En el verano de 2025, volví a Noruega para otro viaje de calidad. En esta ocasión, a la mitad sur, la parte gorda del país, para recorrer la divisoria de aguas, Norges Ryggrad. Empecé en Jotunheimen, la principal región montañosa, para seguir por Skarvheimen, Hardangervidda, las mesetas de Ryfylke y finalizar en la cabecera de Lysefjord, ya en la región de Stavanger.
Esta es la historia de los días 1 a 3, en los que caminé a través de Jotunheimen.
Llegué a Gjendesheim en la oscuridad después de haber salido desde la puerta de casa a primera hora de la mañana, incluyendo un vuelo y varias horas de autobús desde Oslo. El Día Cero del viaje estaba planteado para ser agotador pero, al menos, todo salió bien y, una vez en destino, me podía ir a dormir tranquilo y sabiendo que, a la mañana siguiente, estaría listo para empezar a caminar.
Gjendesheim is uno de los más populares puntos de entrada a Jotunheimen, con acceso por carretera, transporte público y un refugio DNT1 en el que había reservado habitación. Mucho trabajo por delante en las próximas dos semanas pero no sin antes una noche confortable y un buen desayuno noruego.
De aquí en adelante, voy a hablar mucho del tiempo, el meteorológico, porque va a ser un factor de interés durante las dos próximas semanas. Siempre lo es cuando estás ahí fuera y más en un sitio como Noruega. Las primeras noticias son muy buenas: cielo despejado y brisa fría, condiciones favorables para los que van a ser mis primeros pasos en el sendero, así que no hace falta juntar mucho valor para salir de Gjendesheim y empezar la subida hacia la montaña que flanquea por el norte el lago Gjende.
Esto es parte del Besseggen, una ruta muy popular por la cresta sobre el Gjende que mucha gente hace como ruta de un día, volviendo a pie a Gjendesheim después de haber hecho la ida en un barco por el lago. Según avanza la mañana, me voy encontrando con mucha gente de frente.
El punto más alto de Veslfjellet está 800 m sobre el lago. Cuando la arista cimera se estrecha, hay vistas magníficas de Gjende y el fondo montañoso de Jotunheimen.
La arista se empina y, a lo largo del descenso, aparece en el panorama Bessvatnet, unos 400 m más alto que el otro lago y de un tono de azul ostentosamente diferente. Sólo una pequeña franja de arista le evita desaguar.
La ruta Bessegen me habría llevado hasta la orilla del Gjende pero, antes de eso, la abandono en dirección norte, el único tramo así en un viaje que, por lo demás, va estrictamente hacia el sur pero era mi primera vez en Jotunheimen y me pareció que merecía la pena dar un poco de vuelta para hacer un recorrido representativo. En fuerte contraste con la primera mitad del día, ya no hay apenas tráfico en el sendero y el cielo se ha cubierto. Bordeo uno de los grupos de glaciares de la zona.
Cuando vuelvo a cambiar de valle, en uno de estos collados largos y someros, típicamente escandinavo, espero una vista frontal de Glittertinden, el segundo monte más alto de Noruega, pero me lo encuentro tapado por una densa nube de condensación local, consecuencia evidente del viento sostenido y frío. Mi intención inicial era hacer la ruta que pasa por la cumbre pero la hora ya tardía y las condiciones no colaboran, ahí arriba va a haber muy poca visibilidad y mucho viento y no me da tiempo a bajar por el otro lado antes del anochecer así que decido evitar líos y tomo la ruta que rodea la montaña.
El cauce principal del valle, recién salido de los glaciares, se podría vadear pero doy por bueno un pequeño rodeo por la comodidad del puente, que cruzo bajo la luz oblicua del atardecer.
Paso junto al refugio guardado Glitterheim, que no voy a usar porque es un día de clara opción acampada, aunque hará falta afinar con el sitio y el montaje porque hace mucho viento. Valle arriba, la escena es típicamente escandinava.
Esperaba que la cabecera del valle me protegiera del viento pero parece que la barrera montañosa le da igual. Necesito echar un rato para buscar terreno acampable tras algún parapeto natural. Por mínimo que sea, puede significar una diferencia importante. Al final, me planto a sotavento de una pedrera que no levanta mucho del suelo que ocupo pero algo hace. Con la tienda bien tensionada, tiene pinta de que todo va a ir bien.
Salvo alguna racha aislada, el viento no será muy violento durante la noche.
