Algunas reflexiones obvias y otras no tanto sobre lo que ha significado recorrer el Continental Divide Trail.
Mejor de norte a sur
Dado que la nieve es el obstáculo principal que marca los tiempos de un recorrido completo y consciente de que depende mucho del año, aún me parece llamativo que la mayoría de caminantes vayan de sur a norte. La ventana es ajustada en ambas direcciones pero mi impresión es que, de norte a sur, se va abriendo a medida que avanzas mientras que, de sur a norte, es habitual llevarte un buen portazo al llegar a Colorado.
Parece común que quienes caminan de sur a norte acaben atajando tramos significativos o haciendo la ruta por cachos. Si valoras un recorrido continuo e ininterrumpido del CDT, hazlo de norte a sur.

Rumbo al sur
Obstáculos
El principal reto de esta ruta, tal cual lo he percibido, está relacionado con la ventana hábil y las condiciones estrictas que impone, que van más allá de caminar mucho todos los días. Esa es la parte evidente pero hay más.
No vas a estar en cada región en el momento ideal, especialmente si haces un recorrido continuo y no por cachos. No tienes apenas margen para elegir y necesitas adaptarte a las condiciones tal cual las encuentres. A más pequeña escala, pero también importante, está el tema de las tormentas que, durante una buena época, son casi diarias. En Colorado, especialmente, te dicen que no conviene estar en zonas expuestas después de mediodía, algo prácticamente imposible de cumplir cuando necesitas caminar de sol a sol cada jornada. Vas a tener valorar estar en mal sitio a mala hora y tener que tomar esa decisión es algo que, en mi caso, generó mucho estrés, en ocasiones.

¿Subo o no?
Las mañanas gélidas no serían un problema si pudieras quedarte en el saco hasta que empiece a dar el sol pero, una vez más, la ventana estival te impone un ritmo que no permite gastar ese tiempo así. Recoger campamento con las manos congeladas no mola nada e irte a dormir sabiendo que va a ser así es algo que te va minando la moral.
Encontrar agua en las zonas secas nunca era un gran problema mientras tuvieras información actualizada de dónde hacerlo y, con ello, una cierta garantía. La situación cambió totalmente cuando no pude contar con esa información, como sucedió en el sur de Nuevo México, cuando tomé varios tramos de sendero que casi nadie usa. Pasé los días más difíciles de todo el viaje y fue el único momento en que pensé que las cosas podían ponerse realmente feas.

Cuando vi el rebaño en la distancia, supe que encontraría agua
Isla en el desierto
La Divisoria tenía un cierto aspecto de isla de algo en medio de la nada. Es un área de altitud elevada, lejos de los oceanos y de las circulaciones atmosféricas de gran escala y son las montañas las que en buena parte generan la meteorología. Donde no hay montañas o son de poca prominencia, el tiempo es muy seco y con grandes extremos de temperatura que hacen del lugar una pradera seca de aspecto desolado.

Más allá de las montañas, sólo vacío
Las praderas son hermosas y de gran valor ambiental, es lo que la naturaleza es. Al mismo tiempo, es un ambiente un poco duro de tragar, probablemente más para quien llega de Europa de lo que lo sería para alguien de Norteamérica o de Mongolia. En Europa, no estamos acostumbrados/as a tanto vacío, de ahí lo de «desierto» que, por supuesto, no es literalmente cierto.
Inalterado y Vacío1
Ambas características van de la mano pero no necesariamente se presentan siempre a la vez. Viniendo de Europa, donde no sueles encontrarte con ninguna de las dos, estaba ya acostumbrado al concepto de Wilderness, espacios de máxima protección ambiental que se conservan en su estado natural, pero no estaba preparado para la sensación de vacío que encontré a lo largo de la Divisoria y que me pareció algo igualmente poderoso.
El CDT discurre por territorios muy vacíos en prácticamente toda su longitud, con la casi única excepción de algunas áreas de Colorado en las que la industria del turismo y del esquí han posibilitado que haya algo de habitación humana. Hay áreas designadas como Wilderness, por supuesto, muchas de ellas, pero también hay grandes extensiones que no tienen tal calificación ni la representan, siquiera por la presencia de pistas hábiles para vehículos en las que, alguna vez, habrá vehículos circulando. Aún así, la región se presenta vacía de cualquier otra cosa que pudiéramos asociar a actividad humana: no hay pueblos, no hay edificios, no hay cultivos y sólo algo de ganadería dispersa en extensiones enormes de pradera de secano.

