Entre julio y agosto de 2023, caminé durante 4 semanas y 825 km en Noruega entre Sulitjelma, región Nordland, y As i Tydal, región Trondelag. Sobre el terreno, dividí la ruta en cuatro secciones. Ésta es la historia de mi primera semana en el sendero, en la que recorrí la distancia entre la localidad de Sulitjelma y el hotel de montaña Umbukta.

Primera semana
Sulitjelma es un enclave minero en una localización típicamente noruega, la estrecha franja de terreno llano entre la pared del valle y el lago que ocupa todo lo demás. A 67 grados norte, está medio grado más allá del círculo polar. Había llegado allí a media tarde de un sábado tras un par de buses desde la costa, la ciudad de Bodo, donde había aterrizado por la mañana en un vuelo desde Oslo.
En Sulitjelma, el ambiente era gris oscuro y el pronóstico, de lluvia pero con dos refugios a corta distancia, la opción obvia era comenzar a caminar inmediatamente, no sin antes darme un último atracón en el supermercado. Pasaría una semana antes de poder volver a hacer algo así.

Parada obligatoria antes de partir
Se puso a llover a los pocos minutos de empezar a caminar y ahí tuve mis primeros conflictos, con la meteo noruega y con mi toma de decisiones. En lugar de hacer las cosas bien, lo que hubiera implicado ponerme toda la ropa de lluvia, tiré por esa calle de enmedio del «bah, si sólo es un rato» y sólo me puse una parte. Habría sido suficiente si me hubiera limitado a los primeros 4 km hasta el primer refugio disponible pero decidí también seguir una hora más hasta otro más pequeño y remoto. Salió de aquella manera.
Menos mal que la ruta estaba bien señalizada porque la montaña se había fundido con la nube y no se veía nada.

Langvatnet y Sulitjelma

Mucha niebla
Llegué a Lomihytta mojado, congelado y muy descontento con la experiencia, al mismo tiempo que aliviado de estar bajo techo y de haber encontrado el refugio, que estaba apartado de la ruta lo suficiente para ser indetectable en la niebla. Me costó hasta con GPS.

Refugio en la niebla
Lomihytta era un refugio pequeñito pero a la altura de los estándares noruegos de confort y me rescató del malhumor que llevaba. Me fui a dormir esperando mejores condiciones para el día siguiente.
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Por la mañana, sigue nublado y lúgubre pero no llueve y la niebla ya sólo cubre las cimas. No es el ambiente más acogedor posible pero, técnicamente, son buenas condiciones para caminar. Inicio mi primer día completo en el sendero.

Mañana gris en Lomi
Al sur de Lomi, la ruta atraviesa la típica zona alta noruega, muy rocosa y donde prácticamente no hay sendero físico aunque sí una correcta señalización. Claro que, para ver las señales, hace falta visibilidad. En condiciones como las de la tarde anterior, en este tramo, habría ido a tientas. Más o menos necesaria, me alegro de volver a la compañía de esos viejos amigos que son los hitos con la marca DNT. Me voy a pasar un mes siguiéndolos.

Hito con marca DNT
La ruta desciende en un par de puntos a la zona cabecera del mismo valle en el que comencé viaje el día anterior, en ambas ocasiones alcanzando el bosque de abedules y sendos refugios DNT. Paso de largo de ambos y continúo adelante todo lo que me parece razonable para un primer día completo. Siempre hay que tener cuidado con las jornadas iniciales de viaje, cuando el cuerpo aún no está acostumbrado a las tensiones y esfuerzos de la actividad, para evitar lesiones que, aunque leves, te dan luego la lata durante todo el viaje. En el verano de Noruega, además, como tarda tanto en hacerse de noche, es fácil pasarse.
Acampo en los páramos que rodean Ballvatnet, nombre propio con la marca geográfica que denota que se trata de un lago, apenas visible al fondo de la escena. El suave relieve no da para mejores perspectivas.

Primer campamento del viaje
Mi estado de ánimo va con el gris del ambiente pero, objetivamente, puedo estar contento: todo va bien y puedo celebrar que estoy aquí, haciendo esto.
La noche es corta, no muy oscura y no parece suponer ninguna inflexión en el ambiente: cuando salgo de la tienda, todo sigue igual.

Primer amanecer en campamento
La ruta abandona el campo abierto que rodea Ballvatnet y cruza un collado somero para empezar a descender por un valle. Vegetación cortita y terreno cómodo para caminar. Por un momento, el nublado parece aclararse pero la idea no le dura mucho y pronto vuelve al gris oscuro.

Vegetación corta y terreno cómodo para caminar
Valle abajo, la vegetación es más alta y densa y eso son malas noticias: está saturada de agua y es imposible no rozarse con ella continuamente, con el resultado inevitable en estos casos: empapado de la cintura para abajo. Ni siquiera parece que haya llovido, tiene más pinta de condensación en ambiente opresivo. Es como si el propio aire fuera pesado. Con todo, el entorno es bonito, especialmente el río, al que he visto nacer y un rato antes y ya se va haciendo grande.

