Caminar para viajar. El mundo a escala humana

Etiqueta: Saltfjellet

Norge Midt

LugarNoruega Centro-Norte
ÉpocaJulio/Agosto
Distancia825 km
Duración29 días

Saltfjellet

La idea fundacional de este viaje era atar cabos. Había caminado por el norte de Noruega en el pasado y había vuelto al país para recorrer algunos de los nombres más icónicos de su mitad sur. Era inmediato que me llamara la atención el espacio que quedaba enmedio y del que no sabía nada. Es esa estrecha franja de terreno entre la divisoria escandinava y el Mar del Norte donde las montañas llegan hasta la costa.

En el verano de 2023, caminé durante un mes para llenar ese largo hueco en mi historia y, al tiempo, reafirmar mi pasión por recorrer el territorio por mis propios medios.

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Norge Midt sección 1: Sulitjelma a Umbukta

Entre julio y agosto de 2023, caminé durante 4 semanas y 825 km en Noruega entre Sulitjelma, región Nordland, y As i Tydal, región Trondelag. Sobre el terreno, dividí la ruta en cuatro secciones. Ésta es la historia de mi primera semana en el sendero, en la que recorrí la distancia entre la localidad de Sulitjelma y el hotel de montaña Umbukta.

Primera semana

Sulitjelma es un enclave minero en una localización típicamente noruega, la estrecha franja de terreno llano entre la pared del valle y el lago que ocupa todo lo demás. A 67 grados norte, está medio grado más allá del círculo polar. Había llegado allí a media tarde de un sábado tras un par de buses desde la costa, la ciudad de Bodo, donde había aterrizado por la mañana en un vuelo desde Oslo.

En Sulitjelma, el ambiente era gris oscuro y el pronóstico, de lluvia pero con dos refugios a corta distancia, la opción obvia era comenzar a caminar inmediatamente, no sin antes darme un último atracón en el supermercado. Pasaría una semana antes de poder volver a hacer algo así.

Parada obligatoria antes de partir

Se puso a llover a los pocos minutos de empezar a caminar y ahí tuve mis primeros conflictos, con la meteo noruega y con mi toma de decisiones. En lugar de hacer las cosas bien, lo que hubiera implicado ponerme toda la ropa de lluvia, tiré por esa calle de enmedio del «bah, si sólo es un rato» y sólo me puse una parte. Habría sido suficiente si me hubiera limitado a los primeros 4 km hasta el primer refugio disponible pero decidí también seguir una hora más hasta otro más pequeño y remoto. Salió de aquella manera.

Menos mal que la ruta estaba bien señalizada porque la montaña se había fundido con la nube y no se veía nada.

Langvatnet y Sulitjelma

Mucha niebla

Llegué a Lomihytta mojado, congelado y muy descontento con la experiencia, al mismo tiempo que aliviado de estar bajo techo y de haber encontrado el refugio, que estaba apartado de la ruta lo suficiente para ser indetectable en la niebla. Me costó hasta con GPS.

Refugio en la niebla

Lomihytta era un refugio pequeñito pero a la altura de los estándares noruegos de confort y me rescató del malhumor que llevaba. Me fui a dormir esperando mejores condiciones para el día siguiente.

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Por la mañana, sigue nublado y lúgubre pero no llueve y la niebla ya sólo cubre las cimas. No es el ambiente más acogedor posible pero, técnicamente, son buenas condiciones para caminar. Inicio mi primer día completo en el sendero.

Mañana gris en Lomi

Al sur de Lomi, la ruta atraviesa la típica zona alta noruega, muy rocosa y donde prácticamente no hay sendero físico aunque sí una correcta señalización. Claro que, para ver las señales, hace falta visibilidad. En condiciones como las de la tarde anterior, en este tramo, habría ido a tientas. Más o menos necesaria, me alegro de volver a la compañía de esos viejos amigos que son los hitos con la marca DNT1. Me voy a pasar un mes siguiéndolos.

