| Desde | Urnerboden |
| Hasta | Brüsti - Attinghausen |
| Distancia | 33 km |
| Puertos | Klausenpass |
Por la mañana, y como era de esperar, todo está empapado y tengo que levantar campamento mucho antes de que empiece a dar el sol así que meto en la mochila un montón de cosas mojadas y una buena excusa para un descanso, más adelante, cuando el sol caliente, para secarlo todo.
La localización no es precisamente idílica, demasiado cercano a zonas habitadas y una pequeña instalación industrial, pero el valle es bonito y merece foto de campamento:

Amanecer en Urner Boden
Antes de levantar campamento, tengo un encuentro con la fauna local:

Visita de la familia pato
Avanzo por el valle, a lo largo del río, los prados del ganado y el panorámico emplazamiento de Urnerboden, situado encima de un montículo que parece como si hubiera sido levantado a propósito para ponerle el pueblo encima. Imagino que les vendría bien construirlo ahí para evitar inundaciones y quizá como estrategia defensiva.

La corriente del Fätschbach

Urnerboden
Se acaba el valle y llega la subida a Klausenpass mientras el sol ya me da de lleno, los árboles y su sombra se quedan atrás y me empiezo a ganar la primera sudada del día. Klausenpass está cruzado por una carretera que es una presencia constante durante la ascensión pero la ruta va siempre por sendero y, al menos, las vistas hacia atrás al valle Urner Boden son muy bonitas.

El valle Urner Boden
La carretera ocupa completamente el collado. Hay un par de bares y aprovecho para tomarme dos rondas de café y tarta mientras espero a que se seque todo lo mojado de la noche anterior. Al resto de turistas quizá les parezca raro mi despliegue pero para mí todo tiene sentido, incluso repetir menú.

Klausenpass
La Via Alpina no sale de los senderos y evita la carretera completamente. Adelante, un larguísimo valle. Después de un corto descenso inicial, la ruta abandona el fondo de valle y asciende suavemente por una de las laderas para comenzar la que iba a resultar la travesía por las alturas más larga de todo el viaje, a media ladera por encima del Schächental. La ruta ofrece grandes vistas a través del valle a las montañas de enfrente y bonitos paisajes con prados verdes y casitas de madera en el lado propio. Cuando ya sólo esperaba un descenso paulatino, el sendero vuelve a ascender, alejándose de las zonas humanizadas y acercándose a la base de las paredes rocosas.

Majada con bar

Laderas del Schächental

Travesía a media ladera
Acabamos (la Via Alpina y, con ella, yo) volviendo a la franja de ladera donde se sitúan los prados y granjas. Aquí, la combinación de calor sostenido, cansancio incipiente y un entorno suburbano de pistas asfaltadas empieza a pasarme factura. Estoy hecho polvo pero me acuerdo de que puedo parar a descansar y comer un poco. Puede parecer raro pero estoy tan metido en la disciplina del caminar que a veces necesito un esfuerzo consciente para darme cuenta de que parar un rato también es una opción y que debo usarla de cuando en cuando.

Heavy metal en los prados
La ruta baja por fin al fondo del valle y, curiosamente, entonces la cosa mejora porque discurre a lo largo del río, entre árboles. Tengo sombra y un entorno menos transformado que el de las laderas. Aún queda la carretera principal, que va por el otro lado, pero apenas se la nota.
Finalmente, la Via Alpina me escupe en un gran valle, el más grande que visito desde que salí de Sargans. Me encuentro cansado, tanto en lo físico como en lo emocional. Evito visitar Altdorf, que se supone que es bonito pero me supone un desvío que no necesito. En lugar de eso, cruzo el valle por la línea más corta posible, a través de Bürglen y Attinghausen, hasta llegar a la base de la pared de enfrente.

Bürglen
El teleférico de Attinghausen es una inmensa tentación. Sirve para salir del valle y me llevaría al borde del escarpe. Es tarde y me espera otra de estas subidas larguísimas y empinadas en la que sudaré otros mil litros y llegaré empapado al momento de finalizar el día y buscar campamento. Me encuentro más desanimado que cansado.
Por experiencia de otras muchas veces, sé lo que espero de mí mismo en momentos así y sé lo que hacer, aunque en el momento parezca contra-intuitivo: ni caso al teleférico, sigo caminando, todo para arriba y me gano esa sudada. También algunas vistas muy chulas del valle.

Altdorf y demás familia, el Urnersee a la izquierda del todo
Llego al piso de arriba y a los primeros sitios planos desde que salí de abajo del todo justo antes del anochecer. Me acomodo en un prado de ganado rodeado de bosque y que en este día está vacío. Surenenpass, el próximo puerto en ruta, es visible al fondo de la escena y, si me muevo unos pasos hacia el borde del escarpe, veo también las luces de ciudad que acabo de dejar atrás.
RSS: Entradas
Di lo que quieras