Podría ser un evocador artículo sobre divos del Olimpo ultraligero… Eolo podría ser nuestro dios y Sísifo, nuestro demonio… tranquis, que no: en lugar de eso, será un ladrillo sobre lo de siempre: qué pasa cuando alguien se enfrenta a la ortodoxia y qué armas usa ésta para contraatacar.

Senderista listo para morir

Seguro que habéis oído alguna vez algo de esto cuando se habla sobre el rollo ultraligero:

Mito 1: Es caro

¿Un saco de dormir de verano que cuesta 300 euros?

Realidad

Algunos elementos del material (esos que habitualmente compramos con dinero), cuestan más en su versión ligera que en sus equivalentes tradicionales; otros, no. Puede suceder, incluso, que la versión ligera (o alguna de ellas) sea más barata.

Es cierto que, a veces, hay que pagar un plus de ligereza por ahorrar algo de peso entre dos versiones similares de la misma cosa pero ésta no es la única forma de conseguir material ligero; ni siquiera la más importante.

Cuando la versión ligera de una pieza de material es más cara que la versión estándar suele ser porque el ahorro de peso es debido al empleo de materiales de altas prestaciones que son intrínsecamente más ligeros -o más resistentes, y permiten usar menos cantidad de materia prima- y que tienen un precio base mayor.

Hay otras ocasiones en las que la versión ligera lo es porque es más básica. En esos casos, puede costar un precio similar o incluso menor. Es bastante común que la industria de la montaña ni siquiera produzca versiones básicas pero éstas sí se encuentren en otros ámbitos como la ropa de trabajo; en tales casos, la versión ligera puede incluso ser escandalosamente barata.

En definitiva, en cuestión de precios del material ligero, hay de todo. No es correcto pensar que juntar un kit ligero es necesariamente más caro que juntar un kit estándar. Si el precio es un criterio y, sobre todo, si es un factor limitante, se puede construir por poco dinero un kit ligero que quizá no sea el más óptimo posible pero que será fiel a la filosofía y supondrá un salto enorme, en peso, respecto a un kit tradicional.

Dicho de otra forma, el dinero no es el obstáculo.

Mito 2: Es exclusivo (vulgo: pijo, snob…)

Realidad

Las piezas concretas de material pueden ser exclusivas y/o específicas pero la filosofía no: esa es de todo el mundo porque tiene utilidad potencial para todo el mundo. No dejéis que nadie secuestre la filosofía ultraligera (habrá quien lo intente) ni os auto-excluyáis de ella por miedo a volar.

No hace falta hacer una expedición a Groenlandia para permitirnos elegir material lo más óptimo posible. Para un fin de semana en los montes de al lado de casa también mola más llevar un equipo eficaz.

Mito 3: Sólo es útil para actividades de alto nivel

Realidad

En absoluto. Llevar poco peso es útil siempre. Además, y como efecto lateral, llevar poco peso puede ser el factor que permita subir de nivel, si es que se quiere hacer tal cosa.

Cualquier actividad, a cualquier nivel, se beneficia de un peso contenido. Luego, cada cual verá qué hace con lo que gana al llevar menos peso: subir más alto, hacer más kilómetros o rascarse la barriga más. Es cierto, y obvio, que actividades límite donde el peso puede ser un factor de corte (si no aligeras, no pasas) nos animan a buscar soluciones que, de otra manera, quizá ni nos hubiéramos planteado pero hasta ahí llega la influencia del nivel de la actividad. Es igual de válido llegar a la filosofía ultraligera por otros caminos: porque has visto a alguien que lo practica y te ha picado la curiosidad o porque tienes tendencia natural a salir de tu zona de confort y probar cosas diferentes.

La utilidad de las enseñanzas de la filosofía ultraligera va incluso más allá, es directamente exportable a la vida cotidiana: para el trabajo en la oficina, para desplazarte, para cocinar o para limpiar el polvo en casa.

Acaba siendo una filosofía de vida. Que cada cual coja lo que le parezca bien pero, por encima de todo, que nadie renuncie a la idea pensando que no le pertenece.

Mito 4: El equipo ligero es frágil

Si no pesa, seguro que se rompe

Realidad

Es cierto que una de las estrategias para que las cosas pesen menos es recortar en grosor o cantidad de materia prima y esto redunda en mayor fragilidad, en términos relativos. En términos absolutos, no tiene porqué ser así ya que, a menudo, se compensa con el uso de materiales de mejores prestaciones.

Es cierto también que hay material ultraligero que lleva los recortes muy lejos; puede que incómodamente lejos. Y, nuevamente, igual que sucede con el tema del precio, esta estrategia -la del recorte, en este caso- es válida pero no la única y ni siquiera la más importante: se suele ahorrar más peso con un diseño simple que con una construcción al filo.

La tendencia actual del material ultraligero es a favorecer construcciones robustas, relativamente hablando, y evitar el papel de fumar: que los ahorros de peso vengan de la mano del diseño, no tanto de la construcción.

