Entre julio y agosto de 2023, caminé durante 4 semanas y 825 km en Noruega entre Sulitjelma, región Nordland, y As i Tydal, región Trondelag. Sobre el terreno, dividí la ruta en cuatro secciones. Ésta es la historia de mi tercera semana en el sendero, en la que recorrí la distancia entre la localidad de Royrvik y la granja Holden.

Tercera semana
La semana 3 está destinada a ser la parte clave de este viaje. Concentrará la mayor parte del campo-a-través, donde no tengo claro qué esperar más allá de que será transitable pero no sé a qué precio. Como mínimo, la progresión será más costosa y yo seré más vulnerable a las condiciones meteorológicas. No sólo estaré fuera de la red de senderos, también de la de refugios. Es una situación diferente a la de las semanas previas y me resulta motivante e intimidante a partes iguales.
Por el momento, es lunes por la mañana y tengo que esperar hasta que el supermercado abra a las 9 h así que, por una vez, no me hace falta madrugar. Para cuando termino de desayunar, ya ha empezado a llover y el pronóstico para el resto del día es de precipitación intensa y continua. Condiciones difíciles pero tengo un plan.
Los 18 km iniciales desde Royrvik son sencillos, por carretera y pista, antes de empezar el campo-a-través por zonas altas. Una vez ahí, el potencial para el desastre sería alto en condiciones como las previstas. Hacer las compras y re-empaquetar todo me llevará buena parte de la mañana así que me cuadra bien hacer un día corto, acampar en lugar protegido y esperar que las condiciones sean más favorables al día siguiente.
Es un plan conservador y que no me genera mucha incertidumbre. Así, me pongo el poncho y la mochila vacía para caminar hasta la tienda y llenarla de cosas de comer para la siguiente semana. El supermercado es más grande de lo que cabría esperar para el tamaño de la población pero supongo que da servicio a un área mayor. Eso sí, hay que evitar llegar aquí un viernes a última hora porque haría falta esperar hasta el lunes para hacer las compras.

Cerrado sábado y domingo
Hay un mostrador postal y aprovecho para enviar a casa los mapas usados. Por lo demás, un súper bien provisto, hay de todo, incluidos sobres de comida liofilizada específica de montaña, lo que me facilita la elección.

Suministros para una semana más
Habría otra opción de reaprovisionamiento a mitad de sección pero necesitaría encontrar transporte de ida y vuelta y no espero que merezca la pena. De hecho, Royrvik va a ser mi último reaprovisionamiento completo en todo el viaje: durante la semana 4, estaré de vuelta en la red de refugios en una región donde la mayoría tienen despensa provista y mi plan es ir tirando de ahí durante los últimos días para evitar desplazamientos fuera del sendero.
Incluso con la perspectiva de terreno favorable, hace falta echarle ganas para ponerse la mochila y salir del entorno protegido del hotel sabiendo que no voy a volver así que espero a que amaine la lluvia, aunque vaya a ser sólo unos minutos, para decir adiós a la escena de mis últimas 24 h.

Limingen Gjestegard
Tras un primer tramo por la carretera principal, la ruta toma una pista, a grandes rasgos, paralela a aquella. Casi echo de menos el asfalto, en el que apenas había tráfico y donde podía mantener los pies sólo medio mojados. Una vez en la pista, entre charcos y vegetación, calzado empapado en minutos. Ya sé que es algo habitual en Noruega pero me habría hecho ilusión tener los pies secos un rato más.

Guaranteed to keep you wet
Ocasionalmente, los árboles dejan un hueco con vistas al lago Limingen, uno de los más grandes del país.

Limingen neblinoso
La pista acaba desembocando en la misma carretera de la mañana a la altura de un cruce con un ramal que se dirige al oeste, hacia el mundo exterior, y que tengo que seguir durante unos cuantos km hasta la base de las montañas, donde la carretera se meterá en un túnel y yo la dejaré para iniciar el campo-a-través.

