Durante el verano de 2022, caminé de estación de tren a estación de tren entre Oppdal, región Trondelag, y Hamar, región Innlandet, siguiendo una línea por las zonas montañosas de tres áreas protegidas: Trollheimen, Dovrefjell y Rondane, completando viaje a lo largo de las tierras altas de Hedmarksvidda.

Sección de Rondane
En la tercera sección, se trataba de cruzar Rondane, una de las zonas de montaña más conocidas de Noruega y que incluye un Parque Nacional homónimo. Según continúo viaje hacia el sur, la ruta me lleva hacia el interior y con ello viene otro cambio significativo de entorno físico: comparado con las zonas previas, Rondane es más seco hasta el punto de que ya no es sólo roca o fangal, se encuentran caminos de tierra como en cualquier zona de montaña del centro y sur de Europa. Orográficamente, Rondane es de menor altitud media que Dovrefjell y los picos son más prominentes. La roca es oscura y el ambiente me pareció un tanto lúgubre aunque en esto puede haber tenido mucho que ver el tiempo mayormente nublado y gris que me encontré.
En el contexto del viaje, cruzar Rondane me llevó apenas 2 días pero este texto cubrirá 3, empezando etapa un poco antes de los límites del parque y acabando algo más allá. Retomo relato a partir de la octava jornada.
Día 8
En un día normal, me levantaría pronto y empezaría a caminar lo antes posible pero el bufé del desayuno en Hjerkinn tiene un horario incompatible con eso y es suficiente razón para justificar comenzar más tarde. El viaje a pie consume tanta energía que lleva a convertir al cuerpo en una máquina de dos cosas, caminar y comer. Tras una semana en el sendero, mi cuerpo está ya en ese punto y darse banquetes cuando haya oportunidad pasa del «porque me lo merezco» a la práctica obligación.

Hjerkinn Fjellstue
Según el parte meteorológico, no debería haber lluvia hasta la tarde del día siguiente. La mañana es soleada y en calma, todo parece contribuir para que pueda tener un día relajado y, con esa perspectiva, retomo camino.
Tras un rato por zonas relativamente bajas, al límite de los árboles, la ruta asciende ligeramente, lo suficiente para llegar a entorno de páramos. Los senderos son de buena calidad y hasta hay algo de tráfico, señal de que es una zona popular.

Doble carril a través de los páramos
En el primer descenso a valle del día, la ruta me lleva a Grimsdalen y al complejo Grimsdalshytta, el primero de una serie de tres refugios guardados en Rondane, accesibles por pista y, como ya he visto en etapas anteriores, con más pinta de hotel rural que de refugio en el sentido clásico. A Grimsdalshytta no sólo se puede llegar en coche sino que, además, parece que es tráfico abierto al público, vista la cantidad de vehículos aparcados. También hay bastante tráfico de gente en la zona, en fuerte contraste con la tónica hasta entonces. Me tomo un descanso y un café mientras aprovecho el sol, la brisa y una valla para poner a secar la tienda de la condensación de la noche anterior.
De vuelta al camino y al otro lado del valle, la ruta rodea un macizo menor para volver a bajar hacia Haverdalsmunnen, un valle más apartado y tranquilo, a través de páramo cimero y bosque de abedul en las laderas y con vistas a montañas algo más grandes que habrá que cruzar en el camino hacia el sur.

De Grimsdalen a Haverdalsmunnen

De Grimsdalen a Haverdalsmunnen
Hay un puente sobre el río pero requiere un desvío de ida y vuelta que me ahorro con un vadeo fácil, aprovechando que el caudal no es alto.

Vadeo fácil del Haverdalsae
A continuación, vuelta para arriba para cruzar el macizo Stygghoin, esta vez por un collado tipo muesca, algo poco usual en esta región donde los pasos de montaña suelen ser largos y amplios. Éste es un hueco estrecho entre roca. Recuerdo especialmente el silencio imponente del lugar, era como si me hubiera ido muy arriba a una hora impropia y no hubiera nada vivo cerca.

