En la parte final del verano de 2024, caminé de St. Moritz a Zermatt a lo largo de los Alpes suizos/italianos. El contenido a continuación es una crónica de la primera semana de viaje, en la que seguí la ruta Alpenpässe-Weg (no completa)

Alpenpässe Weg

El viaje en tren a primera hora entre Zurich y St. Moritz es agradable y relajante pero, para cuando me acerco al destino, me voy impacientando, lo que quiero es empezar a caminar ya. Lo hago desde la misma estación de tren, con la sensación extraña de cargar un mochilón a lo largo de los hoteles de lujo y alguna limusina y con parada obligatoria en una tienda de montaña para comprar gas. Con eso, ya lo tengo todo.

St. Moritz

La ruta a través de la zona urbana está bien señalizada y emerge de entre el bosque a laderas herbosas cosidas a infraestructuras de esquí. La desconexión tendrá que ser gradual.

Laderas sobre St. Moritz

La línea que voy a seguir durante la primera semana va dibujada sobre la Ruta 6 del sistema suizo, identificada también como la Alpenpässe-Weg. Tiene su propia pegatina en la mayoría de postes de señales.

Señalización suiza

Pasados los remontes de esquí y sus edificios mamotreto, la ruta enfila un valle de altura de camino hacia el primer puerto del viaje. El paisaje se pone alpino.

Hacia lo alpino

Fuorcla Schlattain es un paso elevado, 2873 m, pero nada remoto, accesible por pista y frecuentado por ciclistas. Tengo que esperar un poco más para entrar en terreno que sólo se puede recorrer a pie en la subida a Fuorcla Suvretta. La vista adelante desde el paso a 2966 m ya no muestra ninguna infraestructura más que el sendero.

Desde Fuorcla Suvretta

A partir de aquí, la ruta ya se mete en las profundidades del macizo al oeste de St. Moritz, descendiendo lo justo para rodear un pico secundario y vuelta para arriba en un ascenso gradual a la Fuorcla d’Agnel en una cabecera con restos glaciales.

Fuorcla d’Agnel en el centro-izquierda

El collado se queda a sólo 7 m de los tres mil pero no tengo ni la tentación de subir un poco más para redondear la cifra porque se hace tarde y todavía tengo que bajar lo suficiente como para encontrar terreno acampable.

Vista al sur desde Fuorcla d’Agnel

Unos dos km horizontales más allá y 400 m verticales más abajo, la vegetación empieza a ganar a la roca y puedo instalarme antes de que oscurezca. Será el campamento más alto del viaje.

Cabecera del Val d’Agnel

A la mañana siguiente, el ambiente es tranquilo y luminoso. La pirámide es como una versión abstracta de los picos de alrededor.

Pirámide pequeña entre otras mucho más grandes

Hay una ruta valle abajo pero la mía sale por otro lado, en ascenso hacia un puerto secundario para salir del macizo a los flancos de Val Surses, el siguiente valle troncal hacia el oeste.

Fuorcla digl Leget

El camino se mantiene elevado sobre el fondo de valle, descendiendo lo justo para llegar a praderíos y un balcón llano con acceso por pista, Alp Flix.

Camino a Alp Flix

La mayoría de los edificios en la zona son de uso ganadero pero también hay un alojamiento con bar. No suelo comer dulces pero cuando estoy de ruta es el momento para expandir horizontes alimenticios. En una terraza con vistas.

Me lo había ganado

Me comí dos trozos de tarta y no sería la última vez.

Desde Alp Flix, sería posible seguir ladera adelante sin apenas ganar altura pero el Alpenpässe-Weg toma una ruta más elevada e interesante antes de bajar al valle. Por el camino, aparecen de la nada nubes suficientes para que me caiga el primer chubasco del viaje pero vuelve a salir el sol a continuación. Atravieso bosque durante un rato.