Hito con marca DNT

La ruta desciende en un par de puntos a la zona cabecera del mismo valle en el que comencé viaje el día anterior, en ambas ocasiones alcanzando el bosque de abedules y sendos refugios DNT. Paso de largo de ambos y continúo adelante todo lo que me parece razonable para un primer día completo. Siempre hay que tener cuidado con las jornadas iniciales de viaje, cuando el cuerpo aún no está acostumbrado a las tensiones y esfuerzos de la actividad, para evitar lesiones que, aunque leves, te dan luego la lata durante todo el viaje. En el verano de Noruega, además, como tarda tanto en hacerse de noche, es fácil pasarse.

Acampo en los páramos que rodean Ballvatnet, nombre propio con la marca geográfica que denota que se trata de un lago, apenas visible al fondo de la escena. El suave relieve no da para mejores perspectivas.

Primer campamento del viaje

Mi estado de ánimo va con el gris del ambiente pero, objetivamente, puedo estar contento: todo va bien y puedo celebrar que estoy aquí, haciendo esto.

La noche es corta, no muy oscura y no parece suponer ninguna inflexión en el ambiente: cuando salgo de la tienda, todo sigue igual.

Primer amanecer en campamento

La ruta abandona el campo abierto que rodea Ballvatnet y cruza un collado somero para empezar a descender por un valle. Vegetación cortita y terreno cómodo para caminar. Por un momento, el nublado parece aclararse pero la idea no le dura mucho y pronto vuelve al gris oscuro.

Vegetación corta y terreno cómodo para caminar

Valle abajo, la vegetación es más alta y densa y eso son malas noticias: está saturada de agua y es imposible no rozarse con ella continuamente, con el resultado inevitable en estos casos: empapado de la cintura para abajo. Ni siquiera parece que haya llovido, tiene más pinta de condensación en ambiente opresivo. Es como si el propio aire fuera pesado. Con todo, el entorno es bonito, especialmente el río, al que he visto nacer y un rato antes y ya se va haciendo grande.

Skaitielva

Voy tan calado que siento que tengo la excusa perfecta para otra noche de refugio. Me viene bien porque pasaré por uno al final de la jornada y, además, tampoco sería fácil acampar en este entorno tan frondoso sin una segadora, no hay apenas suelo acampable. Que luego siempre se encuentra algo pero, como el bienestar emocional suele depender mucho de las perspectivas sobre el futuro inmediato, pensar que puedo terminar el día a cubierto, seco y cómodo, me anima mucho y camino más contento que hasta entonces.

Curiosamente, según avanzo aguas abajo, la vegetación está más seca, hasta el punto de estarlo del todo y mi ropa se va secando también. Para cuando llego al refugio Trygvebu, la sensación de incomodidad ya ha desaparecido pero seguiría siendo complicado buscar hueco para acampar y me meto dentro sin dudar. Estaría mal no poder fiarme de mis propias auto-promesas.

Refugio Trygvebu

Trygvebu es un refugio al borde de zonas habitadas, hay una pista de grava y una granja en las proximidades, incluso tiene tendido eléctrico. En una noche de lunes, hay otros montañeros ya instalados y la chimenea está encendida. Estaré muy bien allí.

Chimenea en marcha en Trygvebu

A la mañana siguiente, veo, por fin, el sol por primera vez desde que llegué a Noruega. En la vida urbana de la meseta ibérica, el sol es algo que no celebro especialmente, es algo que casi doy por descontado. La vida en el sendero es diferente y, en Noruega, más aún. En estas condiciones, me alegro por la presencia del sol y me pone de buen humor.