El collado Doralsglupen
La cara sur es rocosa y empinada, con vistas a Doralen, el siguiente valle, el piedemonte de aspecto desolado y los picos grandes de Rondane.

Descenso a Doralen

De derecha a izquierda, Digerronden, Midtronden y Hogronden, todos ellos superan los 2000 metros
Para entonces, está muy nublado y la escena es más bien sombría. Abajo, en Doralen, cruzo por los dos complejos de refugios Doralseter (Ovre/Nedre, el de arriba y el de abajo), donde debe estar ya todo el mundo resguardado porque no se ve a nadie por el exterior. Es una tentación fuerte pensar en pasar la noche allí pero tengo claro que, mientras las condiciones no sean difíciles, prefiero la tienda. Un nublado y una brisa fría no son suficiente para justificar una noche de refugio así que paso de largo y continúo camino valle arriba mientras empiezo a buscar sitio para acampar.
En el fondo de valle, parece difícil encontrar algo decente, es todo o muy pedregoso o muy húmedo. Según empiezo a subir por ladera, el viento se percibe más fuerte y no parece haber ningún abrigo orográfico hasta que llego a una extraña zona con pequeñas depresiones que contienen vegetación y algún pequeño lago, una especie de pequeños oasis en medio de un entorno extremadamente austero.
Es difícil encontrar un trozo plano y sin rocas así que, cuando veo uno, planto tienda allí, a pesar de que el aire se cuela y golpea fuerte, a ratos, pero me fío de los anclajes. Los uso todos.

Oasis en el desierto
Una vez más, como en ocasiones anteriores, el viento amainará y será una noche tranquila.
Día 9
Por la mañana, sigue nublado pero tranquilo y prosigo ascenso por Langglupdalen, el valle por el que cruzaré el corazón de Rondane, pasando por detrás de los picos que veía la tarde anterior y entre estos y la notable cara norte de Storronden, el monte más alto de la zona con 2138 metros.

Cara norte de Storronden
Este puerto sí que es clásico escandinavo, largo y amplio, tarda en empezar a descender.

Largo collado en Langglupdalen
Durante la bajada, veo varias tiendas aún sin levantar en las plataformas herbosas junto al arroyo y justo al pie de la ruta de ascenso a Storronden, visible en la foto:

Nótense las tiendas junto al cauce y el sendero de subida al pico
Sigo para abajo para rodear el macizo y cambiar nuevamente de valle, llegando a la confluencia de Illmanndalen y Skjerdalen a la altura de la pista que viene de más abajo para llevar a Bjornhollia, otro refugio guardado. Había valorado pasar la noche allí si se cumplía el pronóstico de lluvia. A Bjornhollia también se puede llegar en vehículo pero no debe ser un acceso abierto al público porque no hay ningún coche aparcado. El refugio, nuevamente, tiene más pinta de hotel rústico que otra cosa. Es mediodía y todo está muy tranquilo.
Sigue nublado e inestable pero aún no llueve. El pronóstico colgado en la pared sí que anuncia lluvia pero para más tarde. Tengo otra opción de refugio más adelante así que tengo claro el plan a corto: descansar un rato, comer algo y seguir adelante. La cafetería acaba de abrir para el turno de tarde y hago honor a la tradición de café y tarta, versión hambrienta (es decir, dos rondas)

Café y tarta
Retomo camino a través de laderas cubiertas de abedules pequeños pero no tardo en salir a páramo abierto según los picos de Rondane quedan atrás y las nubes se hacen fuertes.

Cruzando páramos
Es un bonito tramo hasta el refugio Eldabu a través del alto páramo, un entorno nuevo para mí en este viaje, sin montañas alrededor, una introducción a lo que está por venir. Para cuando llego al refugio, lleva ya un rato lloviendo pero no muy fuerte y no he tenido ocasión de mojarme mucho. Con todo, agradezco poder estar bajo techo y ver llover a cubierto.

Refugio Eldabu
Eldabu requiere un pequeño desvío en descenso, lo suficiente para llegar al límite del bosque, y está entre árboles. Es un refugio sencillo, no guardado pero con despensa bien provista, además de las instalaciones habituales. Acarreo agua desde el arroyo cercano, enciendo la chimenea y a descansar.