Un rato de bosque

La ruta baja al valle y lo cruza a la altura de la localidad de Savognin. Llego allí con un par de horas de luz restantes y con la idea de usarlas para alejarme de las zonas habitadas pero es entonces cuando vuelve la lluvia y esta vez se pone muy tormentosa. Busco un techo y valoro mis opciones mientras me hago consciente de lo difícil que es salir voluntariamente a mojarse cuando ya queda muy poco para acabar la jornada.

Lluvioso Savognin

Esperar a que amainara acabó provocando que decidiera quedarme para pasar la noche en el pueblo. No era mi plan ideal pero me cuadra. Al menos, es temporada baja y el lugar está muy tranquilo.

No tuve que irme muy lejos para cenar en Savognin

A la mañana siguiente, el cielo está parcialmente velado pero no llueve. Cruzo el puente sobre el Gelgia, una de las ramas cabeceras del Rin.

Aguas arriba en el Gelgia

Me lleva un par de horas salir del valle y llegar a la zona alpina en ruta hacia el Paso Schmorras, un ascenso agradable una vez que las pistas ganaderas quedan atrás.

De camino al Paso Schmorras

Hace sol cuando cruzo el collado pero lo más claro de todo no es el cielo sino que el patrón tormentoso sigue activo y que en algún momento va a llover otra vez. Efectivamente, se cubre rápidamente según bajo hacia Val Ferrera y acabo haciendo al trote, para evitar mojarme mucho, el último kilómetro antes de llegar a Ausserferrera, un pueblo pequeñín en el fondo de valle. Por suerte, encuentro un sitio techado donde puedo descansar y comer a cubierto.

Ausserferrera

Me gusta este mix de alemán e italiano en los nombres de lugares, es muy curioso. Nótese que hay también un Innerferrera aguas arriba en el mismo valle.

Llueve bastante fuerte durante un buen rato pero el pronóstico dice que va a parar así que termino de comer y sigo adelante con confianza. Bajar a un valle profundo implica subir mucho para salir de ahí y, como en este caso, en terreno muy empinado por el bosque. Con el ambiente húmedo tras la lluvia, me gano una buena sudada. Pasado el límite del bosque, vistas del modesto tresmil Piz Grisch al otro lado del valle.

Piz Grisch, otro tresmil del que no había oído nunca

En esta ocasión, no hay un puerto que cruzar sino un flanqueo para volver a bajar a otro valle de la misma cuenca. Esperaba progreso fácil en este tramo y me resultó frustrante ver que no, al contrario, el sendero era consistentemente rocoso e irregular y el avance, lento. Fue un alivio llegar a senderos de mejor calidad en el descenso hacia Rheinwald que, a vista de mapa, parece el valle principal de todos los que alimentan al Rin en esta zona. Buena vista aguas arriba a pesar del bajo ángulo del sol poniente:

Rheinwald al atardecer

Una vez abajo, la ruta me lleva hasta la localidad de Splügen. Técnicamente, podría pasar de largo, iniciar el ascenso por la ladera de enfrente y acampar en zona alpina antes de que se hiciera de noche pero me siento tan cansado que ni valoro la opción. Hay un camping en el pueblo y con eso me va bien. De hecho, estoy tan sumamente cansado que le hago ojillos al hotel estilo suizo que veo al pasar por el centro, entre que ir hasta el camping es casi 1 km extra y que me siento demasiado fundido para estar al aire libre, aunque no llueve y ni siquiera hace frío.

Splügen

Que no cunda el pánico, tengo claro cuál es mi sitio en el mundo, en esta ocasión. Los hotelitos no están descartados pero los considero un lujo que hay que ganarse. Hoy pondré la tienda.

Splügen camping

La mañana del día 4 es plomiza una vez más y así está también mi estado de ánimo. Me concentro en caminar, que es algo fácil de hacer, sólo hay que dar pasos. Ladera empinada para salir del valle con vistas atrás a Splügen y el Rheinwald.

Vista al sur, Italia al otro lado de los picos más altos

Pasada la última majada ganadera, es una subida corta y sencilla hasta el Safierberg, un collado que da acceso al Safiental, un valle de orientación norte. Roca vertical flanqueando el puerto.