Cielo azul por fin

Mi valle desemboca en Junkerdalen, arteria troncal este-oeste donde cruzo mi primera carretera. Hacia el este, la frontera con Suecia está a unos pocos kms. También cruzo Graddis Fjellstue2, donde me había hecho la peli de que quizá tuvieran una cafetería donde hacerme una ronda de café y tarta, ese clásico del sendero, pero, aunque el lugar parece en funcionamiento, no veo ninguna puerta abierta ni indicio de lo que busco así que paso de largo. Siendo finales de julio, me pregunto cuándo será la temporada alta en sitios como éste.

Junkerdalen, a su vez, desemboca en Lonsdalen, el principal corredor norte-sur de la región, aunque la ruta senderista ataja por tierras altas, con estupendas vistas a las montañas de Saltfjellet hacia el oeste, antes de bajar al valle principal, con la carretera E6 y la línea de tren entre Trondheim y Bodo.

Buen camino, magníficas vistas

En Lonsdal hay estación de tren. Podría haber aprovechado para acercarme a Rognan, unas pocas estaciones al norte, para reaprovisionar pero deseché la idea desde el principio, es una línea de larga distancia en una zona poco habitada y no hay muchos servicios, probablemente habría tenido que hacer noche en el pueblo y no merecía la pena.

Pasado Lonsdal, inicio la subida hacia Saltfjellet y el punto más alto de toda la ruta mientras se va nublando. Desaparecen los árboles y la vegetación va siendo más corta. Doy por terminado el día antes de la ascensión final y de que el ratio hierba/piedra decrezca demasiado y planto la tienda en el que resultaría uno de los sitios de acampada más bonitos de todo el viaje.

Campamento en Saltfjellet

Una mañana más y las nubes, en esta ocasión, aparecen rotas, dejando mucho hueco para cielo azul. Retomo camino en un escenario magnífico.

Montañas de Saltfjellet

La zona alta es típicamente escandinava: un collado somero, amplio y muy largo. El lugar es impresionante de por sí pero, además, la luz coopera para ponerlo bonito así que dejadme que pegue no una imagen sino una serie:

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El descenso es sobre un relieve también muy suave. La ruta entra en el dominio de Saltfjellet pero no se dirige hacia los picos y campos de hielo en el oeste sino que gira hacia el sur a lo largo de un valle donde pronto alcanza el límite del bosque de abedules y cruza un par de veces el Kjempaelva, el río de rigor, sobre los típicos puentes colgantes.

Kjempaelva

Puente sobre el Kjempaelva

La ruta abandona el fondo de valle para volver a zonas más elevadas donde hay más exposición pero la vegetación es menos densa y se camina mucho mejor. Con meteo tranquila, es un cambio a mejor y la luz sigue ayudando con las fotos.

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Visto mapa, sé que me estoy acercando al Círculo Polar pero no tengo ni idea de si estará señalizado. Cuando veo al fondo un letrero de madera a modo de puerta sobre el sendero, intuyo que va a ser ahí. No sólo eso sino que hay franjas herbosas perfectas para acampar y, aunque no parezca que es tarde, llevo más de 12 h caminando y 38 km, más que suficiente para que sea el momento perfecto para decidir parar y pasar una última noche al lado norte de la línea esa.

Círculo Polar

Campamento del Círculo Polar

Lo de pasar la noche era un decir pero sí que hay un ciclo de cena/sueño/desayuno. No es la primera vez que cruzo el Círculo Polar pero sí la primera que lo hago a pie, lo que da más lustre al simbolismo.

La ruta me lleva de nuevo al valle principal, donde cruzo la E6 y la vía de tren una última vez. El nublado ligero de la mañana ha evolucionado hacia el oscuro pero con nubes rotas que dejan pasar el sol.

La siguiente sección en altura es muy estética y fácil de caminar, con mucho cesped y poca roca. Hacia el este, a un par de kms en línea recta, la línea extrañamente recta que marca la frontera con Suecia.

