En la parte final del verano de 2024, caminé de St. Moritz a Zermatt a lo largo de los Alpes suizos/italianos. El contenido a continuación es una crónica de la segunda semana de viaje, en la que coincidí con una sección de la ruta conocida como Grande Traversata delle Alpi.

Grande Traversatta delle Alpi
Es el día 8 de viaje y amanezco bajo cielos oscuros otra vez. Ya ni recuerdo cuál era el pronóstico del tiempo en aquel momento pero es como si ya diera igual, parecía que la nube siempre estaba ahí. Para cuando recojo campamento, me rodea la niebla.

Otra mañana nublada
Tengo unos pocos kms de flanqueo por una amplia pista de grava hasta el cruce donde dejaré la ruta Alpenpässe-Weg que he estado siguiendo durante una semana. Por el camino, cruzo lo que parece el escenario de un alud de nieve. Te puedes imaginar la fuerza que tiene esa cosa a la vista de los árboles caídos.

Alud
La Alpenpässe-Weg, ruta número 6 en el sistema suizo, sigue adelante pero, a la hora de planificar, me pareció que lo que venía a continuación era menos interesante que si me mantenía más cerca de la divisoria alpina así que pinté mi ruta por senderos que la seguían de cerca. Éste es mi cruce:

Abandonar la Alpenpässe-Weg
Dejo atrás el flanqueo para subir hacia las montañas y hacia la niebla. El sendero es bueno y la señalización, también.

Buen sendero, buena señalización, buena niebla
La niebla se hace más espesa según subo hacia el Passo di Cristallina, que no es mucho más alto que los varios collados herbosos que he cruzado en días anteriores pero éste, por lo que sea, es casi todo roca desde bastante lejos. Hay un refugio en el mismo collado. En las condiciones presentes, tengo claro que la parada para comer será mucho más agradable si la hago dentro.

Capanna Cristallina
Hice la subida en camiseta pero, para cuando salgo del refugio, claramente necesito añadir capas. Está oscuro y hace frío. No se ve ni torta pero el sendero sigue siendo bueno.

Descenso desde Passo di Cristallina
La niebla añade el habitual toque dramático pero es una pena no poder ver los panoramas en la que es, como a lo largo de toda la ruta, mi primera visita a la región. Una vez fuera de la zona del collado, el ambiente es más tranquilo y no tan frío. El avance es relativamente lento en un descenso con mucho tramo rocoso y la roca mojada.
A mitad de descenso, el sendero desemboca y comparte brevemente una carretera de grava, parte de la infraestructura de explotación hidraúlica de la zona. Podría seguir la carretera, iría más rápido, pero decido continuar por el sendero. El premio es una ronda de café y tarta en Capanna Basodino, por donde no habría pasado de haber tomado la carretera. Teniendo ocasión, es buena idea hacer una pausa dentro porque las condiciones afuera son de las que te dejan pasmado en minutos.

Capanna Basodino
Desde el refugio Basodino, hay que ascender de nuevo en lo que serán los últimos kilómetros en territorio suizo por el momento. Tras un talud inicial y niebla densa, llego a un impresionante valle de altura que tengo que recorrer hasta su salida por la Boccheta di Val Maggia y la frontera con Italia.

Bocchetta di Val Maggia

Suiza | Italia
La niebla viene y va según desciendo del paso con algún antiguo nevero por donde se camina casi mejor que sobre la roca mojada.

Nevero antiguo
El mundo roca da paso a una zona de praderas con vacas pastando y cabañas de pastores algo más abajo, luego infraestructuras hidráulicas y un refugio del Club Alpino Italiano en el que no habría estado mal pasar la noche pero, aunque el ambiente sigue sin ser apacible, no llueve así que sigo adelante con un descenso final al valle principal donde voy a parar a una carretera asfaltada y la aldea de Riale.

Riale, 1729 m
Hay un hotelito alpino con pinta acogedora junto al sendero y es uno de esos días en los que cuesta dejarlo atrás. Casi me gustaría que se pusiera a llover para tener la excusa perfecta pero no lo hace.
Me queda un rato de luz, mortecina, pero luz, para salir del fondo de valle por la ladera de enfrente y buscar un hueco llano para plantar la pirámide. Cena con vistas al valle.