Safierberg

Una vez abajo, la ruta toma una pista de grava que da acceso a varios chalets y el ambiente torna suburbano durante un buen tramo que incluye una casa de comidas donde entro a tomarme una sopa. Lo tomo como parte de la experiencia alpina.

Parte integral de la experiencia alpina

A continuación, el Alpenpässe-Weg inicia un larguísimo flanqueo en ascenso gradual, con estupendas vistas atrás hacia el alto Safiental:

Safiental

Es todo terreno herboso en ruta al Güner Lückli, un punto débil en la divisoria entre Safiental y Val Lumnezia, de germánico a latino en un solo collado sin salir de Suiza. Aparecen claros entre las nubes por primera vez en todo el día según paso junto al primer alpe en el descenso. Saludo a las vacas y al pastor.

Alp Gregt

Doy por terminado el día en un balcón sobre el valle principal, poco antes de llegar al primer pueblo, en un hueco discreto. A estas alturas, aún no sé de la tolerancia en esta región hacia la acampada libre fuera de las zonas alpinas.

Mejor luz por la mañana, Val Lumnezia

El día 5 arranca nublado una vez más. La sección a continuación es aguas arriba a lo largo de Val Lumnezia, a lo largo de zonas habitadas aunque incluye un tramo largo sobre la cresta que cierra el valle por el norte. El ambiente es húmedo y pesado, el paisaje es agradable pero nada épico y no me siento motivado. Buenas vistas del valle según bajo.

Aguas arriba Val Lumnezia

El fondo de valle tiene sitio para el Glogn, otra de las ramas cabeceras del Rin, una carretera y nada más, todos los pueblos están en las plataformas más o menos planas de las laderas. Tengo que cruzar al lado opuesto y subir 1200 m verticales hasta la cresta. Sería tentador seguir una ruta paralela a menor altitud, de pueblo a pueblo, y ahorrarme así algo de distancia y mil metros de desnivel. En mi estado precario de moral, necesito leerme a mí mismo la cartilla sobre la importancia de cumplir los planes.

Durante la subida, paso por Vella, un pueblo lo suficientemente grande como para tener un supermercado y que debía ser mi primer punto de reaprovisionamiento. Está muy bien que siempre haya algún sitio cubierto en las zonas públicas porque empieza a llover otra vez mientras re-empaqueto las compras.

Volg Vella

Vella tiene aire turístico y, siendo principios de septiembre, está bastante muerto. Continúo el ascenso con más resignación que entusiasmo.

Vella en Val Lumnezia

Hay algo que sí es un aliciente en el tramo que viene por delante: será el punto más al norte de este viaje y lo más cerca que estaré de la ruta de mi primer viaje en esta región así que llegar a la cresta será algo más que acceder a una buena vista porque un par de valles más al norte, detrás de los picos nublados al fondo, está la sección de la Via Alpina 1 que recorrí hace unos años.

Vista al norte sobre Surselva y la rama principal de la cabecera del Rin

Recuerdo haber echado la vista sobre la otra cara de esas mismas montañas y preguntarme qué había detrás. Me encanta esto de unir puntos geográficos.

Mirando adelante, tengo la única sección sobre cresta de todo el viaje. El punto más alto será el aquí modesto Piz Sezner, de 2309 m.

El sendero a Piz Sezner

Pasado el pico, la Ruta Número 6 desciende de vuelta a la altura de las zonas habitadas de Val Lumnezia. El pronóstico anuncia lluvia pero, para cuando llego a las útimas aldeas del valle, estoy en el rato más luminoso del día.

Val Lumnezia, aguas abajo

El sendero desemboca en la carretera a la entrada de Vrin, el último pueblo de cierto tamaño en Val Lumnezia, con una arquitectura muy interesante y un ambiente mucho más rural que turístico.