Carretera vacía
En fuerte desacuerdo con el pronóstico, la lluvia ha parado y puedo tener una tarde aún plomiza pero tranquila por una carretera desierta hasta la entrada del túnel, donde me hago a un lado para buscar un trozo de suelo seco al abrigo de la ladera y entre los últimos abedules.

Campamento de lunes
Habrá lluvia intensa más tarde pero, para entonces, estaré ya instalado y sin necesidad de salir, situación que pone en valor un porche con espacio:

La cena
La previsión meteo para el día siguiente es de inestabilidad pero menos precipitación. Por la mañana, está cubierto pero por lo menos no llueve. Me preparo para un día de los de poca luz.
Desde el lugar de acampada, tengo que subir a las tierras altas en una zona sin senderos. Es un alivio que no haya lluvia ni niebla porque ambas habrían hecho este tramo difícil. En su ausencia, es sólo una cuestión de progreso inevitablemente lento por terreno agreste y paisajes bonitos con la habitual ristra de lagos de montaña.

Steinfjellet
Son unos 13 km de travesía antes de descender y, sin mucho problema con la vegetación o los fangales, directo a una granja desde la que sigo descendiendo, ya por una pista de grava, a la misma carretera por la que había salido de Royrvik, con la que me reencuentro un día después. Sigue siendo igual de estrecha y de aspecto austero pero es la principal de la zona.

Carreteras del interior de Noruega
Caminar por carreteras suele ser muy desagradable pero, en este caso, ni tan mal. El tráfico a motor es escasísimo y el paisaje es muy bonito, especialmente cuando bordea el gigantesco Tunnsjoen, el otro lago grande de la región.

Tunnsjoen
Son unos 15 km donde la ruta NPL que voy siguiendo ha sido trazada sobre el asfalto. Sobre mapa, veo una posibilidad de haber seguido monte a través un rato más, evitando parte de la carretera, pero a costa, probablemente, de un descenso complejo a través de bosque denso y doy por hecho que quienes se hayan encargado del diseño habrán escogido el mal menor.
Al final, a la carretera había que bajar, siquiera para cruzar, vía puente, el canal que une dos de los lagos principales de la zona. Es el único paso posible sobre tierra firme y habilita el tramo final hasta Skorovatn, donde me consta que hay un refugio DNT. Skorovatn resulta ser un pequeño pueblo donde los únicos servicios disponibles están concentrados en un edificio que me encuentro cerrado y desierto cuando llego allí a las 6 de la tarde. No contaba con ello así que no lo echo de menos. Con lo que sí contaba es con el refugio, el primero que me encuentro en muchos días y también el último por lo que resta de semana. Aunque sólo sea por eso, me encaja bien pasar la noche allí.

Refugio Skorovatn
Es un refugio en zona urbana y tiene suministro de red eléctrica y agua corriente. Para cuando llego, se han abierto claros y a ratos da el sol, ¿qué se supone que estoy haciendo bajo techo en tales condiciones? Pues es que, aparte del plan de contingencia que llevaba desde Royrvik para el periodo lluvioso, que incluía la posibilidad de una noche en Skorovatn, fuera hace ahora un viento muy fuerte, incluso en el relativo abrigo del valle donde está el pueblo.
Consulto la previsión para el día siguiente y no da lluvia pero sí mucho viento. El tiempo en Noruega no da tregua.
Ciertamente, se nota el aire cuando salgo del refugio a las 7 h. Por delante, una zona montañosa que me llevará todo el día. Los primeros 12 km son por sendero; los 20 siguientes, campo a través. El ambiente es luminoso aunque haya mucha nube negra. El viento del este es potente pero llevadero según asciendo por laderas de orientación oeste, a sotavento. Suele ser difícil representar el viento en una foto pero sirvan las olas en un pequeño lago o las cascadas fluyendo hacia arriba.

Mucho viento

Mucho viento
Una lástima este viento porque, por lo demás, el día es maravilloso a través de una extensa zona de montaña con buen piso para caminar, herboso y seco, y lagos por todas partes. Las tierras altas de Nesafjella.