Buen campamento
El día 9 amanece nublado otra vez y el pronóstico es de lluvia fuerte y persistente a partir de media mañana. No parece un buen día para pasárselo fuera, mucho menos para dormir fuera tras una buena calada así que veo qué opciones tengo. Tras un paso de montaña, bajo a un refugio. Después, hay que subir otro puerto, seguido de un largo descenso a una zona edificada, accesible por carretera, donde hay otro refugio. Me pongo este último como objetivo y reanudo con no muchas ganas el camino en ruta hacia el Paso Nefelgiu.

Vista atrás hacia Vallone di Nefelgiu
Es un corto descenso desde Passo Nefelgiu hacia el represado Lago Vannino, que aparece a la vista enseguida.

Lago Vannino
Empieza a llover literalmente 200 m antes de llegar al refugio Margaroli, que se encuentra junto al desagüe del lago. Es lo que faltaba para dejarme claro que lo mejor era ir para adentro y valorar opciones delante de un café y un trozo de tarta.

Rifugio Margaroli
A mitad de camino entre un enfoque ambicioso y conservador, mi plan inicial para el día era seguir adelante desde Margaroli, hacer el siguiente puerto y bajar a Alpe Devero, donde encontraría otro refugio donde estar seco y pasar la noche. Eran sólo 13 km más, no suena demasiado difícil pero, cuando miro afuera a lo que ya es lluvia intensa, parece la peor de las ideas. El guarda del refugio Margaroli confirma que va a estar lloviendo así todo el día.
Cambio de opinión varias veces mientras mantengo vigilado el grado de oscuridad que hay afuera. Por una parte, quedarme en Margaroli sería desastroso para mi objetivo de llegar a Zermatt al final del viaje. Por otra parte, aún tengo reciente lo duro que fue seguir adelante en condiciones similares unos días antes y me digo a mí mismo que no quiero pasar por eso de nuevo.
Es sólo media mañana y ya hay un goteo, valga el doble sentido, de senderistas mojados que van llegando al refugio. Le digo al guarda que me quedo.

Sala principal en Margaroli al atardecer, chimenea encendida y mucha ropa húmeda
Llovió como estaba previsto. Es difícil decir cómo de complicado habría sido continuar hasta el siguiente refugio y si quedarme fue una buena decisión. Me sentía mal por ello pero llegó un momento en que tomé la decisión consciente de dejar de darle vueltas. No valía para nada.
Fue un día animado en el refugio Margaroli, con un flujo continuo de montañeros buscando abrigo de la lluvia. Tuve tiempo de hacer planes para lo que quedaba de viaje, relajarme y disfrutar de una buena cena. Lo pasé bien.
A la mañana siguiente, no llovía y el pronóstico decía que lo peor de la tormenta ya había pasado pero el ambiente estaba de todo menos tranquilo. Había momentos de luz pero el cielo estaba mayormente cubierto. De camino hacia Scatta Minoia, puerto a 2599 m, empezó a soplar viento fuerte y hacía mucho frío. Mirando atrás, buena vista del lago Vannino y el refugio Margaroli. La distancia ayuda a camuflar la infraestructura hidráulica.

Lago Vannino desde el sur
Scatta Minoia es lo suficientemente alto como para ser mayormente roca. El ambiente en el collado es invernal, con nube baja y un viento gélido que me hacen apreciar el refugio de emergencia que hay en el mismo puerto. Sólo ha pasado hora y media desde que salí y aún no necesito ni descansar ni comer pero me meto dentro, siquiera para protegerme del viento mientras me abrigo. El refugio está en buen estado pero las paredes de hormigón no lo hacen acogedor.

Alguien se quiso asegurar de que no te lo pasas de largo en condiciones de visibilidad baja
Llueve de nuevo según bajo hacia el otro lado pero es sólo un chaparrón. Para recordar quién manda aquí y que nadie se relaje. El tiempo sigue con patrón inestable. Por otro lado, el paisaje es muy bonito, con un lago y prados alpinos antes de llegar a los primeros árboles.

