo algunos. Otros 7 dias para llegar a la carretera que lleva a Darby, un pueblecito de Montana. Me ha bajado hasta aquí un camionaco de los de las pelis.

Tamarack larch en la cordillera Pintler

Hablo en plural muchas veces porque en esta temporada hay mucha gente caminando de norte a sur en el CDT, cosa poco habitual. Mucha de ella inició el viaje de sur a norte y tuvieron que cambiar de estrategia cuando llegaron a Colorado y se encontraron con un paquetón de nieve que no se daba desde 1969, dicen. El CDT de norte a sur en 2019 esta siendo más social de lo esperado pero seguimos siendo un universo reducido. Ahora que parece que ya ha llegado el verano, nos ganaremos cada paso con mucho sudor. Y molará.

Material para el CDT

¿Qué necesitas para un viaje de 5 meses? La respuesta corta: prácticamente, lo mismo que para uno más corto con un factor extra importante: al ser tanto tiempo, puede ser un viaje a través de las estaciones y de zonas climáticas diferentes.

Un kit de 3 estaciones bien pensado debería servir y debería resultar similar al de un viaje más corto pero hace falta poner máxima atención en la versatilidad del equipo para que pueda funcionar en el amplio abanico de condiciones posibles. Un viaje de 5 meses es un gran test de la validez de tal kit.

Los pantalones desmontables

Los pantalones desmontables arrastran un cierto sanbenito sobre ser ropa de turista más que de montaña. Esto es una consecuencia de los diseños disponibles más que de la propia idea de la desmontabilidad. El caso es que encontrar en el mercado unos pantalones desmontables bien diseñados para uso en montaña puede ser difícil y frustrante pero, si los encuentras, resultan un elemento muy interesante, particularmente para las rutas de larga distancia, en las que acabarás necesitando pantalones largos o cortos en momentos diferentes a lo largo del viaje.

Desmontables y montañeros

Hay otras formas de disponer de pantalones cortos y largos pero los desmontables son, probablemente, la mejor para minimizar el peso a la espalda, que es, obviamente, cero cuando los llevas puestos como largos y muy bajo cuando los llevas cortos. Los desmontables son también bastante óptimos en la transición entre uno y otro formato, aunque cacharrear con cremalleras suele ser un pelín frustrante pero las alternativas típicas (mallas debajo o un corta-viento encima de un pantalón corto) son aún peores en ese aspecto.

Y las telas no elásticas

Echo de menos los tejidos no elásticos que se usaban típicamente para hacer pantalones de montaña hace no mucho. Ahora nos ha dado por la elasticidad en una, dos o quince direcciones y parece que ya no se comercializa otra cosa. Es cierto que la prenda se ajusta mejor pero a mí me disgusta mucho cómo se te pega a las piernas. Prefiero el hueco que de forma natural dejan los tejidos no elásticos. El caso es que esto parece difícil de encontrar hoy día, situación común a pantalones desmontables y pantalones largos corrientes.

En 2019, vuelvo a la larga distancia multi-mes y he hecho un pequeño esfuerzo por rebuscar el material con el que me siento más a gusto y que se adapta mejor a mi estilo. He buscado por las tiendas y, aunque ha costado, he conseguido encontrar unos desmontables bien diseñados, recios, sin apenas elasticidad y un tejido de doble capa que va muy bien para una prenda que necesita ser muy versátil: serán mis únicos pantalones durante meses.

El tejido de doble capa no es ideal cuando hace calor pero es un compromiso aceptable para las piernas y, de todas formas, llevaré el formato corto en esos casos. Funciona muy bien en tiempo frío/húmedo gracias a la buena gestión de la humedad y el tacto agradable, unido a una relativa rigidez que hace que no se te pegue a la piel, cosa que no me gusta nada.

En 2019, los voy a llevar puestos durante 5000 km así que más vale que funcionen bien.

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