This entry is parte 7 de 8 in the series Via Alpina 1
DesdeLauterbrunnen
HastaBundalp
Distancia24 km
PuertosSefinenfurkke

Por primera vez en todo el viaje, amanece nublado. Según el pronóstico, hay posibilidad de lluvia durante la mañana, disminuyendo por la tarde. Empiezo la siguiente ascención casi a la puerta del albergue para superar el escarpe glacial con vistas chulas de Lauterbrunnen.

Lauterbrunnen

Doy por terminada la parte más turística del Oberland Bernés; desde aquí, la ruta se vuelve algo más austera. El próximo puerto, Sefinenfurkke, es bastante más alto y de orografía más áspera que todo lo anterior. Esto es bien y malvenido a partes iguales, visto el ambiente neblinoso y sombrío que no invita a subir pero, de momento, no importa: queda mucho para llegar ahí arriba.

Alpes neblinosos

Pasada la pared afeitada por el glaciar, y como de costumbre, el terreno se nivela y el sendero se cruza con nada menos que una vía de tren. Ni siquiera es un cremallera, es un tren normal. Me pregunto cómo ha llegado aquí arriba y más tarde compruebo que es una mini-línea que comunica la telecabina de Lauterbrunnen con la aldea de Mürren, un poco más adelante. Mürren es, supuestamente, la población permanente más alta de Suiza, a 1600 metros. Si hay alguna carretera que llegue allí, debe ser minúscula y los suministros se llevan mejor en el tren:

Gente y suministros para Mürren

Mürren es una calle larga situada en el balcón encima del escarpe. Es súper turístico pero también muy tranquilo, sin apenas vehículos motorizados.

Mürren

Mientras atravieso Mürren, empiezo a darme cuenta de que algo no va bien. Me encuentro raro. Me como una barrita energética que me entra a regañadientes pero no me hace sentirme mejor así que concluyo que no era falta de energía. Sea lo que sea, se irá solo, acabará conmigo o algo enmedio y sólo el tiempo lo dirá así que sigo caminando y a ver qué pasa.

Pasado Mürren, comparto el sendero con más tráfico mochilero. Puede parecer raro pero no recuerdo haberme cruzado con más personas con pinta multi-día en todo el viaje hasta ahora, aparte de la chica de dos días atrás. Imagino que tiene algo que ver que sea viernes y la gente habrá salido para un fin de semana largo. Mientras, las nubes hacen cosas:

Nubes sobre el valle de Lauterbrunnen

Niebla sobre el valle de Lauterbrunnen

Paso por Spielbodenalp, con su acogedor salón restaurante con chimenea y tengo la sensación de que sería el lugar en el que quisiera estar. Esto es señal de que no me encuentro bien. Sigo adelante pero no necesariamente hacia mi perdición sino con red porque más arriba queda otro refugio. Camino deprisa, siquiera por llegar allí cuanto antes.

Mi malestar no tiene un origen claro. No hay ningún dolor identificado pero moverme me cuesta cada vez más y me siento destemplado y débil. El ambiente es fresco, neblinoso y desapacible pero nada que pueda justificar sentirme así. Sospecho que será algo gastrointestinal pero no tengo ninguna evidencia. Al mismo tiempo, siento que necesito combustible y, si hay algo que tengo claro, es que no quiero estar aquí fuera mientras almuerzo así que es una buena noticia llegar al refugio Rotstock, meterme dentro y pedir el menú.

Refugio Rotstock

Cuando estás enfermo, es importante darle al cuerpo lo que te pida, aunque incluya cosas potencialmente poco recomendables como salchichas y cerveza.

El rancho

La comida me entra con dificultad pero me alegro infinito de poder estar un rato calentito en el refugio. Odio salir fuera otra vez pero he terminado de comer y tengo que continuar.

Pasado Rotstock, viene la subida a Sefinenfurkke. Hay niebla y hace frío, sería un ambiente casi bienvenido, siquiera para variar, si me sintiera fuerte pero no es así. En estas condiciones, me reconforta llevar a otros montañeros detrás cuando me siento tan vulnerable. No les veo, por la niebla, pero les oigo cuando hablan.

El sendero no tiene pérdida, de todas formas.

De camino a Sefinenfurkke, aunque sólo sea vea un vacío

La niebla es más densa cerca de Sefinenfurkke, dando al entorno rocoso una apariencia más intimidante que cualquier otra sección de ruta hasta el momento.

Rocoso y oscuro

El collado es una estrecha muesca en una cresta rocosa.

Paso Sefinenfurkke

Sefinenfurkke

Echo de menos las vistas pero me gusta la escena. Hace que Sefinenfurkke parezca más remoto de lo que probablemente es y me gusta que sea así, es una sensación que estoy en buena medida echando en falta en este viaje.

Aunque el ambiente no era acogedor, pasé unos minutos con mucho encanto en el collado que me ayudaron a despistar un poco a mi cabeza y pensar menos en lo mal que me encontraba. A partir de aquí, todo cuesta abajo, empezando así de empinado:

Sefinenfurkke, cara oeste

Rápido vistazo atrás, antes de que el puerto desaparezca entre la niebla:

Sefinenfurkke, cara oeste, desde la distancia

Ahora es momento de mirar hacia adelante, aunque aún no haya mucho que ver. La combinación de niebla, roca oscura y pendiente inclinada crea mucho ambiente. Las marcas de pintura ponen el punto de color.