Vrin

Pasado Vrin, sólo quedan unas pocas aldeas pequeñas de nombres que, una vez más, mezclan alemán e italiano: Cons, Ligiazun, Sogn Giusep y Puzzatsch. Podría pasar de largo y esperar encontrar algo llano donde acampar de camino a la cabecera del valle pero va a llover y mis niveles de energía están molestamente bajos así que no dejo pasar la opción de una casa de huéspedes que ya había identificado en el mapa y que se había convertido en mi faro a lo largo de un día atravesado. Di la jornada por terminada a las 5 y media tras sólo 32 km y pasé una noche más bajo techo.

Casita para esta noche

Según escribo esto, no puedo evitar pensar en la línea de «era muy pronto, ¿por qué no continué un par de horas más?» y me siento un poco calzonazos. Recuerdo que, en aquel momento, me pareció que parar tenía mucho sentido. Es lo que necesitaba hacer.

Llovió al final del día, probablemente también durante la noche y la mañana era de todo menos acogedora: cubierto con llovizna y un pronóstico sombrío para la tarde. Ayudó mucho a la moral empezar la subida al paso Diesrut desde un entorno seco. Empezar de cero.

A la izquierda

La ruta continúa por la carretera, que es ya de un solo carril y llega hasta la última aldea del valle y desemboca en sendero de montaña prototípico en curso hacia la cabecera del valle y el puerto.

Puzzatsch, a 1667 m

Es un ascenso sin dificultades al paso Diesrut. Al otro lado, magnífico panorama del Pianno della Greina, típico caso de valle de altura de fondo plano con prados y arroyo serpenteante. Es muy bienvenido que, para variar, después de un puerto, la ruta se mantenga en altura y no baje directamente a zonas urbanas. La meteo no lo pone fácil pero disfruto mucho de este rato.

Pianno della Greina desde el paso Diesrut

Este área es muy interesante, geográficamente, además de un hito importante. El Pianno della Greina drena al norte hacia el Rin pero la divisoria está a, literalmente, un tiro de piedra, si tienes un buen brazo. Una pequeña elevación en el flanco sur del valle es todo lo que separa la cuenca del Rin de la del Po. El arroyo que llevo al lado discurre tranquilo, llevando el agua al Mar del Norte, no sé si se da cuenta de lo cerca que ha estado de acabar en el Adriático.

Pianno della Greina, vista atrás hacia el norte con el paso Diesrut oculto al fondo derecha

La ruta sigue hacia el oeste y eso me lleva, inevitablemente, a cambiar de cuenca. Sólo un par de km más allá, a 2355 m, atravieso el Passo della Greina, otro punto divisorio, todavía en territorio político de Suiza. Vuelve a llover y esta vez ya con intensidad así que avanzo lo más rápido que puedo para llegar cuanto antes a Capanna Scaletta. Está genial esto de que haya ahí un refugio cuando más lo necesitas.

Capanna Scaletta

Es hora de comer así que el refugio me hace múltiple servicio: descansar a cubierto y doble ronda de sopa mientras hago planes para lo que queda del día.

Sopa caliente, no podría imaginar nada mejor

Para cuando toca salir, la lluvia es constante aunque no muy fuerte pero el pronóstico es de que no pare en todo el día y pueda llegar a ser fuerte. Lo fácil sería dar la jornada por terminada y echar la tarde en el refugio. En esta ocasión, decido seguir adelante. Es un salto con red porque lo siguiente es bajar al valle y allí hay un pueblo. Ni idea de si allí hay algún sitio en el que meterse pero en la siguiente subida encontraría otro refugio sin tener que pasar por ningún tramo expuesto. En esas condiciones, acepto mojarme.

No hay fotos de las siguientes 3 h. Durante el descenso, la lluvia se intensificó. Me concentré en seguir caminando y mantener secas las piezas sensibles. Para cuando llegué a Campo Blenio, un pequeño pueblo en el valle, estaba empapado de pies a cabeza, incómodo, bajo de moral y algo enfadado conmigo mismo por el pobre desempeño. Me sentí derrotado por la lluvia una vez más, una derrota rápida y completa.