Hierba, sin roca

No hay tregua en la meteo noruega. Incluso en un día tranquilo como éste, se juntan nubes y cae un chaparrón. A veces, el fenómeno es tan local que lo puedes ver en el horizonte cercano y esperar que no te alcance. Desciendo hacia Virvatnet3

Chubasco bajo los focos

En las orillas del lago, paso por mi primer episodio, en este viaje, de apocalipsis-mosquito. Me apresuro a salir de allí, esperando que alejarme del agua, ganar altitud y una posible brisa hagan que los insectos desaparezcan pero tienen el día tonto y nada de eso parece suficiente. Tras 37 km, planto la tienda en un sitio cómodo y bonito pero no puedo estar cómodo hasta que me encierro dentro. No todo iba a ser perfecto en Noruega.

Perfecto excepto por los mosquitos

Nubes y claros al inicio de la siguiente jornada, transicionando a cubierto según cruzo un collado secundario, rocoso y con lago panorámico. Sigo rumbo al sur.

Un poco de luz

Lago sin nombre

Por la tarde, el cielo se polariza: grandes claros pero también grandes nubes con desarrollos verticales típicos de situaciones de tormenta así que no me sorprende del todo cuando, mientras descanso un rato para comer algo, suena un trueno. No voy a correr más que la tormenta pero, si la cosa se va a poner fea, mejor estar en sitios expuestos el menor tiempo posible así que recojo rápido y sigo adelante. Aún tengo que cruzar un collado elevado.

Independientemente del tiempo, tengo claro que esta próxima noche será bajo techo. El refugio Sauvas me cuadra perfecto, tanto para terminar la jornada presente como para dejar un día corto para la siguiente, final de sección, y sobre mapa tiene muy buena pinta: altitud elevada y en zona lacustre. Con esta previsión imbatible, no me enfado mucho con la meteo cuando los chubascos me empiezan a rodear.

No me cojes

Era cuestión de tiempo que me acabara lloviendo y lo hizo en la zona del paso de montaña pero fue precipitación suave y me mojé pausadamente. Luego, los claros y la luz:

Luz tras la tormenta

Para cuando llegué al refugio, ya casi me había secado, el tiempo se había tranquilizado y no tenía ninguna razón objetiva que justificara meterme dentro por delante de mi opción por defecto, que siempre es la acampada, pero está bien darse un lujo alguna vez porque sí y el sitio es muy especial:

Ostre Sauvatnet y los refugios

Me puse cómodo en la casita pequeña. El cielo se despeja y, a casi 1000 metros de altitud, la temperatura baja mucho, lo que da especial sentido al fuego de la chimenea.

Sauvasshytta

Me tuve que quedar levantado hasta muy tarde pero esperé a la puesta de sol.

Puesta de sol en Sauvas

Esta vez sí que hay diferencia entre anochecer y amanecer: por la mañana, niebla intensa y no se ve nada aunque, para cuando salgo a caminar, se ha levantado lo suficiente para despejar el suelo y poder ver a dónde voy. Serán sólo 12 km.

Sauvasskardet

A media mañana, llego a la carretera E12 a la altura de los edificios de Umbukta Fjellstue, de donde no me pienso mover hasta el día siguiente. Me he ganado un descanso.

Umbukta Fjellstue

Umbukta es un sitio acogedor, de tamaño pequeño y aspecto austero, muy lejos de la mayor parte de Fjellstue por los que he pasado en otros viajes, que solían ser más grandes y pintones. Es un sábado y el lugar está muy poco animado. Una vez más, me pregunto si la temporada alta es en algún otro momento o si esto es lo normal.

Sea cual sea el ambiente, tengo todo lo que necesito y las prioridades muy claras: comer, recoger mi envío postal, ducha, colada, comer otra vez, relax, comer algo más. La caja con provisiones que envié una semana antes nada más llegar a Bodo está esperándome en el sótano. Su no presencia es casi lo único que podría haber ido mal.

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El menú no es nada sofisticado pero sobra decir que no necesito exquisiteces, me va perfecto con dos rondas de la misma hamburguesa, una para comer y otra para cenar. No dejé una miga.