Ligereza y robustez son aspectos enfrentados pero no totalmente antagónicos. El material ligero sólo es aceptable si cumple su función y lo hace sin romperse.

Mito 5: el material ligero es incómodo

Mochila que te destroza los hombros, saco con el que asumes que vas a pasar frío (pero sobrevives… para volver a pasar frío a la noche siguiente), toldo tamaño pañuelo-grande que sólo funciona bien cuando podrías dormir sin él, zapatillas que transmiten la presencia de cada priedrita…

Realidad

Es cierto que el material ligero suele exigir compromisos y ahí entra en juego el buen juicio y la técnica de cada cual para encontrar su punto idóneo en el dial. Al mismo tiempo, no es correcto que la filosofía ultraligera requiera sufrimiento. El confort es un concepto difícil de manejar por lo que tiene de subjetivo pero la filosofía ultraligera no requiere, a priori, de ningún sacrificio en confort. Sí que conviene, si queremos reducir el peso de forma significativa, reevaluar necesidades con espíritu crítico, es decir, hacer un análisis honesto de qué elementos nos son imprescindibles y cuáles, realmente, no.

El de la comodidad, además de subjetivo, es un tema con muchas aristas. En lo que afecta a la filosofía ultraligera, conviene recordar que se trata de cargar menos peso y eso es un buen punto de partida para ganar comodidad (no para perderla).

Mito 6: es arriesgado usar equipo ligero

Realidad

El equipo ligero obliga a repensar la estrategia de viaje; si ya no acudes al “echarlo todo por si acaso”, tiendes a basar tu seguridad no tanto en las piezas aisladas de material como en el conjunto y en tus habilidades para hacerlo funcionar. Aumenta tu grado de conciencia. Aumenta tu grado de responsabilidad. La consecuencia inmediata es que tu grado de seguridad relativo también aumenta.

Basar la seguridad en llevar muchas cosas es la técnica del brochazo gordo; funciona pero es técnicamente mejorable. El equipo ligero requiere hilar más fino, dominar las técnicas necesarias, saber estar y tener confianza, tanto en la técnica como en el material. Y, entonces, efectivamente, tu grado de seguridad relativo aumenta.

El material es sólo la mitad de la ecuación ultraligera: el hardware. La otra mitad es software. En un equipo pesado, llevamos más hardware para compensar un software mejorable. Para conseguir un equipo ligero, optimizamos el software: capacidades y confianza, que no pesan nada. Ahorramos varios kilos por ese camino.

Ejemplos de libro

Ropa impermeable

Mitos aplicables: precio, fragilidad

La ropa impermeable tiene mucho de mito, en sí misma y en su presunta capacidad de transpirar y, a la vez, ser impermeable. Este mito nos cuesta pasta: cada vez que nos prometen que esta vez sí, este nuevo material va ser impermeable y transpirable de verdad (no como los anteriores), nos cobran la promesa. Si, además, metemos el peso en la ecuación, nos lo cuelan como una prestación más y también nos cobran por ella.

Habrá veces que con cierta razón: quizá producir una versión ligera sea más costoso que producir una versión estándar.

También habrá veces en que el proceso de fabricación sea esencialmente el mismo y se consiga ahorrar peso a base de usar material más fino y/o un diseño más simple. En esos casos, la versión ligera ¡debería ser más barata!, criterios comerciales aparte. Efectivamente, hay casos así, en los que la versión simple y adelgazada cuesta menos dinero.

El problema inherente a adelgazar prendas impermeables suele ser la longevidad de la impermeabilidad, que se puede resentir. En estos casos, la prenda deviene frágil, confirmando las profecías (¡no siempre eran mitos!)

Una opción muy interesante que requiere un poco de audacia es usar prendas impermeables que no pretendan ser transpirables: construcción sencilla y barata junto con impermeabilidad duradera. Si, además, se fabrican con material textil de altas prestaciones y en una construcción simple, el resultado puede ser espectacular: en peso (ligero), precio (barato) y/o robustez.

Chaqueta impermeable hi-tec: simple, ligera, robusta y un poco cara

Plantear, a estas alturas, usar prendas que no transpiren nada puede parecer absurdo pero, si miramos las ventajas y valoramos objetivamente la única desventaja, a lo mejor ya no parece tan absurdo. Además, una prenda impermeable no transpirable puede llegar a funcionar muy bien usando la técnica adecuada; nada del otro jueves pero con un requisito importante: mente abierta y ganas de probar. El paradigma ultraligero en su esencia.

Saco de dormir

Mitos aplicables: precio

En el saco de dormir, suele haber una relación bastante lineal entre calidad y precio, es decir, que, cuanto más caro, mejor calidad o, dicho de otra forma, que la calidad se paga y no suele haber milagros. Un saco de dormir ligero y que abrigue lo suficiente es caro, sí, pero no es caro por ser ligero sino por ser de alta calidad, que es lo que le permite ser ligero y abrigar lo suficiente -a la vez. Esto, que se asume sin problema para los sacos invernales, cuesta más de entender para sacos finos y es común que alguien acabe infiriendo que la culpa de los altos precios la tiene el carácter ligero. Como si nos cobraran un peaje o un impuesto de ligereza; y no es así: nos están cobrando calidad; que, dicho sea de paso, es algo por lo que suele merecer la pena pagar.