Skaitielva
Voy tan calado que siento que tengo la excusa perfecta para otra noche de refugio. Me viene bien porque pasaré por uno al final de la jornada y, además, tampoco sería fácil acampar en este entorno tan frondoso sin una segadora, no hay apenas suelo acampable. Que luego siempre se encuentra algo pero, como el bienestar emocional suele depender mucho de las perspectivas sobre el futuro inmediato, pensar que puedo terminar el día a cubierto, seco y cómodo, me anima mucho y camino más contento que hasta entonces.
Curiosamente, según avanzo aguas abajo, la vegetación está más seca, hasta el punto de estarlo del todo y mi ropa se va secando también. Para cuando llego al refugio Trygvebu, la sensación de incomodidad ya ha desaparecido pero seguiría siendo complicado buscar hueco para acampar y me meto dentro sin dudar. Estaría mal no poder fiarme de mis propias auto-promesas.

Refugio Trygvebu
Trygvebu es un refugio al borde de zonas habitadas, hay una pista de grava y una granja en las proximidades, incluso tiene tendido eléctrico. En una noche de lunes, hay otros montañeros ya instalados y la chimenea está encendida. Estaré muy bien allí.

Chimenea en marcha en Trygvebu
A la mañana siguiente, veo, por fin, el sol por primera vez desde que llegué a Noruega. En la vida urbana de la meseta ibérica, el sol es algo que no celebro especialmente, es algo que casi doy por descontado. La vida en el sendero es diferente y, en Noruega, más aún. En estas condiciones, me alegro por la presencia del sol y me pone de buen humor.

Cielo azul por fin
Mi valle desemboca en Junkerdalen, arteria troncal este-oeste donde cruzo mi primera carretera. Hacia el este, la frontera con Suecia está a unos pocos kms. También cruzo Graddis Fjellstue, donde me había hecho la peli de que quizá tuvieran una cafetería donde hacerme una ronda de café y tarta, ese clásico del sendero, pero, aunque el lugar parece en funcionamiento, no veo ninguna puerta abierta ni indicio de lo que busco así que paso de largo. Siendo finales de julio, me pregunto cuándo será la temporada alta en sitios como éste.
Junkerdalen, a su vez, desemboca en Lonsdalen, el principal corredor norte-sur de la región, aunque la ruta senderista ataja por tierras altas, con estupendas vistas a las montañas de Saltfjellet hacia el oeste, antes de bajar al valle principal, con la carretera E6 y la línea de tren entre Trondheim y Bodo.

Buen camino, magníficas vistas
En Lonsdal hay estación de tren. Podría haber aprovechado para acercarme a Rognan, unas pocas estaciones al norte, para reaprovisionar pero deseché la idea desde el principio, es una línea de larga distancia en una zona poco habitada y no hay muchos servicios, probablemente habría tenido que hacer noche en el pueblo y no merecía la pena.
Pasado Lonsdal, inicio la subida hacia Saltfjellet y el punto más alto de toda la ruta mientras se va nublando. Desaparecen los árboles y la vegetación va siendo más corta. Doy por terminado el día antes de la ascensión final y de que el ratio hierba/piedra decrezca demasiado y planto la tienda en el que resultaría uno de los sitios de acampada más bonitos de todo el viaje.

Campamento en Saltfjellet
Una mañana más y las nubes, en esta ocasión, aparecen rotas, dejando mucho hueco para cielo azul. Retomo camino en un escenario magnífico.

Montañas de Saltfjellet
La zona alta es típicamente escandinava: un collado somero, amplio y muy largo. El lugar es impresionante de por sí pero, además, la luz coopera para ponerlo bonito así que dejadme que pegue no una imagen sino una serie:
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El descenso es sobre un relieve también muy suave. La ruta entra en el dominio de Saltfjellet pero no se dirige hacia los picos y campos de hielo en el oeste sino que gira hacia el sur a lo largo de un valle donde pronto alcanza el límite del bosque de abedules y cruza un par de veces el Kjempaelva, el río de rigor, sobre los típicos puentes colgantes.

Kjempaelva

Puente sobre el Kjempaelva
La ruta abandona el fondo de valle para volver a zonas más elevadas donde hay más exposición pero la vegetación es menos densa y se camina mucho mejor. Con meteo tranquila, es un cambio a mejor y la luz sigue ayudando con las fotos.
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Visto mapa, sé que me estoy acercando al Círculo Polar pero no tengo ni idea de si estará señalizado. Cuando veo al fondo un letrero de madera a modo de puerta sobre el sendero, intuyo que va a ser ahí. No sólo eso sino que hay franjas herbosas perfectas para acampar y, aunque no parezca que es tarde, llevo más de 12 h caminando y 38 km, más que suficiente para que sea el momento perfecto para decidir parar y pasar una última noche al lado norte de la línea esa.