Nesafjella
Hay momentos en que el viento es tan fuerte que casi me tira, incluso estando prevenido. Cuando me da de cara, apenas puedo moverme hacia adelante y me empiezo a preocupar por lo que queda de día, ¡así no hay manera de avanzar! El caso es que, nada más perder un poco de altura y a pesar de que sigo a barlovento en terreno diáfano, el vendaval amaina lo suficiente como para poder volver a caminar erguido, que es lo mínimo que necesito.
Probablemente, es una suma de terreno menos expuesto y que el propio viento ha perdido algo de intensidad porque, a continuación, tengo que pasar sobre una cima secundaria donde temía lo peor y ni tan mal: sigue soplando fuerte pero me tengo de pie sin problema.
Según empiezo a descender, voy cantando victoria. A lo lejos, puedo distinguir los lagos grandes que llenan el valle y donde llegaré a una hilera de granjas y puedo reconocer el terreno que tendré que cruzar hasta llegar allí, todo ello campo a través, y no parece haber grandes obstáculos. Será trabajoso, como siempre, pero nada que no haya hecho ya. Pues me equivocaba.
Sí que había obstáculos que no podía ver desde arriba y que, de hecho, no pude ver hasta prácticamente estar encima: una serie de pequeñas gargantas, poco profundas pero de paredes casi verticales y tan continuas que no era posible rodearlas, había que bajar y volver a subir, buscando un punto débil donde la pared fuera practicable. No era difícil pero sí lento y, cuando la situación se fue repitiendo, empecé a perder la paciencia y, en una de éstas, acabé tirando por la calle de enmedio y bajando por un punto no ideal que casi me cuesta una caída. Tomar buenas decisiones es fundamental y éste fue un buen recordatorio.
Por fin, alcancé terreno más uniforme y familiar, el típico mix de árboles y fangales, donde el progreso es lento pero sin interrupciones y ahí ya me siento cómodo. Canto victoria otra vez, pero bajito.

Cuando el fangal infinito es bienvenido
Llego por fin al punto final del campo a través cuando alcanzo el extremo de una pista que da acceso a un área de esquí de fondo. Desde aquí, ya es fácil y podría llegar a las zonas habitadas en lo que queda de tarde pero probablemente sólo me serviría para que me costara más encontrar un buen sitio en el que acampar y decido parar. El viento parece ya olvidado pero, si volviera, me pilla en zona protegida. La mezcla de nubes, claros y el sol poniente me dan momentos de luz muy bonita que me tomo como mi premio después de un día complicado en el sendero.

Calma tras la tormenta
Un día más, el cuarto desde que salí de Royrvik, que empieza tranquilo, con mucha nube pero sin viento y sí algunos claros que dejan pasar la luz. Avanzo rápido por la pista que, al rato, se convierte en carretera asfaltada a la altura de las primeras granjas situadas a orillas de Skjeldbreitvatnet. El fondo de valle es una serie de lagos interconectados y tengo que llegar al puente más cercano para cruzar al lado opuesto y continuar hacia el sur. Al menos, tengo un rato de camino relajado y sin problemas.