Refugio Eldabu
Día 10
La meteorología todavía es una fuente potencial de problemas, con posibilidad de lluvia a lo largo del día pero tengo varias opciones de refugio, lo que me hace fácil mantener el buen talante. Salgo pronto de Eldabu bajo cielos plomizos y a través de páramo abierto.

Sin lluvia, de momento
Cruzo y dejo atrás el límite del Parque Nacional y la ruta desciende lo suficiente para pasar por zonas arboladas e incluso alguna granja pastoril, lo que resulta interesante. El bosque tiene un aspecto exhuberante y, a la vez, delicado y, a ratos, parece un jardín de diseño. No hay mejor diseñadora que la propia naturaleza.

Bosque mixto
El siguiente hito es Spidsbergseter, un área levemente urbanizada junto al lago Flaksjoen. Allí encontraré un hotel y el único supermercado que me cae cerca de ruta en todo el viaje.

Lago Flaksjoen, Spidsbergseter a continuación, aunque parezca que no hay nada más que roca y bosque
En este área, la carretera 27 cruza las tierras altas para unir las dos principales arterias norte-sur de esta zona del país y es aquí donde había planeado el único reaprovisionamiento del viaje. Aproveché la tarde-noche anterior en Eldabu para re-evaluar la comida que me quedaba y las opciones de refugios con despensa que aún tenía por delante para concluir que, técnicamente, tenía suficiente y, aunque el desvío para llegar al supermercado era corto, no merecía la pena. Era un poco difícil decir no a la última ocasión de comer a placer pero, en ese momento, me era más útil continuar. Como premio de consolación, pensé en el menú del restaurante del hotel, que me pillaba a pie de sendero, pero llegué demasiado pronto y la cocina aún no estaba abierta así que pasé de largo de esto también.

Spidsbergseter Resort, sólo paso de largo
Desde que había empezado esta sección en Hjerkinn, dos días atrás, había notado en las señales de los senderos la mención habitual a algo llamado Rondanestien. Ya había visto esta mención en los mapas durante la planificación de la ruta y acabé siguiéndola porque coincidía con mi línea de deseo. Más adelante, supe que se trata de una ruta de largo recorrido relativamente nueva diseñada sobre senderos existentes y que va desde la capital Oslo hasta mismamente Hjerkinn. Imaginé que, una vez pasados los grandes paisajes y la multitud de puntos focales de las montañas de Rondane, el Rondanestien había cogido protagonismo en la señalética. Mi sensación de entonces fue de cierto confort por estar siguiendo, aunque fuera por casualidad, una ruta con nombre, ahora que los grandes hitos quedaban atrás y me metía en terrenos de los que no sabía qué esperar.

Señalización nuevecita
Desde Spidsbergseter, la ruta asciende lo justo para dejar los últimos árboles atrás y ya sólo quedan páramos con aspecto desolado pero hermoso a la vez. Me gusta caminar por aquí.

Páramos sin fin
Me parecía bastante claro que esa noche era para acampar pero se puso a llover en el momento justo, es decir, una media hora antes de que pasara por delante del refugio Jammerdalsbu, al que llegué ya medio-mojado. No había un pronóstico de mucha agua para el final del día y, si me preguntaba a mí mismo por mi impresión, la respuesta que me daba es que probablemente pararía pronto pero es difícil pasar de largo de un refugio cuando está lloviendo así que decidí quedarme.

Jammerdalsbu
Por supuesto, dejó de llover antes de anochecer pero hice un esfuerzo consciente para evitar arrepentimientos por una decisión tomada y concentrarme en disfrutar de la estancia. Para variar, el refugio estaba concurrido y fue interesante y agradable conversar con otra gente en lo que hasta ahora estaba siendo un viaje muy solitario. Si hubo ronquidos esa noche, debía estar demasiado cansado para enterarme.
Rondane quedaba atrás. Todos los grandes hitos y los grandes nombres quedaban atrás. Durante la planificación del viaje, llegué aquí, vi que me sobraban días y pensé que lo mejor era simplemente seguir adelante, hacia el sur.
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