Me puse a cubierto en el pueblo para descansar un poco y entrar en calor pero sólo conseguí entrar en aún más frío al estar parado y no estaba la cosa como para abrir la mochila y buscar ropa así que limité la parada a aliviar el cuerpo del peso de la mochila por unos minutos. Aunque valoré intentar encontrar alojamiento en el pueblo, no estaba claro si lo habría y no parecía fácil de averiguar, todo parecía cerrado y apenas se veía a nadie. De todas formas, sólo eran 5 km más a la Capanna Bovarina. Todo lo que quería era terminar el día cuanto antes. Salí de nuevo.

Llegué al refugio a media tarde. De entre todas mis cosas, sólo el contenido de la mochila estaba seco. Por lo menos, el contenido de la mochila estaba seco.

Capanna Bovarina es un refugio pequeño y familiar en el límite del bosque. No hace falta ni mencionar que, dadas las circunstancias, cualquier cosa a cubierto habría sido un palacio pero los refugios grandes suelen ser impersonales y me alegro de que éste no lo sea. Hay una habitación de secado de buen tamaño que está hasta arriba con las cosas mojadas de otros huéspedes del día y echo un buen rato encajando todo lo mío.

Mal día para estar en la terraza en Capanna Bovarina

Es maravilloso estar dentro cuando el ambiente fuera es tan poco acogedor.

La mañana siguiente comienza cubierta con sirimiri ocasional pero el pronóstico es que las nubes se irán retirando y no va a llover durante el resto del día. Es lo que necesitaba oír. Salgo del refugio en medio de la niebla hacia el paso de Gana Negra.

Sigue la oscuridad

Efectivamente, se empiezan a abrir claros según asciendo. Esto es alentador.

Vuelve la luz

El collado da paso a un panorama de nubes rotas agarrándose a los picos y aún ocupando el fondo de valle.

Luz, nubes, de todo

Me entusiasmé demasiado rápido con la perspectiva de un día seco. Podría serlo desde arriba pero el problema ahora venía de abajo. Según desciendo hacia Valle Santa Maria, entro de nuevo en la nube y, con ello, en un entorno saturado donde todo está chorreando. La vegetación es capaz de contener una cantidad enorme de agua. De cintura para abajo, acabo más mojado que si hubiera seguido lloviendo.

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

La calada máxima es sólo de rodilla para abajo y, en realidad, sería poco más que una anécdota de no ser porque tenía otras expectativas.

De camino al siguiente puerto, Passo delle Columbe, salgo de la nube y el sol luce de nuevo.

Luz otra vez

Es un paso fácil, sobre terreno herboso y con un descenso largo y tendido sobre un camino amplio que da para avanzar a buen ritmo por Val Piora hasta el lago Ritóm. Allí, el camino da paso a una pista de grava, aún más fácil.

Val Piora

Lago Ritóm

Me viene genial sumar kilómetros pero el ambiente no es muy silvestre. En retrospectiva, veo que habría sido mejor recorrer esta zona por Val Cadlimo, un valle paralelo más elevado y remoto pero durante la planificación no me di cuenta del potencial de Val Piora para dejarme frío.

Pasado el Lago Ritóm, afronto el tramo menos atractivo de todo el viaje. Éste sí lo vi venir pero no había solución sencilla. Tengo que bajar a Valle Leventina y cruzar Airolo, la población más grande por la que pasaré. El valle es la principal vía de comunicación norte-sur en la región y es un infierno de vías de tren y carreteras, incluyendo una autopista de dos carriles por sentido. Airolo es el punto de acceso al Passo del San Gottardo, que atraviesa la divisoria alpina. El ruido del tráfico es notorio durante todo el flanqueo que lleva a Airolo.

Airolo, fábricas y atascos

Paso de largo lo más rápido posible y es un alivio cuando subo por la ladera opuesta y Valle Leventina pasa a ser sólo una vista que pronto dejaré atrás.

Valle Leventina

No me queda tiempo para subir a la zona alpina pero el bosque me servirá para plantar la tienda al final del que sería el día más largo del viaje.

A descansar, por fin

A primera hora de la mañana siguiente, abandonaré el Alpenpässe-Weg para torcer al sur hacia la alta montaña y, a continuación, la frontera con Italia.