El día 2 lo retoma donde el 1 lo había dejado, despejado y fresco, buenas condiciones que ayudan a llevar con buen humor el madrugón. Prosigo ruta con 100 metros de subida a un collado donde, a cota 1600, ya casi no queda vegetación y la ruta va marcada pedrera a través.
El terreno se mantiene elevado en esta zona de paso entre dos grupos montañosos, Glittertinden a un lado y Veotinden/Memurutinden al otro, éste último con notables restos glaciales en la cara que me es visible. Estupendas vistas pero no las puedo disfrutar mientras camino, es una cosa o la otra.
El descenso comienza de forma casi imperceptible, estilo puramente escandinavo una vez más, aunque bajar de la cota 1600 enseguida se nota en el terreno porque vuelve la vegetación y facilita mucho la tarea de caminar.
Al borde del siguiente talud y al otro lado del valle al que me asomo, aparece en la vista Galdhopiggen, el pico más alto de Noruega. En esta ocasión, sin nubes que lo tapen. Es fácil percibir cómo el hielo de los glaciares fluye, a su ritmo, ladera abajo.
La ruta baja a Visdalen para encontrarse con la pequeña carretera un corto trecho antes de su final en el refugio Spiterstulen. La vista hacia el sur a mediodía tiene unas condiciones de luz horrorosas para las fotos pero esta es la sección de valle que me interesa.
Éste será el punto más septentrional de este viaje y el final de mi rodeo por Jotunheimen. Aquí tomo rumbo sur para seguir la ruta más lógica que me lleve a Lysefjord, si todo va bien, en dos semanas. De momento, se trata de recorrer Visdalen aguas arriba y cruzar el cauce principal cerca de la cabecera.
Un corto ascenso para llegar a una divisoria entre valles, tras lo que tomo un corto atajo campo a través para llegar a un collado más marcado que de costumbre y acceder a Storodalen. Si siguiera este valle hasta su final, llegaría al Gjende, el lago del que partí al inicio de viaje, esta vez en su extremo opuesto, pero no es ese el plan. La ruta abandona Storodalen en curso ascendente para pasar por el hueco entre las dos montañas prominentes del lado derecho.
En breve habrá otro collado en este intrincado y topograficamente entretenidísimo entorno de las tierras altas pero ya será para el día siguiente. Me planto en la última zona con plataformas herbosas para un campamento agradable y con vistas.
Día 3 y vuelvo a dar la bienvenida al sol en otra mañana de cielos despejados.
Me lleva menos de una hora salir de esta cabecera sobre un collado cuya cara sur está cubierta por una nube local residente. El descenso tiene lugar en medio de una maravillosa mezcla de niebla y luz.
Según desciendo, salgo de la nube para pasar junto a Olavsbu, el primer caso que me encuentro en este viaje de refugio no guardado, aunque es casi tan grande como los de servicio completo, a pesar de su localización, relativamente remota, en la misma divisoria este-oeste.
Directo al sur, la ruta va pasando de una cabecera a otra a través de collados someros, manteniéndose entre los 1500 y los 1600 m, garantía de calidad paisajística y el par perfecto para una meteo espléndida.
Tras un descenso más largo y empinado de lo habitual, el sendero baja un escalón para cambiar de ambiente, menos roca y más vegetación, y llegar a la orilla de un lago lo suficientemente grande como para tener nombre en los mapas, sacado de la misma serie que el de los glaciares valle arriba, algo que ver con la leche, por lo que sea.
Esta última foto esta tomada desde el punto en el que salgo del Parque Nacional Jotunheimen. A continuación, bajo otro escalón para llegar al extremo oeste del gran lago Bygdin y el pequeño emporio al final de una carreteruca: un aparcamiento, un hotel, un refugio DNT y un montón de cabañas vacacionales. Es clara la sensación de final de algo.
Hago una breve parada en el refugio Fondsbu para una ronda doble de café y tarta. Para mi sorpresa, o quizá no, me resultó un alivio estar un rato en el interior, al abrigo del sol. No es que hiciera mucho calor pero me vio bien descansar de tanta luz.
El tramo final del día es a través de un área de transición en la divisoria donde el terreno es menos elevado, no hay grandes montañas alrededor y lo que sí hay es signos de actividad humana como un tendido eléctrico en la vecindad del propio sendero y ocasionales avistamientos de coches en la lejanía, en la carretera que va al otro lado del represado lago Tyin. A una altitud de poco más de 1000 m, la vegetación ya es omnipresente, en fuerte contraste con todo lo anterior.
El ambiente ya no es tan silvestre pero sigue siendo bonito. Acampo sobre brezo.


























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