Segunda ronda

Umbukta fue una estación maravillosa. Tuve ocasión de coincidir con otros dos senderistas en ruta NPL4 y comentar cosicas del sendero, un rato estupendo. Me gustan mis medios-días de descanso.

La primera parte del viaje quedaba atrás y me sentía muy bien, física y emocionalmente.

Norge Midt: cifras varias

Al final de cada jornada, hago algunas anotaciones. Como mínimo, me sirven para saber en qué día estoy si la electrónica me deja tirado. Los datos que acompañan a la fecha son muy básicos pero, cuando los pongo todos juntos, salen algunas cifras interesantes.

Notas de campo

Primero, la ruta final; después, la estadística.

Ruta final

Seguí el itinerario E1 casi al pie de la letra, con variaciones en los tramos campo a través demasiado pequeñas como para que merezca la pena intentar dibujarlas. El punto de partida, como estaba previsto, en Sulitjelma, región Nordland. El punto final resultó As i Tydal, región Trondelag

Distancia: 825 km

Ésta fue la distancia efectiva de viaje si me fío de las mediciones de las aplicaciones de cartografía. La distancia caminada es de 10 km más a causa de quedarme bloqueado ante un río crecido, peligroso de cruzar, en medio de una tormenta, el día 26 de viaje. Tuve que retroceder hasta el refugio más cercano y repetir al día siguiente, ya sin problemas.

Días: 29

Días efectivos de viaje a pie. Caminé todos los días salvo los de llegada y salida del país.

Media: 28.5 km/día

Calculada en base a la distancia efectiva de viaje. Me quedé algo por detrás de mi intención de promediar 30 km/día. Si saco de la cuenta el día 1, en el que empecé a caminar a última hora de la tarde, la media llega a 29 km/día.

Distancia más larga: 38 km

Acontecida el día 5 de viaje. Hubo también varias jornadas de 37 km.

Días completos: 21

En los que no hice nada más que caminar.

Días cortos: 8

Incluyo aquí aquellas jornadas en las que caminé menos distancia de lo habitual, caminé durante menos horas o ambas cosas, desglosados así: los días inicial y final, los dos días que incluyeron una parada para reaprovisionar y cuatro en los que di la tarea por terminada pronto debido a la meteorología. Algunos de estos últimos fueron más difíciles que muchos días normales.

Días con lluvia: 19

Estos incluyen cualquier tipo y cantidad de lluvia. Dicho de otra manera, hubo sólo 10 días en los que no llovió nada. De los 19 en los que sí, la lluvia fue intensa o de larga duración en 11.

Noruega es un sitio húmedo por todos los flancos.

Lluvioso y oscuro

Acampadas: 18

Acampar era, como de costumbre, mi por-defecto y en este viaje ha sido la opción en casi 2/3 de las noches, el ratio más alto de todos mis viajes en Noruega hasta ahora. Por lo que sea.

Saltfjellet-Svartisen

Pernoctas en refugio: 7

Siempre que sentía que me hacía falta una noche en refugio, me la concedía, sin hacerme muchas preguntas. Siempre solía ser por razones meteorológicas pero a veces también porque me apetecía el confort de un refugio o me parecía que necesitaba un descanso de la exposición que supone estar ahí fuera durante mucho tiempo seguido en un sitio que no siempre lo pone fácil. Alivio instantáneo para el cansancio por acumulación.

Refugio Holden

Noches en alojamientos: 3

Dos de éstas fueron planeadas, coincidiendo con un día corto que incluía reaprovisionamiento y descanso. La otra surgió sobre la marcha al final de una jornada lluviosa.

Limingen Gjestegard, Royrvik

Reaprovisionamientos: 2

El primero, un envío por correo a Umbukta, un hotel de montaña, en el día 8. El segundo, una compra en supermercado de buen tamaño en la localidad de nombre Royrvik, día 16. Ambas localizaciones directamente en ruta.