Un rato de camino relajado
Nada más llegar al otro lado del valle, tengo que abandonar la carretera y entrar en el bosque aprovechando un tramo de pista que da acceso a algunas casas vacacionales pero enseguida comienza el que será el tramo sin senderos más largo de todo el viaje a través del Parque Nacional Blafjell-Skjaekerfjell. Tardaré dos días completos en volver a pisar un sendero.
Skjaekerfjell es muy grande, me llevará 4 días enteros cruzarlo, siendo la mayor parte campo a través. Por el momento, mi objetivo es la granja Holden, que evita por poco los límites del parque y donde encontraré un refugio DNT donde espero tomarme medio día de descanso.
Había oído historias sobre la dificultad de cruzar Skjaekerfjell pero nada concreto salvo la abundancia de terreno fangoso. En ese aspecto, no esperaba nada mucho peor que lo que ya había dejado atrás. Me hubiera preocupado más la orografía compleja, que no suele ser un gran obstáculo en Noruega salvo que lo busques a propósito, pero siempre puede darse, aunque sea en micro-cantidades como me había encontrado la tarde anterior. En realidad, el mayor obstáculo potencial, y especialmente en zonas relativamente bajas como lo que tengo por delante, es siempre el cruce de los ríos y veo en el mapa que la ruta está específicamente trazada para aprovechar puentes existentes en los ríos principales. Me queda la duda de si sería mejor una alta ruta que rodeara las cabeceras y evitara bajar a los valles, que siempre son terreno complicado para caminar. Tal ruta no sería apenas más larga pero sí más expuesta y remota. Con lluvia en el pronóstico, tengo claro que prefiero no ponerme creativo y confiar en la ruta estándar.
La aproximación a la frontera de Skjaekerfjell es un episodio más del típico cuadro de bosque y fangal donde hace falta mucha paciencia. Hay abundantes nubes pero eso es parte casi insustituible del paisaje y, según el pronóstico, no se espera lluvia hasta el día siguiente. A ratos, incluso, da el sol.

A ratos, da el sol
Sin más incidencia, la ruta me lleva sobre una cresta que marca el borde de Skjaekerfjell y da paso a Almdalen, el valle del río Alma.

Almdalen, aguas abajo
El río Alma es, probablemente, uno de esos demasiado grandes para vadear pero hay un puente aguas abajo. El puente está en medio de la nada en cuanto a senderos de acceso se refiere porque no hay ninguno pero no por ello deja de ser una infraestructura clave para comunicar ambos lados. Es aquí donde podría haber tomado la alternativa de caminar hacia la cabecera y rodearla por las montañas. El mapa muestra terreno empinado que podría ser difícil o no pero nunca lo sabré. Lo que sí supe es que la ruta aguas abajo no era sencilla.
Eran unos 7 km a lo largo de la ladera del valle en los que se trataba de elegir la terraza adecuada. Mi impresión de aquel día es que no siempre hice la mejor elección. Hubo un punto en el que me encontré en curso directo e inevitable al fondo de valle. Bajar allí antes de llegar al puente era probablemente una mala idea así que tenía que dar marcha atrás y corregir, cosa que me fastidiaba mucho. En su lugar, eché un vistazo al empinadísimo talud que me separaba de la terraza superior, unos 50 m verticales más arriba, buscando un atajo viable.
Intentar reparar un error cometiendo otro siempre es mala idea. Sí, me ahorré dar marcha atrás, pero a costa de una escalada a 45-50 grados sobre terreno ocasionalmente inestable que no me dejó contento ni cuando la terminé. Intenté no darle más vueltas mientras seguía adelante.
Finalmente, llegué a la altura del puente y bajé al fondo de valle que, efectivamente, era un mal sitio por el que caminar, muy irregular, con roca y vegetación densa. Junto al puente, un refugio privado para el que no tenía llaves. Sin duda, la localización de refugio y puente estaban relacionadas.
El lado opuesto de Almdalen era mucho más amable, campo a través también pero en suave ascensión por terreno herboso, y me sirvió para calmar ánimos mientras arrastraba mi cuerpo cansado unos kms más hasta encontrar el hueco perfecto, hierba corta y seca, para plantar campamento. El anochecer fue espectacular.

21:03 h

21:50 h
A la mañana siguiente, las nubes siguen ahí:

Bukvatnet
Se espera lluvia en cualquier momento a partir de media mañana aunque no debería ser continua, más bien tipo chubasco. El ambiente es ciertamente plomizo según cruzo el típicamente interminable páramo de altura en el que cuesta una eternidad llegar a un somero borde que permita vistas de lo que viene a continuación: Lurudalen y la granja Gresamoen.

Paisajes del interior noruego
Si hago caso al mapa, eso de ahí abajo es un fangal infinito. Mi ruta me lleva al encuentro de una pista de grava que cruza el río por un sólido puente de madera transitable por vehículos.