Hubo momentos de luz. Éste no es uno de ellos
Más abajo, la ruta se mete en el bosque y esto significa una tregua para el montañero cansado de tanta batalla. Lago di Devero es la referencia inequívoca.

Lago di Devero
Pasado el gran lago, llego a Alpe Devero, un praderío llano de forma circular flanqueado por montañas. Da la impresión de haber sido un lago en el pasado pero, si lo fue, ya hace mucho que no. El lugar es ahora accesible por una carreterilla de montaña y está parcialmente urbanizado en estilo alpino. Es un sitio muy bonito, a pesar de las construcciones modernas. Junto con un rato de nubes más finas que dejan pasar algo de sol, me levanta el ánimo.

Alpe Devero
Saliendo de Alpe Devero, la ruta sube a un valle de altura súper-bonito, el típico cuadro de prado alpino flanqueado por bosque con el fondo de los picos de la divisoria. Los rebaños que pastan disfrutan de la hierba; yo, del camino.

Alpe Buscagna
La ruta lleva a Scatta d’Orogna, un collado secundario que da paso a la cabecera de un valle paralelo con un flanqueo hasta otro collado, Passo di Valtendra.

Passo di Valtendra
Desde la hora feliz en Alpe Devero, las nubes habían ido ganando terreno pero el ambiente se mantenía tranquilo. Cruzar Valtendra fue como viajar en el tiempo: de golpe y sin aviso, me encuentro con una masa de nube oscura y viento frío. Fin de la tregua. Para cuando bajo a la cabecera de valle, ya está lloviendo.

Pian du Scricc
No me esperaba este nuevo episodio de lluvia pero me molesta menos de lo que hubiera esperado, quizá porque ya me estoy acostumbrando pero seguro que ayuda saber que, en caso de necesidad, puedo encontrar abrigo un poco más abajo, en Alpe Veglia.
Me paso un rato guarecido de la lluvia junto a la puerta del refugio Citta di Arona valorando mis opciones. Alpe Veglia es un sitio muy bonito, cabecera de valle con el fondo de los tresmiles de la divisoria alpina. Quedan un par de horas de luz, he caminado 27 km y tendría sentido ir a lo fácil y pasar la noche allí. Por otra parte, después del día corto de la jornada anterior, he acumulado déficit y necesito ese par de horas para avanzar todo lo que pueda. Soy consciente de que quedarme en el refugio es, en este caso, algo más que ir a lo fácil: significaría renunciar al objetivo de llegar a Zermatt, ese por el que me había esforzado tanto.
La lluvia había amainado. Decidí seguir adelante.

Alpe Veglia
Es todo cuesta abajo desde Alpe Veglia sobre una pista apta para coches pero empinadísima que salva el escalón entre el alpe y el valle. Subir al alpe debía ser mucho más complicado para montañeros, animales y pastores antes de que la construyeran.
Intento sacar el mayor partido posible a la decisión de seguir adelante bajando al trote cuando la pendiente es favorable y sólo hace falta trabajo de cuádriceps pero no esfuerzo aeróbico. No es la primera vez que hago esto en este viaje ni será la última.
Para cuando llego al primer pueblo del valle, está lloviendo otra vez y estoy tentado de buscar alojamiento allí pero es un sitio turístico; en septiembre, casi desértico, y no parece que fuera fácil o siquiera posible así que sigo adelante.
Una vez en zonas pobladas, el problema para acampar está en encontrar un sitio discreto y, en este caso, algo que sea llano porque el sendero se mete en un flanqueo de muchos kilómetros. En el mapa se ve un rellano prometedor y, cuando llego allí, ya casi de noche, resulta perfecto aunque la foto buena la tuve que sacar a la mañana siguiente.

Bosques de Val Divedro
Mantener el objetivo a tiro es motivante pero también exigente, me obliga a seguir trabajando duro. Había estado revisando mapas antes de dormir y vi una posibilidad de ahorrar algo de tiempo en la bajada a la localidad de Varzo. Mi ruta original va por senderos haciendo un flanqueo. La carretera hace un recorridog paralelo, cerca del fondo de valle. Es más o menos la misma distancia pero en la carretera es más fácil bajar al trote. Sería más largo si hiciera los zig-zags pero los puedo atrochar así que voy por ello. Son 9 km desde campamento y llego a Varzo antes de las 9 h.

