Caminar para viajar. El mundo a escala humana

Dovrefjell

Durante el verano de 2022, caminé de estación de tren a estación de tren entre Oppdal, región Trondelag, y Hamar, región Innlandet, siguiendo una línea  por las zonas montañosas de tres áreas protegidas: Trollheimen, Dovrefjell y Rondane, completando viaje a lo largo de las tierras altas de Hedmarksvidda.

La segunda sección me llevó 3 días durante los que crucé Dovrefjell. Comparado con el entorno de la etapa anterior, Dovrefjell está más lejos de la costa, es más elevado y menos húmedo. No es un mundo vertical de picos y valles, tiene más aspecto de una alta meseta cruzada por montañas poco prominentes y horadada por valles abruptos en forma de perfecta U allí donde los glaciares principales se han abierto camino.

Sección de Dovrefjell

Comencé esta sección en el punto de menor altitud de todo el viaje, por debajo de 100 metros, para acabar subiendo al más alto, casi 2300, en la cima de Snohetta, dos días después. La historia continúa desde el día 5.

Día 5

Por la mañana, continúa el tiempo sombrío, cielo cubierto y nubes bajas que ocultan las montañas pero ha dejado de llover y eso lo cambia todo. Echo el cerrojo en Eiriksvollen y desciendo los últimos 50 metros verticales hasta el fondo de valle, donde cruzo la misma carretera por la que inicié viaje varios días atrás aunque en un punto muy distante y diferente. Atravieso la carretera y el puente sobre el potente Driva.

Caudaloso Driva

Salir de Sunndalen requiere paciencia, son 1000 metros verticales en 3 km. Al igual que en la bajada por la ladera opuesta del valle, es un sendero empinado y poco elaborado a través del bosque. Todo está muy húmedo.

Hacia la mitad de la subida, encuentro un registro. Es interesante ver qué poca gente viene por aquí, incluso contando con que no todo el mundo se apunte pero es que sólo hay un puñado de entradas para 2022 y la última es de hace ya dos días.

27 de julio y sólo un puñado de entradas para 2022

Pasado el límite del bosque y antes de entrar en la nube, echo un último vistazo a Sunndalen, del que puedo aún ver el fondo de valle, así como la ladera de enfrente por la que bajé el día anterior. Será la última ocurrencia de esta escena. Doy la vuelta y voy con la última parte de subida.

Sunndalen

Último escalón

Una vez arriba, hay niebla pero la señalización noruega es lo suficientemente densa como para seguir la ruta sin problema. La nube levanta un poco y acaba por dejar el suelo libre, quedando en un nublado normal. En esta ocasión, la travesía por tierras altas no es muy larga y pronto empiezo a descender hacia una cuenca con lagos y algo de bosque además de una pista transitable por vehículos y varias cabañas dispersas, probablemente vacacionales; entre ellas, un refugio DNT1 guardado.

Siguiente valle

La traza del sendero me mantiene fuera de la vista de la pista y los edificios y casi ni me entero de lo cerca que quedan mientras dejo el valle para volver a subir hacia la siguiente sección de altura.

Por primera vez en el viaje, cruzo por uno de estos sitios de la montaña escandinava con aspecto de gran llanura yerma con un trasfondo de picos poco prominentes. Es una escena muy característica, imponente y espectacular. Mientras, las nubes se oscurecen y cae algo de lluvia fina, luego se abren claros, luego vuelve a llover. Es un ambiente deprimente y maravilloso a la vez.

Vista adelante

Vista atrás

Parece que esas montañas del fondo no llegan nunca pero al final las alcanzo y cruzo para empezar a bajar hacia la siguiente ronda de mesetas pedregosas mientras deja de llover, con pinta de no volver a hacerlo. Esto último me da buen rollo.

Dovrefjell bajo cielo gris

Tendría una opción de pasar la noche en refugio a costa de un desvío de 2 km. que tendría que deshacer a la mañana siguiente pero parece claro que la atmósfera se ha tranquilizado así que tengo claro que no sólo no hace falta sino que puede ser una noche estupenda para acampar por aquí arriba. Queda algo de brisa gélida que hace el ambiente poco acogedor pero, una vez montada, la tienda tiene una pinta casi tan sólida como las rocas de alrededor. Además, es de un color parecido. Dentro, me siento en casa.