Supermercado en Royrvik

Las provisiones para la última semana de viaje fueron saliendo de la despensa de algunos de los refugios por los que pasé, a falta de una opción mejor y habida cuenta que, en Trondelag, muchos de los refugios contaban con despensa.

Días en los que no me encontré con nadie: 1

Esto sucedió en el día 19, al norte del Parque Nacional Skjaekerfjella. Paradójicamente, ese día comencé camino desde un refugio tipo albergue, localizado en una pequeña población, pero madrugué mucho y no había nadie por allí. Nadie en los senderos ni fuera de ellos en todo el día.

Días en los que me arrepentí de estar haciendo esto

Esto no viene de mis notas, esto es un recuerdo y uno muy claro: ninguno. Que no se me olvide.

Norge Midt: Aspectos Destacados

Durante el verano de 2023, recorrí la franja fronteriza entre Noruega y Suecia allí donde la vertiente noruega es más estrecha, a veces sólo unas pocas docenas de kilómetros entre divisoria y mar. He dejado reposar los recuerdos y ahora los desentierro. El resultado es esta selección.

Norge Midt

Una línea continua de pasos

Hay una especial sinergia en el hecho de seguir una línea ininterrumpida por un tiempo relativamente largo, empezando en un sitio y terminando en otro diferente con la sensación de que éste está a medio mundo de distancia de aquel.

Además, hay algo único en esto. En su aspecto más básico, se trata de que caminar no sea sólo ir de acá para allá por sitios bonitos, que está muy bien, sino que signifique algo más, el propósito del viaje. Profundizando más, me topo con esta idea, que me gusta, de afrontar lo que el terreno y sus condiciones propongan: transitar por el medio ambiente en sus propios términos.

Nada de esto es exclusivo de este viaje, aplica en cualquier sitio, pero sí hay un matiz interesante: en Noruega, puede no ser fácil. Esto le da un valor especial.

Escenario

Iba a usar como título el más obvio «Paisajes» pero, según desarrollaba lo que quería expresar, acabé poniendo este otro, un cambio sutil pero lleno de significado. La gracia de este viaje ha estado no tanto en el espectáculo de una región inherentemente espectacular como en el discurrir por el territorio normal, un escenario en que el viaje sucede.

Mesetas de Borgefjell, donde el viaje sucede

Esto no es algo que me resulte nuevo pero quizá sí en un viaje por Noruega, cuyo estereotipo es de lugar de postal permanente y así había sido en mis anteriores visitas. En esta ocasión, parte de la idea era intentar ir más allá del tópico y ver qué pasaba, lo que me hace pensar más en escenario que en paisajes y me lleva al siguiente punto.

La Noruega menos obvia

Resulta que no se trataba sólo de valles glaciales, lagos y paredes de roca, caminar por Noruega también puede ser rutinario y lo mejor es que, incluso entonces, resulta muy atractivo e interesante.

Éste era mi tercer viaje en esta parte del mundo. En los anteriores, la mayor parte de los recorridos habían sido por altas latitudes, zonas elevadas o ambas cosas a la vez. En las cifras más bajas había un mundo diferente con elementos como bosques de coníferas o de abedules, granjas, páramos infinitos y mucha más agua de la que el terreno puede asumir. Caminar por allí ha sido, de media, menos espectacular y más dificultoso que en zonas de viajes anteriores pero me ha parecido que tenía el valor añadido de lo auténtico y me he alegrado mucho de haber visitado esta otra cara del país.

Región Sylan

Fuera de los senderos

Esto está aquí sobre todo porque tiene un significado importante, ya apuntado en el comentario sobre la línea ininterrumpida de pasos: el significado de caminar por el territorio en sus propias condiciones, las que se presenten. En lo que afecta a la ausencia de senderos, no es sólo por lo obvio, que no haya traza física o señales, sino también, y casi más aún, por la disponibilidad limitada de refugio a cubierto por periodos bastante largos. En un sitio como Noruega, esto lo cambia todo.