Descendiendo Sefinenfurkke en la niebla

La escena me mantiene entretenido mientras dejo que la gravedad vaya arrastrándome para abajo. Caminar se me va haciendo cada vez más difícil. Sigo sin identificar qué es lo que está mal pero sí voy teniendo clara una cosa: mi cuerpo quiere descansar. Me lo pide.

A estas alturas, tengo claro también que, si puedo, buscaré un alojamiento bajo techo para esta noche. No suele ser difícil en la Via Alpina y debería haber alguno al alcance de lo que pueda llegar mi maltrecho cuerpo. Sólo tengo que seguir caminando.

Voy saliendo de la nube. La primera compañía que me encuentro es un rebaño de ovejas. Las más jóvenes son las más curiosas:

Ovejas jovencillas

Empiezo a poder ver el valle y a tener un objetivo visible. No estoy seguro de si esto ayuda o fastidia.

Hacia allá

Tengo que llegar ahí abajo. Lo más fácil sería ir a Griesalp, sería todo descenso, pero debe ser la única localización en toda la Via Alpina 1 en la que no hay alojamiento de batalla. Me imagino que, siendo Suiza, todo lo que no sea de batalla va a ser muy caro así que  me comprometo conmigo mismo a un objetivo un poco más ambicioso, Bundalp, un albergue de montaña en el camino de subida hacia el siguiente puerto.

Quiero llegar allí cuanto antes para poder descansar pero siento que necesito parar un poco. No me siento cansado, la sensación es diferente, es una necesidad de parar, sentarme, tumbarme o cualquier cosa que signifique reposo. Mi cuerpo se niega a moverse más. El caso es que, cuando me paro, me siento bastante bien, no siento malestar. Esto es interesante: es la forma que tiene mi cuerpo de decirme lo que necesita: descansar. Y eso debe ser todo.

Me acuerdo de una situación exactamente igual, hace mucho, en mi primer y hasta ahora único viaje en los Alpes, en un día en que caminé en similares condiciones para llegar a un pueblo después de haber pasado la noche vomitando y el día sintiéndome fatal. En un cierto momento, paré a descansar, me tumbé en la hierba y de repente todo el mal desapareció, me sentía bien. Creo que incluso me dormí un rato, antes de retomar mi penoso descenso hacia el pueblo. Llegué y fui al médico, que me diagnosticó con un problema intestinal sin trascendencia. Descansé un día completo y ya me sentí mejor.

Hoy es justamente igual, mi cuerpo me pide sólo descanso.

Supongo que podría haber parado inmediatamente, montado la tienda y haber descansado así pero, al mismo tiempo, me sentía más seguro y con mejores opciones de recuperación rápida si llegaba al albergue y pasaba la noche allí así que me levanté y seguí adelante. Fue duro hacerlo. Ya había hasta dejado de hacer fotos.

Ni tan mal mientras iba cuesta abajo. Todo empeoró, y mucho, cuando tuve que hacer un par de kilómetros finales cuesta arriba. Esto sí que me costó, mucho. Iba contando cada paso.

El viaje a pie es algo maravilloso pero también tiene momentos difíciles, como con cualquier cosa en la vida. Yo creo que nuestra mente tiene una cierta capacidad para «olvidar» las partes difíciles de las cosas. Lo pongo entre comillas porque no es un olvido estricto, se trata más bien de disociar la experiencia de aquello que la hizo desagradable. Debe ser una forma de auto-protección para no evitar que volvamos ahí. Y creo que funciona muy bien porque siempre volvemos. Conmigo, desde luego, funciona y aquí estoy. Y si hay una sensación que, a pesar de esa estrategia instintiva, no termino de disociar del viaje a pie es la de caminar cuando no me encuentro bien y no tener más remedio que hacerlo. Me pasó en el GR5, en los Alpes, también en el Pacific Crest Trail y en todas esas ocasiones fue similar: no había un dolor o malestar localizados, era sólo que mi cuerpo me decía que parase. Y todo se arregló cuando por fin lo hice.

Cuando el sendero emergió en la carreterilla que subía hacia el albergue, sentí que no podía más. Ya casi estaba casi allí y todo lo que quería era llegar cuanto antes pero me tuve que parar un momento más para poder continuar. No podía pensar con claridad así que dejé a mi cuerpo que se pusiera cómodo él mismo y me coloqué en cuclillas, con la cabeza entre las manos. Ni idea de por qué. En general, estoy incómodo en cuclillas pero yo qué sé… en estas, paró un coche que pasaba y los ocupantes me preguntaron si me encontraba bien. Creo que dije lo correcto cuando levanté la cabeza y dije que sí. Fue reconfortante que me preguntarais, de todas formas (gracias)

Un último esfuerzo. Cuando entré en Bundalp me sentí como si estuviera estrujando los últimos restos de energía que me quedaban. Eran las 5 y media.

No hubo más fotos en este día 6 pero os enseño el sitio al que llegué:

Bundalp berghaus

Matrazen Lager es como llaman a los dormitorios comunales

Comedor acogedor

Literas

Bundalp estaba atendido por una familia muy amable. Les conté lo que me pasaba y rápidamente me pasaron a un dormitorio con literas que tuve para mí solo aquella noche aunque yo no necesitaba más que un rinconcito donde hacerme un ovillo y descansar infinito.

Dormí 14 horas seguidas.

Via Alpina 1

Via Alpina 1, Etapa 6: Pie de Wetterhorn a Lauterbrunnen Via Alpina 1, Etapa 8: Bundalp a Adelboden