Círculo Polar

Campamento del Círculo Polar
Lo de pasar la noche era un decir pero sí que hay un ciclo de cena/sueño/desayuno. No es la primera vez que cruzo el Círculo Polar pero sí la primera que lo hago a pie, lo que da más lustre al simbolismo.
La ruta me lleva de nuevo al valle principal, donde cruzo la E6 y la vía de tren una última vez. El nublado ligero de la mañana ha evolucionado hacia el oscuro pero con nubes rotas que dejan pasar el sol.
La siguiente sección en altura es muy estética y fácil de caminar, con mucho cesped y poca roca. Hacia el este, a un par de kms en línea recta, la línea extrañamente recta que marca la frontera con Suecia.

Hierba, sin roca
No hay tregua en la meteo noruega. Incluso en un día tranquilo como éste, se juntan nubes y cae un chaparrón. A veces, el fenómeno es tan local que lo puedes ver en el horizonte cercano y esperar que no te alcance. Desciendo hacia Virvatnet

Chubasco bajo los focos
En las orillas del lago, paso por mi primer episodio, en este viaje, de apocalipsis-mosquito. Me apresuro a salir de allí, esperando que alejarme del agua, ganar altitud y una posible brisa hagan que los insectos desaparezcan pero tienen el día tonto y nada de eso parece suficiente. Tras 37 km, planto la tienda en un sitio cómodo y bonito pero no puedo estar cómodo hasta que me encierro dentro. No todo iba a ser perfecto en Noruega.

Perfecto excepto por los mosquitos
Nubes y claros al inicio de la siguiente jornada, transicionando a cubierto según cruzo un collado secundario, rocoso y con lago panorámico. Sigo rumbo al sur.

Un poco de luz

Lago sin nombre
Por la tarde, el cielo se polariza: grandes claros pero también grandes nubes con desarrollos verticales típicos de situaciones de tormenta así que no me sorprende del todo cuando, mientras descanso un rato para comer algo, suena un trueno. No voy a correr más que la tormenta pero, si la cosa se va a poner fea, mejor estar en sitios expuestos el menor tiempo posible así que recojo rápido y sigo adelante. Aún tengo que cruzar un collado elevado.
Independientemente del tiempo, tengo claro que esta próxima noche será bajo techo. El refugio Sauvas me cuadra perfecto, tanto para terminar la jornada presente como para dejar un día corto para la siguiente, final de sección, y sobre mapa tiene muy buena pinta: altitud elevada y en zona lacustre. Con esta previsión imbatible, no me enfado mucho con la meteo cuando los chubascos me empiezan a rodear.

No me cojes
Era cuestión de tiempo que me acabara lloviendo y lo hizo en la zona del paso de montaña pero fue precipitación suave y me mojé pausadamente. Luego, los claros y la luz:

Luz tras la tormenta
Para cuando llegué al refugio, ya casi me había secado, el tiempo se había tranquilizado y no tenía ninguna razón objetiva que justificara meterme dentro por delante de mi opción por defecto, que siempre es la acampada, pero está bien darse un lujo alguna vez porque sí y el sitio es muy especial:

Ostre Sauvatnet y los refugios
Me puse cómodo en la casita pequeña. El cielo se despeja y, a casi 1000 metros de altitud, la temperatura baja mucho, lo que da especial sentido al fuego de la chimenea.

Sauvasshytta
Me tuve que quedar levantado hasta muy tarde pero esperé a la puesta de sol.

Puesta de sol en Sauvas
Esta vez sí que hay diferencia entre anochecer y amanecer: por la mañana, niebla intensa y no se ve nada aunque, para cuando salgo a caminar, se ha levantado lo suficiente para despejar el suelo y poder ver a dónde voy. Serán sólo 12 km.

Sauvasskardet
A media mañana, llego a la carretera E12 a la altura de los edificios de Umbukta Fjellstue, de donde no me pienso mover hasta el día siguiente. Me he ganado un descanso.

Umbukta Fjellstue
Umbukta es un sitio acogedor, de tamaño pequeño y aspecto austero, muy lejos de la mayor parte de Fjellstue por los que he pasado en otros viajes, que solían ser más grandes y pintones. Es un sábado y el lugar está muy poco animado. Una vez más, me pregunto si la temporada alta es en algún otro momento o si esto es lo normal.
Sea cual sea el ambiente, tengo todo lo que necesito y las prioridades muy claras: comer, recoger mi envío postal, ducha, colada, comer otra vez, relax, comer algo más. La caja con provisiones que envié una semana antes nada más llegar a Bodo está esperándome en el sótano. Su no presencia es casi lo único que podría haber ido mal.
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El menú no es nada sofisticado pero sobra decir que no necesito exquisiteces, me va perfecto con dos rondas de la misma hamburguesa, una para comer y otra para cenar. No dejé una miga.

Segunda ronda
Umbukta fue una estación maravillosa. Tuve ocasión de coincidir con otros dos senderistas en ruta NPL y comentar cosicas del sendero, un rato estupendo. Me gustan mis medios-días de descanso.
La primera parte del viaje quedaba atrás y me sentía muy bien, física y emocionalmente.