Ligero o Ultraligero

Es más una cuestión de terminología que práctica, típico caso de abuso del lenguaje mezclado con la también típica subjetividad inherente a los términos. ¿Cuándo se es “ligero” y cuándo “ultraligero”? Puede parecer banal y, probablemente, lo es; pero hay quienes se toman muy a pecho las etiquetas. No es mi caso pero no puedo dejar de comentarlo. Personalmente, me da igual si alguien es una cosa o la otra. Al mismo tiempo, me gusta ese “ultra” porque colorea mucho la expresión y le da más fuerza, contribuye a atraer la atención y resulta más expresiva. Por eso la uso para titular este apartado y a lo largo de todo este espacio pero no por ningún afán de exclusividad.

El peso base

Este es un concepto que surje de la necesidad de establecer algún tipo de estándar para medir el peso acarreado. Puede parecer una cosa muy simple pero no lo es. No basta con cargar la mochila y pesarla, esto obviaría un montón de variables: ¿Cuántos días vamos a estar ahí fuera? ¿Vamos a ser autónomos? ¿Sí, no, parcialmente?

El peso base parte de la división entre peso fijo y consumibles. Los consumibles, como la propia palabra indica, irán desapareciendo a lo largo de la actividad y su peso, con ellos. Básicamente, los consumibles serán comida y combustible. Según condiciones, el agua puede serlo también pero más vale que se trate de una ruta corta porque el agua que necesitamos pesa mucho e, idealmente, la obtendremos del entorno.

Los tres grandes

Hay muchas estrategias para reducir peso, todas válidas, pero el gran salto será debido a estos tres elementos: sistema de acampada, saco y mochila.

¿Por qué estos tres? En primer y obvio lugar: son elementos pesados luego cualquier reducción en su peso, aunque pequeña porcentualmente, puede ser considerable en cifras absolutas. En segundo lugar, son algunos de los elementos tradicionalmente más sobredimensionados. Especialmente, el saco de dormir y el sistema de acampada, que son de uso preferentemente nocturno, en esas horas en las que somos más vulnerables y caemos más, si cabe, en la trampa del equipo pesado como garantía de seguridad. Aparte de todo esto, cada uno tiene su propia problemática.

Con el sistema de acampada, el potencial de ahorro de peso es enorme. Hay todo un mundo más allá de las tiendas de campaña clásicas en el que el ahorro de peso se mide no ya por gramos sino por kilos.

Casi otro tanto sucede con el saco de dormir. Hay mucha gente cargando mucho más de lo imprescindible a causa de sacos sobredimensionados o que utilizan materiales no óptimos.

La mochila es, necesariamente, el tercero de los “grandes”, mejor que el primero o segundo. Esto es así porque es especialmente cuando hemos conseguido ya reducir considerablemente el peso que vamos a llevar cuando merece la pena ocuparse de la mochila y así conseguir una ajustada lo más exactamente posible a las necesidades. Sería contraproducente aligerar la mochila sin aligerar nada más; probablemente, sólo conseguiremos ir incómodos/as.