Varzo, Italia
Varzo que, por cierto, sería, con mucho, el punto más bajo del viaje a poco más de 500 m de altitud en el puente sobre el Torrente Diveria. Es, también, mi último punto de reaprovisionamiento planeado y recargo con lo que pudiera necesitar para los últimos cinco días de ruta en una de las dos pequeñas tiendas locales.

Sin mucho glamur pero funcional
Tras el punto más bajo viene la subida más larga, 1700 metros verticales de una vez hasta los 2235 m del Passo di Variola en un tramo de 8 km que es consistentemente empinado. Salir del fondo de valle es lo que necesita más esfuerzo y me lo tomo con paciencia. A cota 2000, una última vista de Varzo y su periferia, extendiéndose por la ladera.

Val Divedro, 1500 m más abajo
Llevaba todo el día demasiado ocupado intentando hacer kms y ahorrar tiempo en cada tarea como para tomar nota de algo importante que se hace evidente cuando vuelvo a las alturas alpinas: la meteo está tranquila y estable por primera vez desde ni-me-acuerdo. No voy a renegar de lo entretenido que es el tiempo revuelto pero me alegro tanto por la tregua que no se me ocurre con qué compararlo para que se note que quiero exagerar. Está muy bien poderse relajar y despreocuparse de casi todo lo que no sea caminar.
El paso de Variola cruza una sierra secundaria y me deja la impresión de haberme quedado en el mismo sitio, geográficamente. Da paso a un largo flanqueo sobre el Valle d’Ossola, cuyo fondo está a sólo 250 m de altitud. Allá donde la topografía lo permite, la vista es muy interesante.

Valle d’Ossola
En un progresivo descenso, la ruta entra en un hayedo con esa atmósfera única que sólo tienen los hayedos.

Luz del hayedo
Prosiguiendo con el flanqueo, el sendero asciende para volver a la zona alpina. El cielo sigue despejado pero la tranquilidad parece haber terminado cuando se levanta viento y se siente el frío. Asciendo deprisa, intentando compensar con sobrecalentamiento para poder seguir en camiseta cuando las condiciones están para el plumas.
Paso junto a un prado perfecto, resguardado por el relieve y los últimos árboles, que sería el sitio perfecto para pernoctar en un contexto senderista pero necesito avanzar más. Más arriba, hay varios lagos alpinos con sus zonas llanas que serían el campamento perfecto en un contexto montañero. A mitad de camino entre ambos, el refugio Alpe Laghetto, donde paro para rellenar botellas en la fuente.
Con el sol ya oculto y el viento frío dejándome tieso, me tomo unos minutos para decidir lo que realmente quiero hacer y opto de nuevo por la alta traición. Voy para adentro.

Rifugio Alpe Laghetto
Debo añadir que el refugio es muy agradable, uno de esos pequeñitos y familiares con muy poca gente y ambiente relajado. Lo meto en la carpeta de los placeres culpables.
A la mañana siguiente, me tomo el desayuno lo más pronto que me lo sirven mientras aún está oscuro afuera porque tengo un día muy largo por delante. Para cuando salgo, sale el sol también y es una mañana luminosa y fría. He recuperado energías y la meteo tranquila me levanta el ánimo. Salgo a caminar con ganas de comerme el sendero quizá por primera vez en todo el viaje.
La ruta asciende en flanco varios kms antes del siguiente collado importante. Por el camino, paso junto a esos lagos alpinos que habrían sido, desde luego, un lugar maravillo donde pasar la noche.

Laghi di Campo
El Passo di Pontimia me devuelve a Suiza, siquiera brevemente, y el valle de orientación norte me hace pensar que es mi primer contacto con la cuenca del Ródano pero un vistazo al mapa revela que no, que sigo en la vertiente sur, con la divisoria marcada por los picos de enfrente:

La divisoria alpina en la cabecera del Zwischbergental
Son menos de 5 km por este lado antes de volver a Italia por el Passo d’Andolla, visible en la foto anterior como uno de los puntos bajos de la cresta de la izquierda. Una travesía panorámica.

