Distancia: 26 m / 42 km. Acumulado: 2330 m / 3750 km

Al amanecer, el tiempo sigue igual, con una diferencia: se pone a llover, que es lo que faltaba. No envidié al señor que llegó tarde anoche cuando le oí recoger mientras aún ni se había hecho de día y yo seguía confortablemente acurrucado en mi saco pero sí le envidié un poco cuando empezó a llover (y él ya se había marchado). Recoger campamento mientras llueve no mola.

Una de las pegas de utilizar el aislante como armazón de fortuna para la mochila es que es un tanto complicado cargarla desde debajo del tarp, sobre todo cuando lo has montado con un perfil discreto, por el viento, como he hecho yo esta noche… al final, harto de tanta contorsión, agarro las cosas y me voy bajo el tejadillo de la letrina, única infraestructura en la zona de acampada pero que me viene muy bien para conseguir una mochila con buena pinta.

Me despido de T-Bird y salgo ahí fuera esperando calentar un poco ese cuerpo asustado a base de caminar. No puedo evitar recordar los días de la Alta Sierra y comparar lo diferente de las situaciones: allí, las mañanas eran frígidas pero, al rato de partir, ya empezaba a sobrar ropa y, si te tocaba tendido de sol, se estaba muy bien; hoy, en las Cascades, ni estamos tan altos ni hace tanto frío pero llueve, todo está húmedo y hace un viento helado, la combinación ideal para pasar un mal rato. Estoy congelado y tengo ocasión de comprobar los límites de mi equipo: ni se me ocurre, por ejemplo, ponerme esa falda impermeable que me ha costado un alias tan apañado… me quedo con el pantalón largo y espero que no se moje mucho pero ni de coña voy a exponer las piernas, era lo que me faltaba…

Cuando paso por una zona de cresta muy expuesta, voy pensando en todo lo que me queda aún por caminar y en lo duro que va a ser si hay muchos días como este. Es un tiempo complicado, a caballo entre el verano y el invierno, lo que por aquí llaman el “tiempo de hipotermia” y con razón: la humedad, el frío y el viento te dejan petrificado y un equipo exiguo como el que llevo yo no ayuda.

Así de sombría se pone la cosa en los bosques de las Cascades cuando hace malo

Celebro, por tanto, cuando el sendero toma cuesta abajo y se mete en laderas más protegidas. Menos mal… y celebro más aún cuando, hacia mitad de día, deja de llover y hasta aparece algún claro. No dura mucho, las nubes siguen ganando y siguen siendo muy oscuras pero la lluvia ya es sólo intermitente.

Con más razón que nunca, tengo el objetivo puesto en una zona baja y protegida como final de etapa para hoy. Antes, tengo que cruzar nada menos que dos carreteras… por las que debe pasar un coche cada tres días (entre las dos) pero no deja de ser inusual en el PCT. En fin, mañana llego al monte Adams y ahí las cosas van a cambiar. Espero que el tiempo también.

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