Saco fino y de calidad (no es barato)

Sistema de acampada

Mitos aplicables: precio, seguridad, fragilidad

El sistema de acampada es un ejemplo perfecto de cómo el equipo ligero puede parecer más caro y, en realidad, ser más barato. Para notar este efecto, es necesario salir de la ortodoxia.

Si nos limitamos a tiendas clásicas (armazones de líneas curvas en formas diversas), suele ser cierto que, cuanto más ligero el producto, más caro: se usan materiales de mejores prestaciones y las series de producción son más cortas.

Más allá de las tiendas de campaña ortodoxas, hay todo un mundo: toldos planos, toldos preformados en 3 dimensiones o, como subconjunto de estos últimos, pirámides. Todos ellos se pueden montar con simples soportes verticales. Son sistemas de acampada escandalosamente simples y esto los hace inherentemente baratos. También inherentemente ligeros. El precio final puede no ser tan barato si, unido al diseño elegido, se usan materiales de altas prestaciones; y como las series de fabricación, por definición (recuérdese que estamos fuera de la ortodoxia) son relativamente cortas, el precio no suele ser bajo. Aún así, es muy posible que un sistema de acampada alternativo como los comentados sea no sólo más ligero (que también) sino, a la vez, más barato que uno tradicional de prestaciones equivalentes.

Sistema de acampada basado en pirámide: simple, ligero, sólido y no especialmente caro

Es habitual que estas alternativas nos provoquen inseguridad percibida. Es normal: necesitaremos fiarnos de una estructura basada no tanto en un potente armazón como en una aerodinámica fina o en un montaje ex-profeso adecuado a las circunstancias. Es una cuestión de habilidad adquirida (en el caso de los toldos de montaje creativo) y de confianza en las geometrías aplicadas. Lo curioso es que estos tipos de sistema de acampada pueden ser tan sólidos y fiables como cualquier sistema tradicional. O más. En este aspecto, más ligero no tiene porqué ser menos seguro; puede llegar a ser al revés.

Calzado

Mitos aplicables: incomodidad, riesgo, exclusividad

El tema del calzado ligero suele levantar muchas ampollas, valga la paradoja. Es uno de los aspectos en los que la ortodoxia ha pesado más, históricamente, y, aunque ya no tanto, sigue haciéndolo.

Zapatillas: calzado simple para caminar

Hasta hace no mucho, usar calzado ligero y de caña baja en el monte era considerado casi irresponsable. Lo de las zapatillas era considerado un mal necesario para usos específicos (aproximaciones a vías de escalada, por ejemplo) en los que luego hubiera que cargar el calzado a la espalda.

Quienes caminamos largas distancias empezamos a utilizar calzado minimalista hace tiempo pero somos poca gente y no tenemos mucha repercusión. Fue cuando correr por la montaña se hizo popular que la idea del calzado ligero empezó a llegar a las masas.

Para correr, es importante llevar un calzado ligero; aunque viniera de la mano de la exclusividad de una actividad muy concreta, el ejemplo era inmejorable: si para una actividad como correr, en la que se arriesga más que caminando, las zapatillas funcionan, deben funcionar también yendo más despacio y el terreno no debería ser obstáculo.

Los beneficios de usar un calzado ligero son fáciles de comprender si pensamos en la actividad de correr. Para caminar, aplica igual. Quizá a otro nivel, al ser el ritmo diferente, pero es la misma historia: menos esfuerzo necesario, menos gasto energético, menos castigo muscular y más libertad para el tren inferior para funcionar como está diseñado para hacerlo.

El calzado ligero tiene también beneficios psicológicos: fomenta un contacto más directo y una mejor conexión con el suelo que se pisa.

Ambos planos beneficiados, el físico y el psicológico, redundan en una mayor seguridad, en las antípodas de la creencia popular de que el calzado más pesado y protector es lo que aporta seguridad.

El mito que sí se cumple con el calzado ligero es el de la fragilidad. No se rompe por ser malo pero es poco discutible que unas zapatillas tienen menos vida útil que unas botas. Con todo, la oferta actual de zapatillas es amplia, mucho más de lo que lo era hace no muchos años, y es posible encontrar términos medios de calzado que, manteniendo la libertad de movimientos de pie y tobillo, sacrifican un poco de peso por mejorar la duración.

El calzado minimalista se suele romper (relativamente) pronto

El tema del calzado es, de todas formas, muy complejo. Los pies son una cosa extremadamente personal y es habitual que lo que funciona para alguien no lo haga para otros/as. Razón de más para enfrentarse a la ortodoxia. No es porque sí: es porque a lo mejor así funciona mejor.