Pizzo d’Andolla enfrente, collado del mismo nombre a la izquierda
El paso de Andolla es caminable en ambos lados a pesar de lo empinado de las paredes que cruza. Me lleva de vuelta a Italia.

Passo d’Andolla
La vista al otro lado es muy reveladora de lo que viene a continuación, puedo ver toda la cabecera que tendré que cruzar así como el siguiente puerto, en algún lugar de la cresta de enfrente.

De Andolla a Coronette
Reutilizando nombres, está el refugio de Andolla ahí abajo. El descenso no tiene problemas. Las señales van advirtiendo de la dificultad del Passo di Coronette, que viene a continuación, cuya cara sur es una canal estrecha equipada con cadenas. El texto dice que sólo para expertos. Ya veré si me puedo considerar experto para estándares senderistas italianos.
Lo que no mencionan las señales es la incómoda sección en la aproximación al paso, donde la ruta cambia de lado del valle. El sendero poco definido y la vegetación densa hacen que el progreso sea desesperantemente lento pero hago un esfuerzo consciente por no que no cunda la prisa. El final de la ascensión es mucho más agradable y la luz acompaña.

Punto multi-nombre de camino al Passo delle Coronette
El paso no es siquiera un collado, sólo el punto de acceso a la canal del otro lado, y ofrece vistas al represado Lago di Camposecco.

Lago di Camposecco
Con la roca seca, la canal no sería mayor problema si fuera en ascenso. Bajarla es un poco más delicado al llevar una mochila grande, con el riesgo de que se golpee contra la pared y te eche para fuera. Uso la cadena en algunos puntos.

Descenso del Passo delle Coronette
Una vez fuera de la canal, la diversión aún no ha terminado. Una extensa pedrera que llega hasta la orilla del lago hace el avance lento y empiezo a pensar que una jornada de más de 30 km en este terreno va a ser un reto pero tengo claro que, si hay algún momento para avanzar deprisa, no es éste.

Muchas piedras
Para cuando llego al nivel del lago, es media tarde y me queda más de la mitad de la distancia prevista para el día. Las nubes ya no hacen bonito, ahora cubren todo el cielo. Después de una mañana efusiva, me encuentro de vuelta en la cruda realidad del trabajo gregario.

Lago di Camposecco
Las infraestructuras hidráulicas, al menos, me permiten avanzar deprisa, siquiera por un rato. La ladera es empinada pero hay una plataformilla lisa, probablemente lleve alguna tubería debajo.

Sendero improvisado
Sin conocer la zona previamente, había notado en el mapa una sección de ruta extrañamente rectilínea que no se correspondía con lo que haría un sendero en el flanqueo de una ladera empinada y supuse que sólo podía ser un túnel. Una búsqueda rápida en la red confirmó que, efectivamente, era un túnel, de casi 3 km.
Ni idea de qué hacía un túnel ahí, tampoco lo investigué. Sí que leí que había un interruptor de luz en cada entrada con una temporización que debería bastar para llegar al otro lado. El resto, lo vería in-situ.

Las señales dejan claro que es por ahí
El túnel resulta ser parte de la infraestructura hidráulica asociada a los lagos represados de Camposecco y Cingino. Lleva dentro una tubería gorda que deja el sitio justo para caminar a su lado. La altura del techo era suficiente para mis 1.70 m pero tan justita que, instintivamente, caminaba un poco inclinado. Mal sitio para alguien que padezca claustrofobia.