Hay una pista
El CDT es un sitio increiblemente vacío, algo que me ha impresionado profundamente.
Temores
Durante el viaje, sólo tuve miedo a una cosa: verme obligado a abandonar. Cuando digo «obligado» me refiero a alguna circunstancia inapelable como una lesión o enfermedad serias que padeciera yo mismo o alguien de mi entorno emocional. No sirve de mucho tener miedo de cosas que no son responsabilidad propia pero el caso es que encontrar la ventana de oportunidad para hacer este viaje fue difícil, llevó mucho tiempo y vino a un alto coste personal, con lo que se convirtió en algo muy valioso. Lo que me lleva al siguiente punto…
Objetivo claro
Ese valor me hizo fuerte. Ni se me pasaba por la cabeza abandonar el viaje salvo que sucediera algo catastrófico. Lo tenía muy claro y no había hueco para ninguna duda, lo que viene muy bien en esos momentos en los que te planteas la inevitable pregunta: ¿qué ostias hago aquí?
Siempre tuve una respuesta válida.
Físico o mental
Siempre he pensado que la clave de una ruta de larga distancia era mental, por mucho que haya un montón de trabajo físico de por medio. El CDT me ha hecho replanteármelo.
No es necesario ningún despliegue atlético, sólo caminar 24/7 o algo que parece 24/7 aunque, haciendo cuentas, sale más bien 12/6 pero la idea que te queda es que te pasas todo el tiempo caminando y, sí, por ahí va la cosa. Es mucho curro.
La parte física está especialmente presente durante el viaje, que es cuando sientes el cansancio y el dolor. De vuelta en mi mesa de trabajo, el cansancio y el dolor quedan atrás y son fáciles de olvidar pero procuro no hacerlo cuando sigo pensando que esa clave está en la parte mental, al menos en el sentido de que cualquiera que esté razonablemente en forma puede hacer algo como recorrer el CDT si le echa voluntad. Habrá momentos en los que duela todo pero se supera si hay voluntad.
La parte E
El CDT no ha sido mi primer viaje en el que la orientación ha sido mayormente por GPS pero sí ha supuesto un paso más en el uso de una base de información electrónica hasta el punto de que no he utilizado prácticamente nada más, a pesar de que el viaje es largo, hay mucha información que conviene ir consultando y de que llevaba encima todo ello en versión papel, tanto mapas como guías. Lo más importante era la navegación y los informes actualizados sobre disponibilidad de agua en las zonas secas. Era recurrente pensar en cómo leches resolvíamos todo esto en los tiempos pre-smartphone a pesar de que fue anteayer y yo estaba ahí.
Recuerdo vivamente el día que salí de Atlantic City afrontando una travesía de 4 días por la meseta de Wyoming, esta región llana, seca y más vacía que un bar en lunes, con muy pocos puntos de referencia identificables en un mapa, cruzada en todas direcciones por pistas que convertían aquello en un laberinto en el que manejarse con mapa y brújula era difícil y la posibilidad de error daba bastante yu-yu. Recuerdo pensar qué mal momento habría sido para haber tenido algún problema con el GPS.

El laberinto diáfano
Muchos cruces estaban señalizados pero otros no. Un error podría tener consecuencias serias en un sitio como la meseta de la divisoria de Wyoming, siquiera por encontrar agua, nada fácil. Podría imaginar que la necesidad de señalización física se haya relajado, contando con que ya todo el mundo lleva GPS y que el CDT es un proyecto aún en progreso en el que los recursos son limitados y no llegan para todo lo que se necesita. Supongo, de todas formas, que los cruces sin señalizar han sido siempre parte de la experiencia del CDT y que la gente se apañaba de alguna manera.
Lo que probablemente nos aporta la información electrónica es facilitarnos el camino, hacer la experiencia más accesible, restando importancia al objetivo clásico, el simplemente llegar, y permitiendo que la gente ponga más interés en otros aspectos como hacerlo en menos tiempo.
La larga distancia en 2019
He estado muchos años fuera de la escena de la larga distancia; concretamente, desde 2006, cuando hice el Pacific Crest Trail. Esto me da cierta perspectiva sobre los cambios que haya podido haber en dicha escena.
En 2019, y comparando con aquel entonces, he visto más material especializado, más preocupación por el rendimiento y un espectro más amplio de gente y formas de afrontar el viaje. La larga distancia, a su aún modesta escala, se ha hecho popular. Quizá la sensación más fuerte es la de pérdida de aquella inocencia iniciática que estaba en el ambiente en 2006; ahora, todo parece más rutinario.
Mi versión
El CDT es, aún hoy, una idea más que un sendero sobre el terreno, con muchos tramos apañados sobre pistas y otros en los que el sendero físico apenas existe. La idea del CDT cuenta también con numerosas opciones y variantes. Con todo, hay una línea oficial y yo me comprometí conmigo mismo a seguirla lo más fielmente posible, cosa que hice casi al 100%, con modestas y cortas excepciones en la ruta de Waterton y en la cordillera Wind River. También me comprometí a hacer un recorrido de norte a sur ininterrumpido y tuve suerte de que no encontré ningún obstáculo que me obligara a esperar o saltarme algún tramo, tampoco a recurrir a hacerlo por cachos.
La ruta oficial, también conocida como la Línea Roja por el color con el que se pinta en los mapas, se convirtió en un reto en el sur de Nuevo México, donde hay tramos que no usa casi nadie y de los que no hay apenas información. Fue lo más difícil de todo mi viaje, siquiera por la incertidumbre.
Puse el foco en la distancia, no en el tiempo o la velocidad. Según mi propia cuenta diaria, recorrí 3044 millas, 4900 km.
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Fernando Ferrer
Muy buenas reflexiones, ayudan a entender el recorrido en su conjunto, y no como una sucesión de tramos. Y explica algunas cosas que no son evidentes, como el por qué de hacer tantos km al día.
Ya había leído más de una crónica del CDT en la que los senderistas, comenzando desde el Sur, habían tenido que «saltar» los tramos nevados para poder completar el recorrido.
Gracias por el aporte.