Hogar para esta noche

Día 6

Y también por primera vez en el viaje, me levanto bajo cielos despejados y ambiente tranquilo, sin viento. Todo es silencio y recabo esa sensación de relax y quietud que en otras regiones del mundo es relativamente habitual. En Noruega, al final, también sucede, son momentos-premio. Me siento bien. Recojo y continúo camino.

Cielos despejados por fin

En marcha

Voy aguas abajo aunque, a la vista, sería difícil decir qué es abajo y qué es arriba. El valle acabará haciendo un descenso evidente pero, antes de eso, mi ruta lo cruza para subir por el flanco derecho.

Sendero hacia las montañas

El sendero entra en un sube-y-baja según atraviesa varias cabeceras, todas ellas de la cuenca del Driva, el río grandón que había cruzado sobre puente la mañana anterior. Aquí arriba, es un mundo de roca con muy poca vegetación, el ambiente es imponente, en todos los sentidos de la expresión. Los cursos de agua se expanden por el lecho plano y llegan a tener docenas de metros de ancho pero todo ello muy somero así que no hay que pensar mucho por dónde cruzar, da lo mismo. Parada a medio camino para sacar una foto:

Parada para foto a mitad de vado

A continuación, descenso a Grovudalen, valle de perfil glacial y lo suficientemente bajo y protegido para alojar árboles.

Grovudalen

Me alegro mucho de que la ruta no pretenda volver a subir a las alturas por la ladera de enfrente, que es muy empinada, y en su lugar siga el fondo de valle, aguas arriba. Es un tramo bonito, a través de praderío y bosque abierto de abedules, flanqueado por los paredones de roca que dejó atrás el glaciar. Además, siempre hay algo mágico en seguir un valle hasta el punto en el que nace y ver cambiar el entorno al ritmo del paso humano.

Abedules y pradera

Vista atrás, ya no hay árboles

Un último escalón para llegar a la cabecera, una cuenca con varios lagos encadenados encajonados entre paredes. Pienso que estaría genial acampar por aquí arriba, el terreno ofrece protección y quizá el problema sería encontrar algún trozo acampable entre tanta piedra pero casi siempre hay algo. De todas formas, es demasiado pronto para dar por terminado el día. Casi me alegro de la lenta progresión que viene con el terreno irregular porque me encaja bien ir despacio por un sitio tan impresionante.

Cabecera de Grovudalen

Cabecera de Grovudalen

Justo antes de empezar a descender, me cruzo con un pequeño grupo, algo súper-inusual en lo que va de viaje, menos aún en zonas inhóspitas, pero es que además se trata de una familia con peques. Yo estaba disfrutando mucho de la sensación de soledad y aún así me mola el encuentro, especialmente por ver aquí arriba a los chavales, estoy seguro de que estar en sitios así les ayudará a entender su valor y a aprender a apreciarlos.

Salgo del relativo encierro de la zona del paso entre valles y emerjo en una escena muy diferente, mucho más abierta y desolada, una inmensa llanura de aspecto menos rocoso y más pardo, salpicada por lagos someros allí donde la pendiente no da para que el agua fluya libre. Aquí, me siento más expuesto y vulnerable, a lo que ayuda que se ha levantado viento.

Llanos de altura del Dovrefjell

Paso a la altura de una tienda estratégicamente localizada para aprovechar el abrigo del casi último relieve antes de que el valle se expanda del todo. Sigo adelante, pretendiendo avanzar unos cuantos kilómetros más y esperando encontrar algún parapeto similar más adelante porque siempre se encuentra algo, ¿no?

¿Dónde se acampa aquí?

Hace viento, está empezando a hacer frío, el único relieve a la vista parece estar lejísimos en cualquier dirección y ni siquiera parece fácil encontrar agua corriente, algo casi inimaginable en una región donde das el agua por garantizada todo el tiempo. No es que haya para preocuparse, el tiempo no es amenazante, considerando el tipo de lugar, pero no puedo evitar sentirme pequeñito y desamparado. Localizo en el mapa un par de arroyos que debería cruzar en breve, aunque sea difícil imaginar que estén ahí, y sigo avanzando mientras ya busco cualquier mínima protección para acampar. Los arroyos están ahí y, una vez aprovisionado, retrocedo unos minutos a un punto donde una pequeña ondulación del terreno ofrece algo de abrigo físico del viento y, sobre todo, la sensación de acompañamiento que evita que me sienta como la única cosa protuberante en este mundo plano.