El túnel
Un sitio oscuro y húmedo. El suelo estaba encharcado casi de continuo; a veces, el charco dejaba un hueco seco sobre el que pisar pero otras cubría el ancho completo y había que meter el pie dentro. Podía ser profundo. Sólo algunas secciones tenían una rejilla metálica sobre el charco. Era inevitable salir de allí con los pies mojados. La iluminación ayudaba en el sentido de que era mejor que no tenerla pero no era continua, los puntos de luz estaban alejados lo suficiente para dejar espacio oscuro entre ellos. Me habría venido bien un frontal más potente que el pequeñito que llevaba.
En el lado de Camposecco, por donde entré, el interruptor de luz estaba varios metros en el interior. Me pasé un buen rato tonto buscándolo junto a la puerta.
Crucé el túnel lo más rápido que pude y fue un alivio salir. No fue mal pero tampoco una experiencia agradable.
Una gran alegría volver a la luz aunque el ambiente está lejos de ser luminoso. Las nubes son gruesas, empieza a llover y me alegro de tener opciones a cubierto para el final del día. Mi objetivo es el refugio Oberto-Maroli, del que aún me separan dos puertos. Necesitaría llegar como mínimo hasta allí si quisiera mantener Zermatt al alcance. Sólo quedan tres días más y ya no hay colchón.
Apenas he parado para descansar en todo el día pero no me ha servido para ir sobrado, bien al contrario, el resto de la jornada va a ser una carrera contra el tiempo si quiero pasar el último collado antes de que se haga de noche así que no pierdo un minuto para celebrar la vuelta a la superficie y voy directo hacia el Passo di Antigine.

Passo di Antigine, cara sur
También identificado como Ofentalpass. Éste es, por fin, un collado transalpino que me devuelve a la vertiente suiza. Cuando lo cruzo, piso la cuenca del Ródano por primera vez en el viaje.

Cabecera del Saastal
Me alegra ver que he hecho un buen tiempo en la subida y que, en condiciones normales, debería poder llegar a Oberto-Maroli antes del anochecer pero sólo si no paro ni para estornudar. La ruta desciende por el lado suizo lo justo para encontrar terreno favorable para rodear el Pizzo di Antigine, después vuelve a subir hacia los 2845 m del Passo del Moro. Se echa la niebla y se hace tarde, no estoy seguro de cuál de los dos factores pesa más en la oscuridad general pero, como sea, me alegro de que la señalización sea muy buena en este tramo.

Ascenso al Passo del Moro
Llego al paso en condiciones de visibilidad escasa, de vuelta a Italia y la cuenca del Po pero sin tiempo para valorar esos hitos. Sin ser catastróficas, las condiciones ahí arriba eran delicadas: humedad, viento y frío. No se ve nada pero sólo debería haber que descender unos minutos para llegar a la estación superior de varios remontes de esquí y el refugio.
Bajo deprisa y la niebla se levanta brevemente para mostrar una escena de pinta desolada. Más edificios de los que me gustaría ver cerca de la cima de una montaña y ningún signo de actividad.

Escalones metálicos para bajar del paso
Me alegré infinito de haber llamado por teléfono la noche anterior para verificar que Oberto-Maroli estaba aún abierto y atendido porque, según me acerco, no lo parece.

Rifugio Oberto-Maroli
Son las 20 h de mediados de septiembre y no molaría nada encontrar un refugio cerrado estando a 2800 m así que es un alivio cuando por fin veo una luz a través de la puerta y ésta se abre cuando la empujo. Es como entrar en otra dimensión.

Notable contraste
Seré el único huesped esa noche. El guarda confirma que ya no hay mucha gente por las montañas y que el refugio cerrará en unos días.
Sólo han sido 32 km pero qué largos 32 km. Me han llevado más de 12 horas, en las que sólo me he tomado un descanso de media. A estas alturas de viaje, cuando tengo ya tanta hambre que podría estar comiendo todo el día, he estado sin comer nada por más de 8 horas. No sé ni cómo hice eso pero supongo que la motivación tuvo más peso que el hambre o el cansancio.
No sé si era algo estándar o un extra por ser el único cliente pero, desde luego, no me quejé de la cena copiosa de tres platos. El guarda no hacía más que sacar otro más y yo me los comía todos. Para mi propia sorpresa, sin pestañear, me entraron solos. Me acabé hasta el cesto de pan. Parece claro que tenía mucho hueco.
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En este punto, estaba a tres días y menos de 80 km del objetivo. Había conseguido hacerlo posible. El pronóstico del tiempo no era del todo malo, con una masa de aire frío instalada en la región que iba a traer temperaturas bajas e inestabilidad general pero sin apenas lluvia. Quedaba mucho trabajo por delante pero sentía que ya nada podía salir mal.