Caminar campo a través es algo que, probablemente, no habría elegido, de haber tenido opción, pero también me intrigaba ver qué tal se daba. El hecho de que se tratara de secciones de una ruta establecida ayudaba a saber que, como mínimo, sería caminable, sin obstáculos insalvables, que es lo único realmente importante para quienes, viniendo de fuera, no tenemos conocimiento profundo del territorio como para poder saber qué esperar. El resto no es más que el incentivo adicional.

Por aquí

Me pasé la parte central del viaje, aproximadamente un tercio del total, caminando mayormente campo a través. La vuelta a la red de senderos se convirtió en mi faro, ese objetivo por el que seguir adelante cuando la cosa se ponía fea.

Todo sea dicho, el monte a través en Noruega puede no ser muy diferente de las rutas marcadas pero sí es un aspecto más, y uno de mucho peso, que añadir a la lista de dificultades potenciales. Si todos los demás factores estaban de cara (meteo estable, terreno seco, vegetación baja, sin obstáculos orográficos importantes), caminar campo a través podía ser sencillo y agradable pero esa alineación de planetas, si se da, no suele durar mucho en Noruega. Cuando la cosa se ponía complicada, si había que añadir a la lista habitual de dificultades la falta de senderos, marcas y refugios, se hacía duro. Para mí, fue difícil, a veces.

En retrospectiva, me ha parecido importante haberlo caminado todo, incluso lo difícil. Ha sido una parte integral del viaje sin la éste habría sido algo muy distinto.

Acampar

Es un aspecto clave, siempre lo es pero, en este caso, amplificado por lo bonito del entorno y por la sensación acogedora de que acampar al final de cada día es lo natural. Hacer hogar en las montañas y descansar tras de una jornada de mucho trabajo.

Un giro interesante que aplica especialmente a la acampada es el de hacerte con el lugar y, en Noruega, tiene más truco del que pueda parecer a primera vista. Para alguien nativo de regiones donde la tierra firme es algo que das por garantizado, no deja de ser un impacto inicial, aunque no sea la primera vez, caminar y acampar en un lugar donde todo parece un infinito y gigantesco fangal. A veces parece que ¡no hay tierra firme! Pero siempre hay algo y ahí viene esa pequeña parte de aprendizaje progresivo para leer el terreno, identificar los sitios buenos desde la distancia e incluso saber qué esperar a vista de mapa. Más allá de lo meramente técnico, esto es también una maravillosa forma de conectar con el lugar por el que caminas.

Buscar tierra firme

Refugiar

Sé que aquí me voy a repetir con respecto a textos similares de viajes anteriores pero dejadme enfatizar (otra vez) lo importante que es la infraestructura de refugios en un sitio como Noruega. Añadiría que «para mí» porque sé que esto va mucho con el carácter de cada cual pero me he cruzado con suficientes compas de sendero con quienes he compartido la misma sensación como para no sentirme solo en esto.

En verano, las condiciones son, en general, buenas para el viaje a pie, la acampada es maravillosa y todo lo que queráis pero es que, simplemente, había momentos en los que sentía que necesitaba estar a cubierto, fuera por algún episodio meteorológico traumático o fuera por acumulación. En tales momentos, contaba con la red de refugios de Noruega y el simple hecho de saber que estaba ahí hacía la vida en el sendero mucho más llevadera.

Pasé algunos de mis mejores momentos del viaje tomando un café caliente junto a la chimenea. Eso es mucho decir para una experiencia cuyo objetivo principal era estar ahí fuera.

Lo que sea junto a la chimenea

Diversión de Tipo 2

Viajar a pie por Noruega es duro, nada que no supiera ya, pero sigo volviendo a por más. Parece claro que me gusta el lugar. Con sus cosas.

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