No mucho parapeto, todas las vistas

En las condiciones presentes, es más abrigo emocional que físico porque hace algo de aire pero nada hace pensar en tiempo tormentoso. Una vez montada y bien tensada, la Khufu da confianza. Será una noche confortable.

Día 7

Otra mañana despejada, fría y en calma y, como suele suceder en esas condiciones y sin ninguna barrera entre tienda y cielo, episodio de condensación en las paredes interiores. ¿Dónde está la brisa cuando la necesitas?

Buenos días

Sale el sol pero no puedo esperar a que la tienda se seque. Tampoco es importante. Es otro día luminoso y tranquilo, ideal para reforzar confianza. Camino tranquilo hacia el refugio Amotdalshytta, por donde pasaré en un par de horas.

Amotdalshytta

Hasta ahora, la mayor parte de caminantes que me había encontrado estaban en las proximidades de puntos de acceso a la red de senderos. Aquí, para variar, paso cerca de un par de grupos acampados cerca de las orillas de Amotsvatnet y cuando llego al refugio me lo encuentro muy concurrido. Amotdalshytta es un refugio DNT no guardado pero sí provisionado con lo habitual en estos casos: combustible y una buena despensa. Estoy ya en ese punto del viaje en que empiezo a sufrir (es un decir) de hambre permanente, ese punto en el que los horarios de comidas empiezan a no significar mucho. Es decir, que no importa que haya desayunado hace relativamente poco y aprovecho la despensa para apretarme una lata doble de estofado.

Calentando el almuerzo

Cuesta un poco echar el rato necesario para terminar la mega-lata sin sentir algo de culpa por estar «desaprovechando» esa ventana de tiempo espléndido, algo que, en el verano de Noruega, no se puede dar por garantizado. Por otra parte, sé de sobra que el viaje a pie es despiadado con esto: se gasta tanta energía que es imprescindible reponerla y no hay atajos en este aspecto. Si hay hambre y una oportunidad para comer, se aprovecha y no hay más preguntas.

Mi plan inicial desde Amotdalshytta era salir de Dovrefjell sobre la línea más directa y de menos desnivel pero interpreto el tiempo espléndido como un claro mensaje de los dioses de la meteorología para ofrecerme la opción de incluir en la travesía la cima de Snohetta, el pico más alto de la zona con 2286 metros. En realidad, en la escala global del viaje, es una ruta más corta aunque, claro, incluye 1000 metros adicionales de subida y un tramo final en Dovrefjell por pista en lugar de camino. Subir montañas no es mi objetivo principal en una ruta como ésta pero tenía Snohetta como opción y oigo claro el mensaje. Además, después de la ración doble de estofado, me encuentro con fuerzas: sujétame el Platypus, ¿qué es lo que había que subir?

El acceso a Snohetta es una pedrera infinita. Exige esfuerzo, sobre todo cuando llevas una mochila grande, pero no tiene mayor dificultad que la exposición. La última parte de la subida desde el norte pasa junto a un pequeño glaciar de ladera. Luego, un tramo de arista somital con vistas al extraño edificio de la cumbre principal.

Glaciar en ladera

Arista somital

La cumbre es un shock, no necesariamente desagradable pero sí impactante: después de una semana en la que me he cruzado con un puñado de personas, en total, en los senderos, aquí, en Snohetta, hay docenas. Por lo visto, es una subida muy popular, que se hace como excursión de día por la ladera sureste, que es la que usaré para bajar. En la base de la montaña, hay un refugio guardado accesible por pista en un autobús que hace varios viajes al día.

Concurrida cima de Snohetta

Snohetta es prominente y eso garantiza vistas amplias. Las mejores son hacia las cordilleras costeras, al oeste, un mar de montañas aún bastante nevadas o, si abro un poco el ángulo y apunto al noroeste, las mismas cordilleras como trasfondo de las mesetas de Dovrefjell desde las que acabo de subir.