Laarte Luru
Al otro lado del río están los edificios de Gresamoen. He pasado por granjas remotas antes, algunas de ellas en este mismo viaje, pero creo que ninguna como ésta. Hay un montón de kms de pista para salir de aquí y llegar a cualquier otra zona habitada. Técnicamente, Gresamoen está fuera de los límites del Parque Nacional Blafjell-Skjaekerfjell pero porque estos han sido trazados evitando la granja.
Cuando paso por allí, el lugar parece vacío. Empieza a llover y hago un descanso para comer al resguardo de un porche.

Gresamoen
La lluvia es intermitente y aprovecho un momento en el que apenas cae para reiniciar marcha usando un corto tramo de senderito apenas perceptible pero que ayuda un poco a cruzar las zonas de más vegetación. Me alegro cuando empiezo a ascender y salgo de la reclusión hacia terreno más elevado donde la progresión será más sencilla.

Adivina por dónde va el sendero

Salida
La tarde discurre a través de páramos interminables, a menudo bajo la lluvia. Aquí es donde echo de menos una ruta marcada, no tanto por el piso, que no es difícil, sino por evitar las tareas de orientación. Cuando llueve, lo que más mola es esconderse bajo la ropa impermeable y no salir ni para mirar el GPS. Campo a través, hay que mojarse.

Chubascos
Hacia el final del día, las nubes se abren y se cuela algo de luz. Aún llueve aquí y allá y tengo un buen arco iris.

Arco completo
La ruta desciende un poco, lo suficiente para llegar a una zona con árboles alrededor del enésimo lago. Todo es fangoso pero, buscando bien, casi siempre hay algún hueco seco en alguna ligera elevación. Disfruto infinitamente de la luz del atardecer junto a estos pinos nórdicos que tanto se parecen a los ibéricos. Estoy a sólo 4 km de reunirme con la red de senderos.

Luz maravillosa para terminar la jornada
Hace ya más de un día que pude consultar el pronóstico del tiempo por última vez y ya no será del todo fiable pero, a falta de nada mejor, me fío del que tengo: lluvia prevista desde la mañana siguiente y sostenida durante horas. Estaría genial que no me pillara campo a través así que hago un buen madrugón para alcanzar cuanto antes un sendero catalogado por primera vez en dos días.

5 h de la mañana
El éxito es parcial porque empieza a llover antes de que, a eso de las 8 h, aviste mi primera señal a este lado del gran vacío:

Hito esperado
Está cubierto y llueve pero una vez que estoy en un sendero, aunque sea uno muy austero, siento como que ya nada puede ir mal; al menos, no antes de llegar a mi próxima estación en el plan, la granja Holden, unos 20 km más allá.
Tal es mi desilusión cuando me doy cuenta de que no es del todo así, aún me queda un trozo campo a través con el que no contaba, que paso por un momento ridículamente bajo, más enfadado con el mundo que otra cosa, pero mi faro, ese descanso que me espera un poco más allá, es potente. Cuento hasta diez y me calmo. Bajo la lluvia y con mucha vegetación a la vista, parecía que iba a ser un infierno pero no se da tan mal y, un rato después, llego a la orilla de Langvatnet y, esta vez sí, un sendero bien marcado.

Autopista a Holden
Holden es una granja en funcionamiento que no tiene acceso por tierra, salvo andando, aunque, en cierto modo, me parece menos remota de lo que lo hizo Gresamoen el día anterior. Será por la casita habitada, las vacas en el prado o el hecho de que, en realidad, es más accesible, aunque sea a través del lago y de la frontera con Suecia, donde hay una carretera.
Uno de los edificios es un refugio DNT. Es media tarde y por hoy ya no me muevo de aquí:

Refugio DNT en Holden
Será el momento para un merecido descanso tras mi semana senderista más difícil en mucho tiempo. Poner todo a secar, asaltar la despensa varias veces y pasar tiempo de calidad sentado frente al lago o junto a la chimenea.

Holden

Holden
La última semana de viaje espera.