Las cordilleras costeras

Vista al noroeste desde Snohetta

La bajada es por la ruta normal, una pedrera similar a la del acceso norte pero más tendida y con postes metálicos de la altura de una persona cada pocos metros para marcar el camino. Está claro que no quieren que se les pierda la gente cuando la visibilidad sea escasa. Las vistas hacia el este, tierra adentro hacia Suecia, son menos espectaculares que hacia el otro lado pero muy interesantes porque puedo ver lo que será mi recorrido de los próximos días, incluyendo los picos de Rondane, uno de ellos visible a la derecha de la imagen:

Vista al sureste

Como el día se había dado bien y la ruta por Snohetta me ahorraba unos kilómetros, veo la posibilidad de llegar a Hjerkinn, una zona con servicios junto a la carretera y vía de tren de la ruta entre Oslo y Trondheim que yo mismo había usado una semana antes. Hjerkinn está cerca del punto medio del viaje en cuanto a distancia y, emocionalmente, para mí, es como si lo fuera: de cuatro zonas que recorrer, habré completado dos. En realidad, el Dovre continúa un poco más al sur pero Hjerkinn es el punto de menor altitud antes de Rondane.

En Hjerkinn hay una Fjellstue, que viene a ser un hotel en zona de montaña donde también se puede acampar. Llegaría allí bastante tarde pero sería un avance importante de cara a completar la ruta tal como la había trazado así que decido ir por ello.

No sin antes tomarme un descanso y un café en Snoheim, el refugio al pie de la montaña. Es un refugio DNT guardado y tiene aspecto de hotelaco, más incluso que los refugios guardados que usé en Trollheimen. Hay muchos/as montañeros/as en la terraza del café o esperando el siguiente viaje del autobús. Yo tengo un compromiso conmigo mismo de hacer la ruta íntegramente a pie así que nada de autobús: después del café y un par de trozos de tarta, dejo Snoheim sin mirar atrás más que para capturar la vista con Snohetta detrás:

Snoheim y Snohetta

Evito la pista durante los primeros 4 km, luego son 10 más sobre ella y 2 km. adicionales en asfalto para llegar a Hjerkinn. Sobre terreno uniforme se avanza rápido pero no dejan de ser muchos pasos, lo que es algo de problema cuando cada uno es doloroso a causa de mis ampollas. Intento no hacerles caso.

Pista para salir de Dovrefjell

Llego a Hkerkinn tarde y cansado pero contento por el inesperado buen progreso. Ahora, ya, permitidme derrumbarme ordenadamente.

Hjerkinn Fjellstue

Mi hueco en Hjerkinn

  1. Den Norske Turistforening, Asociación Noruega de Senderismo

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4 comentarios

  1. Gracias por compartir esta experiencia.

  2. ¿Hola, tuviste problemas con mosquitos o otros insectos caminando por Noruega? Conozco bastante las montañas de noruega, pero solo en invierno esquiando. Estoy pensando ir en verano, y es una duda que tengo, si los insectos serían un problema.

    • Viajarapie

      Hola! En este viaje, no. En otros viajes en Noruega, en algunos días, sí pero no de forma continua. Siempre ha sido por mosquitos, nunca ningún otro insecto. Ha habido momentos horrorosos pero no han sido muchos.

      Mi impresión es que depende mucho de la localización y la meteo, siempre que he tenido mosquitos ha sido en zonas relativamente bajas y con meteo en calma, sin lluvia ni viento, y temperaturas templadas. Quizá dependa también de la hora porque por la tarde solía ser mucho peor que por la mañana. Incluso en los peores momentos, solía ser soportable mientras estuviera caminando, lo malo era al parar.

      Seguro que depende mucho también de la época. Yo siempre he ido allí de mitad de julio en adelante, en parte por evitar mosquitos. Imagino que al principio de verano habrá más.

      En general, mi impresión, después de tres viajes por allí, es que es un problema limitado. Me parece importante llevar una tienda a prueba de mosquitos para tener un lugar seguro en momentos sensibles y suelo llevar un bote pequeñito (reenvasado) de repelente por si acaso pero no creo que haga falta una red para la cabeza ni ninguna protección más. Ropa a prueba de mosquitos sí pero eso es algo que normalmente llevo por defecto.

      De todas formas, si puedes, mejor pregunta a alguien que viva allí, que tendrá más información.

      • Robert Brown

        Bueno, muy util, gracias. Y muy bien los blogs, much información!

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